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En algún lugar....

Ser Pato

Perro de Dan
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23/4/14
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En lo profundo de la noche, en un sórdido tugurio de Sembia, una figura enigmática se alzaba sobre el escenario, cautivando a la audiencia con una balada llena de sentimiento. La penumbra del lugar se veía inundada por su presencia magnética, mientras su voz envolvía a los presentes en una espiral de melancolía y pasión.


Bajo el manto de la oscuridad yace una figura misteriosa,
sus manos, gélidas como el hielo, despiertan temor y envidia,
pues en su tacto, mi piel se estremece,
y mi corazón se inunda de un frío perpetuo y letal.

Oh, mujer de manos frías,
tu belleza es helada, pero en tu interior arde un fuego ardiente,
mi corazón palpita al compás de tu aliento,
y mi alma se envuelve en tu abrazo inmortal.

Tus manos son el enigma personificado,
una elegancia oculta que se despliega en tu ser,
tu piel pálida es un lienzo de nieve inmaculada,
y tus ojos, como abismos profundos, me hacen sucumbir.

Oh, mujer de manos frías,
tu belleza es helada, pero en tu interior arde un fuego incandescente,
mi corazón palpita al compás de tu aliento,
y mi alma se envuelve en tu abrazo imperecedero.

El mundo puede temerte y juzgarte por tu apariencia gélida,
pero yo sé que tu corazón arde con intensidad,
tu amor es una llama desbordante, imposible de extinguir.

Oh, mujer de manos frías,
tu belleza es helada, pero en tu interior arde un fuego inextinguible,
mi corazón palpita al compás de tu aliento,
y mi alma se envuelve en tu abrazo eterno.

Eres el invierno personificado,
envolviéndome en tu frío, pero siempre estaré a tu lado,
sin importar el coste, juntos, en el gélido abrazo de tu corazón eterno,
donde encontraremos la pasión en el frío infinito.


Al finalizar su impactante actuación, sombras desconocidas dejaban caer monedas en el platillo del bardo, como un tributo a su talento . Con una reverencia teatral, el intérprete aceptaba el pago y utilizaba una parte para asegurarse una modesta cena para él y sus acompañantes. A su lado se encontraban un joven de no más de nueve inviernos, cuyos ojos reflejaban una mezcla de curiosidad y temor, y un viejo tullido que conducía el carromato en el que viajaban por tierras inhóspitas.

"Mestre, ¿por qué siempre cantas esa canción?", preguntaba el joven, mientras llenaba sus mejillas hambrientas con la comida servida. El bardo, con la mirada perdida en las sombras del local, dejaba escapar un suspiro cargado de pesar. "Porque me transporta a una noche de sombras, bailes y máscaras en Amm, en la siniestra ciudad de Athkala", respondía en voz baja. Sus ojos se posaban en una joven misteriosa que no apartaba la mirada de él, como si hubiera encontrado algo en ella que resonaba con su propio tormento.

Las noches se deslizaban sigilosas, y en la mente del bardo acechaba una pregunta en sombras: ¿Dónde se ocultaba ella? Aquella fatídica noche, Garland, el caballero de la Unión de Eclipses, había revelado la siniestra verdad. Ella aún existía y había tejido su engaño, envolviendo a todos, incluso al atormentado bardo. Hacía semanas que había abandonado Athkala, desvaneciéndose en los abismos de la oscuridad, dejando tras de sí cartas dirigidas a sus "seres queridos". Sin titubeos, partió de la Ciudad de la Moneda en una desesperada búsqueda de aquella que una vez se erguía como soberana de la Luna Oscura, aquella que se burló de Bodhi y le susurró al oído la promesa de unirse a su lado en el fatídico día del enfrentamiento. Una parte de su ser se aplacaba en la satisfacción de haber cumplido con su papel esperado. Los Reyes Blancos parecían saciarse con la Guerra de la Noche, y por ahora, no había decidido erradicar a su demente y agonizante madre, junto con su cohorte de siervos. Anaganthes había sobrevivido, el astuto zorro había eludido la muerte, y Ysolda continuaba sus planes para, aunque ella lo negara, derrocar a la Demente con la ayuda de sus maestros oscuros. Ahora, era imperativo reencontrarse con la soberana de las sombras, la portadora del poder nocturno, Engevis, la Veloscuro.

