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Elros Telemnar

Elros

Enano con acento ruso
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Nombre del personaje: Elros Telemnar
Nombre de la cuenta: ThauN
Clase: Monje
Raza: elfo
Alineamiento: Legal Neutral
Edad inicial: 122 años
Carisma base: 8


Descripción:
Algo más bajo que el resto de su especie pero con un cuerpo fuerte y fibroso, camina siempre firme y grácil a un paso algo más acelerado de lo normal. Una cresta verde cuelga de su cabeza. De ojos marrones y siempre sonriente.
Viste una fina camisa de mallas, pantalones anchos y ligeros, sujetos por unas botas de cuero que le cubren toda la espinilla. En sus manos se ven enrolladas firmes tiras de cuero alrededor de los nudillos.


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Parte 1 - Sueños

La oscuridad comenzaba a cubrir parte de su ser, comenzando por atrapar su mano, haciéndole formar parte de ella.- Lo estoy consiguiendo, je -. Llevaba años de entrenamiento, de lucha junto a los monjes que lo acogieron durante su infancia, un grupo destinado a la defensa del poblado y espionaje de las tribus cercanas. Se basaban en lo conocido como “paso sombrío”, el cual les permitía moverse entre las sombras formando un solo ser con ellas e impidiendo que nadie puedese verles.

Elros llevaba años luchando por alcanzar sus objetivos y, por fin, lo conseguiría. –Ya queda poco- dijo mientras la oscuridad terminaba de fundirse en su pecho y comenzar a ser un solo ser. De pronto, algo le pinchó por dentro, se sentía mal, enfermo, como si una araña… ¡una araña!

Las sombras comenzaron a expandirse, no era normal, ¡deberían unirse a él! Intentó separarse de las sombras, luchar contra lo que había buscado convertirse durante todo este tiempo. Sin embargo, no podía hacerlo, estas comenzabron a tomar forma, la forma de una araña hasta que presenció, justo enfrente de su mismo rostro, a la misma reina araña “Lloth”.

-Hola elros, ¿creías que podrías adentrarte en mi reino sin luchar contra mí?, je, ni en tus sueños… ni en tus sueños.- La araña separó sus rostro, comenzaron a surgir afiladas garras y, de pronto, se abalanzó sobre él mientras gritaba algo que en principió no entendió –¡Despierta miserable!...- “¿despierta?”… de pronto se dio cuenta que todo cuanto lo rodeaba tenía formas extrañas, abstractas, no era su monasterio, no era nada parecido a cuanto conocía. Suspiró para sí. “Es un sueño…”
 

Elros

Enano con acento ruso
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Inicio:

-Despierta maldito… Despierta malros… ¡Despierta Elros!- El joven elfo se levantó de un salto de la cama, su fino pelo verde estaba empapado, dejando caer perlas de sudor por su rostro. Miró a todos lados nervioso, no sabía dónde se encontraba exactamente hasta que vio a Sylivan, su mentor… “estaba en el templo”.

Se dejó caer de nuevo sobre la cama, con los ojos bien abiertos, no quería volver a aquel sueño.- Has vuelto a soñar con Lloth ¿verdad? No te preocupes, estas en el monasterio, con nosotros.- Elros se giró sobre sí mismo, dando la espalda a su compañero, no tenía ganas de hablar, solo quería pensar, y sylivan lo sabía.

--

Cuando era pequeño, un grupo de drows atacaron su hogar, una pequeña casa situada a varios kilómetros de la ciudad élfica. “si hubiésemos vivido en la ciudad, no hubiese pasado nada” se repetía Elros cada vez que recordaba lo ocurrido. Pero no, no podía olvidar aquel rostro… aquella sacerdotisa había clavado sus ojos en él, y el rostro de Lloth consigo, justo antes de girarse para defenderse de un ataque. Antes de poder hacer nada ni pensar en nada, sus piernas comenzaron a correr hacia su casa… pero no encontró nada.

Sin saber cómo, había sobrevivido al ataque drow. Se había escondido bajo los escombros de su destrozado hogar, no quedaba nada en pie.

--

A la mañana siguiente, se dirigía camino a la ciudad élfica cuando, a sus afueras, descubrió algo que no había percibido en sus escasos años. Se acercó temeroso a encontrarse con más drows… con la sacerdotisa, sin embargo algo en su interior le impulsaba a acercarse a aquel lugar.

