ObiKannabis
Cuenta secreta de Kronos
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Ostagar lo sabía, ese huraño bastardo…
Según le había informado el sabio shaman de su clan, no solo era oro lo que contenía aquel botín, un artefacto arcano muy poderoso dormía bajo todas aquellas monedas y joyas relucientes. Y no podía dejar que Alrik o alguno de los suyos lo descubriera, pues no dudarían en destruirlo, conociendo su aversión hacia la brujería. Así pues habiendo avisado previamente en secreto a su guardia personal de que no bebieran una gota y se mantuvieran a la espera para poner en marcha al resto de cuervos, al igual que al capitán del drakar y parte de sus remeros, Ostagar se dirigió hacia la tienda de Alrik para iniciar la discusión sobre el reparto del tesoro conseguido.
Mientras tanto en el asentamiento itinerante costero reinaba un ambiente de juerga y celebración debido a la victoria obtenida gracias a la recién estrenada fraternidad Lobo-Cuervo. Aún así los clanes se mostraban distantes y tendían a juntarse entre camaradas.
Esa noche no vi a Krom, mucho tiempo después me enteraría que yacía junto a Sigrid, la hija de Alrik Diezpiedras. En un claro del bosque abrigados por la madre luna se desataba el amor, ajenos a la furia que despertarían en el caudillo del clan por no ser la sangre Askald digna del linaje de su hija.
Los guerreros de ambos clanes se arremolinaban alrededor de las hogueras cuerno en mano a rebosar de hidromiel. Mientras podían escucharse canticos de celebración y hazañas heroicas, junto a los ecos armoniosos de las gaitas y ritmos de fondo de los tambores que impregnaban el aire. Y ahí estaba yo tan ebrio y orgulloso de mi primer saqueo de verdad, que parecía que el mismo Uthgard tirará de mi mentón hacia las estrellas. Tras unos tragos más junto a mis hermanos, me acerqué al lugar de donde provenía la música y allí encontré a mi maestro en el arte Skald, Cilio, celebrando la llegada de los incursores sin dejar de tocar como un poseso.
Al comprobar que ese viejo aún seguía en forma, me uní y junto al resto de Skalds animamos la velada entre humo e hidromiel.
Guerreros exhaustos iban retirándose a sus tiendas y chozas, otros tantos demasiado borrachos quedaban por el camino echados en la hierba. Ya solo quedaban ascuas de los grandes fuegos, y el anciano y su música hacía rato habían cesado. Cilio se incorporó e hizo ademán que le siguiera, fuimos sorteando buena cantidad de guerreros durmiendo hasta llegar a la choza de mi maestro.
_Bien Eskol, ya no eres un cachorro has demostrado que eres digno de la sangre de Uthgard… *mientras me pasaba su pipa ritual* por ello como mi pupilo, tendrás el honor de ofrecer cráneos al padre de la batalla con mis viejos colmillos*mostrando su espada ceremonial de doble filo*
Me despedí del viejo agradecido del arma que me había confiado y las extrañas hierbas que me dio una vez más de fumar, tendría que cercenar muchas cabezas con aquella extraordinaria arma para pagárselo, pero en esos instantes después del salvaje viaje de incursión y la celebración de nuestro regreso, no tenía fuerzas más que para arrastrar los pies de forma lastimosa…no sé si fue demasiada hidromiel después de tiempo sin abusar o esas últimas caladas a la pipa pero parecía que un gigante de hielo fuera colgado a mi espalda…estaba cruzando el arroyo que pasaba cerca de la choza de Cilio cuando uno de mis pies resbaló hacia delante y di con mi cogote en suelo. Me incorporé como pude por un momento no sabía ni donde estaba, mi cabeza parecía haberse metido en un remolino de esos que forman las corrientes tan temidos por los marineros, las piernas me temblaban, la vista se nublaba y antes de volver a desplomarme conseguí apoyar la espalda en un árbol cercano a las raíces del cual caí dormido semiinconsciente.
