Ser Pato
Perro de Dan
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I
La Despedida
La Despedida
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*En algún lugar del profundo bosque de Weldath un soldado del pueblo gentil marcha junto a una comitiva hacia una misión vital para los suyos, mas en su mente no pararía de evocar las ultimas palabras que tuvo con su hermana horas antes de su partida*
Ella lo espero en uno de los miradores de la ciudadela, discreto y apartado del bullicio de la zona del mercado. Portaba un hermoso vestido de corte típico de Evereska Estaba pálida y exhausta por la titanica tarea que se había impuesto hacia unas dekanhas para proteger aquello que su Corazón quería. - Es un hermoso lugar- dijo ahogando un bostezo.- en todo este tiempo jamas me había percatado de el. El portaba el uniforme del ejercito, provisiones y sus armas prestas para la batalla. Se situó junto a ella oteando la floresta. - Me gusta venir aquí y perderme en la inmensidad del bosque, Iri, no se como agradecerte el esfuerzo que has llevado acabo estas dekahanas...- ella cerro los ojos dejando que el viento acariciar su cara- Un poco de paz. -Acertó a decir poniendo la mano en el hombro de el- Volviendo Eltharion...
El arquero solo puedo asentir mirando a su hermana- Volveré, regresaremos todos- dijo con firmeza, mas sus ojos se posaron en lo profundo del bosque ahogando un suspiro - No pienso marcharme sin algo tuyo Irithiel. Hace mas de un año que dejamos nuestro hogar, y nunca nos hemos separado -sonrió mirándola- Siempre has cuidado de mi con tus consejos y sabiduría.- Ella soltó una leve risa fugaz mientras sonreía a su hermano - ¿No tienes suficientes amuletos y talismanes protectores con los que te han dado otras damas?
El soldado, llevo su mano al cuello, donde portaba bajo la gola de malla, un pañuelo de seda azul oscuro con finos bordados de plata que hacia días le había entregado una dama gentil, a la cual el entrego uno de sus arcos con la promesa de recuperar ambos objetos cuando todo acabara. Recordo el llanto de rabia de la joven silvana que se negaba a aceptar el deber de soldado y le entrego la primera flecha que uso para defender su vida, con la consigna de devolvérsela y la promesa de ella de tratar ser mas responsable. Flecha que llevaba atada a su carcaj para darle suerte, Y el mas curioso de todos los talismanes entregado por alguien que no esperaba. Una espada larga de hierro, algo tosca, pero funcional, en una vaina de cuero simple. Esa espada se la había entregado alguien, que lo había visto dudar hacia días, una duda, que había a llevado a Irithiel a jurarle que no saldría de la Ciudadela. El le entrego unas flechas encantadas, mas la promesa fue distinta, ella mantendría a salvo hasta su ultimo aliento, a aquello por lo que el Arquero dudo. Él solo tenia que regresar sano y salvo y devolverle la espada para ella entregarle las flechas.
- El amuleto y talismán que mas me importa es el de la persona que mas quiero, que siempre vela por mi y se, que siempre estará ahi para el estúpido de su hermano cuando lo necesite.- logro decir con una tenue sonrisa y un titubeo de emoción en la voz-Ella sonrió ante las palabras y le dedico una afectuosa sonrisa.- Tengo el Arvandor ganado, girate y contempla el bosque- le ordeno con un leve chasquido de lengua.
En ese momento, ella saco de su zurrón su cuchillo que empleaba para la herbolaria, cortándose un dorado mecho de pelo y llevándolo a la melena de Eltharion, para empezar a enredarlo con su trenza. Irithiel no dejo girarse a su hermano pese a la sorpresa del mismo. Mientras ella trenzaba la melena de su hermano con su mechón dorado. Entonaba una de las melodías que su madre les cantaba de niños mientras les narraba la historia de los mellizos atados y unidos desde el nacimiento.
- Seguimos y seguiremos estando unidos siempre Eltharion, tal cual el amor de nuestros padres nos enlazo.- Dijo ella terminando la trenza y situándose junto a el. Se vertieron mas palabras en ese balcón, de consuelo y esperanza entre ambos hermanos y ella, lo despidió con lagrimas en los ojos esperando, que todos, regresaran de vuelta de aquel lugar. Sabedora que esta vez, solo sus pócimas y arduo trabajo les podrían ayudar.
*La luna y las estrellas brillaban en lo profundo del Weldath, habían acampado para hacer noche, se notaba la tension y la preocupación en los rostros de todos, Eltharion alzo la vista al cielo estrellado buscando a Lindrael, el compañero del Espadachín. Se acomodo bajo la manta contemplando el cielo, pensando que quizás sus miradas se encontrarían pese a la distancia.*