Se le escapa una dulce y suave risa ante su última ocurrencia, acurrucándose más cómodamente contra su pecho, está tan cansada que seguramente no recuerde el motivo de la risa, pero si el sentimiento sanador y cálido que le confiere; el latido que marca el compás retumbando en la cabeza de Lili y su voz grave y profunda la van arrastrando lentamente a los brazos de un sueño que se le escapa desde hace una dekhana.
No recuerda si es un pensamiento o realmente sus palabras logran abrirse paso entre sus labios adormecidos como un suave arrullo, una breve estrofa, cálida, dulce y apenas perceptible, una sensación que creía perdida hace tiempo - Amansas el oleaje que rompe contra mis venas...
(... purificas el aire) cayendo en el sueño profundo, envuelta en la calidez de sus brazos.
El olor a campos quemados asalta su olfato mientras la oscuridad va tornándose visible... usa la diestra para espantar los insectos que revolotean a su alrededor mientras una figura alada blanca y envuelta en tinieblas traza círculos en la distancia como un ave de rapiña... una espada atraviesa una botella en mitad del camino, mientras la sangre brota lentamente de la estampa... se le escapa un suspiro que despierta un calambre en su mano izquierda, tuerce el gesto bajando la mirada sabiendo lo que espera ver, llevándose una sorpresa al ver que una manita aferra la suya, una figura conocida le devuelve la mirada, unos ojos conocidos durante tantos años, el reflejo en la ventana de su habitación de Luskan que la mira, pequeña, flaca y enferma, los grandes ojos la miran con tranquilidad y cierta curiosidad; Lili le devuelve una suave sonrisa.
- ¿Qué tal estás, corazón? - pregunta a la pequeña figura.
Responde con un latido tranquilo, siempre dispar y asonante, pero tranquilo. En el ambiente se entremezclan de manera distópica el sonido de un pequeño instrumento de cuerda entretejido con instrumentos graves de viento, armónicos dentro de la disonancia...
Mira a sus pies, el camino sigue ahí, gris y plateado, cambiante y oscilante, mira a ambos lados, dos figuras acompañan a la niña y la joven en el paseo, una Lili apagada, consumida y que se encuentra envuelta en un humo oleoso y espero que se eleva como un escudo a su alrededor; ésta la mira con el dolor grabado en lo más profundo de su alma, reflejo que siente ella misma dentro de si, Corazón le aprieta con fuerza la mano, acompañando la caja con un latido doloroso y arrítmico dentro de su pecho a lo que Lili la mira con una sonrisa suave y le da un beso en la cabecita, que huele a sudor y medicinas.
- Tranquila, todo está bien - murmura tranquilizadora a Corazón, viendo la figura que discurre al otro lado del sendero, una Lili que es una máscara en si, con unos ojos ardiendo de furia fría y vengativa, la mira sin expresión alguna pero intercede con un tono ciertamente sarcástico y ácido.
- Si... todo está perfectamente... ¿Verdad que si, Liliana? No repetimos errores y estamos consiguiendo cambiar las cosas... por favor, un aplauso - Un coro de aplausos arranca desde la oscuridad que envuelve la senda.
Corazón vuelve apretar su mano, quejándose con prisa y alocada, haciéndose más visible la disonancia de su propia existencia; el dolor se hace patente dentro de su pecho, devuelve una mirada hostil a la Caída y le espeta con tranquilidad.
- Aún no es tu turno... y espero que nunca lo sea - La increpa con lenta certeza.
- Ya llegará mi hora... el momento del fuego... - Añade con una sonrisa afilada y sádica.
Cierra los ojos y aprieta con suavidad la manita de Corazón, mientras se lleva la mano al pecho, recuerdos de todas las pérdidas, hermanos muertos, traiciones, abandonos, se mira así misma desde la consumida, a través del humo opiáceo que la rodea mientras una sucesión de rostros la miran y un cabello rubio hondea al viento alejándose sin mirar atrás.
Gruñe de manera queda mientras se le escapan un par de lágrimas, traga saliva y parpadea, volviendo a estar en el centro del camino, arrastrada a ese lugar por el dorado de un sol distante, Corazón le tiende algo de calor y siente, a su vez la firmeza tibia de los brazos que guardan su sueño.
- Oh, por favor... sigue así, ábreme la puerta entregándole las llaves a otro, otra vez - Caída se ríe de Lili con crueldad.
Ésta le devuelve la mirada con una sonrisa suave, conciliadora, comprensiva, lo que hace que Caída la mire con odio por tratarla con esa misericordia, bufando antes de desaparecer, mientras un sollozo llama su atención desde el otro lado del camino, viendo a la dolorida Liliana, hecha un ovillo y sin querer avanzar. Sin soltar la mano de Corazón, se agacha y la abraza, dándole un beso en la cabeza.
- Escúchame, mi vida... duele, lo se... pero eso quiere decir que estamos viviendo... seguir este camino en la oscuridad hará que caigamos... si no somos nosotras mismas, seremos el fuego - murmura con calidez y ternura, a lo que la hundida Liliana alza la mirada anegada en lágrimas, mirándola con los ojos bien abiertos.
- ¿Y si tenemos que elegir?
El eco de esa pregunta hace que abra los ojos con un pequeño respingo, él la mira y le retira un mechón de pelo del rostro, enjuagando una lágrima.
- ¿Estás bien? - Le pregunta con la mirada algo entrecerrada.
Se le escapa una sonrisa suave acompañada de un suspiro mientras se abraza a su pecho con algo más de fuerza cerrando los ojos.
- Lo estaré... - murmura, dejándose arrullar nuevamente.
Con la mirada fija en el techo y con su mano jugando con sus cabellos, ahora, en la quietud de la noche, mientras su respiración es el coro de sus pensamientos, el eco de sus preocupaciones vuelve a reproducirse.
¿En qué punto del camino se encuentra? Tiene la mente despejada, varios planes en la cabeza, pero no sabe distinguir si éstos se encuentran condicionados... Deposita una caricia con sus labios en su pecho y le contempla en silencio, dejando escapar un suave suspiro. Rendirse nunca ha sido una opción, pero, ¿hasta que punto llegaría si no fuese esta la situación? Seguramente al mismo, si, ¿pero con esa misma determinación?
