Kronos
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Respirad, dragones:
cantad al Primer Mundo,
forjado en el caos, pintado de belleza.
Cantad al Padre de Platino,
cuyas alas modelaron montañas,
y aliento ríos de plata.
Cantad a la Reina de la Oscuridad,
que extendió sus cinco colores sobre un lienzo sin fin,
bordando la vastedad de la creación.
Juntos despertaron en el seno de la oscuridad,
y juntos entrelazaron sus sueños para dar forma al mundo.
Respirad, dragones:
pues sois los herederos de la ruina,
los señores destinados a reinar
sobre los despojos del Primer Mundo.
cantad al Primer Mundo,
forjado en el caos, pintado de belleza.
Cantad al Padre de Platino,
cuyas alas modelaron montañas,
y aliento ríos de plata.
Cantad a la Reina de la Oscuridad,
que extendió sus cinco colores sobre un lienzo sin fin,
bordando la vastedad de la creación.
Juntos despertaron en el seno de la oscuridad,
y juntos entrelazaron sus sueños para dar forma al mundo.
Respirad, dragones:
pues sois los herederos de la ruina,
los señores destinados a reinar
sobre los despojos del Primer Mundo.
El dragón rojo dormía profundamente cuando el eco de una solemne canción resonó en su cabeza. Sus ojos, brillantes como el oro fundido, se abrieron súbitamente. Con una rabia tan feroz que parecía que el mundo entero pudiera arder en su reflejo. Y recorrieron la gran sala, ágiles y penetrantes, buscando el menor indicio de movimiento, el más leve destello fuera de lugar.
Pero no hallaron nada.
La música sonó de nuevo, más fuerte, más nítida. Vibrando en los oscuros corredores de su mente retorcida, donde anidaban sus deseos más sombríos.
¿Quién o qué osaba hurgar entre los pensamientos del Rey de Todos los Dragones?
La gran sierpe se alzó sobre sus patas traseras con un rugido que llenó toda la caverna y salió despedida del suelo. Las alas, vastas y membranosas, se desplegaron como las enormes velas de un barco agitándose en mitad de una tormenta. Y la caverna entera tembló impregnando el aire con el olor del azufre y la ceniza.
Balagos, la Llama Voladora. O como era conocido por los elfos y gigantes; Ulla Bahor, Perdición de los Dragones. Surgió de entre las nubes a plena luz del día a en algún lugar de Amn oriental, oscureciendo el sol a su paso y ahuyentando a toda criatura que osara toparse con él.Pero no hallaron nada.
La música sonó de nuevo, más fuerte, más nítida. Vibrando en los oscuros corredores de su mente retorcida, donde anidaban sus deseos más sombríos.
¿Quién o qué osaba hurgar entre los pensamientos del Rey de Todos los Dragones?
La gran sierpe se alzó sobre sus patas traseras con un rugido que llenó toda la caverna y salió despedida del suelo. Las alas, vastas y membranosas, se desplegaron como las enormes velas de un barco agitándose en mitad de una tormenta. Y la caverna entera tembló impregnando el aire con el olor del azufre y la ceniza.
Algo o alguien se había atrevido a despertarlo y su poder representaba una amenaza.
Sombríos rumores se propagan como una plaga por las tabernas de Amn, los muelles de Murann y las abarrotadas calles de Puerta de Baldur. Hablan en susurros de un fenómeno inquietante: el Despertar de los Dragones. O así es como la plebe lo ha llamado.
Algunos hablan de pequeñas gentes de orejas puntiagudas, ojos traviesos y manos rápidas. Que roban y bromean a partes iguales. No son medianos, no... son algo peor: estas criaturas carecen de miedo o sentido común o son tan estúpidas que no llegan a comprender su significado.
Otros testimonios hablan de caballeros de armaduras resplandecientes, y escudos marcados con símbolos que no pertenecen a ningún reino conocido en Faerûn. Juran por dioses cuyos nombres suenan ajenos, como ecos de otra era.
Y más sombrío todavía es el rumor que habla de caballeros esqueléticos, figuras envueltas en hierro oxidado, cabalgando a la luz de la luna cuya sola visión heló la sangre y el alma de quienes los vieron pasar.
En el este, donde las fronteras se difuminan en el mapa, se habla de un ejército en formación. Un ejército cuyas banderas nadie reconoce, cuyas tropas marchan bajo cielos enmudecidos. Ningún mensajero ha regresado de ese lugar.
Entretanto, kobolds y dracónidos se reúnen en secreto, afirmando escuchar cada amanecer una canción olvidada, una melodía que habla de la creación del Primer Mundo y proclama la llegada de un nuevo reinado.
Y como si todo esto fuera poco, los astrónomos y magos de Candelero aseguran que dos nuevas constelaciones brillan en los cielos nocturnos, con una luz distinta, fría y presagiadora, como si anunciaran un destino que nadie osa nombrar. Algunos claman que es un buen augurio. La mayoría guarda silencio... o afila sus armas.