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Extendiendo conocimientos.

Silmëwen de Lotar

Pirata sin barco
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13/10/09
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El cabello volaba con brío a la vez que la brisa surcaba en una caricia su rostro a lomos de Suldestel; la elfa cabalgaba rumbo a Minsor en busca de audiencia con el León. Los días en los que la lluvia caía incesante en Ideepton habían hecho que Silmëwen deseara aprovechar la ocasión para prepararse mejor en sus conocimientos arcanos de la mano de un gran mago como era el regente de Minsorran.
Fue así, como otorgando el descanso que se merecía a su montura en el establo bajo una cama de heno, encaminó sus pasos hacia el cuartel de los Leones Blancos; allí, el encuentro con varios de sus compañeros que como era ley, pasaban la inspección mágica de manos de León contra cualquier daño a sus soldados de forma invisible para los ojos sensibles.

Esperó la elfa sentada en las sillas intercambiando aspectos y opiniones sobre lo que se mecía a orillas del Weng mientras escuchaba neuvas incorporaciones a filas, alejando el pobre pensamiento de malos tiempos entre los pueblos del reino.

Fue entonces cuando su Señor caminó por la puerta tras la aparición del nuevo león blanco, quien caminaba envuelto en vendas por doquier, haciendo que sus gestos y rostro se minimizaran a una mirada ladina y escurridiza, imposible de reconocer a la hora que no las portara; y fue tras pasado el rato que tomaran sus respectivos lugares en la sala de reuniones, que la elfa de Suldanessalar explicó sus deseos al que sería ahora su mentor de forma fugaz e inesperada; estaba segura que no habría mago en Athkatla más capacitado que él para tomarlo como mejor mentor arcano. Tiempo hacía ya que dejó sus estudios de la Urdimbre y la hechicería, cuando todavía la juventud era parte de su ciclo vital y seguía los pasos de la educación que su padre decidió para ella por entonces.

Era ahora cuando quiso reprehender tales habilidades, pues su papel en Ideepton bajo las defensas arcanas no había pasado más allá de la conjuración y convocación de los seres del bosque que ella bien conocía; hadas, ondínas y dríadas con las que se comunicaba en el lenguaje del bosque mas que por la propia magia, lo cual para ella, no fue suficiente para poder realizar su deber como encantadora debidamente.

No obtuvo negativa por parte de aquél que se hacía llamar León y ante la espectativa de Silmëwen, León le dejo saber que el principal conjuro y más útil, era a la vez el más simple de todos; tomó una campanilla y un hilo para realizar los ensalmos, entre palabras y gestos que la elfa parecía conocer bien; francamente,no le mentía cuando le dijo que era un conjuro sencillo, y fue el turno de la leona blanca de repetirlo para llegar a ligar su mente al emplazamiento donde establecería el glifo custodio.

No pasaron más de 2 horas y la elfa ya había conseguido aprender y dominar el sortilegio guardián bajo la atenta mirada del mago. Una copa de vino puso fin a la escueta clase y un brindis entre ambos para celebrarlo a la vez que recordó la reunión en la ciudad élfica y la invitación que ofrecía a su Señor de Minsor, estaba deseosa de hacer saber a los suyos del favor brindado en tiempos no muy lejanos.
 
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