Se asomó por uno de los muros, buscando indicios de qué podría encontrar allí. Miró a todos lados, nervioso, posando sus ojos en quien allí se encontraba. Sentado sobre un tronco con las piernas cruzadas y palmas de las manos juntas. Su cabeza, calva, relucía al sol de la mañana.

De pronto, los ojos de aquel humano se posaron sobre Elros. Este bajó del muro tan rápido como pudo y se dispuso a correr hacia la ciudad pero antes de caer al suelo se encontró con aquel hombre delante.
-Hola pequeño, ¿que haceis aquí?- El humano presentaba un rostro amable y amistoso. –no te preocupes, no te voy a hacer nada, si quieres, puedes pasar- dijo señalando la entrada.

Comenzaron a andar hacia el monasterio. Elros miraba a todo cuanto lo rodeaba. Edificios simples, hechos con piedra y barro, y sin detalle alguno. Las enredaderas, raíces y ramas de los arboles se enlazaban entre la piedra sujetando en ocasiones las construcciones a las que se agarraban.

-Pasa pequeño, aquí estaremos más a gusto- señaló la entrada a uno de los edificios, pequeño en comparación con el resto.

Una vez dentro, el humano se sentó sobre un tronco situado en el centro de la sala y ofreció al joven elfo asiento.-Soy sylivan, monje de este monasterio. ¿Qué te ha ocurrido?, no te preocupes, puedes contármelo todo, aquí estás a salvo.

Elros contó todo lo sucedido al humano, este examinó la situación, ofreció tranquilidad al joven y le enseñó el resto del monasterio. Al final del paseo, el humano le ofreció quedarse y enseñarle su cultura, leyes y el sentido de todo cuanto realizaban. De entre todo cuanto el monje le ofreció, Elros solo pensó en una de sus frases: “guarda ese odio para conseguir la perfección corporal y espiritual”.

Sentía que la perfección corporal le ayudaría a enfrentarse contra todo cuanto le surgiese en su camino; la perfección espiritual le ayudaría a luchar contra el veneno de la diosa araña… sería la forma perfecta para conseguir algo que agarraba su corazón con más fuerza que nada cuanto le pasase el resto de su vida, venganza hacia los drows, venganza contra la sacerdotisa que clavó sus ojos en él, venganza contra Lloth.
 

Elros

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La prueba

Elros se giró de nuevo sobre la cama ante las palabras de sylivan.-Venga, animate, recuerda que hoy empezamos tu entrenamiento.- No lo recordaba. Tras varios años de aprendizaje de las normas del monasterio y artes, corporales y espirituales, por fin estaba preparado para aprender el arte de lucha de los monjes.

Secándose las gotas de sudor de la frente, se levantó de la cama mirando a sylivan.-está bien, creo que hoy es un día diferente. Ha llegado el momento de que sea yo quien dé el siguiente paso.- Se fijó en la cara del maestro. Con una amplia sonrisa, mostraba la alegría ante las palabras de Elros, cosa que podría verse también reflejada en sus ojos si no fuese porque su aspecto afilado y pequeño era permanente.

El viejo maestro salió de la habitación, dejando vía libre al joven elfo para vestirse. Elros cogió una malla, con anillas muy finas enlazadas entre sí, y se la colocó cubriendo su torso, continuó por los pantalones, sueltos y ligeros, sujetos por unas botas de cuero y terminando por enrollarse dos tiras de cuero alrededor de ambas manos.-bien, creo que estoy listo.

Salió de la habitación, y se dirigió junto a su mentor con una leve sonrisa. Sylivan asintió amable indicándole con un pequeño gesto que le siguiese. Realizaron el camino en silencio, Elros sabía lo que iba a ocurrir, lo que debía hacer y cómo debía hacerlo.

Llegaron al templo del monasterio, la cara de Elros era seria, al contrario que la de su mentor el cual con un gesto le indicó que permaneciese fuera, a lo que Elros respondió asintiendo con la cabeza. Pasaron varios minutos, los cuales utilizó para concentrarse en la tarea para la que su maestro le había preparado durante esos años. De pronto, la puerta se abrió para dejarle paso.

Entró a la sala despacio, con la mirada al frente, sin desviarla de su mentor esperando que le diese la orden necesaria para comenzar con la prueba. Sylivan asintió con la cabeza. Elros respiró hondo, visualizó unos instantes su entorno más cercano y cerró los ojos.