Desde el claro de la colina, la joven pareja disfrutaba salvajemente de su reencuentro, sin advertir la columna de humo que salía del asentamiento bárbaro a sus pies. Focos de llamas iban apareciendo como se abren los ojos de las bestias que acechan en la oscuridad, y el incendio se iba propagando entre las chozas. La brisa continuaba soplando, y pronto ambos se percataron de que algo no olía bien…
Un rugido poderoso y familiar invadió el valle, era el cuerno de guerra de Alrik…
Krom y Sigrid volvieron en ese instante a la realidad, girándose para contemplar como ardía su pueblo.
_Por Uthgard! Quien puede osar atacarnos? *Dijo Krom observando la escena perplejo*
_Cobardes bastardos… la manada nos necesita rápido!
Y salieron en dirección al poblado como almas requeridas al juicio de Kelemvor.
El frio de me despertó, la cabeza me daba vueltas y escuché una voz familiar gritando mi nombre…
_Eskoooool!!cuidadooo!! *mientras un filo destellaba sobre mi cabeza e intentaba volver en si cuando aun me daba vueltas la azotea*
Rodé instintivamente como pude por el suelo, mientras Krom saltaba a la espalda del cuervo asfixiándolo con sus robustos brazos, hasta que el hacha y el cuerpo del hombre yacían en el suelo inhertes.
_Vamos gandul…mi padre nos llama! *me dijo Sigrid mientras me ayudaba a incorporarme de un fuerte tirón*
Corríamos en dirección a la zona del campamento cercana a la costa, donde se encontraba la tienda de Alrik, un rastro de sangre fuego y muerte de hermanos quedaba a la espalda llenando de furia y venganza nuestra alma. Conforme nos acercábamos pudimos observar al rey de los lobos grises repleto de sangre de sus enemigos defendiéndose con uñas y dientes e intentando abrirse paso hacia Ostagar que huía como un cobarde hacia su drakar mientras un grupo de cuervos ya en la nave descargaba el botín y comenzaba a soltar amarras y arriar las velas.
_No dejéis que escapen!Por la manada!*rugía Alrik mientras atravesaba un enemigo con rabia*
Los pocos lobos que aun quedaban con vida se arremolinaban alrededor de Alrik dispuestos a matar o morir, mientras los cuervos retrocedían ya con sus pies hundidos en la arena de la playa, el cansancio comenzaba a notarse y pocos de ellos llegaron a alcanzar su nave que ya avanzaba henchidas las velas.
_Malditos traidores…al drakar! no saldrán de la bahía!*grito Alrik a los suyos mientras señalaba su nave*
En ese instante me detuve contemplando una espada que me era familiar aun cogida por el guerrero al que pertenecía, mi padre yacía junto a otros hermanos, la ira crecía en mi hasta límites desconocidos, solo me consolaba que al menos estaría en el Valhala.
_Hermano…es el momento de la venganza*le dije a Krom mientras observaba el cadáver de nuestro padre al que no nos dio tiempo a ayudar y cayó como tantos otros*
_*Krom solo asentía apretando con fuerza el hacha que portaba con los ojos ardientes de furia*
La manada de lobos se lanzó al mar para alcanzar su drakar que comenzaba arder a causa de flechas incendiadas cortesía de los cuervos en su rastrera traición. Suerte que el fuego no se propagó rápido, lo que nos dio tiempo a apagarlo con baldes de agua. La rabia que llevábamos encima unida a nuestro conocimiento de aquellas naves hizo que en breves instantes estuviésemos zarpando en persecución de Ostagar y sus hombres.
El cielo se oscurecía por momentos como presintiendo que continuaría el derramamiento de sangre y el mar estaba en calma, el viento no soplaba y era necesaria la fuerza de los remos para mover el drakar. La distancia que separaba ambas naves disminuía y la furia parecía impulsar los incansables brazos de los lobos en su caza vengativa. Justo cuando los guerreros nos preparábamos para el abordaje inminente, la tormenta se desató como ofrenda a la sangre que iba a derramarse.