Se acomoda nuevamente contra su pecho, esparciendo el pelo azabache contra su piel, posa la mano desnuda en el pecho de este, esperando aliviarle así, volviendo su mirada verde grisácea al techo, dejando vagar sus pensamientos... detener esto siempre fue la única opción, pero las opciones se han visto drásticamente reducidas y el sendero ahora mismo es mucho más estrecho y peligroso.
Aleja esos pensamientos de mi... no permitiré que hagas eso - el eco enfadado de la Caída resuena apagado en su mente, sólo es una de las muchas opciones, recuerda un pensamiento en su cabeza que se repite casi como se repite su respiración, acompasada a la de su acompañante.(¿Y si tenemos que elegir?)
No, no es cuestión de elecciones distintas, pues no varían, pero si las convicciones que llevan a esas decisiones; su tiempo siempre ha sido un regalo, cada segundo es una improbabilidad estadística y médica hecha añicos. Hace tiempo que decidió su camino, sigue siendo el mismo, la diferencia es como sea de tortuoso el mismo, o solitario...
- Me equivocaría otra vez... - murmura, casi canturrea, dejando escapar un dulce sonrisa, perfilada en sus labios, nota el cambio en su respiración y alza la mirada, una deslumbrante sonrisa viste su rostro al fijar sus ojos en los de éste.
- Hola... - simplemente, le sonríe, no cambiaría nada y nada realmente ha cambiado.
Ventisca relinchó como queja, Lili se aferró con fuerza a las riendas tras el último trastabillar encima de la montura; suspiró y acarició el lomo de la yegua.
- Perdona, cariño... Ains, ¿qué haría sin tí? - Se permitió un descanso para darle un trago a la petaquita que guardaba el concentrado de Melissa y Valeriana que, tanto tiempo atrás, Anith le recetó para su dolencia. Se llevó la mano al pecho cerrando los ojos (Sólo un poco más...) Bueno, realmente ya iban unos cuantos un poco más; las última dekhana y media no había tenido tiempo para pensar, mucho menos para descansar.
Alzó la mirada desde la loma, observando a lo lejos Imnescar; una visita rápida y luego le tocaría volver hasta Crimmor, quedaba aún mucho por hacer, al menos sabía que la Crisis del Grano estaba en manos de sus compañeros, más no podía hacer, menos cuando su participación en los acontecimientos venideros, tal y como estaban las cosas, lo que haría sería entorpecer más que ayudar, lo mejor era que diese un paso a un lado, al menos, de momento.
Retiro la mano de su pecho y azuzó ligeramente a su querida Yegua, avanzando hacia la ciudad, su cuerpo estaba fatigado, pero su cabeza no dejaba de dar vueltas entre todo lo que estaba sucediendo, rumiando un deje de culpabilidad por no haber podido estar en la defensa de Crimmor, apoyando a todos aquellos que estaban sufriendo este siniestro juego. Tampoco había podido hacer nada para ayudar a su familia, a su casa...
Sacudió la cabeza. lo que hizo que le diese un leve vaído; arrugó la naricilla y frunció el ceño, si algo era, era terca como buena norteña, no era de duda o de culpa, ya habría tiempo más adelante de valorar las acciones llevadas a cabo y sus implicaciones, pero nunca perdería de vista su objetivo. Su tiempo era un regalo, una imposibilidad estadística y no tenía derecho para plantearse dudas o detenerse, aunque existían nuevas variantes...¿debía pensar de otra manera, cambiar su margen de riesgo? No; por desgracia, esa no era una opción, él también lo sabía, menos habiendo tanto en juego. Y si no podía aguantar, si su cuerpo decía basta, si su corazón se rindiese algún día, dejaría el mundo con la tranquilidad y una sonrisa en los labios, con la esperanza de que su recuerdo, a la larga, diese los frutos esperados y que, los que dejara atrás, comprendieran con el tiempo sus actos. Tras estos dos años largos, si algo había aprendido era el dolor de la pérdida y la traición, sabía el peso que podían conllevar, pero también que la vida siempre te ofrece un página más que siempre te puede sorprender, siempre hay una melodía y un verso más...
Trastabilló nuevamente en la yegua y maldijo en iluskano alguna palabrota poco propia de ella; mejor desterrar pensamientos tan funestos y estúpidos, no había tiempo de duda, sólo de determinación.
Parada frente a la quinta puerta de cierta posada, observaba en silencio los mínimos detalles de la misma, el trabajo fino del carpintero se notaba a pesar de los años que debían haber pasado desde su instalación. Su mente se forzaba a ser analítica, impulsada por la presión que sentía en el pecho, una presión consecuencia de la pérdida o ausencia de lo que estuvo allí durante años.
Se llevó nuevamente la mano a sus mejillas, observando con extraño estupor y desconcierto las lágrimas que había recogido, entrecerró los ojos, cabreada y molesta, pero sus pies se negaban a abandonar el lugar donde se encontraba, el umbral de algo que quizás debiera recordar. Una cascada, palabras, risas, caricias... una pesada niebla y oscuridad habían hecho que desaparecieran, dejando una yaga supurante dentro de su ser que sólo daba paso al sordo dolor sufrido durante años... odio, rencor, venganza; eran las oleadas que golpeaban contra sus oídos impulsadas por su corazón.
Algo se le escapaba, ella recordaba todo de estos dos años, ¿verdad? Tenía presente el dolor que sintió cuando Hinna la abandonó, la sensación que se conjugaba en ella cuando le cortaron los dedos con ese frío filo, consciente de quien era el culpable de todo aquello y que saldría indemne nuevamente,... desde que llegó a Amn sólo había hecho que cosechar mierda y descubrir la realidad de la naturaleza humana y de las tierras de intriga. Lo extraño es que no hubiese buscado sangre antes ¿por qué no había buscado la venganza? Quizás fuese por miedo, pero el miedo se difumina y se convierte en polvo ante el acoso constante, ¿no?
