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Esquirla de Damara

AmixuJoestar

Vampiro que no usa azules
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Fragmentación

Las frías calles de aquel pueblo aun revolotean en lo más profundo de mi sien. Ganado y aves que se resguardan de ventiscas traicioneras y pueblerinos abrigados hasta los mismísimos dientes que vigilan desde sus ventanas, a la espera de algún viajero les hiciese compañía en la posada del pueblo. Un agradable olor a leña se esparcía desde el gran salón hasta los primeros peldaños del local, dónde aguardaba una mujer de cabellos negros y bella armadura desgastada. Portaba unas telas rojizas que abarcaban hasta encima de sus hombros, a modo de cobijo del afilado frío. Jamás imaginé que aquella extraña fuese a transformar de percibir mi extraño poder en un hermoso don.
Muy zopenco de mi observaba desde la lejanía, anonadado por los peregrinos que entraban y salían de aquella posada que rebosaba a un olor a grasa y especias. La boca se me hacía agua y el frío no ayudaba, tan solo agrandaba mis ansias por poder sostener un buen trozo de jabato o parecido. El hambre rugía dentro de mi y no podía evitar cerrar ambos puños, notando una calidez que brotaba lentamente hacia afuera. Para cuando me percaté, unas llamas escurridizas se abrieron paso hacia todas direcciones, espantando el momento de paz que había alcanzado. La agitación vino de un momento para otro, pues pensaba que aquello que fuese a saciarse aquella noche eran mis propias llamas desatadas.

Una mano fugaz y firme me tomó del antebrazo sin dudar. Mi mirada se encontró con la de aquella extraña, de nuevo. Ahora bien pude apreciar un color jade y otro blanco que correspondía a su mirada, junto a una cicatriz que trascurría por su faz adulta. Una afable sonrisa se dibujó, tranquilizando mi alma por completo.

-No es de buena educación mirar y no venir a saludar muchacho, ven, siéntate conmigo y hazme compañía. -Añadió de manera sosegada. -

La mujer retiró la mano y me animó a pasar al interior de la posada. Al abrirse las puertas, crujieron y noté como el frescor de la calle se derretía a nuestro paso. Con una mirada nerviosa que buscaba respuestas, pisé allá dónde caminaba, tratando de no deformar más aun la nieve a mis pies.

- Si me cuentas algo de ti y del pueblo, hasta te invito a comer. – Dijo tras girarse para buscar mi paradero.


La noche se hizo amena y los nervios se consumieron al igual que las llamas que acaloraban ese lugar. Por primera vez en muchos días, disfruté de un manjar que no fuesen frutos o tubérculos. Pero no fue aquel sustento lo que me sació, sino aquella encomiable conversación que tuve con la forastera.

-Yo soy Johanne Corona de Plata, pero todo el mundo me llama Joja… ¿Cómo te llamas, muchacho? – Dijo la mujer. –

-Yo… - Alcé la mirada, incomodado. -... mi nombre es Allen, Allen Padrice Zahlei…de... -Se hizo el silencio incómodo y posé ambas manos sobre la mesa. -...Allen de Bahamut.
 
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Sueños

Me encuentro en un plano extraño al que llamo ‘hogar’. Mis pulmones y entrañas se llenan de pequeñas motas de aire que discurren en los cielos venideros, aquellos que arrastran nubes, estrellas y tormentas atroces. Por alguna razón que desconozco, me siento más vivo que nunca, más libre que un pájaro que extiende sus alas a sus amparos. En esta ocasión, una cálida caricia de ese atardecer me alerta de la llegada de la bella noche.

Al fin mis pies rozan lo suelos, mezclándose entre sensaciones de charcos embarrizados y hierbas seseantes, las cuales desprenden un aroma similar a los corazones más puros de los bosques. La humedad recorría mis dedos, adornando mi pálida piel con alguna que otra gota fresca, la cual me recordaba al rocío que nacía en los prados de Damara.

