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Elixir de Medianoche

Sacredlilium

Lágrima de mago nerfeado
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DE LA MADRUGADA AL SOL
XX

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Tras los festejos en las Agujas de Oro, una desgalillada espadachín se reunía con sus compañeros en Las Cinco Jarras. Los animos eran distendidos, entre risas, decisiones y ocurrencias. Una copa o quizá dos. Poco tardaron en ponerse al día de sus haceres, y entonces una cansada y casi afónica Evelyn se levantó de la mesa.

- Pendencieros, espero que paséis buena noche. - Mencionó mientras tomaba su abrigo, dispuesta a abrir la puerta para marchar.

- Dale las buenas noches a Langley de mi parte. - Fue Kastan después, soltando una carcajada.
- ¡Eso, Evelyn! Dale las buenas noches a Thomas de la mía también. - Coreó Garrett.

Alastor dedicó una sonrisa sincera al grupo, mientras Alexander negaba con la cabeza mirando a Evelyn, quien ya se estaba colocando el sombrero sobre la cabeza.

- Qué martirio.
- Y sin embargo, en el tono de Evelyn no había fastidio.Simplemente cubrió su rostro con el sombrero, ocultando una sonrisa mientras salía por la puerta.

Al abandonar la taberna hinchó el pecho con aire, exhalando una suerte de carcajada. "Si supieran" - fue lo que pensó. Aunque quizá ya lo sabían. Quizá no les importaba. Qué extraño sentimiento para ella el sentirse tan cercana a alguien que no fuera Alexander. Como si hubiera encontrado en Kastan, en Garrett e incluso en Alastor una suerte de familiaridad. Incluso con aquellos que esa noche no estaban, como Lara o Barabas.


"¿Me he vuelto una romántica?"
Su mente viajó por aquellas conversaciones. Aquellas que no había querido tomar. Mientras caminaba por las calles pensó en Saravel.

"Has soportado mucho. Debes ser egoísta, aunque no lo desees. No deseo ver como te destruyes por mantener una promesa."
Si Saravel no hubiera tomado su mano aquella noche, pensó, sabían los dioses dónde estaría ahora. Alzó los hombros y dejó escapar un suspiro. Pues parte de honrar el pasado quizá también era no resignarse a morir con él. Cuánto le había costado reconocer aquellos sentimientos que ahora tenía. Cuánto le había costado reconocerse capaz de amar de nuevo.

Lo había negado en un par de ocasiones. En otras siquiera podía ponerlo en palabras. En todas le había tenido miedo a semejante situación. ¿Quién era esa mujer tan temerosa? ¿Era eso lo que se había vuelto de ella? Finalmente cruzó las últimas calles del puente hacia aquella donde se encontraba la taberna. De todos, Thomas quizá fue su secreto peor guardado, incluso cuando este todavía no lo era.

Agachó el rostro con una exhalación, entrando hacia los Salones con un ritmo más tranquilo del que habría salido de las Cinco Jarras. Directa a su habitación, ya pudo vislumbrar luz bajo la puerta posándose sobre sus botas.

- Tengo llave. Podría entrar sin tu permiso, pero deseo no hacerlo. -Un par de golpes suaves en la puerta, acercando el rostro hacia la madera para decir aquello casi en un susurro. La madera cedió después, mientras la espadachín terminaba de hacerse paso en su propia habitación.

El uniforme de la división occidental con el águila Amniana reposaba doblado en la cómoda de la habitación. Sentado en la cama, y junto a la cómoda, Thomas terminaba de quitarse las botas. Era cierto que no vivían juntos, pero acostumbraban a pasar las noches siempre acompañados. Al ver a Evelyn entrar, Thomas ensanchó la sonrisa.



- Ha sido un...
- Día muy largo.


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