Los siguientes minutos los pasó realizando técnicas de combate básicas enseñadas por su mentor, pasando a técnicas más complejas que requerían de equilibrio corporal y espiritual. Pronto pasó a la parte importante de la prueba: Debía golpear, con los ojos cerrados, los objetos situados en su entorno; a su vez, debía esquivar diferentes objetos lanzados por los allí presentes.

Todo iba tal como había planeado, golpeados todos los objetos, y esquivados todos los objetos. De pronto, algo le golpeó la cintura lo que le hizo comenzar a perder el equilibrio sobre el tronco en el que se encontraba, sin embargo, consiguió recuperarlo y situarse con ambos pies juntos frente a los presentes.

“He fallado, me han golpeado”. Su mente comenzó a decaer, no podía fallar, y lo había hecho. Aunque sabía que todo estaba perdido, los saludó con una reverencia y se despidió con un leve gesto de cabeza. Salió de la sala con la mirada al frente y cerró la puerta tras de sí.
 

Elros

Enano con acento ruso
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Noche con estrellas:

El bosque era frondoso, las plantas no dejaban ver más allá de su propia nariz, sin embargo, era un camino ya conocido por el monje. Sylivan cruzaba la maleza con total agilidad y armonía, sabía donde se dirigía, era un sitio común para él cuando las cosas no salían del todo bien.

Allí se encontraba, aunque le estaba dando la espalda, llegó lo suficiente pronto como para ver cómo se limpiaba los ojos.-Eh Elros, veo que has vuelto al lugar de siempre- El Monje se acercó al elfo y se sentó junto a él.

No era un sitio especial, pero su silencio y alta vegetación, le hacían sentir protegido. Elros miró a su maestro con los ojos aun llenos de pequellas perlas.-He fallado maestro, le he fallado.-

El monje le pasó el brazo sobre los hombros mientras sonreía.-¿en serio? Yo pensaba que nuestro objetivo era pasar la prueba. ¿O es que ese no era el tuyo?-

Elros con mirada perdida, miró de nuevo a su maestro.-claro que era mi objetivo, pero no lo he conseguido, me han golpeado…-

Sin deshacer la sonrisa en ningún momento el monje insistió.- Si, te han golpeado… la vida está llena de golpes que pueden hacernos caer, pero a veces somos más fuertes que eso y conseguimos recuperar el equilibrio al que estamos acostumbrados… y si no recuerdo mal, tu lo hiciste.- Viendo la expresión cambiada de su alumno, sylivan asintió.- Si Elros, has pasado la prueba. Has de aprender que no todo son victorias en la vida y que justamente los fallos, son los que nos hace más fuerte… je, siempre y cuando no sean continuos y nos lleven a la muerte.-

La expresión de Elros había cambiado, ahora formaba parte de la orden y podría comenzar con su entrenamiento, podría llegar a dominar “el paso sombrío”. Podría comenzar a prepararse para vengar a sus padres.

Miró al cielo, dejando caer dos lagrimas a ambos lados de su rostro. No podía ver nada, no por las lagrimas, sino por la vegetación, aun así pensó que el cielo estaría precioso, lleno de estrellas y viéndolo conseguir dar el primer paso de un largo camino.

-Bien, volvamos al monasterio. Mañana será un día duro.- Sylivan se levantó y comenzó a andar hacia el monasterio. Elros permaneció sentado un poco más.-Ahora voy, maestro, quiero permanecer un poco más aquí.- El monje asintió y con un gesto de cabeza se despidió y comenzó a caminar.
 

Elros

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La Marca

De nuevo aquella pesadilla. “¿Esa maldita sacerdotisa no me va a dejar en paz?, supongo que no hasta que yo acabe con esto”. Varios meses habían pasado desde la prueba, y volvía a ser un día especial.

Elros se posó frente al espejo de su cuarto, comenzó a secarse su rostro empapado de sudor. Pasó la mano por su verde cabello con algo de pena, “pronto no estará ahí”. Hoy sería un monje del paso sombrío autentico, comenzaría el aprendizaje hacia el camino de las sombras, daría un paso más en su camino.

Salió de su habitación y, como todas las mañanas desde que llegó a aquel lugar, se encontró con su maestro, sylivan.-Buenos días, espero que estés preparado, este será uno de tus últimos pasos aquí.- Elros asintió.

Llegaron al llano central del monasterio, allí se encontraban aquellos quienes presenciaron la prueba. Elros se sentó en el centro del grupo, sobre un tronco. Sin mediar palabra comenzó a sentir tirones de su verde cabello. Si, en eso consistía el ritual… se despojaría de su cabello a tirones como símbolo de fortaleza física y espiritual.