He aquí ante mi una majestuosa figura que se erguía hacia mi posición. Rugía sin temor alguno, retumbando en lo más adentro de mi ser, retumbando los huesos de los vivos e incluso de los muertos. La curiosidad me podía y acerqué mis manos hacia lo que parecía su zarpa, abierta como el mismísimo florecer de una rosa. El temblor se apoderó de mi y noté como el sudor tan frío como ese rocío me recorría del cuello a la espalda. Sabía lo que vendría a continuación, aquel ambiente tan siniestro y peculiar que me carcomía cada pedazo de mi alma.

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''The Golden Field #156'' por John O’Grady

Nada más entrar en contacto con la figura, un ardor que fluía momentáneamente hacia lo gélido que estalló en el tacto. Una luz que iba acompañada del viento más fresco arremetió hacia mi sin cesar. Para cuando me percaté, me veía inmerso en los cielos, sin saber muy bien donde estaba el suelo realmente. Mis manos son agraciadas e inmaduras, con más callos que pecas. Mi rostro es noble y marcado, imbuido de una mirada azul tan profunda como el lago junto a aquel poblado.

No sé hacia dónde viajan mi mirada, pues por más que me esfuerce en apartarla, siempre acabo prestándole atención a un joven desorientado. Y si acaso osase hablarle, mis palabras retumbarían en lo más profundo mi alma y en el más allá. Jamás he sentido soledad con su presencia, pues cada día que trascurría parecía conocerle un tanto más. Cuando no descanso, me preocupo por conocer y entender todo a mi alrededor. Pero cuando por fin cierro los ojos y dormía, ambos nos encontrábamos en un lugar tan íntimo y bello que a veces desearía no despertarme. Hay días en los que él lloraba y necesitaba consuelo para hacerlo calmar, y otros en los que desesperado de mí buscaba su regazo para poder encontrar la paz.

- ¿Quién eres? – Exclamé al niño desde un extremo de aquel prado invernal, divisándolo tras aquella niebla agradable.

Él sonrió y noté un atisbo de alegría que emergía de su ser. Un agite removió todos los cuerpos de trigo que acariciaban nuestras piernas. Giró y giró, y de aquella vorágine un ser majestuoso brotó, alzando el vuelo sobre todo el trayecto que habíamos recorrido. La criatura escamada se fijó en mi y redirigió su dirección hacia mí, repleto de valor.

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''Tree House'' por Tysen Johnson




Para cuando noté esa cercanía abismal, me encontraba en mi lecho, mirando hacia el techo con los ojos pletóricos de lágrimas.
 
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En aquella loma de cálidos colores, dos figuras jóvenes deambulaban entre grano maduro y bosques enraizados. Ayudándose con unos viejos bastones de rama marchita, alcanzaron la cima de aquel altozano, sintiendo alivio al fin cuando avistaron en el horizonte las tierras de Cormyr. El zagal de rubios cabellos carcajeó de alegría, dejándose caer entre las extensas fibras de cereal.

¡Oye!...¡Oye Joja! — Se irguió con cautela, pasándose la mano por el hocico para espantar los hilillos vegetales que irritaban su escamada piel—. ¿Qué se supone que será de nuestras vidas una vez que lleguemos a Amn? ¿Encontraremos nuestro lugar? — Se llevó la mano a su amuleto dorado, acariciando los relieves con el pulgar—. ¿Nos encontraremos... a nosotros mismos?


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Johanne tenía la mirada perdida en aquel confín de colinas, silente y sosegada.

En Amn encontraremos vidas que salvar, Allen.

¿Vidas que salvar? — Frunció el ceño, posando ambas manos sobre las rodillas—Pero, no sabemos quienes son todos ellos que nos necesiten, ¿no? ¿Estaremos ahí para ellos?

La fémina se volteó hacia el muchacho, cruzándose de brazos.