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Relatos:
http://www.puertadebaldur.net/foros/vie ... hp?t=23404
http://www.puertadebaldur.net/foros/vie ... ht=#207978
http://www.puertadebaldur.net/foros/vie ... hp?t=26362
http://www.puertadebaldur.net/foros/vie ... hp?t=26393
Según le había informado el sabio shaman de su clan, no solo era oro lo que contenía aquel botín, un artefacto arcano muy poderoso dormía bajo todas aquellas monedas y joyas relucientes. Y no podía dejar que Alrik o alguno de los suyos lo descubriera, pues no dudarían en destruirlo, conociendo su aversión hacia la brujería. Así pues habiendo avisado previamente en secreto a su guardia personal de que no bebieran una gota y se mantuvieran a la espera para poner en marcha al resto de cuervos, al igual que al capitán del drakar y parte de sus remeros, Ostagar se dirigió hacia la tienda de Alrik para iniciar la discusión sobre el reparto del tesoro conseguido.
Mientras tanto en el asentamiento itinerante costero reinaba un ambiente de juerga y celebración debido a la victoria obtenida gracias a la recién estrenada fraternidad Lobo-Cuervo. Aún así los clanes se mostraban distantes y tendían a juntarse entre camaradas.
Esa noche no vi a Krom, mucho tiempo después me enteraría que yacía junto a Sigrid, la hija de Alrik Diezpiedras. En un claro del bosque abrigados por la madre luna se desataba el amor, ajenos a la furia que despertarían en el caudillo del clan por no ser la sangre Askald digna del linaje de su hija.
Los guerreros de ambos clanes se arremolinaban alrededor de las hogueras cuerno en mano a rebosar de hidromiel. Mientras podían escucharse canticos de celebración y hazañas heroicas, junto a los ecos armoniosos de las gaitas y ritmos de fondo de los tambores que impregnaban el aire. Y ahí estaba yo tan ebrio y orgulloso de mi primer saqueo de verdad, que parecía que el mismo Uthgard tirará de mi mentón hacia las estrellas. Tras unos tragos más junto a mis hermanos, me acerqué al lugar de donde provenía la música y allí encontré a mi maestro en el arte Skald, Cilio, celebrando la llegada de los incursores sin dejar de tocar como un poseso.
Al comprobar que ese viejo aún seguía en forma, me uní y junto al resto de Skalds animamos la velada entre humo e hidromiel.
Guerreros exhaustos iban retirándose a sus tiendas y chozas, otros tantos demasiado borrachos quedaban por el camino echados en la hierba. Ya solo quedaban ascuas de los grandes fuegos, y el anciano y su música hacía rato habían cesado. Cilio se incorporó e hizo ademán que le siguiera, fuimos sorteando buena cantidad de guerreros durmiendo hasta llegar a la choza de mi maestro.
_Bien Eskol, ya no eres un cachorro has demostrado que eres digno de la sangre de Uthgard… *mientras me pasaba su pipa ritual* por ello como mi pupilo, tendrás el honor de ofrecer cráneos al padre de la batalla con mis viejos colmillos*mostrando su espada ceremonial de doble filo*
Me despedí del viejo agradecido del arma que me había confiado y las extrañas hierbas que me dio una vez más de fumar, tendría que cercenar muchas cabezas con aquella extraordinaria arma para pagárselo, pero en esos instantes después del salvaje viaje de incursión y la celebración de nuestro regreso, no tenía fuerzas más que para arrastrar los pies de forma lastimosa…no sé si fue demasiada hidromiel después de tiempo sin abusar o esas últimas caladas a la pipa pero parecía que un gigante de hielo fuera colgado a mi espalda…estaba cruzando el arroyo que pasaba cerca de la choza de Cilio cuando uno de mis pies resbaló hacia delante y di con mi cogote en suelo. Me incorporé como pude por un momento no sabía ni donde estaba, mi cabeza parecía haberse metido en un remolino de esos que forman las corrientes tan temidos por los marineros, las piernas me temblaban, la vista se nublaba y antes de volver a desplomarme conseguí apoyar la espalda en un árbol cercano a las raíces del cual caí dormido semiinconsciente.