Pero, ¿qué diablos había llevado al maldito bardo a partir de Amm? Ah, disfrutaba como un condenado al ver cómo sus maquinaciones ocultas y sus artimañas sembraban el caos necesario para sus siniestros movimientos. Una vez alguien , le había susurrado en una ocasión que solo el poder y el estatus otorgaban la ilusión de libertad. Y en parte, tenía razón. Pero ese poder también era una carga maldita, una responsabilidad que arrastraba consigo. El bardo había conocido mil formas distintas de la libertad. Había sido un condenado vividor en los círculos elitistas de Amm, derrochando su tiempo y dinero en artistas y oscuros placeres. Había sido un lastre para la Corte de su Majestad, escondiendo sus auténticos talentos tras una fachada de desinterés y desdén. Había sido el erudito que requerían cuando sus conocimientos oscuros se hacían necesarios. Había sido un visionario atormentado tras sus encuentros con su Ancestros. Y había sido una pequeña araña tejiendo su tela y preparando su venganza. ¿Es que acaso creían que alguien de su linaje iba a dejar impunes los insultos y desprecios hacia su Estirpe y su maldita ignorancia? No, la venganza era un plato que se servía helado, y requería un tiempo prolongado de preparación en las sombras más profundas y nefastas.

En el retorcido laberinto de los recuerdos, Amm seguía siendo un oscuro anhelo en el corazón del bardo. Entre las sombras más profundas de la ciudad, añoraba el momento en que había revelado a Nicolette los arcanos del subterfugio y el engaño. Cómo el disfraz, la mentira y la meticulosa construcción de una identidad le habían abierto las puertas a mil secretos inconfesables. Aquel instante perduraría en su mente hasta la Eternidad, al igual que el día en que Alect le había confesado sus sentimientos, y cómo su partida y regreso habían dejado cicatrices en su alma. O aquel Baile de Máscaras donde danzo con su Deseo mas Sombrío.

Artheas, con su rigidez como un muro infranqueable, había sido un fiel guardián y escudo en aquel mundo de intrigas y peligros. Pero el Conde, ah, nadie debía subestimarlo. Detrás de su fachada bestial y anárquica se escondía un depredador político, cuyos designios trascendían las miradas superficiales. Sin embargo, su temeridad y su afán por el poder podían acabar siendo su propia perdición.

Y luego estaba Miruh, la rosa azul, una figura enigmática que le debía gratitud eterna. Ella le había otorgado la máscara que había hecho posible toda esta danza oscura de engaños y manipulaciones. Sin ella, el bardo no habría sido más que un pálido reflejo en el abismo de la noche.

Bajo la ominosa bóveda de las grutas que conducían a la siniestra Torre Invertida, una noche eternamente envuelta en sombras, ella le confió un antiguo laúd, una reliquia preciosa con una inscripción enigmática. Una palabra forjada por aquel que ansiaba la libertad y el renacimiento de sentimientos más oscuros y velados. Una palabra que, en su enmascarada simplicidad, encerraba el pasado y los anhelos más profundos del vástago. Esa palabra resonaría en las almas y los corazones de los suburbios de la ciudad de Athkala, abriendo las puertas de una Corte de Ladrones y Sombras, donde sus rimas se convertirían en himnos murmurados en la oscuridad.

Verso. Una palabra enigmática que se fundiría con su ser, convirtiéndose en su lema y su destino. Cada noche venidera, su música retumbaría en los rincones más recónditos de la ciudad, alcanzando los oídos de aquellos cuyas almas hambrientas de pasión y crimen ansiaban unirse a su cautivadora sinfonía.

Con el laúd en sus manos y la palabra grabada en su corazón, se adentró en los laberintos de la Corte de Ladrones , donde los susurros se mezclaban con el roce de las dagas y las caricias del veneno. Allí, en ese inframundo de intrigas y traiciones, tejió su propio destino con las notas de su música, convirtiéndose en el maestro de una danza cautivadora que sedujo aquellos dispuestos escucharlo en la oscuridad de aquellos suburbios

En los recovecos ocultos de su mente, el bardo preservaba estos fragmentos retorcidos de su pasado en Amm, sumergidos en un mar de sombras. Un lugar donde los deseos más oscuros y los secretos más profundos se mezclaban en una danza siniestra y cautivadora. Y aunque el tiempo pudiera desvanecer los colores y las formas, aquellos momentos resonarían en su ser como ecos sombríos por toda la eternidad.

Bueno este es el Relato Cierre de una etapa como engendro no es grna cosa pero beh no me ah salido nada mejor XD l
 

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