Cariño, nosotros siempre estaremos para los que necesiten ayuda. Esa es nuestra misión en la vida. — Se aproximó a este y posó la zurda sobre los pelos revoltosos del innato —. Y no te preocupes, sabrás quienes nos necesitan.
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El retumbar de las campanas se hizo notar en calles de la Ciudad de Minsor, aludiendo a una ansiada ceremonia. Los Caballeros y Escuderos del Radiante Corazón patrullaron con entusiasmo, pues este día pasaría a ser otra pequeña esquirla en la historia de Minsorran. Una silueta de alta estatura se abrió paso entre las travesías de gentíos y edificios, encaminándose hacia el alegórico y monumental castillo. Sabía lo que le deparaba aquel itinerario, y pese a sus varios años viviendo y sirviendo allí, una vorágine de nervios quebraba la expresión del discípulo.

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Por el portón del castillo se asomó el joven guerrero innato. Lucía una armadura agraciada y caballeresca para la ocasión, de reflejos dorados y paños azulados como la noche. Los vastos ápices con escamas doradas que sobresalían de su espaldar, se asemejaban a unos escoltas a su alrededor. Según se aproximaba a su destino, su expresión jovial se desfiguró a una de pavor. La mirada azulada del guerrero quedó asentada sobre los rostros conocidos, incapaz de mediar una sola palabra. Acto seguido, un vuelco inundó el cálido pecho del joven.

"Me encuentro en un plano extraño al que llamo ‘hogar’. Mis pulmones y entrañas se llenan de pequeñas motas de aire que discurren en los cielos venideros, aquellos que arrastran nubes, estrellas y tormentas atroces. Por alguna razón que desconozco, me siento más vivo que nunca, más libre que un pájaro que extiende sus alas a sus amparos. En esta ocasión, una cálida caricia de ese atardecer me alerta de la llegada de la bella noche."

Decenas de filos radiantes le dieron la amable bienvenida, y tras ellos, preciadas sonrisas que avivaban más aquel paseo áureo. Para cuando concluyó aquel caminar, salió del trance, topándose con la maestre y el Príncipe Wessalen de Torm. Con elegancia y honra, ambas figuras de digna labor, concedieron al joven de un cometido meritorio: El Leal de la Orden del Radiante Corazón. Una fina insignia decoró el torso de metal, tras el cual se aglomeraba un incesante alboroto de ímpetu y sobresalto. Los aplausos y el vitoreo de aquel encuentro lo desorientaron, y no fue hasta que reinó el silencio cuando osó mediar una sola palabra:

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Llegué a tierras de Amn siendo un joven ilusionado, sin conocer que ocurría realmente a mi alrededor. — Las garras repiquetearon sobre aquella insignia de gran valor para él—. En aquel entonces, la Luz era algo lo cual respetaba y anhelaba con todo mi alma y ser. Conocí a muchos, entre ellos a varios de los aquí presentes, integrantes de la inigualable Orden,...dieron cobijo y compresión a alguien tan novicio como yo...una "familia" llegué a considerar y que a día de hoy perdura de tal manera.

"No sé hacia dónde viaja mi mirada, pues por más que me esfuerce en apartarla, siempre acabo prestándole atención a un joven desorientado. Y si acaso osase hablarle, mis palabras retumbarían en lo más profundo mi alma y en el más allá."

Como muchos, soy humano y he errado y logrado cosas a mi paso, de lo cual no me arrepiento en absoluto. Errar ha perforado mi ser, y lograr, lo ha fortalecido. Pese a que la Luz ya no forme parte de mí, seguí abriéndome paso y sirviendo a una buena causa.

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"Hay días en los que él lloraba y necesitaba consuelo para hacerlo calmar, y otros en los que desesperado de mí buscaba su regazo para poder encontrar la paz."

