Miau
Escritor de muchotexto
- Registrado
- 10/4/06
- Mensajes
- 80
- Madre! Madre! La Hermana Arteris está inconsciente! Creo que le pasa algo grave!- Dijo la joven acólita a la Madre Superiora del Templo.
- Avisad al Hermano Aaron inmediatamente! - Exclamo la Madre Superiora.
La joven acólita y la Madre, se acercaron a la celda. Efectivamente, el cuerpo de la joven, estaba languidamente tumbado en el suelo, como si fuese un muñeco. En breve lapso de tiempo, llegaron más hermanas, para poder atender a la joven.
.....
- Hablame Hija mía. Sabes que puedes hablar conmigo de lo que quieras. Te conozco bien desde que eras una niña.
- He visto la fealdad del mundo, el horror que se encuentra tras bellas mascaras. La desdicha y el olvido.
- No puedo más! -Exclamó exasperada la joven.
- Hija mía. Tu elegiste la Senda. Ven y cuentame, que es lo que has visto.
.....
La Madre Superiora Eliannor y el Hijo Venerable Aaron, hablaban tranquilamente en el suntuoso despacho de la Madre Superiora.
- Ha sido tocada por la Diosa, Madre Eliannor. He visto su marca correr por su sangre. -
- Arteris? Ella? Ha sido elegida? - Exclamó atónita la Madre Eliannor.
- Si, ella ha sido Elegida. Sin embargo, conoceis el pago.
Tras la breve charla, la Madre Eliannor se quedó a solas. Necesitaba tiempo, tiempo para prepararse. Sin embargo, también era consciente de que la joven no disponía de ese lapso de tiempo. Si era verdad aquello, Arteris debía saber la verdad y cuanto antes.
.....
Era de tarde y la Madre Eliannor y la joven Arteris, paseaban por los jardines del Templo. Era un hermoso atardecer y corría una suave y agradable brisa. Las aves revoloteaban por los jardines y la fragancia de las flores era embriagador. Durante aquellos días, la joven Arteris se había recuperado. A pesar de sonreir, alguien que la conociera bien, como la Madre Eliannor, podía observar que aquella sonrisa no era absoluta. Había un rastro de pesar y de amargura en sus ojos. La pérdida.
- Estás mejor, Arteris? - Preguntó la Madre Superiora.
- Sí Madre, gracias. - Contestó humildemente la joven.
- Por qué ingresaste en el Azote, Hija mía? - Preguntó la Madre, y la joven se quedó durante unos instantes quieta. Después, comenzó a caminar detrás de la Madre Eliannor.
- Se que podría decir muchas cosas, pero creo que, nada sería absolutamente cierto. - La Madre Eliannor sonrió ante la respuesta.
- He oido hablar del Azote de los Muertos, Inus Theldaran, pero nunca he hablado con alguien que haya entablado relación alguna con el.
Tras unos instantes de reflexión, la joven miró a los ojos esmeraldinos de Eliannor. Siempre se maravillaba, de que a pesar de su edad, sus ojos, aquellos ojos, reflejaban una serenidad y tranquilidad imperturbable. Los mismos ojos, que según hablaban los rumores, todas las Madres del Templo tenían.
- Podría decir muchas cosas, como que entré presta a castigar a las horrendas criaturas. Me conozco bien, y se que es la respuesta que siempre se me ha exigido - Hablaba la joven, mientras miraba el bello atardecer. - Sin embargo he de admitir, que no lo sé. No se la verdad de mi decisión.
La Madre Eliannor sonrió cálidamente a la joven Arteris.
- Todo lo que hacemos, sigue un simple patrón, querida mía. El Amor, nos guía en nuestras acciones.
- Pero... No lo entiendo Madre. Amor, a qué? A los Segadores? A las víctimas de nuestros implacables enemigos? . - La faz de la joven, se ensombreció presa de la inseguridad.
