Indarfin
Bolsa de la Bolsa Planar
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//QUe verguenza de guardiaxDjajajaja Espero os guste.
Carroña volvía presuroso hacia la cripta después de realizar satisfactoriamente otra misión encomendada por sus amos. Como no viene a cuento esa misión, la omitiremos para no entorpecer el relato, pero ya podéis imaginar que tipo de acciones ruines y perversas podía tener, ese repulsivo ser, por misión.
Había llegado al laberíntico pasaje de túneles que se abrían a un lado y a otro en las más terribles de las oscuridades. Bandidos picaros acechaban en los huecos de los muros. El esqueleto inagotable continuaba su rápida caminata hacia la morada de sus señores hasta que escucho al fondo de las alcantarillas el ruido del metal al golpear el uno contra el otro.
Hambriento y ansioso se escondió como si no fuese más que un montón de huesos y polvos de las catacumbas de la ciudad. Paso por delante de él una gran multitud de hombres y otro más pequeño. Iban todos armados con las insignias de la guardia de Amn.
El esqueleto sabiendo su orden, los siguió cauteloso a través de las largas galerías subterráneas. Hasta que por fin lo descubrieron mientras cruzaba de un sitio a otro uno de esos pasillos.
Uno de los hombres ordenó a los otros en perfecta formación y tomo un símbolo sagrado extendiéndolo hacia el no muerto que rugiendo por furia y hambre se acercaba a ellos. La voluntad de esa numerosa compañía de hombres menguaba ante la presencia de la muerte personificada, un esqueleto desgastado y astillado por el tiempo portando una cota de mallas oxidada protegiendo los pocos órganos vitales que aun mantenía unidos por membranas putrefactas a la caja torácica.
Atrás, Atrás. Gritaba enérgicamente el mortal que había formado la línea de lanzas instándolas a retrasarse mientras el esqueleto balanceante avanzaba inexorable hacia ellos.
Algo tendría que hacer el reputado estratega de la guardia que lideraba la compañía, si no quería que todos los guardias corriesen en desbandada ante la odiosa mirada del necrófago esquelético que solo deseaba destruirlos y devorar su carne.
El esqueleto se detuvo a pocos pasos de la fila de escudos mirando al portador del símbolo sagrado. El hombre, alzó su voz implorando a su señora clemencia y ayuda, y ésta le ayudó. Un cilindro de fuego y magia divina envolvió al Ghul causándole daños y quemaduras pero no las suficientes para derribarlo.
La guardia como saliendo del estado hipnótico de ver al no muerto, comenzó a avanzar amenazándole y hostigándole con las lanzas. El esqueleto comenzó a retroceder pausadamente mientras agitaba la larga alabarda para mantener a los enemigos a distancia.
Un de los guardias comenzó a arrojar frascos de agua bendita que se rompían alrededor del necrófago. Este ya en situación desesperada abrió la boca y expulso una gran cantidad de vapor toxico, una especie de niebla verdosa insana invadió el ambiente. El caos se propago rápido, algunos guardias cayeron al suelo al no poder respirar, otros salieron corriendo rápidos en persecución del enemigo.
Corrió unos pocos metros mientras los guardias salían de la espesa niebla. Doblo la primera esquina y se giro astutamente a combatir a los perseguidores que llegaban en masa.
La primera en aparecer fue una pequeña mediana ataviada también con las ropas de la guardia. El esqueleto blandió la alabarda y fue a descargarla contra el yelmo de la mujer que nada pudo hacer por esquivar el golpe. Rodó unos cuantos metros a un lado. El esqueleto se giro rápido viendo el terreno que había conseguido sacar y, siguió corriendo hasta que el eco, de los huesos descarnados al golpear contra la losa pulida de las alcantarillas, se perdió en las tinieblas.
Carroña volvía presuroso hacia la cripta después de realizar satisfactoriamente otra misión encomendada por sus amos. Como no viene a cuento esa misión, la omitiremos para no entorpecer el relato, pero ya podéis imaginar que tipo de acciones ruines y perversas podía tener, ese repulsivo ser, por misión.
Había llegado al laberíntico pasaje de túneles que se abrían a un lado y a otro en las más terribles de las oscuridades. Bandidos picaros acechaban en los huecos de los muros. El esqueleto inagotable continuaba su rápida caminata hacia la morada de sus señores hasta que escucho al fondo de las alcantarillas el ruido del metal al golpear el uno contra el otro.
Hambriento y ansioso se escondió como si no fuese más que un montón de huesos y polvos de las catacumbas de la ciudad. Paso por delante de él una gran multitud de hombres y otro más pequeño. Iban todos armados con las insignias de la guardia de Amn.
El esqueleto sabiendo su orden, los siguió cauteloso a través de las largas galerías subterráneas. Hasta que por fin lo descubrieron mientras cruzaba de un sitio a otro uno de esos pasillos.
Uno de los hombres ordenó a los otros en perfecta formación y tomo un símbolo sagrado extendiéndolo hacia el no muerto que rugiendo por furia y hambre se acercaba a ellos. La voluntad de esa numerosa compañía de hombres menguaba ante la presencia de la muerte personificada, un esqueleto desgastado y astillado por el tiempo portando una cota de mallas oxidada protegiendo los pocos órganos vitales que aun mantenía unidos por membranas putrefactas a la caja torácica.
Atrás, Atrás. Gritaba enérgicamente el mortal que había formado la línea de lanzas instándolas a retrasarse mientras el esqueleto balanceante avanzaba inexorable hacia ellos.
Algo tendría que hacer el reputado estratega de la guardia que lideraba la compañía, si no quería que todos los guardias corriesen en desbandada ante la odiosa mirada del necrófago esquelético que solo deseaba destruirlos y devorar su carne.
El esqueleto se detuvo a pocos pasos de la fila de escudos mirando al portador del símbolo sagrado. El hombre, alzó su voz implorando a su señora clemencia y ayuda, y ésta le ayudó. Un cilindro de fuego y magia divina envolvió al Ghul causándole daños y quemaduras pero no las suficientes para derribarlo.
La guardia como saliendo del estado hipnótico de ver al no muerto, comenzó a avanzar amenazándole y hostigándole con las lanzas. El esqueleto comenzó a retroceder pausadamente mientras agitaba la larga alabarda para mantener a los enemigos a distancia.
Un de los guardias comenzó a arrojar frascos de agua bendita que se rompían alrededor del necrófago. Este ya en situación desesperada abrió la boca y expulso una gran cantidad de vapor toxico, una especie de niebla verdosa insana invadió el ambiente. El caos se propago rápido, algunos guardias cayeron al suelo al no poder respirar, otros salieron corriendo rápidos en persecución del enemigo.
Corrió unos pocos metros mientras los guardias salían de la espesa niebla. Doblo la primera esquina y se giro astutamente a combatir a los perseguidores que llegaban en masa.
La primera en aparecer fue una pequeña mediana ataviada también con las ropas de la guardia. El esqueleto blandió la alabarda y fue a descargarla contra el yelmo de la mujer que nada pudo hacer por esquivar el golpe. Rodó unos cuantos metros a un lado. El esqueleto se giro rápido viendo el terreno que había conseguido sacar y, siguió corriendo hasta que el eco, de los huesos descarnados al golpear contra la losa pulida de las alcantarillas, se perdió en las tinieblas.