Comenzaron por la parte más baja y lateral de la cabeza para ir subiendo poco a poco hasta llegar al centro de la misma. Cuando estaban a punto de acabar con los laterales y empezar con la cresta, todo se detuvo. El tiempo se hizo eterno, pero Elros permaneció inmóvil, con los ojos cerrados, esperando.

De pronto, un brazo tiró de su hombro.-Vamos Elros, hay que resguardarse. Sigueme.- Mareado por el tirón inesperado se giró para seguir a su maestro. Todo a su alrededor era oscuro, oscuro como en sus sueños, “oscuro como aquel día”.

Pasó la mano por su cabeza. Estaba completamente rapada, excepto por una cresta situada justo en la parte central, una marca que solo le decía una cosa... "no había completado el ritual".

Siguió a su maestro-¿Qué… qué ha ocurrido? ¿Dónde vamos?.- Sylivan no contestó y siguió corriendo. Se adentro en su habitación indicando a Elros que lo siguiese.

Una vez dentro, sylivan cerró la puerta y se agacho sobre su cama. Segundos después, este desapareció bajo la misma. Elros se acercó a la cama para ver qué había ocurrido. Pronto lo descubrió: una trampilla.-Vamos Elros, ¡no hay tiempo que perder!.- Su voz se notaba alterada. Entró en la trampilla con agilidad y continuó tras su maestro.
 

Elros

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Reencuentros

Cruzaron varios pasadizos, hasta que llegaron a su destino. Ante ellos una pared, sin salida, o almenos en apariencia. Sylivan cerro los ojos con ambas mános pegadas entre sí mientras decía unas palabras que Elros no llego a escuchar. El monje dio un paso atrás, pillo impulso y golpeó la pared con fuerza.

Ante sus ojos, una enorme sala se abrió, estaba repleta de adornos, y estatuas con forma de monje en posición de loto. Algunas antorchas alumbraban el lugar dejando ver un pedestal situado en el centro exacto de la sala. Sobre él, un pergamino.

Sylivan se acercó y agarró con suma delicadeza el rollo de papel antiguo.-Aquí se encuentra uno de los tesoros más importantes de nuestro templo. Espero que lo guardes y lo lleves contigo allí donde acabes.- Las palabras de Sylivan sonaban dentro de Elros como una despedida. El elfo, agarró a su mentor por el brazo y le pidió que le dejase ir con él, necesitaba ayudar al resto fuese lo que fuese aquello que hubiese arriba, en el patio. Sylivan se negó.- Yo formo parte de este templo, he de protegerlo, tu aun tienes un largo camino que recorrer y no debes perdértelo por ayudarnos.-Empujó a Elros contra una puerta abierta para después cerrarla.

Elros cerró los ojos. Entendía aquello a lo que su maestro se refería. Sin perder tiempo, siguió la senda en la que se encontraba durante lo que le parecieron días. Al fin, llego al exterior, se encontraba al sur.

Salió de allí como pudo, se paró a respirar su primera bocanada de aire fresco desde que el templo fue atacado, miró alrededor y vislumbró lo que parecía una cortina de humo tras un oscuro bosque.

Sin esperarlo, comenzó a escuchar voces detrás de sí, por el mismo pasadizo por el que él mismo había llegado. Se asomó para intentar reconocerlas pues seguro eran de algún superviviente, o quien sabe, de su propio maestro quien había recorrido los túneles con el fin de avisar a Elros que podía volver, que todo había pasado. Eran voces elficas, y no precisamente el tipo de elfos que Elros quería.

Salió directo hacia el bosque en busca de un sitio en el que ocultarse. Justo en el momento de adentrarse escuchó aquellas voces gritar en su dirección a la vez que salían del pasaje subterráneo. “¡maldición, me han visto!”.

Agotado, continuó corriendo por el bosque moviéndose continuamente en diferentes direcciones, intentando escapar de sus perseguidores… pero todo era en vano, no dejaba de escuchar aquellas voces, no dejaba de escuchar cómo se acercaban. Hasta que de pronto, se hizo el silencio. Nada, ni el sonido de los animales.

Aliviado, siguió varios kilómetros más, dirección a la cortina de humo que podía vislumbrar a través de las ramas de los arboles. No quedaba mucho, pronto podría resguardarse por algunos días antes de seguir su camino y alejarse de sus perseguidores, los cuales seguro le volverían a seguir el rastro.