- Esa respuesta, deberás de encontrarla tu . - Apoyó una mano sobre el pecho de la joven Arteris. - La verdad, está aquí.
En ese mismo instante, un fulgoroso brillo, emergió de un saquillo que la joven portaba, deslumbrandolas a ambas.
.....
Era una apacible mañana, un hermoso día de primavera. La joven Arteris, se personó en el despacho de la Madre Eliannor. Tras llamar respetuosamente a la puerta, entró.
- He de volver, Madre. Debo volver. Les debo por lo menos eso. Volver y explicarles.
- Y que les dirás Hija mía? Que flaqueaste? - Una sonrisa cálida afloró a los labios de la Madre Eliannor.
- No, no puedo dejarles solos. Hize un Juramente y pienso cumplirlo.
Tras decir aquellas palabras, la Madre Eliannor observó a la joven. Había visto algo en aquellos ojos de zafiro. Un extraño brillo en sus palabras, que la hizo sonreir.
Se levantó de su sillón y con pasos lánguidos, llegó hasta la estanteria que estaba a su espalda. Tras tantear algunos libros, sacó uno, sin ningún tipo de adorno. Sin embargo, era viejo, con las cubiertas gastadas por el tiempo y las hojas amarillentas. La joven, miraba extrañada a la Madre.
- Leelo. Y después, decidirás. - La faz de la Madre, miró con seriedad a la joven. - Tu tiempo se agota. Leelo y decide.
.....
Próximamente.
....
Arteris tenía muchas preguntas. Sin embargo, estás quedaron sin contestación. El Templo estaba de luto, puesto que la Madre Elianne, había muerto.
La joven Arteris, fué una de las elegidas, que fué elegida como Séquito Funebre, por indicación directa de la propia Madre Eliannor
Como Hijo Venerable, el Hermano Aaron era el sustituto de la Madre Eliannor. A pesar de la unión afectiva entre ambos, Arteris, muy a su pesar no pudo quedarse a la ceremonia de investidura.
Como bien le había dicho la Madre Eliannor, tenía muy poco tiempo.
Y era verdad.
- Avisad al Hermano Aaron inmediatamente! - Exclamo la Madre Superiora.
La joven acólita y la Madre, se acercaron a la celda. Efectivamente, el cuerpo de la joven, estaba languidamente tumbado en el suelo, como si fuese un muñeco. En breve lapso de tiempo, llegaron más hermanas, para poder atender a la joven.
.....
- Hablame Hija mía. Sabes que puedes hablar conmigo de lo que quieras. Te conozco bien desde que eras una niña.
- He visto la fealdad del mundo, el horror que se encuentra tras bellas mascaras. La desdicha y el olvido.
- No puedo más! -Exclamó exasperada la joven.
- Hija mía. Tu elegiste la Senda. Ven y cuentame, que es lo que has visto.
.....
La Madre Superiora Eliannor y el Hijo Venerable Aaron, hablaban tranquilamente en el suntuoso despacho de la Madre Superiora.
- Ha sido tocada por la Diosa, Madre Eliannor. He visto su marca correr por su sangre. -
- Arteris? Ella? Ha sido elegida? - Exclamó atónita la Madre Eliannor.
- Si, ella ha sido Elegida. Sin embargo, conoceis el pago.
Tras la breve charla, la Madre Eliannor se quedó a solas. Necesitaba tiempo, tiempo para prepararse. Sin embargo, también era consciente de que la joven no disponía de ese lapso de tiempo. Si era verdad aquello, Arteris debía saber la verdad y cuanto antes.
.....
Era de tarde y la Madre Eliannor y la joven Arteris, paseaban por los jardines del Templo. Era un hermoso atardecer y corría una suave y agradable brisa. Las aves revoloteaban por los jardines y la fragancia de las flores era embriagador. Durante aquellos días, la joven Arteris se había recuperado. A pesar de sonreir, alguien que la conociera bien, como la Madre Eliannor, podía observar que aquella sonrisa no era absoluta. Había un rastro de pesar y de amargura en sus ojos. La pérdida.
