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El viaje al Oeste (O cómo el alcohol te suelta la lengua)

Nesutoru

Lágrima de mago nerfeado
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8/11/20
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1685464192058.pngEn una de las muchas tabernas en su viaje hacia el oeste, que Rhenis frecuenta para ahogar sus penas en alcohol, la tiefling comienza a irse de la lengua ante el tabernero y los curiosos de alrededor.

- ¿Que de donde vengo? Pues mira, ¿sabes a tomar por culo? Pues al lado está Thay, en lo más oriental de Faerun. Un país de mierda, con magos de mierda, que se mantiene en pie solo gracias a la esclavitud y la magia. - La planodeuda va a beber otro sorbo de cerveza, pero encuentra la jarra vacía. - ¡Alfred, otra por aquí!

- Por supuesto, - El tabernero sonríe pícaro - e invita la casa si nos cuentas más de ti, ¿hm? - Dice, observando como los curiosos se aglutinan, aprovechando esta oportunidad de negocio.

Una cerveza gratis es una cerveza gratis, y, aunque Rhenis fuera a veces recelosa con su pasado, el alcohol y la oferta disipan las dudas.

- Vale, vale... Pues por donde empezamos... No tengo ni puta idea de quienes son mis padres, pero los muy cabrones me dejaron con esta piel y estos cuernos, seguro que uno u otro fue infiel - Dice con sorna, aludiendo a las pequeñas protuberancias de su frente. Una risa estruendosa, propia de los borrachos, inunda la taberna ante el comentario. - De pequeña, con cuatro o cinco años, un mago rojo me compró, Arrhazhen se llamaba el malnacido. Fui, básicamente, la criada personal del viejo durante mucho tiempo, y los años me dieron ventaja a mí, y desventaja a él.

- Pero si eras esclava... ¿Cómo es que estás aquí? - Pregunta un borracho, el cual Rhenis ni siquiera llega a ver entre los aglomerados.

- ¿Me quieres dejar hablar? Como decía, el viejo era buen mago, pero estaba viejo. Con mi astucia y mi rapidez, conseguí robar tomos, libros, pergaminos, esquemas... A eso súmale el que pasaba horas observando su técnica diariamente. Y... ¡Tarán! Conseguí aprender magia. Cada noche, con un clavo, me libraba de mis esposas y practicaba magia en el sótano, sin que el viejo se diera cuenta, pues cuando amanecía, todo estaba en su sitio, y yo, con las cadenas puestas.

- Sí, sí, ¿pero como huiste? - Dice uno.

- Fue sencillo, la verdad - Dice, orgullosa - Una de esas noches, me libré de mis cadenas. Cogí un saco y metí en él lo necesario, incluyendo un tomo mágico y algún que otro pergamino. Un conjuro de silencio, uno de invisibilidad, unas manos rápidas y unos pies ágiles, eso es lo que me dio la libertad. El viejo me subestimó, y lo pagó.

La jarra de cerveza, que había llegado hace menos de cinco minutos, ya se había acabado, devorada por la rojiza mujer.

- ¿Y qué vas a hacer ahora? - Dice otro.

- Pues... Conocer mundo, divertirme, y hacerme asquerosamente rica. - Dice, levantándose - Que se enteren esos maguchos rojos que una de sus esclavas se ha convertido en una arcana mejor y mas capaz que ellos.

Y caminando, torcida a causa del alcohol, sale de la taberna. Esa noche durmió en el establo entre los caballos, pues las habitaciones estaban arriba, y su orgullo le impedía volver a entrar tras su "triunfal" discurso. Al día siguiente, despertó con resaca y oliendo a mierda de caballo, pero eso no le impidió proseguir su viaje hasta su objetivo: Amn.
 

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