Se descubrió con la mano sobre el pomo de la puerta, arrugó la naricilla, sin comprender. ¿Qué hostias hacía ahí plantada? Un grupo de aventureros habían conseguido aplazar los designios de la guerra de sangre y sus juegos, pero no era capaz de sentirse aliviada, sólo estaba molesta con que no se hubiese terminado todo aquello en lo que había intentado ayudar, pero ¿a quién había intentado ayudar? ¿Quiénes eran todas esas caras que la miraban cuando recuperó la consciencia y cómo había llegado hasta ese extraño lugar? Parecía como si unas garras rasgaran su cerebro con saña e inquina, haciendo más patente el vacío que se extendía por su cuerpo, un vacío tal que ni el odio salvaje podía acallarlo.
La Amniano Karaturense, su tiempo en el colmillo, incluso el Faisán Escarlata y la Vigilia... todos esos oscuros recuerdos se mantenían en su cabeza, espera... ¿eran oscuros? Apenas guardaba recuerdos de su tiempo en la Vigilia, sabía que en la CAK trabajaba para unos patrones shous que no la tenían en consideración, pero no podía poner nombre ni rostro; analizándolo, puede ser una medida mental de salvaguarda no dar importancia a semejantes detalles cuando el objetivo permanece claro en la mente, ¿verdad?
Se llevó la mano libre, temblorosa a los labios, como si su cuerpo le intentara recordar un robo fugaz y pasado, pero no era algo malo... que fue absorvido nuevamente por esa tormenta oscura de vacío, sólo había dolor y mal, ¿verdad? Entonces, por qué sentía ese vacío creciente, por la diosa, su mente siempre había sido buena para los recuerdos, aún sentía el aguijón de la enorme avispa atravesar su abdomen mientras Zentakord decía sus lindezas en los Páramos, ¿con quién había luchado ese día, espalda contra espalda? ¿Acaso importaba?
Dejó caer la mano del pomo y la que tenía alzada sobre su rostro, dejando que el vacío tomase forma en torno a ella, se abrazaría al odio, que era lo que recordaba y latía dentro de ella, porque, no tenía más que eso, ¿verdad? Miró la puerta nuevamente, sintiendo nuevamente las garras escarbando en su cabeza y su corazón, ladeando la cabeza; Sével era un bardo conocido en todo Amn, pero, ¿de qué lo conocía? Tanta él como la dama Hilmice y ese pintoresco espadachín llamado Hernan, decían conocerla, y ella sentía que debía conocerlos, incluso disculparse con ellos por su olvido, pero ¿Por qué? ¿Por qué se afanaba nadie en intentar arreglar algo que no estaba roto si ni si quiera era capaz de recordarles? Una canción a los pies de un acantilado se distorsionaban, desafinaban sus notas, su letra al olvido... Se descubrió mirándose los pies, desconcertada, mojadas las botas, con frustración y rabia se frotó las lágrimas del rostro.
- ¡Basta, estúpida de mi! - gritó para si mismo en la quietud del pasillo, en la quietud de la noche, antes de dar media vuelta, desorientada, absorbida por ese vacío extraño, todo estaba bien ¿no? Entonces, ¿por qué se sentía triste? ¿No era ese el sentimiento que le había acompañado siempre? La rabia, la tristeza, arraigadas a sus vivencias.
Alcanzó el exterior, golpeada por una brisa fresca, alzó la mirada al cielo, las estrellas y la luna hoy no la bañaban con su luz.
Pasamos nuestros días entre lo cotidiano y lo que consideramos normal, siempre, claro está, dependiendo de la normalidad que pueda entender cada individuo, complejo y único. Somos un complejo tapiz que se teje en decisiones y encrucijadas y que jamás cesa hasta el día de la muerte, y en algunos casos, ese tapiz seguirá tejiéndose por aquellos que permanezcan.
Personas; ¿Qué impacto tienen en el tapiz que concierne a cada persona? ¿Acaso pueden llegar a alterar las decisiones que pueda tomar alguien? La entereza mental y de convicciones de un individuo deben ser férreas para que no sean zarandeadas de su rumbo por aquellos que le rodean; odio, anhelo, traición, amor, compañerismo, enemistad... quizás solo sean brisas, en ocasiones, vientos huracanados, en otras tantas, que ponen a prueba la firmeza del objetivo que el individuo se marca.
¿Y si arrancaran de cuajo de tu ser parte de esas vivencias? Porque las decisiones traen vivencias y las personas sentimientos, ¡qué pasaría si sólo fuese capaz de recordar los malos momentos? ¿Y si realmente sólo existiesen malos momentos? ¿Acaso la alegría, el amor, la esperanza, marcan tanto el devenir de una persona?
No; miró por la ventana de su habitación en las cinco jarras, aquella que hará tanto tiempo le reservaron gracias a la intercesión de su maestro, Valak; lo había recordado en su momento, como un fogonazo puntual, pero no era algo que consiguiese traspasar su quietud y rabia latente. No; sus decisiones no se basaban en las personas que la rodeaban, de hecho, estaba segura que había llegado a su determinación a raíz del dolor y de la desazón...
Entonces, ¿por qué sus ojos seguían llorando? ¿Por qué ese vacío seguía presionándole el pecho a cada latido?
.....
Se despertó sobresaltada, llevándose la mano al pecho, el último vestigio de unos ojos dorados rondaba su mente, antes de volver a ser engullidos por el vacío, al tiempo que ascendía la sorda rabia y su rictus se envolvía por esa máscara de fría indiferencia.
Observaba el cuadernillo que le había entregado Yuma San, viendo las anotaciones que esta le había hecho, así como las que ella había hecho en ese tiempo. El vacío que sentía dentro de ella ahora era algo tangible, palpable, vivo; había pasado más de una dekhana arrancada de una realidad que no recordaba, escuchando teorías, ideas absurdas que al final, resultaban no serlo. Se había pasado la noche en vela estudiando los archivos de la compañía, donde ella misma aparecía como remitente en muchos casos... su manera de escribir, los recuerdos que deberían despertar tales vivencias, no estaban, simplemente producían un latir sordo dentro de su cabeza y la presión en su pecho, donde se encontraba aferrado ese vacío desolador que sólo dejaba espacio a una rabia e ira lenta e inexorable. Al menos, ahora sabía que algo no estaba bien y eso despertaba en ella una profunda desazón, pero también tristeza, y su mente lógica le impulsaba a pensar que si ese sentimiento estaba presente es porque la alegría alguna vez también lo estuvo.
