Junto a la villa de Kurawasa, esa fue mi última batalla. La única en la que falté, por primera vez, a mi honor; un honor marchito, como mi existencia. Honor al fin y al cabo. Mi señor Hiyoshi fue derrotado y destruido por fuerzas opuestas a las que él había entregado no sólo su vida, si no también las nuestras. La luz, frente a la oscuridad. El bien, frente al mal.
El mismo juramento que nos convirtió en lo que somos, nos salvó del final que sufrió nuestro señor Hiyoshi pero, también nos sometió a una existencia deshonrosa. Si es difícil vivir con la carga de haber fracasado en tu juramento:”vivir y morir por la espada en defensa de tu señor” ,¿cómo de difícil es una existencia sumida en la deshonra?
Cometí seppuku una y otra vez sin lograr mi muerte. Nunca antes la palabra daisho había cobrado tanto significado para mi.
“Una para la guerra, una para el honor.
Una para matar, una para decapitar.
Una para asesinar, una para el suicidio.
Katana y Wakizashi”
Guerra, matar y asesinar…Ahora ya sé cuál es mi cometido. No hay nada que deteste más que ver renunciar al honor que supone morir en combate. Es por ello que perseguiré a todos aquellos que renuncian a tal honor…
¡Renunciarán a su vida o se unirán a mí en la no muerte para pagar la condena por tal deshonra!