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Elhelwit

Miau

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- Madre! Madre! La Hermana Arteris está inconsciente! Creo que le pasa algo grave!- Dijo la joven acólita a la Madre Superiora del Templo.

- Avisad al Hermano Aaron inmediatamente! - Exclamo la Madre Superiora.

La joven acólita y la Madre, se acercaron a la celda. Efectivamente, el cuerpo de la joven, estaba languidamente tumbado en el suelo, como si fuese un muñeco. En breve lapso de tiempo, llegaron más hermanas, para poder atender a la joven.

.....


- Hablame Hija mía. Sabes que puedes hablar conmigo de lo que quieras. Te conozco bien desde que eras una niña.

- He visto la fealdad del mundo, el horror que se encuentra tras bellas mascaras. La desdicha y el olvido.

- No puedo más! -Exclamó exasperada la joven.

- Hija mía. Tu elegiste la Senda. Ven y cuentame, que es lo que has visto.


.....


La Madre Superiora Eliannor y el Hijo Venerable Aaron, hablaban tranquilamente en el suntuoso despacho de la Madre Superiora.

- Ha sido tocada por la Diosa, Madre Eliannor. He visto su marca correr por su sangre. -

- Arteris? Ella? Ha sido elegida? - Exclamó atónita la Madre Eliannor.

- Si, ella ha sido Elegida. Sin embargo, conoceis el pago.

Tras la breve charla, la Madre Eliannor se quedó a solas. Necesitaba tiempo, tiempo para prepararse. Sin embargo, también era consciente de que la joven no disponía de ese lapso de tiempo. Si era verdad aquello, Arteris debía saber la verdad y cuanto antes.


.....

Era de tarde y la Madre Eliannor y la joven Arteris, paseaban por los jardines del Templo. Era un hermoso atardecer y corría una suave y agradable brisa. Las aves revoloteaban por los jardines y la fragancia de las flores era embriagador. Durante aquellos días, la joven Arteris se había recuperado. A pesar de sonreir, alguien que la conociera bien, como la Madre Eliannor, podía observar que aquella sonrisa no era absoluta. Había un rastro de pesar y de amargura en sus ojos. La pérdida.

- Estás mejor, Arteris? - Preguntó la Madre Superiora.

- Sí Madre, gracias. - Contestó humildemente la joven.

- Por qué ingresaste en el Azote, Hija mía? - Preguntó la Madre, y la joven se quedó durante unos instantes quieta. Después, comenzó a caminar detrás de la Madre Eliannor.

- Se que podría decir muchas cosas, pero creo que, nada sería absolutamente cierto. - La Madre Eliannor sonrió ante la respuesta.

- He oido hablar del Azote de los Muertos, Inus Theldaran, pero nunca he hablado con alguien que haya entablado relación alguna con el.

Tras unos instantes de reflexión, la joven miró a los ojos esmeraldinos de Eliannor. Siempre se maravillaba, de que a pesar de su edad, sus ojos, aquellos ojos, reflejaban una serenidad y tranquilidad imperturbable. Los mismos ojos, que según hablaban los rumores, todas las Madres del Templo tenían.

- Podría decir muchas cosas, como que entré presta a castigar a las horrendas criaturas. Me conozco bien, y se que es la respuesta que siempre se me ha exigido - Hablaba la joven, mientras miraba el bello atardecer. - Sin embargo he de admitir, que no lo sé. No se la verdad de mi decisión.

La Madre Eliannor sonrió cálidamente a la joven Arteris.

- Todo lo que hacemos, sigue un simple patrón, querida mía. El Amor, nos guía en nuestras acciones.

- Pero... No lo entiendo Madre. Amor, a qué? A los Segadores? A las víctimas de nuestros implacables enemigos? . - La faz de la joven, se ensombreció presa de la inseguridad.

- Esa respuesta, deberás de encontrarla tu . - Apoyó una mano sobre el pecho de la joven Arteris. - La verdad, está aquí.

