Alpha
Admirador del brazo de Sune
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Apretó los dientes mientras notaba la octava puñalada. Su mente, nublada, incapaz de tomar una decisión debido a la magia que lo mantenía inmóvil. ¿Cuál fue el último pensamiento?
No hubo apenas tiempo. Fue un final cruel, para un monstruo creado de la crueldad. Finalmente solo hubo oscuridad, una oscuridad que para él duró horas, días, semanas... No había nada, en ninguna sola dirección. Aryan pensó que quizás esta era la realidad del muro de las almas, un final inmediato para gente como él, pero pronto descubrió que su viaje más allá de su cuerpo no había hecho más que empezar.

Tras lo que pareció una eternidad de oscuridad, finalmente empezó a ver figuras, montañas, un paisaje grisáceo, oscuro, plano, sombrío... Un reino de oscuridad y sombras se levantaba ante él, un cielo que enseñaba una versión retorcida de la realidad.
Sin más opción, empezó a vagar por aquel lugar. Durante el trayecto, podía ver algunas sombras moverse, como si lo siguieran discretamente, vigilándolo, sin intervenir en su viaje. No había ninguna puerta, ninguna marca, ninguna señal. Nada le indicaba hacia dónde debía ir, quizás porque ya no era necesario tener rumbo alguno.
Una voz familiar se hizo escuchar de entre un grupo de sombras. Una figura ennegrecida, con dos enormes alas se acercó al alma de él y, con un susurro habló.
—"Abrupto final... para alguien con tantas promesas de cambio." La criatura habló, mientras seguía a Aryan, levitando suavemente a su vera.
—"Lastimosamente nuestro trato llega a su fin." Murmuró el guerrero, con un tono cansado, espectral incluso.
El paisaje del reino de sombras no hacía más que extenderse en un páramo plano y sin vida, con montañas negras elevándose en el horizonte. Aryan andaba, seguido por el Demonio.
—"Sin embargo... esto no ha hecho nada más que empezar. Aún tienes un largo trayecto por delante. El muro no es el único final para los desgraciados como tú." El demonio se detuvo frente a él.
El guerrero se paró a pensar, giró el cuerpo, observando todo lo que había recorrido hasta ahora. Pensó en sus inicios, el como abandonó la granja de sus padres para ayudarles con el dinero, recordó sus tiempos de mercenario, su hermano Atomosh, sus desamores, sus batallas, las veces que rozó la muerte... Por un momento sintió nostalgia, incluso una sensación melancólica se apoderó de él mientras recordaba tiempos pasados; sin embargo, pronto siguió recordando...
Su odio, su ira, su rencor, su cruzada, sus decisiones precipitadas, las traiciones, las falsas amistades, el odio de otros hacia él, el odio de él hacia otros, la hipocresía, las burlas, el aislamiento.
Pronto empezó a recordar por qué estaba ahí, por qué llegó a este punto, por qué sentía tanta ira, esa obsesión por marcar la diferencia, por enseñar los resultados a aquellos que le subestimaron, a aquellos que le hundieron.
Las muertes, la sangre, el odio a los Dioses, la pérdida de Dónovan, los pactos demoníacos, los intentos de subyugación, las alianzas, los planes, la desconfianza, la ambición.
Y empezó a sonreír, a reír nuevamente.
La obsesión de poder, el teatro, los engaños, la historia, la olvidada Emnekhul, La Unión, la inmortalidad, la superioridad.
Puede que el demonio tuviese razón, puede que no hubiese hecho más que comenzar.

Una pequeña brecha de luz se empezó a formar al lado del guerrero entonces. Aryan miró hacia el otro lado, ampliando su sonrisa.
—"Tienes razón... No me he quedado satisfecho, aún no ha sido suficiente." Murmuró el Guardián, extendiendo la mano hacia la brecha, comenzando a atravesarla, siendo observado por el Demonio, que estaría esperándole para la próxima vez.
No hubo apenas tiempo. Fue un final cruel, para un monstruo creado de la crueldad. Finalmente solo hubo oscuridad, una oscuridad que para él duró horas, días, semanas... No había nada, en ninguna sola dirección. Aryan pensó que quizás esta era la realidad del muro de las almas, un final inmediato para gente como él, pero pronto descubrió que su viaje más allá de su cuerpo no había hecho más que empezar.

Tras lo que pareció una eternidad de oscuridad, finalmente empezó a ver figuras, montañas, un paisaje grisáceo, oscuro, plano, sombrío... Un reino de oscuridad y sombras se levantaba ante él, un cielo que enseñaba una versión retorcida de la realidad.
Sin más opción, empezó a vagar por aquel lugar. Durante el trayecto, podía ver algunas sombras moverse, como si lo siguieran discretamente, vigilándolo, sin intervenir en su viaje. No había ninguna puerta, ninguna marca, ninguna señal. Nada le indicaba hacia dónde debía ir, quizás porque ya no era necesario tener rumbo alguno.
Una voz familiar se hizo escuchar de entre un grupo de sombras. Una figura ennegrecida, con dos enormes alas se acercó al alma de él y, con un susurro habló.
—"Abrupto final... para alguien con tantas promesas de cambio." La criatura habló, mientras seguía a Aryan, levitando suavemente a su vera.
—"Lastimosamente nuestro trato llega a su fin." Murmuró el guerrero, con un tono cansado, espectral incluso.
El paisaje del reino de sombras no hacía más que extenderse en un páramo plano y sin vida, con montañas negras elevándose en el horizonte. Aryan andaba, seguido por el Demonio.
—"Sin embargo... esto no ha hecho nada más que empezar. Aún tienes un largo trayecto por delante. El muro no es el único final para los desgraciados como tú." El demonio se detuvo frente a él.
El guerrero se paró a pensar, giró el cuerpo, observando todo lo que había recorrido hasta ahora. Pensó en sus inicios, el como abandonó la granja de sus padres para ayudarles con el dinero, recordó sus tiempos de mercenario, su hermano Atomosh, sus desamores, sus batallas, las veces que rozó la muerte... Por un momento sintió nostalgia, incluso una sensación melancólica se apoderó de él mientras recordaba tiempos pasados; sin embargo, pronto siguió recordando...
Su odio, su ira, su rencor, su cruzada, sus decisiones precipitadas, las traiciones, las falsas amistades, el odio de otros hacia él, el odio de él hacia otros, la hipocresía, las burlas, el aislamiento.
Pronto empezó a recordar por qué estaba ahí, por qué llegó a este punto, por qué sentía tanta ira, esa obsesión por marcar la diferencia, por enseñar los resultados a aquellos que le subestimaron, a aquellos que le hundieron.
Las muertes, la sangre, el odio a los Dioses, la pérdida de Dónovan, los pactos demoníacos, los intentos de subyugación, las alianzas, los planes, la desconfianza, la ambición.
Y empezó a sonreír, a reír nuevamente.
La obsesión de poder, el teatro, los engaños, la historia, la olvidada Emnekhul, La Unión, la inmortalidad, la superioridad.
Puede que el demonio tuviese razón, puede que no hubiese hecho más que comenzar.

Una pequeña brecha de luz se empezó a formar al lado del guerrero entonces. Aryan miró hacia el otro lado, ampliando su sonrisa.
—"Tienes razón... No me he quedado satisfecho, aún no ha sido suficiente." Murmuró el Guardián, extendiendo la mano hacia la brecha, comenzando a atravesarla, siendo observado por el Demonio, que estaría esperándole para la próxima vez.