La Iluskana se topó con dos de esos fantasmas del pasado, Jadzia y Sével, que la miraban preocupados por las certezas y revelaciones que había conseguido, Lili intentaba animarlos, no, animarse, indicando que, a fin de cuentas debería seguir siendo la misma, ¿no? Pero Sével le despertó de esa vana esperanza, de la que ella misma, en su fuero interno, era consciente. Los recuerdos, el compendio de los mismos, junto con las vivencias, tanto buenas como malas, eran lo que forjaban a una persona, podría ser Liliana, si, pero no la misma Liliana, no sin la parte que le había sido arrancada. Ahora la rabia y la frustración se entremezclaban con la honda pena que empujaba tímidamente la burbuja de vacío, la presión en su cabeza se hacía casi insoportable y dolorosamente consciente...
Sével le pidió a Jadzia que les llevara a Imnescar, por extraño que pareciese, el bardo de ojos dorados, esos ojos que aparecían en sus sueños como a través de la niebla, no le producía rechazo, por alguna razón el estar en su proximidad la mantenía calmada, y a su vez ansiosa y dolorida, pero no con una rabia irracional, más bien una frustración viva y notable.
Tras encaminarla por las bulliciosas calles de Imnescar, ahora que parecía que la Crisis comenzaba a remitir gracias a los esfuerzos del Enclave y de la argéntea, llegaron a los pies de la colina donde se levantaba la abadía de Selune. Allí les esperaba Selise, la Suma Sacerdotisa de la Luna. Tras explicarle lo que había averiguado Arthal sobre lo que la aquejaba, la dama analizó las posibilidades y observó a Lili, ofreciéndose a hacer todo lo posible y pedir la ayuda a su diosa en tal propósito.
Cuando Selise estuvo preparada pidió a Liliana que se acercase, la joven se levantó, temerosa, recelosa, pero sintiéndose amparada en la compañía de los ahí se reunían. Se miraron a los ojos mientras la Gran Sacerdotisa elevaba una plegaria a la Dama Lunar, la energía cálida de esta entro dentro de Liliana, envolviéndola y aliviando la presión sobre su pecho, una presión que ejercía ese vacío, que la tenía en una constante tensión. Al liberarse de ese estado de esfuerzo constante, se sintió agotada; fue a descansar, casi arrastrando los pies hasta las dependencias para los enfermos, cayendo en un pesado sueño, un sueño lleno de ecos que se intentaban abrir paso entre una pesada niebla, enredándose con pesadez, o intentándolo, sobre ese estado de rabia constante.
Se despertó completamente atontada, como si caminase entre sueños, arrastrando los pies mientras bajaba por las escaleras de la abadía, disfrutando por primera vez en días de la brisa que acariciaba su rostro. Al salir por el arco, vio su figura recortada contra el acantilado bañado por la luz de la luna, una figura que recordaba, que se abría paso brillante entre la niebla, aun no del todo visible pero perfectamente clara para su corazón y sus ojos, se acercó a él mientras sus ojos se anegaban en lágrimas, viendo la expresión confusa del bardo y, por fin, se fundió con él.
Mientras practicaba dentro del círculo con su estoque de manera, intentaba que su corazón permaneciese a un ritmo estable, controladas las emociones con el mero hecho de la disciplina muscular y su concentración en su esgrima; aún seguía caminando entre la bruma, casi podía verse avanzando con un espejo a su lado, dos imágenes de una misma persona, pero que al cruzar la mirada, se hacían patentes las diferencias.
Nadia había jugado con sus recuerdos o modificado los mismos, durante más de una dekhana había sido ella misma, pero sin parte de lo que la hacía ser así, lo cual había generado otra personalidad totalmente distinta, otra Lili, envuelta en un torbellino de rabia y odio frío y lacerante, pero no era una manipulación, era una posibilidad, algo que podría haber pasado, de hecho, una posibilidad que se había hecho realidad y que, ahora, recuperados los recuerdos, se negaba a desaparecer, pero; ¿por qué demonios iba a desaparecer? Su existencia ahora era clara y prístina, conviviendo en el mismo espacio con lo que Liliana siempre había sido.
Suspiró y miró su postura de defensa, mantenida, perfecta, sin titubeos, ante sus ojos aquellos a los que deseaba la muerte, lenta, dolorosa... justa; o quizás, destinos peores que la muerte... Suspiró largamente y dio un trago a la petaquita para calmar a su maltrecho corazón ante ese aumento de ritmo cardiaco que retumbaba ante sus oídos, se pinzó el puente de la nariz, sintiendo esa aguda migraña dentro de su cabeza, mientras intentaba recordarse quien era y mantener ese torbellino controlado; difícil labor porque no era un sin sentido, no es que no tuviese razón esa parte oscura en pensar aquello, sólo debía recordar quienes la acompañaban, cual era su objetivo, siempre lo más importante, a pesar del dolor y la pérdida.
Comenzó nuevamente, con disciplina y quietud la rutina que Erin le enseñó hace tanto tiempo, antes de abandonarla, como tantos o... NO!... basta... Se paró en mitad de un movimiento, apretando la mandíbula y cerrando los ojos, realizando dos profundas inspiraciones antes de volver a abrirlos y proseguir con el ejercicio. Mientras, la rabia sorda seguía tras sus ojos, esperando la oportunidad para abrirse paso y reclamar lo que era suyo.
Observó ante el espejo su cuerpo desnudo,una vez quitadas las vendas que cubrían su aciaga racha. Suspiro mientras miraba los verdugones que habían dejado sobre su cuerpo las múltiples ráfagas de proyectiles mágicos que casi acabaron con su vida, si no fuese por Yuma, no tendría la constancia de estar viva por el dolor y el escozor que éstas producían.