En ese mismo instante, un fulgoroso brillo, emergió de un saquillo que la joven portaba, deslumbrandolas a ambas.


.....


Era una apacible mañana, un hermoso día de primavera. La joven Arteris, se personó en el despacho de la Madre Eliannor. Tras llamar respetuosamente a la puerta, entró.

- He de volver, Madre. Debo volver. Les debo por lo menos eso. Volver y explicarles.

- Y que les dirás Hija mía? Que flaqueaste? - Una sonrisa cálida afloró a los labios de la Madre Eliannor.

- No, no puedo dejarles solos. Hize un Juramente y pienso cumplirlo.

Tras decir aquellas palabras, la Madre Eliannor observó a la joven. Había visto algo en aquellos ojos de zafiro. Un extraño brillo en sus palabras, que la hizo sonreir.

Se levantó de su sillón y con pasos lánguidos, llegó hasta la estanteria que estaba a su espalda. Tras tantear algunos libros, sacó uno, sin ningún tipo de adorno. Sin embargo, era viejo, con las cubiertas gastadas por el tiempo y las hojas amarillentas. La joven, miraba extrañada a la Madre.

- Leelo. Y después, decidirás. - La faz de la Madre, miró con seriedad a la joven. - Tu tiempo se agota. Leelo y decide.


.....


Próximamente.


....


Arteris tenía muchas preguntas. Sin embargo, estás quedaron sin contestación. El Templo estaba de luto, puesto que la Madre Elianne, había muerto.

La joven Arteris, fué una de las elegidas, que fué elegida como Séquito Funebre, por indicación directa de la propia Madre Eliannor

Como Hijo Venerable, el Hermano Aaron era el sustituto de la Madre Eliannor. A pesar de la unión afectiva entre ambos, Arteris, muy a su pesar no pudo quedarse a la ceremonia de investidura.

Como bien le había dicho la Madre Eliannor, tenía muy poco tiempo.

Y era verdad.
 

Liselle

Campero de tiendas
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Interesante comienzo Segadora, pero.... ¡quiero más!
 

Miau

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Si buscas respuestas, sigue leyendo. sino, te conmino a que dejes de leer.



Viejo Imperio de Dulma'Lin, año 2490.

Tu que lees este manuscrito, lee y aprende la verdad de mi puño y letra.


La Princesa Rivvya, era una joven malcriada. Educada en la corte del Rey Melmoth, vivía engalanada en riqueza y opulencia. Nada le era vetado, excepto salir del palacio. Pero, que necesidad tenía una joven, que vivía en una cómoda y abundante opulencia?

La joven Rivvya, aún contaba con 16 años, cuando todo comenzó. Extraños visitantes, aparecieron en la corte de su padre, el Rey Melmoth. Aventureros, extranjeros, magos y hechiceros; y también salvajes y feroces habitantes del Norte. Los videntes de la corte, auguraban desastres inminentes; pero ni el Rey ni la Princesa hicieron caso alguno.

Entonces, comenzó la guerra. Una cruenta y salvaje guerra. Extraños habitantes del Este, ataviados con ropajes negros y oscuros. Combatian salvajemente, armados con curvadas armas de filo. Gritaban fervorosamente aclamando a Siniestros Poderes. Arrasaban por doquier, por donde avanzaban estos habitantes, dejaban una estela de destrucción.

Mientras Dulma'Lin era presa de estos salvajes ataques, los Reinos vecinos, al contrario que ellos, si habían sabido augurar el desatre; habían leido las señales de las estrellas; las palabras de los Dioses. Una vez más, abanderados por el Rey Juchá, descendiente de un poderoso y valeroso linaje, las banderas se aunaron bajo un único estandarte; el Estandarte de la Hidra, emblema de la Casa Real.

Mientras el Caos y la vorágine de la Guerra asolaban el Reino de Dulma'Lin, las legiones del reino, se aprestaron, para salvaguardar la vida de la familia Real. Todos los combatientes de la legión, habían jurado proteger a la Casa Real, aunque su vida les costase. Lucharon valerosamente, pero las ferreas lineas defensivas de las legiones, eran contrarestadas por las bandadas de los fanáticos y aullantes atacantes. Superaods en número, sabían que iban a perecer.

