Dilacerante
Minsorrano sin caminos
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Emma Lynnethen
Origen
Si bien la chica nunca llegó a desarrollar un gusto especial por aquella tecnología, creció colaborando con sus padres y hermano en la empresa familiar con la ilusión de ayudar a las personas mediante los productos que ellos ofrecían, completamente convencida de que con ello lograba mejorar la vida de aquellos que acudían al negocio.
Bendecida por una bondad inusitada de manera prácticamente innata y educada en los valores de la curiosidad lantanesa, Emma termina por convertirse en una mujer inquieta que camina de aquí para allá en busca de nuevas cosas por descubrir y otras formas de contribuir a la sociedad de la manera que estima oportuna, usualmente haciendo suyos los problemas de los demás para ayudarlos a resolverlos.
Su optimismo e ilusión la llevan finalmente a conocer la iglesia de Lathander, donde descubre una nueva manera de interpretar su visión de la vida. Tras sus estudios religiosos Emma jura lealtad a las deidades del plano de la luz y a la Tríada, convirtiéndose así en una autoproclamada portadora de la esperanza.
En busca de la divinidad
No satisfecha con la manera en la que podía ayudar a las personas en la empresa familiar, Emma decide alistarse en un pequeño cuerpo religioso de la iglesia de Lathander, donde aprende a dominar su peculiar arma a la que ella se empeña en llamar bastón clerical. Durante ese tiempo apenas realiza trabajo bélico activo debido a la falta de amenazas en el archipiélago de Lantán, pero continúa formándose en multitud de habilidades que ella consideraría útiles en el futuro.
Antes de su partida de Lantán, ningún poder divino llegó a manifestarse en sus manos, siendo causa de una frustración constante. Esta incapacidad hizo que nunca pudiera llegar a consagrarse como clérigo, y alimentaba su pensamiento de que ninguna deidad la había elegido como paladín. Ella lo achacaba a su incapacidad de centrar sus oraciones a una única deidad, pues consideraba que servía a la luz y por tanto a todas aquellas que moraban en su plano.
Adalid de la esperanza
Cuando Emma descubre las intenciones de su buen amigo inventor Karl Ossor de abandonar el archipiélago dirección a Amn, ve en ello una oportunidad de demostrarse a sí misma y a sus deidades que era merecedora del don divino.
No duda en hacer sus maletas y embarcarse a una tierra desconocida en busca de nuevas cosas por descubrir, nuevos problemas que solucionar, lugares oscuros que iluminar, y, en definitiva, portar la luz allá donde fuera necesario.
En ese momento ella aún no era consciente, pero sería en Amn donde sus esfuerzos serían recompensados, cuando actuase en primera línea en la lucha contra el mal y las injusticias, convirtiéndose finalmente en un soldado de la luz.
Sería entonces cuando realmente comenzaría a entender que su viaje acababa de empezar.