Por si no hubiese suficientes frentes abiertos con el despertar de los dioses de las furias, ahora se abría otro frente más,otra futura amenaza; esta vez contra su familia. Frunció el velo al recordar como la rabia la inundó cuando vió a Nobu caído, atendido por Yuma; respiró de manera pausada intentando contener el temor que esa parte de si misma le producía; la sensación de haber perdido el control de lo que siempre había sido... negó nuevamente y suspiro, destapando el ungüento de Belladonna,observó las profundas marcas que dejaron las garras y las fauces de las bestias malaritas (Como me vea así me encadena en la habitación)
Mientras aplicaba con cuidado el ungüento sobre las heridas, su mente volvía a la conversación en Crimmor con Fery, Lucien, Lorben, Ethas, Vilma... ¿Hasta qué punto todas las iniciativas personales respondían a la satisfacción de los distintos egos o a una franca preocupación por subsanar el mal que les acosaba? Incluso Fery, siempre positiva y sonriente, podía ver esa realidad...
Sintió nuevamente el latir sordo y pausado de la fría rabia por la realidad que veían sus ojos; nadie era capaz de hacer un frente común, creándose docenas de grupos que recorrían los mismos pasos para obtener respuestas parecidas que, si llegaban a compartirse, sólo generaban confusión; mientras tanto, las visiones vívidas seguían claras en su mente. Estaba claro que era una posibilidad, el fin del mundo como lo conocían... si no había un orden dentro del caos, alguno de los frentes escaparía a todo control y las consecuencias serían... terribles.
Tomó un trago de su petaquita, para contener el incremento de su dispar pulso ante el cabreo emergente; se pinzó el puente de la nariz, retomando el control lentamente. Volvió a colocarse las vendas con cuidado, tendría que pasar por el hospicio para que terminaran de colocarlas como es debido; se miró nuevamente en el espejo, devolviéndose la mirada a si misma, con una expresión resuelta, el único camino que la detendría sería aquel que la llevara a la sala del Juicio.
El sonido de los gemidos de los moribundos, las gritos apagados de auxilio, el olor dulzón de la sangre y la ponzoña invadían el lugar. Lili observaba a la psicótica Arcana mientras hablaba. No había tiempo, ya que toda idea que pudiese tenido de actuación se vino abajo con el proceder de sus acompañantes.
Ahora sólo podía escuchar, intentar cabrearla, sacar algo de información útil para salir de esta. Al menos, no eran parte ya de Villa Sonrisas... Estaba claro que el enfrentamiento era inevitable como se iban desencadenando los acontecimientos, con la amenaza clara de matar o morir.
La deleznable mujer amenazaba con que su muerte significaría la muerte de todos los allí encerrados, mientras golpeaba con el báculo el suelo en repetidas ocasiones.
(Piensa... Piensa... Piensa)
Quizás no fuese más que una treta y una amenaza vacía para hacer dudar al grupo, quizás ese puñetero báculo fuese la clave. Desvió la mirada gris/verdosa hacia el báculo mientras deslizaba lentamente la honda entre sus vinos dedos con las manos a la espalda, cargandola con una bala.
Sus compañeros desenfundaron las armas, la Arcana comenzó a mover la mano libre, eso no era una buena señal...
(Actúa... Actúa... Actúa...)
La bala silbó a través de la Sala, golpeando la mano de la mujer de ojos violetas, desencadenando el caos... El primer error fue no apuntarle a la cabeza, pero ahora no era tiempo de pensar.
(Corre... Corre... Corre...)
La adrenalina y la porción que se tomó la lanzaron a la carrera tras la magia, saltando y realizando piruetas para llegar a la espalda de la misma, y con el mismo impulso y el frenesí de la batalla, su estoque la atravesó dandola muerte...
Tras un arduo combate, los cuatro permanecían en pie, heridos, cansados... Un latido, dos... Todo comenzó a temblar y la torre donde se encontraban comenzó a colapsar mientras el eco de las palabras de la mujer muerta resonaron en su cabeza.
(Oh no... Piensa... Actúa... Vamos!)
Esquivó tres o cuatro cascotes antes de dar con la poción que la transformó en un elemental de agua. Intentó forzar con manos intangibles las cerraduras de los presos, mientras las piedras la atravesaban sin daño, mientras su mente repetía que el golpe del estoque, medio centímetro a la derecha, no la hubiese matado, mientras se repetía que de estar en su firma física quizás hubiese podido abrir ni que fuese una de las celdas...
En esa vorágine la voz de Alian llegó como una estocada a su corazón, morir aquí no era una opción, había que ser consecuente con las acciones, los errores... un enorme bloque cayó del techo al tiempo que Lili se daba la vuelta para salir de la torre, aplastando y silenciando una de las jaulas.
Al salir a la aldea, ahora desierta, la torre colapsó tras ellos, su forma volvió a ser humana al mismo tiempo que un grito emergía de su garganta...
... rompiendo la quietud de la Posada Biju. Se abrazó las piernas, temblorosa y llorando, con el peso de todas esas almas sobre su espalda, amenazando con quebrarla como una ramita de un árbol.
Offtopic :
Gracias a Capibara por la escena y por el retorno de los Traumas!
Mientras vuelven de la incursión al Sur, observando el campamento de refugiados, no puedo evitar que a su mente viniera el mismo pensamiento recurrente, ese sitio era una trampa mortal... bonito lugar para aplastar un campamento de refugiados contra un muro atacándolo desde tres flancos. Se despidió del resto del grupo, mientras retomó su posición de guardia en las postrimerías de dicho campamento, con la vista puesta en el muro, que tras sucesivos giros, conectaba con el cementerio, quizás la más peligrosa de las amenazas para el grupo de desplazados. Intercambio alguna broma suave y sonrisa con los que ya se habían acostumbrado a ella, manteniendo una invisible distancia con éstos; la empatía y el entregarse demasiado a una causa que podía tener un fin funesto, lo único que puede lograr es que te sumes en la oscuridad.