Una voz de alarma, se oyó por el campamento. Todas las miradas confluyeron y vieron como una humareda se levantaba por el Oeste y un altivo estandarte se acercaba; el Estandarte de la Hidra. Vítores empezaron a resurgir del campamento, pero rápidamente fueron silenciados. La Noche más Larga, había comenzado, ya que las nubes, conformaron un cerro, asfixiando al sol y no permitiendo que la luz, fuese partícipe. Todos eran conscientes, de que las Tinieblas, iban a ser testigos mudos, de la salvaje carnicería.

Sin embargo, bajo la Oscuridad, había aún un foco de luz y esperanza. Aunque fuese en una pasmosa y mortal situación, los Reinos del Viejo Imperio de Jakarti estaban unidos. Entonces, cundió el pánico. Los Reyes discutieron, parientes contra parientes lucharon. Lo que parecía un foco de esperanza, la Oscuridad lo engullía. Los Reyes discutieron. El Rey Melmoth, celoso de que sus vecinos estuvieran en sus tierras luchando, en lo que el decía que era una siniestra conspiración contra el, maldijo a sus vecinos. Maldiciones escupió de su ya anciana boca, y entonces, la Oscuridad lo engulló todo. Salvajes y terribles gritos, sembraban el campo de batalla. Aquella lucha, fué una carnicería.

En medio de la cruel vorágine, cuatro ancianos, aparecieron, ataviados con ropajes blancos y pardos. Dos ancianos, apoyados en bastones. ataviados con níveas túnicas. Cualquiera que viese aquellos rostros, palidecían, puesto que ambos hombres, tenían el mismo rostro, signo inequívoco de una maldición. Otro anciano, era un decrépito anciano encorvado, que parecía moverse con un extraño movimiento. sus piernas eran cortas y sus brazos eran antinaturalmente largos. Cualquiera que viese su faz, se quedaba estupefacto, ante el deforme rostro. sus vestiduras, no eran más que andrajosos remiendos. El cuarto anciano, iba ataviado con una túnica parda. Su faz era espantosa, se asemejaba más a un animal que a un ser humano, rojos ojos, una alargada nariz y boca, sobresalía.

Los ancianos, se reunieron con los Reyes. a estos les advirtieron de que solo la Unidad, podría salvaguardarlos. Si no tomaban una rápida y sensata decisión, todos, irremediablemente moririan. Entonces el Rey Melmoth, cayó rápidamente fulminado, cuando comenzó a maldecir a los ancianos, preso de unas convulsiones y de sangre que brotaba de su anciana boca. Todos aquellos que vieron aquel dantesco suceso, palidecieron de miedo y terror.

El anciano que más parecía un deforme enano, se acercó al la Princesa Rivvya y el anciano de rostro bestial, se acercó al Rey Juchá. Los hombres que compartían el mismo rostro, quedaron en medio de todos y hablaron al unísono:

Si no liberais aquello que más atesorais, sereis pasto de la Destrucción. Solo liberandoos del Yo y del Ego, podreis ser libres. Alzaos sobre vuestra antigua vida y brillar como fulgurantes focos de esperanza. Entregadselos al Angel.

Todo pareció paralizarse. Nadie se atrevió a moverse. Parecía que todo se había detenido. Entonces, el Rey Juchá se acercó al medio y mirando a los dos ancianos, dijo:

- Entrego mi Reino, mis riquezas y mis posesiones.

La Princesa Rivvya, se acercó al medio y dijo en alta voz:

- Me entrego a mí misma.

Y entonces, como si algo o alguien esperase aquellas palabras, todo tembló. La tierra se sacudió con fuerza como si salvajes fuerzas sacudieran la faz de la tierra. Todos los presentes cayeron al suelo, bajo una intensa luz que sacudió todo. La Luz, hendió la aterradora Oscuridad, trayendo una nueva esperanza.