La penitencia me ha vuelto férreo, mis hermanos me han redirigido y guiado en todos mis pasos...hasta mis más atroces enemigos me han enseñado a lograr esa determinación. — Posó la diestra sobre su empuñadura, acomodándose —. Creo que aquí, todos y cada uno de nosotros sabemos bien a lo que me refiero...somos hermanos, caballeros, maestros y héroes que han lamentado, reído y llorado cada error y logro a su paso. Pero bueno...me congratula saber que entre vosotros, el Leal Guerrero Dragón quedará a vuestra disposición hasta que el destino marque lo contrario. ¡Por la Orden! ¡Por Minsorran!...¡Por Bahamut! — El puño quedó presionado en el suelo mientras mostraba respeto a sus allegados más contiguos.

"Para cuando noté esa cercanía abismal, me encontraba en mi lecho, mirando hacia el techo con los ojos pletóricos de lágrimas."

Y ahí me hallé entre ovaciones y jolgorios, con las pupilas rebosantes de lágrimas.

Ludwig, Yelenna, Johanne, mirad que lejos he volado...y ya sé quienes me necesitan.

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Offtopic :
Gracias a todos por acudir y por el momentazo de rol pese a no estar tanto de player como antes. Me hizo bastante ilusión, ay. >_<. Y sobre todo, millón de gracias a todos los personajes que han estado ahí interactuando con Allen desde el minuto uno. No tiene siquiera un año este muchachuelo y ya se ha convertido en una de mis interpretaciones preferidas. ¡Nos vemos ingame! :D
 
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AmixuJoestar

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Otro amanecer más se presenta en el poblado de Valfalas. Podía notar y escuchar las pequeñas criaturas voladoras y terrestres que rodeaban la casa. Son lo suficientemente valientes como para llenar el lugar de vida con sus repentinos cantares y gruñidos. Pero esta vez fue un dulce aroma de masa y frutos cálidos el responsable de mi temprano despertar.

Dispuesto sobre un sinfín de cojines y mantas desgastadas, reposaba de rodillas frente a una ventana. Seguidamente abrí los ojos y vislumbré un cristal empañado que bloqueaba mi visión hacia el exterior. Extendí la palma hacia uno de los vidriados y retiré la delgada capa de rocío, sin rasguñar la superficie con las garras. Se notaba que padre había hecho su labor, la madera bien ordenada en montones y los animales de la cuadra alimentados. Me incliné y abrí la ventana, dejando que una minúscula y gélida brisa airease mi cuarto.
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Amanecer (Obra propia)
El frescor que acontece en los poblados del Valle de Minsor no tiene punto de comparación con nuestro hogar. La blanca nieve durante la mayor parte del año resulta hasta nostálgica, agradable y entrañable, finas capas níveas que esconden la flora y el barro. Sin embargo, el furor verde que baña nuestra aldea y alrededores entra cada mañana a través de las finas rendijas de las ventanas. ¿Un paraíso? Puede. Pocos se conforman con algo así, está claro. Al poco de abrir la ventana, desvié la mirada hacia la puerta, notando una presencia acelerada que subía y aguardaba tras las paredes.

“Toc, toc.”

¡Adelante madre! Podéis pasar. — Me ajusté rápidamente los enganches de la blusa que se situaban por encima del nacimiento de mis alas, aguantando así la pieza de ropa en su sitio.

¡Buenos días mi niño! Agáchate, anda. — No tardé en inclinarme y ella se puso de puntillas para recibirme con un beso en la mejilla y otro en la frente. Le correspondí otros dos besos a ella. Se percató de la blusa bien colocada y me dio varias palmadas al hombro.— Si que han servido las nuevas piezas que te amoldé, pequeñín. Y ya pensaba que esas alas te serían un problema para vestir. Nada que tu madre no pueda arreglar. Las armaduras ya son cosa de tu padre y sus compañeros…¡Ellos tienen más maña con el acero!

Buenos días Yelenna. — No pude contener una gran sonrisa que expresaba mi enorme admiración por ella y sus dones. — ¡Pues claro que sirve! ¿Hay algo que se te de mal? Que no me entere, ¿eh?.