Una vez en el silencio de la noche, casi se hecha a reír al pensar que, la vuelta de la primera, la del conocimiento pleno y el de la esperanza esquiva, la pusieron a prueba; quizás hace cuatro años, habría ido a buscar el consuelo de alguien ante estos menesteres tan triviales, ahora, si lo pensaba, se sorprendía... no, la niña que murió en estos años no reconocería a Liliana, pero ella no estaba sorprendida. ¿Qué esperaban? El tiempo vuela, el infierno se desató en Amn, casi como si se tratase de una tormenta perfecta.
Tomó aire lentamente, hinchando su cavidad pulmonar de manera lenta, como si el tiempo se ralentizara...
El azar no existe, la suerte y la desventura es algo que se busca, aunque sea inconscientemente, y son nuestras decisiones y elecciones las que nos colocan ante los más variopintos panoramas, Liliana aún estaba intentando reponerse y encajar la barbaridad que vivió en las Nelhanzer, quizás, si no hubiese estado acompañada de Hilmice y la hubiesen sujetado en su momento... pero no había tiempo ahora de mirar atrás.
La situación en la frontera entre Amn y Minsor, tras los ataques de los licántropo impulsados por la mano del avatar del cazador, había dejado toda la zona afectada, con la mirada pública dirigida más al norte, a los llamamientos públicos. Que aquellos que busquen fama, caminen por las sendas heladas del norte, el camino del lago había sufrido en igual medida las inclemencias de esta crisis. Hilmice y Liliana, deambulaban por la zona, ayudando a los habitantes de ambas naciones en todo lo que estaba en sus manos, quizás trazando algún plan para llevar ayuda a dicha zona como un faro de esperanza... que nunca llegaría a brillar.
Comenzó como un rumor, un ruido de voces lejanas, el típico tumulto leve, pero en este caso, se elevó como un grito al cielo, desatando el caos en todo lo que rodeaba el lago. Recordaba la situación como un sueño, si no fuese porque estuvo aferrada a la mano de Hilmice y que Hilmice se aferró a su propia mano; lo que allí vieron, no tiene palabras para explicarse. Los "aliados" aceleraron sus planes, intentando crear un corredor seguro para el éxodo de la gente del principado. Ambas mujeres fueron en busca de Numina y, de allí, al encuentro de Erik de Langley, Gran Maestre y protector del valle; era la hora de huir, salvar a todo aquel que fuese posible, ganar tiempo...
Las escaramuzas se extendieron por todo el territorio, mientras los diversos aventureros desplazados en la zona se unían a la Orden del Radiante y a los miembros de Myrdon en la contención del caos desatado, mientras el complicado éxodo se abría paso hacia tierras Amnianas; casi era irónico ver el final del Principado, refugiado en tierras amnianas tras años de disputas y litigios, una independencia que acababa de una manera tan cruel; pero no había tiempo de pensar en eso, apenas había tiempo de pensar en nada, mucho menos de descansar. La labor fue ardua y titánica, minando la entereza, físico y mentalidad de los presentes, endureciendo sus corazones. La pequeña Lili empezó a morir en esos días, sobrevivir o morir, endurecerse o volverse loca....
Los pulmones se fueron inflando lentamente, expandiendo la cavidad torácica, mientras que el flujo sanguíneo iba entrando en su maltrecho corazón.
Pero en Amn, no hay respiro, cuando se enciende un fuego, eso significa que pronto aparecerán nuevos focos... y diosa si aparecieron, el Sur estallaba en llamas mientras las caravanas y éxodo minsorrano seguía. Recordó cuando las noticias les llegaron a los allí reunidos, no sólo era un frente, eran dos abiertos, dos que dividirían las fuerzas de los aliados. Recordó la mirada que cruzó con Hilmice, las conversaciones con Erik y Numina, había que partir al Sur, cada una con su destino, dispersándose en los distintos frentes. Las sombras se cernían sobre el pueblo gentil, mientras el fuego devoraba la ciudad de Caravassar. La guerra... toda comparativa que pudiese hacer con lo que vivió en Kalathtyr, palidecía ante lo que se veía desde la lejana Imnescar, mientras se organizaban las huestes para iniciar el contrataque; su mente volvía a la imagen de Arianne, sabía que estaba en la ciudad de la Paz del Mercader, que había caído ante el brutal envite de las huestes bestiales. La marcha fue atroz, palmo a palmo, retomando metro a metro el territorio perdido, dos días tardaron en retomar la distancia ganada por las bestias, entrando en la ruinosa y antes esplendorosa Caravassar, la ciudad se repartió en brutales escaramuzas en todos los rincones, las oleadas de ambas fuerza, danzaban como un choque de mareas, cada hora se cambiaban las posiciones, pero la lucha nunca acababa.
¿Cuánto aguantaría el corazón de Liliana a este ritmo? Mientras siguiese avanzando al lado de Erin, danzando ambas como un círculo de muerte, aguantaría hasta el último estertor si fuese necesario. Realmente no era algo que se hubiese permitido pensar, una batalla se enlazaba con la siguiente; el descanso era efímero y corto, pero al menos un rumor y una noticia alentadora llegó a sus oídos entre el caos de los gritos y el sufrimiento, habían encontrado a Arianne, herida, pero viva. No sabía donde estaba, pues el caos era infernal. No sentía las extremidades tras días de combate sin tregua y su salud comenzaba a resentirse a extremos peligrosos, recuerda como cayó de rodillas, cuando su corazón dijo basta, frente a la figura de un Gnoll que alzaba su arma, las sombras la envolvieron, para despertar en el campamento de retaguardia, asustada, desorientada, pero los clérigos no la iban a dejarla moverse sin que descansara.
Erin la había sacado a rastras del frente, inconsciente y malherida, la había llevado al campamento, al hospital de campaña y la había atado a la cama, amenazando casi a los clérigos sobre la suerte si no la obligaban a tomar el necesario reposo. Aprovechó estos momentos de descanso obligatorio para ir recabando informaciones sobre el frente, más bien, los frentes. Poco se sabía de que sucedía en el Weldath, pero el pueblo gentil no acudió a la batalla, sumido en sus propios problemas y amenazadas. El contrataque amniano había puesto en tablas, momentáneamente, la contienda no tenía visos de acabar pronto, pues Murann había atacado con toda su brutalidad, estaba clara cual era su intención, querían Caravassar y se habían defecado encima de la Paz del Mercader para tal fin.