- Estás mejor, Arteris? - Preguntó la Madre Superiora.
- Sí Madre, gracias. - Contestó humildemente la joven.
- Por qué ingresaste en el Azote, Hija mía? - Preguntó la Madre, y la joven se quedó durante unos instantes quieta. Después, comenzó a caminar detrás de la Madre Eliannor.
- Se que podría decir muchas cosas, pero creo que, nada sería absolutamente cierto. - La Madre Eliannor sonrió ante la respuesta.
- He oido hablar del Azote de los Muertos, Inus Theldaran, pero nunca he hablado con alguien que haya entablado relación alguna con el.
Tras unos instantes de reflexión, la joven miró a los ojos esmeraldinos de Eliannor. Siempre se maravillaba, de que a pesar de su edad, sus ojos, aquellos ojos, reflejaban una serenidad y tranquilidad imperturbable. Los mismos ojos, que según hablaban los rumores, todas las Madres del Templo tenían.
- Podría decir muchas cosas, como que entré presta a castigar a las horrendas criaturas. Me conozco bien, y se que es la respuesta que siempre se me ha exigido - Hablaba la joven, mientras miraba el bello atardecer. - Sin embargo he de admitir, que no lo sé. No se la verdad de mi decisión.
La Madre Eliannor sonrió cálidamente a la joven Arteris.
- Todo lo que hacemos, sigue un simple patrón, querida mía. El Amor, nos guía en nuestras acciones.
- Pero... No lo entiendo Madre. Amor, a qué? A los Segadores? A las víctimas de nuestros implacables enemigos? . - La faz de la joven, se ensombreció presa de la inseguridad.
- Esa respuesta, deberás de encontrarla tu . - Apoyó una mano sobre el pecho de la joven Arteris. - La verdad, está aquí.
En ese mismo instante, un fulgoroso brillo, emergió de un saquillo que la joven portaba, deslumbrandolas a ambas.
.....
Era una apacible mañana, un hermoso día de primavera. La joven Arteris, se personó en el despacho de la Madre Eliannor. Tras llamar respetuosamente a la puerta, entró.
- He de volver, Madre. Debo volver. Les debo por lo menos eso. Volver y explicarles.
- Y que les dirás Hija mía? Que flaqueaste? - Una sonrisa cálida afloró a los labios de la Madre Eliannor.
- No, no puedo dejarles solos. Hize un Juramente y pienso cumplirlo.
Tras decir aquellas palabras, la Madre Eliannor observó a la joven. Había visto algo en aquellos ojos de zafiro. Un extraño brillo en sus palabras, que la hizo sonreir.
Se levantó de su sillón y con pasos lánguidos, llegó hasta la estanteria que estaba a su espalda. Tras tantear algunos libros, sacó uno, sin ningún tipo de adorno. Sin embargo, era viejo, con las cubiertas gastadas por el tiempo y las hojas amarillentas. La joven, miraba extrañada a la Madre.
- Leelo. Y después, decidirás. - La faz de la Madre, miró con seriedad a la joven. - Tu tiempo se agota. Leelo y decide.
.....
Próximamente.
....
Arteris tenía muchas preguntas. Sin embargo, estás quedaron sin contestación. El Templo estaba de luto, puesto que la Madre Elianne, había muerto.
La joven Arteris, fué una de las elegidas, que fué elegida como Séquito Funebre, por indicación directa de la propia Madre Eliannor
Como Hijo Venerable, el Hermano Aaron era el sustituto de la Madre Eliannor. A pesar de la unión afectiva entre ambos, Arteris, muy a su pesar no pudo quedarse a la ceremonia de investidura.
Como bien le había dicho la Madre Eliannor, tenía muy poco tiempo.
Y era verdad.