Una esperanza entre un millar.
 

Miau

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Una noche...una conversación...


Dos mujeres...dos amigas...dos hermanas...


Dos polos opuestos. O tal vez no tanto.


-Como!!! Como has podido hacerme esto??? - La faz de la sunita se crispa, en una clara cara angustiada, al tiempo que su voz, se eleva unas octavas, incluso puede, que mas de lo debido.
-¿Estás bien? El otro día observé como .... ¿Que que? - La joven parpadeó varias veces, muy sorprendida por el tono y las palabras de la sunita, siempre cálida.- ¿Hacerte el qué?
- Tu! Tu! Siempre te he considerado más que una amiga! Una hermana!!! - Los ojos de zafiro de la sunita, se agrandaron de súbita manera. - Por qué? Por qué? - Los musculos faciales de la sunita, se tensaron presa del súbito arrebato.
La joven sunita, señaló con un ademán rabioso el pecho de la joven, con la mano derecha, la mano que llevaba vendada.- Como has podido hacerme esto???
-Lo lamento Arteris... lo lamento de corazón. Han sido meses tan duros, que ni siquiera he tenido tiempo de pensar en ello. Se que no es excusa. Pero hasta yo misma me había olvidado...
La sunita, al ver la mella que han hecho sus palabras en la joven de cabellos azabache, se mordió el labio inferior y abrazó a la joven en un fuerte abrazo, tal es su caracter voluble.
-Entre reuniones.... Tenía que habertelo... - La joven muchacha correspondió al abrazo de la volatil sunita. Al contrario que en otras ocasiones, no se pone rígida ni tensa. Como si su habitual caparazón, se hubiera reblandecido.
La sunita, al abrazarla, apoya su mano vendada, en la nuca de su amiga, para que apoye su cabeza, en su propio hombro, en un claro gesto maternal.
-Perdóname Arteris... .- La joven batidora susurró con suavidad a la sunita.
La muchacha de cabellos carmesíes beso con suavidad en la mejilla de la batidora. -No, no hay nada que perdonar, Hermana mía.- Acercó su mano, para acariciar el cabello azabache de la batidora.

...........

-Gracias. Gracias por ser como eres. Ojalá hubiese más gente con el corazón que tu tienes, hermana. Amn sería un pais totalmente distinto .
-No hay mejor noticia, que haya podido, ni pueda oir - Susurró suavemente, cerca del oido de su amiga, mientras con el brazo izquierdo, mantenía el cuerpo de la muchacha contra su pecho y el brazo derecho, acariciaba la cabeza, con ternura.
-Mi corazón, pertenece a todo el mundo, querida mia - Tras decir aquellas palabras, besó la frente de su hermana con suavidad.
-Lo sé. Siempre lo he sabido. Irradias más luz que el sol que nos ilumina cada mañana. - La joven sunita no pudo evitar reirse ante el cumplido.
- Y ahora vas a explicarme esto? Y no me digas que te cortaste partiendo un tomate . - Al tiempo que se alejaba unos centimetros y señalando el vendado brazo de la sunita.
Tras oir aquellas palabras, la mirada vibrante, los ojos de zafiros brillantes, refulgieron con una gran intensidad; con una luz propia, jamás antes vista.


...................

Con un resignado suspiro, se desató el saquillo que pendía de su cuello. Lo sujetó con suavidad, con la siniestra. El saquillo portaba un tamaño considerable, más grande que la palma que lo sostenía.