Mientras se veía obligada a reposar, Zarrieth la visitó, la preocupación era clara ante los dos frentes abiertos y la disyuntiva que tenía entre querer y poder ayudar, estos tiempos estaban poniendo a prueba el límite de cada uno de los que allí participaban; Liliana no es que se negase a pensar en lo que sucedía, debía hacerlo, aislando su corazón, matando a la niña que hace unos meses, apenas un año y poco, aún campaba por los llanos y por Amn, creyéndose madura y decidida. A veces la realidad te regala un golpe tan seco y fuerte, que encajarlo está entre la delgada línea entre la vida y la muerte, la cordura y la locura. Aislarse, pensar en el paso siguiente, siempre avanzando, levantándose, no cabía más que volver al frente, a la locura de la batalla sin cuartel; pero algo cambió, las noches se veían plagadas por los rumores de una nueva gran plaga. Los altos cargos del ejército se mantenían herméticos, pero se rumoreaba que el malestar crecía según pasaban las semanas con una guerra en la que no se avanzaba y que afectaba a las arcas y los graneros amnianos.
La sangre circulaba lentamente de una cavidad a otra, antes de ser expulsada con fuerza, nuevamente a sus venas, mientras sus pulmones alcanzaban el instante incierto entre la inspiración y la expiración.
Las noticias corrían por el frente, las bestias eran conocedoras de la debilidad Amniana y presionaban con renovados esfuerzos para que éstas se retirasen de la Caravassar y así tomarla bajo su férrea garra. Una retirada en este momento... Liliana no podía evitar pensar, no solo en la sangre derramada hasta la fecha, casi vacua e inútil, pero, ¿qué sería del pueblo gentil? Se rumoreaba un éxodo llevado por una oscura y apremiante necesidad; si las fuerzas amnianas se retiraban, ¿qué impediría a Murann volverse hacia el Weldath y aplastar el devenir élfico? Quizás fuese momento de que algunas fuerzas ocultas tomasen las medidas necesarias, dar un paso al frente... una última resistencia en aras del futuro...
La sangre circulaba veloz por su sistema circulatorio, mientras el aire lentamente se empezaba a escapar de sus pulmones, abriéndose paso entre los labios entreabiertos.
El regreso de la campaña a Athkatla fue agria y dura para todos, las heridas más profundas eran aquellas que no resultaban visibles, y las de que más se aprenden y más te cambian. Liliana no era capaz de ver nada igual, era como si la gama de colores hubiese cambiado a un espectro distinto y extraño, de manera sutil pero inexorable. Su trémula salud la asaltó en este periodo, bastante era seguir viva, habiendo negociado tantas veces con la muerte y hecho las paces con sus deidades ante una muerte segura. Pero, al final, sobrevivió, por encima de tantos otros que murieron; al principio había lágrimas y rabia, eso cambió a una rabia sorda y una pesada conciencia de la realidad, que la impulsaba a avanzar sin volver si quiera la vista a la tumba de su niñez.
Aún así era incapaz de escapar a su naturaleza, su corazón se lo recordó, haciéndola estar débil como un polluelo durante meses. Pero su cabeza seguía extrañamente lúcida, y no es que, precisamente, se hubiesen calmado las cosas; el éxodo de Minsor y del Weldath estaba causando revuelo, rencor, suspicacias... avivadas las llamas por el fuego de esta nueva Plaga.
Pasó el tiempo refugiada en la Posada Biju, intentando coordinar a la casa con la ayuda de Hana y sirviendo de puente como enlace con el Segundo Doblón, ya que era el acuerdo al que habían llegado tanto Arianne Brillalba como los patrones. Es aquí donde se permitió una ligera satisfacción por los pasos recorridos, ya que la Crisis del Grano había dotado a la casa del músculo y, sobre todo, del repelente del Gorgojo, que resulto meridianamente eficaz ante esta Gran Plaga, lo cual permitió a la casa sobrevivir y paliar a aquel que quisiera pagar el elevado precio que requería su elaboración ante la gran escasez.
Aunque, históricamente, los roces entre Hana y Liliana eran ácidos y velados, durante este tiempo en el que los patrones volvieron a oriente, ambas actuaron por el bien de la casa y sin faltar a los acuerdos alcanzados. Los chicos del hospicio seguían bajo el amparo férrero de Karaturense, y aunque Lili estuviese enferma, no iba a permitir que nadie tocase a sus niños. Este tiempo de reclusión la ayudó a, por fín, aprender el idioma de sus patrones, lo que la ayudaba a hacer las gestiones necesarias, con la ayuda de Hana, para que la Karaturense se mantuviese en marcha. La correspondencia con los patrones era constante, informándoles de los avances y pesares de la casa, evitando hablar de algo que no fuese la situación actual, Minsor y Caravassar no eran más que otras muescas ahora mismo.
La sangre volvió nuevamente al corazón, con un torrente de fuerza desmedida, a la par que el aire y siendo expulsado de sus pulmones con la firme acción de su diafragma.
Según su salud se lo fue permitiendo, fue abandonando la Posada y el recién creado barrio Shou, los cambios habían sido sustanciales, la cosntrucción de la Arckhanum aún no había finalizado, y parecía que el polvo del revuelo de los éxodos y los grandes cambios iban posándose lentamente en el suelo, como la nueva casta social, el sedimento era el cambio de Amn y Athkatla, pero ¿hasta qué punto no era un cambio vacío? El aperturismo amniano a las razas, impulsados por los cambios de Faerun y las crisis en el Norte, de las cuales, solo llegaban vagos rumores aún. Tras conversaciones tranquilas con Erin en la posada, mientras se reponía, estaba claro que Lili tenía que intentar que sus combates fuesen más cortos, siempre que no fuese ella quien tuviese que contener los ataques. Entrenar con Erin era un infierno gratificante, a pesar del dolor de todo su cuerpo después de meses de inacción. Enfrentarse con dos estoques a la marinera era una proeza y una locura, pero, poco a poco fue ganando soltura con el uso de ambas armas, danzando en los círculos de su maestra.