Desde el claro de la colina, la joven pareja disfrutaba salvajemente de su reencuentro, sin advertir la columna de humo que salía del asentamiento bárbaro a sus pies. Focos de llamas iban apareciendo como se abren los ojos de las bestias que acechan en la oscuridad, y el incendio se iba propagando entre las chozas. La brisa continuaba soplando, y pronto ambos se percataron de que algo no olía bien…
Un rugido poderoso y familiar invadió el valle, era el cuerno de guerra de Alrik…
Krom y Sigrid volvieron en ese instante a la realidad, girándose para contemplar como ardía su pueblo.
_Por Uthgard! Quien puede osar atacarnos? *Dijo Krom observando la escena perplejo*
_Cobardes bastardos… la manada nos necesita rápido!
Y salieron en dirección al poblado como almas requeridas al juicio de Kelemvor.
El frio de me despertó, la cabeza me daba vueltas y escuché una voz familiar gritando mi nombre…
_Eskoooool!!cuidadooo!! *mientras un filo destellaba sobre mi cabeza e intentaba volver en si cuando aun me daba vueltas la azotea*
Rodé instintivamente como pude por el suelo, mientras Krom saltaba a la espalda del cuervo asfixiándolo con sus robustos brazos, hasta que el hacha y el cuerpo del hombre yacían en el suelo inhertes.
_Vamos gandul…mi padre nos llama! *me dijo Sigrid mientras me ayudaba a incorporarme de un fuerte tirón*
Corríamos en dirección a la zona del campamento cercana a la costa, donde se encontraba la tienda de Alrik, un rastro de sangre fuego y muerte de hermanos quedaba a la espalda llenando de furia y venganza nuestra alma. Conforme nos acercábamos pudimos observar al rey de los lobos grises repleto de sangre de sus enemigos defendiéndose con uñas y dientes e intentando abrirse paso hacia Ostagar que huía como un cobarde hacia su drakar mientras un grupo de cuervos ya en la nave descargaba el botín y comenzaba a soltar amarras y arriar las velas.
_No dejéis que escapen!Por la manada!*rugía Alrik mientras atravesaba un enemigo con rabia*
Los pocos lobos que aun quedaban con vida se arremolinaban alrededor de Alrik dispuestos a matar o morir, mientras los cuervos retrocedían ya con sus pies hundidos en la arena de la playa, el cansancio comenzaba a notarse y pocos de ellos llegaron a alcanzar su nave que ya avanzaba henchidas las velas.
_Malditos traidores…al drakar! no saldrán de la bahía!*grito Alrik a los suyos mientras señalaba su nave*
En ese instante me detuve contemplando una espada que me era familiar aun cogida por el guerrero al que pertenecía, mi padre yacía junto a otros hermanos, la ira crecía en mi hasta límites desconocidos, solo me consolaba que al menos estaría en el Valhala.
_Hermano…es el momento de la venganza*le dije a Krom mientras observaba el cadáver de nuestro padre al que no nos dio tiempo a ayudar y cayó como tantos otros*
_*Krom solo asentía apretando con fuerza el hacha que portaba con los ojos ardientes de furia*
La manada de lobos se lanzó al mar para alcanzar su drakar que comenzaba arder a causa de flechas incendiadas cortesía de los cuervos en su rastrera traición. Suerte que el fuego no se propagó rápido, lo que nos dio tiempo a apagarlo con baldes de agua. La rabia que llevábamos encima unida a nuestro conocimiento de aquellas naves hizo que en breves instantes estuviésemos zarpando en persecución de Ostagar y sus hombres.
El cielo se oscurecía por momentos como presintiendo que continuaría el derramamiento de sangre y el mar estaba en calma, el viento no soplaba y era necesaria la fuerza de los remos para mover el drakar. La distancia que separaba ambas naves disminuía y la furia parecía impulsar los incansables brazos de los lobos en su caza vengativa. Justo cuando los guerreros nos preparábamos para el abordaje inminente, la tormenta se desató como ofrenda a la sangre que iba a derramarse.
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