-Sabes?.- El tono de voz de la sunita, bajó ostensiblemente, suave y melodiosa. -Fué necesario.- Tras decir aquello se sentó en su cátedra, con el saquillo aún en su mano.
-¿Que contiene?
-Aquel...ser...quiso infligirme, un enorme daño. Yo... se, que no actué como debiera.-
-Estabas sola... sola y asustada. No debes sentirte mal por ello.
-Lo que menos quería, era cargar con muertes inocentes .- Al decir aquellas palabras, se encogió, retorciendose, con expresión asustada.
-Te comprendo perfectamente.- La joven batidora, observaba como la sunita se estremecía, al borde del llanto, mientras la miraba con una clara comprensión.
-Que era yo, comparando con ellos? A mi, me importaban más, Charlotte y el resto. Sin embargo, tarde, tarde me dí cuenta, de la trampa
-Porque tienes un corazón que no te cabe en el pecho. No te tortures por ello. .
-Le seguí, le perseguí. Pero era algo que el quería
-Eso fue un error, hermana. No debiste ir tu sola
-Lo sé. Tarde, pero lo sé.-

.....................

-Pero, no pude creerle. No podía!.-La voz de la sunita se endureció, con una clara rabia.
-¿Que cosas? .- La voz de Iria sonó suave, mientras apoyaba con suavidad su mano, en la mano vendada de la sunita, sin hacer presión en la herida.
Los musculos de la sunita se tensaron e inconscientemente, su mano derecha se cerró sobre el saquillo que tenía en la palma y emitió un grito dolorido, volviendose a abrir, la herida cerrada, justo por el mismo lugar donde anteriormente se había herido.
- Arteris! - En un súbito movimiento apartó la mano con rapidez.- ¡Que hay en ese saquito! .- La batidora, rápidamente, rebuscó en su bolsa una venda limpia.
Ante la mirada escrutadora de la batidora, el saquillo quedó inerme encima de la mesa, tras el movimiento repentino de su mano. A la vista atenta de la joven, algo comenzó a empaparse con la sangre de la joven sunita, adquiriendo un color sanguinolento. Mientras la sunita permanecía en un rictus doloroso, Iria comenzó a vendar cuidadosamente la herida de la mano de la joven sunita.
-¿Que... que significa todo esto?- La joven, observaba incredula a Arteris, mientras permanecía en estado de shock.
-Ahí, ahí está. Mi Pena. Mi dolor. Mi Esperanza. Mi Bendición.
-Ahí está el que! Arteris por favor dime que sucede! - Ante la paralizada sunita, observaba la tela empapada en sangre y comenzó, presa de la curiosidad a desenvolver el contenido de la tela, con cuidado.
Ante la atónita mirada de Iria, se hizo visible la razón de los cortes de la paladina. Una bella y hermosa escama de color níveo, con los rebordes afilados, manchados con la sangre derramada. Ante el chisporrotear de las luces de la Sala del Juez, la escama relucía con un rojo fulgoroso, similar al destello del fuego, que a veces acompañaba a la joven Arteris. Iria no pudo, mas que apartar la mirada ante aquel fulgor.
-Estuve...estuve a punto...de volverme loca . Es...una parte de mi pasado, que no recuerdo .- La faz de la paladina se ensombreció ante su ánimo.
Al oir las palabras de la paladina, la mano de Iria se detuvo, antes de tocar aquella maravillosa escama, a punto de tocarla con la yema de los dedos. La mirada de la joven sunita, se tornó fervorosa, admirando aquel objeto, que instantes antes la había herido. -De donde la has sacado? - La pregunta quedó en el aire.

........



-Tuve, una visión .- Arteris ladeó el rostro para sonreir cálidamente a la joven. -Si no hubiera sido por el... No estaría aquí ahora
-Verdad que es hermosa?
- Si, si lo es. .- La sonrisa de la sunita hervía de felicidad.
-Y no recuerdas de donde procede?
-Me hace, recordar. Solo se que es un regalo.
Al oir las palabras de la paladina, la observó con atención, al tiempo que Arteris, sonreía con un genuino cariño a la batidora.
-Te hace recordar? .- Ante aquella pregunta, el ánimo de la batidora decayó, asomando una clara tristeza en los ojos esmeraldinos de Iria.
-Nunca pongas esa cara. No te favorece nada .- La paladina acercó su mano izquierda para acariciar con ternura a la joven.

.....


Aquella noche fué definitiva.
 

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