De pronto, una sombra apareció ante sí.-Hola Elros, ¿me recuerdas?.- “¡La sacerdotisa!. Elros abrió los ojos, y sin perder tiempo, cambio de dirección y continuo corriendo… pero no por muchos metros. Dos Drows más aparecieron ante él, y algo comenzó a presionar su pecho. Giró la vista hacia si mismo para ver como un latigo formado por varias cabeza de serpiente lo rodeaban, apretando cada vez más e impidiéndole respirar.-Creo que recuperaremos lo que es nuestro, no te preocupes, no sentiras nada…-

La voz de la sacerdotisa comenzó a desvanecerse, sus piernas dejaron de sostener su cuerpo, la vista comenzó a nublarse. Luchó por permanecer despierto, por aguantar. Buscó a su alrededor, pero todo estaba oscuro, no veía nada…
 

Elros

Enano con acento ruso
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La diosa

Corría y corría sin parar, después de perder la conciencia en el bosque, despertó en un lugar totalmente oscuro, corriese en la dirección que corriese siempre veía lo mismo: nada. Llevaba corriendo lo que a su parecer habían sido horas, pero no sentía cansancio, ni la mas mínima fatiga. Cambió continuamente de dirección, necesitaba ver algo que le guiase pero parecía como si no existiera nada a su alrededor, nada con lo que tropezar, nada con lo que chocarse, todo eran sombras… sombras infinitas. Cansado de seguir buscando decidió parar, todo estaba perdido, la oscuridad lo había consumido.

De pronto, una luz surgió a sus espaldas, se giró para ver de qué se trataba, quedando cegado ante la radiante luminosidad que desprendía aquel ser. Intentó ver algo cerrando levemente los ojos pero solo llego a ver una pequeña silueta, minúscula… tan pequeña como lo que era, una frágil flor.-Saludos Elros, quizás no me recuerdes, hace años que no nos vemos. Desde aquel desastre donde perdiste a tus padres y dejaron algo más que la vida de lado…- Elros intentaba comprender aquellas palabras, pero solo supuso recordar, de nuevo, el recuerdo de sus padres.-¿Qui…quién sois?, no entiendo nada.-

La flor fue creciendo lentamente enredándose en sí misma hasta tomar la forma de una mujer, hermosa mujer.-Soy Khauntea, diosa de la naturaleza. Te he estado protegiendo todos estos años.-

Elros sonrió, sabía que podía ser cierto, sino ¿por qué se sentía tan a gusto entre la maleza en aquel lugar junto al monasterio?, esa era la causa. Sonrió a la diosa.-Que puedo hacer por usted, khauntea.

La diosa se curvó sobre si misma, acercándose lentamente a Elros.-He venido a salvarte, aun no es tu momento. Es hora de que sigas tu camino.- Siguió acercándose, agarró a Elros de la mano y la besó…
 

Elros

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Azhkatla

Clock… ese ruido otra vez… clock, mmm donde estoy, clock… clock, será mejor … clock… Elros abrió los ojos lentamente, algo le impedía abrirlos más rápido, era agua, solamente agua. Tenía la frente empapada, la fina cresta sobre su cabeza caia a un lado, empapada también.

Se encontraba bajo un árbol, las gotas caian de este justo sobre su cabeza. Era el mismo lugar en el que se había cruzado por ultima vez con la sacerdotisa. Se levantó, lento y pesado. Las piernas no le respondían bien, las fuerzas le habían abandonado por momentos. Apoyándose en el árbol, respiró, examinó su capacidad para andar y miró al cielo. “Una cortina de humo…” Recordó que cuando estaba escapando de la sacerdotisa había seguido ese camino dirección a la nube de humo.

Apoyandose en varios arboles, siguió andando, no sin descansar en varias ocasiones. Hasta que porfín llegó. Siguió andando, dirección al poblado, pero se detuvo en seco. Ante sí, se encontraba una figura corpulenta, alta y… muy fea. “¡orcos!, lo que me faltaba… uh, un momento… ¿un humano?”. Elros continuó observando, detrás de aquel orco se encontraba un humano, y no parecía asustado por la presencia del orco.

Continuó mirando, una hoguera, varios elfos, humanos y enanos… al parecer el orco estaba allí con el consentimiento del resto. Al parecer, no era todo como pensaba… Pensó en todo cuanto le había pasado, en las palabras de Khauntea, en lo que debía hacer. Miró alrededor, y comenzó a andar hacia la hoguera...“Será mejor que de un paso más en el camino…”
 
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