Los momentos con Vyss, en el templo de Oghma, afilaron su mente, esas discusiones hasta altas horas de la noche, esas clases prohibidas... se encontraba cómoda con el pajaruelo y no tenía problema en decirle lo que pasaba por su mente ante cualquier debate que pudiesen tener. Intentaba acompañar a éste cuando se reunía con Numina, todos los minsorranos y, por ende, los arcanos de Edive, habían abandonado la seguridad de su santuario, y la pequeña Decana, Lili sabía, que se sentía responsable de ellos. No podía hacer nada más que apoyarla, al menos, de momento, aunque ambos, tanto Vyss como Numina sabían cuales eran las intenciones finales de Luskanita. Lejos de oponerse o apoyarla, escuchó sus consideraciones, pero sabían que si lo tenía en mente, no cejaría en su empeño, aunque, en esta ocasión, no llegar a la meta simplemente la haría seguir caminando por otra desviación.
La Gran Plaga parecía que iba aflojando su férreo agarre sobre Amn, el consejo de Amn, parecía que iba a recuperar a su sexto componente, aunque el orden de fuerzas de la capital parecía haberse sacudido, quedando en un nuevo y extraño, que no precario, equilibrio. Nuevos actores, distintos escenarios... el crecimiento del Segundo Doblón, la resistencia sempiterna de Acero Argenteo, desapariciones de tantas otras casas... el vuelo silencioso de las aves vigilando el transcurrir de los días... el silencio estruendoso de los enmascarados, antaño agazapados, ahora enardecidos...
Las piezas del tablero estaban repartidas, si quieres jugar al juego de Amn, tiene que ser según sus normas; Lili murió hace cuatro años, Liliana, acompañada de todos aquellos que atesoraba, pero consciente de ella misma, estaba lista para la partida.
El músculo cardiaco impulsó nuevamente su sangre con fuerza, para terminar su recorrido, mientras la expiración llegaba a su final.
Toda una vida en solo un latido, cuatro años, una vida entera, un suspiro, una eternidad... sus ojos se mantenían atentos en el lejano recodo que daba al cementerio de Athkatla.
Los recuerdos de todos estos años se cruzaban veloces en su mente al mismo tiempo que sus sentimientos y su corazón se iban por un sumidero a la más profunda oscuridad. EN este momento no quedaba más que desolación, dolor y pérdida; aunque Lythana tuviese razón y aún existiese esa remota opción, no se aferraría a ese clavo ardiente, lucharía a muerte por completar la última esperanza, pero no soportaría... ilusionarse ni tener fe, aunque dijese lo contrario a los demás, porque, cuando Zilvra le espetó esas terribles palabras cuando estaban caminando hasta el templo, se le partió el alma; cuando, entre la niebla, estaba escuchando el relato de Eothain en una sala que no reconocía con rostros distorsionados reas una platina de agua, se le rompió la mente.
Quería sangre, si, quería venganza, si, no iba a lanzarse a lo loco a la boca del lobo; pero sabía que, aun cubierta de la sangre de sus enemigos, entre las ruinas de su puñetero templo, ella no estaría.
- ¡Corre más, vieja!
Esas serían las últimas palabras; se rompió de nuevo en el silencio de la noche, era hora del dolor, que tiemble la hora de la razón.
Con un golpe seco, estrelló la mano contra el escritorio, retiró lentamente la mano de la mesa, la moneda de hierro de Tymora, surcada por tres círculos concéntricos yacía sobre la mesa, mientras los ojos grisáceos de la iluskana lo observaban desde su asiento, con una expresión vacía, surcada por las lágrimas.
- La suerte es algo que se busca... - esas palabras le sabían a bilis en el palada, porque significaba que la desgracia también había que encontrarla.
A la tenue luz de unas pocas velas que iluminaban su dependencia de la Posada, en lo más profundo y silencioso de la noche, se encontraba con ambos brazos extendidos, en una mano su corazón y en la otra, su alma.
La diestra, conteniendo el corazón, siempre imperfecto, su lastre y su definición, ahora abierto en canal y manando sangre. Siguiendo con la mirada el camino que se alzaba a su diestra vió la oscuridad, la fría satisfacción de lo que siempre buscó, las palabras no serían más que un recuerdo lejano borrado por el filo de las acciones, condenando y encadenando su alma para que volviera a quien nunca iba a poder llegar a suplir.
- Perderé la poca fe que tengo en la humanidad y regresaré a mi hogar... - como una fría daga, esas palabras clavaban sus pies al suelo antes de poder un paso hacia la oscuridad.
La siniestra, su alma, cubriéndose lentamente de escarcha, cuanto más se separaban sus manos, sus caminos. La senda, el camino marcado, las enseñanzas y el legado, seguir el camino de la música que se escapaba a sus oídos, ensordecidos por el latir rabioso de su corazón y el basto dolor.
- Os hubiera seguido... - pero nunca tuvo esa opción, sólo la fría sorpresa de la pérdida como una daga entre las costillas.
Lo racional o lo emocional, sabía que el plan que había urdido su mente tendría éxito y abriría las puertas del infierno y del dolor, así como una justicia fría y sangrienta ejecutada a través de la mano de un dios impío. Sería rechazada, repudiada, perseguida y, finalmente, la darían muerte.
O llorar la muerte, velar su recuerdo, rezar para que pudiese por siempre surcar el mar de estrellas en un navío tejido por hilos de plata de la luz de luna.
- Siempre hay que levantarse. - Pero el levantarse ahora implicaba dejar una parte ella atrás.
Miró la mano derecha, dónde su corazón se había convertido en nieve que se derretía, cayendo con lentas gotas al suelo. Parpadeo, frotándose los ojos una última vez, vacía, mientras observaba el colgante de nuevo en su mano, volviéndoselo a colocar al cuello.