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Bakehouse (Alex Gribov)
Si se da el caso no te darás mucha cuenta, nada de lo qué preocuparse…¿qué podría pasar? Antes de hacer mi primer pastel de frutos comestible, tu abuela casi me deshereda por quemarle su cuenco favorito. Ahora son la envidia del poblado, je, je. Por cierto, tienes abajo tu ración recién hecha y esta carta que acaba de llegar a tu nombre. — Me entregó un sobre sellado y acto seguido bajó a seguir con sus quehaceres.

¡Gracias madre! Ahora bajaré, sabéis que soy un lector audaz. — Reí y cerré la puerta. Me dirigí hacia la mesa, cubierta de cachivaches, pergaminos y varitas. Todo se encontraba aglomerado, pero de tal manera que se distinguían unas reliquias de otras. Giré el sobre para encontrarme con un bello sello carmesí que mostraba el relieve de una espada sobre un escudo, junto a otros ornamentos detallados. Con la misma garra del índice, realicé una incisión que me permitió retirar la carta en cuestión. Achiqué los ojos y leí para mis adentros aquellas alentadoras y familiares palabras:


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Lectura (Obra propia)

Carta a Allen Padrice Zahlei...


“Alabados sean los buenos dioses y que estos os bendigan, Allen Padrice Zahlei. Nos dirigimos a ti con ansias de saber de vuestra situación. Los meses pasan y como siempre, nuestra lucha contra la incesante vileza perdura, pero ante todo, prevalecemos y celebramos nuestro recorrido. Hace dekhanas que se produjo un ataque en Minsorran, no muy lejos de vuestro paradero. Deseamos que no os haya ocurrido nada y que vuestro pueblo no se vea tan afectado. Bien sabéis que os esperamos con los brazos abiertos, antes, ahora y siempre. Seréis bien recibido estéis donde estéis. Vuestro férreo escudo es y será recordado para siempre por tus nobles hazañas. Pese a que haya montañas, bosques y reinos de por medio, rezamos por vos y vuestro bienestar. Anhelamos que vuestra proeza sea bienquerida por tus seres más cercanos y aquellos que os reciben en Valfalas.

Atentamente:

Delmar Menessar
, Prior de los Capas Blancas.
Que la Triada os aguarde.

Myraah Lyrael, Prior de los Capas Blancas.
Que el más radiante de los amaneceres os acoja donde estéis.

Una sensación de alivio y pesar se manifestaron tras leer estas palabras. Apoyé tanto la frente como los codos sobre la mesa y dejé escapar un largo resuello. Cerré los ojos con fuerza y dejé que las emociones tomaran las riendas. El Castillo de Minsorran y sus entrañables compañeros, una familia al fin y al cabo que me crió, acogió y enseño pese a mi sangre mágica. Los numerosos amigos enanos y aliados que conocí en Khazad y los muchos otros aventureros que nos acompañaron durante los viajes. Después llegó la agraciada presencia de los allegados que visten blanquecino y dorado, quienes me inspiraron a descubrir quien soy, además de discernir el valor que puede llegar a albergar una persona.
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Recuerdos del ayer (Obra propia)
Tardé nada y menos en bajar al comedor con la carta en mano. La inquietud me pudo y por poco tiré cacharros que decoraban los pasillos. Mis progenitores quedaron pasmados por la reacción, sobretodo padre, quien dejó caer un trozo del pastel de madre al suelo. Le perdonará por ello, estoy seguro.

¡Yelena!...¡Ludwig! He recorrido poblados y ciudades, pero nunca jamás me ha enseñado tanto un destino como lo fue el llegar a Amn. He conocido a gente bella y otros tan desagradecidos como la mismísima enfermedad. Quien diría que aprendería a escribir o usar bien los cubiertos, pero ante todo, asistir a los necesitados.— Mi mirada se clavó en ambos.— Me temo que aun me queda mucho que aprender.

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Offtopic :
Dejo por aquí un pequeño relatillo de la pura inspiración después de un enorme parón por estudios y exámenes. Añado algún dibujeco mío para así volver a la rutina del artisteo. Nos vemos ingame. ¡Un saludo y buenas noches!🥰✌️
 
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