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Fausto; El corazón perdido de alas negras

Davigochi12

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Me he decidido a dejar abierto el diario de mi PJ Fausto; así pues paso a exponer lo poco o mucho que hay de él y merece ser compartido.
 

Davigochi12

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EL DESPERTAR DE LA SANGRE OSCURA.​


Acunándose similinamente en las sombras del camino para ocultar su paso Fausto recorría las senda hacia el pantano de la costa sur; Lugar al que acostumbraba a acudir para retirarse del bullicio de los llanos, meditar y reconciliarse con su esencia primigenia. Ya hacia varias dekhanas que su evolución, su "transito hacia la perfección" se había estancado, hecho que atormentaba su anima y enloquecía sus ánimos hasta llevarlo al limite de su cordura. Ya no sufría de sus sueños recurrentes ni convulsionaba su cuerpo entre dolores al reestructurarse su anatomia; Sencillamente había silencio, las voces que antaño le hablaban siseando en susurros serpentinos se habían desvanecido por completo. Se sentía irascible, molesto e incluso mas inestable de lo usual. Una mezcla volátil de sentimientos enfrentados que amenazaba con estallar en cualquier momento.



- Fausto: *Miles de pensamientos se agolparon en su mente mientras, incauto, se sumía en su foro interno desatendiendo cuanto le rodeaba* (¿Y si no logro alcanzar al completo el poder que oculta mi sangre? ¿En que he fallado? ¿Cual es la pieza del puzzle que me falta?...¿Y si no soy... digo? ¡¡¡NOOOO!!! Eso no. Nadie es mas digno de este don que yo. Me alzaré como rey regente de este mundo y todos se doblegarían ante mi. ¡Y que nadie ose cuestionarlo!)



Sumido en esta vorágine de pensamientos el cuerpo y la mente de Fausto comenzó a desfallecer lentamente, flaqueándole abruptamente las fuerzas hasta la extenuación guiado por una letanía muda. A pesar de que trató de resistirse poco a poco cayó sin remedio alguno en un trance extraño, difícil, desagradable...Como si su yo interno le retrayese hacia si mismo; absorbiéndolo. Quedando inconsciente antes siquiera de poder darse cuenta de que se había desmayado. Derrumbándose en mitad del pantano como un títere carente de voluntad al que le habían cortado los hilos.

Cuando finalmente abrió los ojos de nuevo pudo reconocer que se encontraba en un lugar al que jamas había tenido acceso. La oscuridad impregnaba la integridad de aquel lugar, arrasándolo tiránicamente todo a su paso sin permitir el llegar a discernir nada de cuanto le rodeaba. La nada, el todo, la oscuridad...

Fausto era protagonista de un baile invisible e inmóvil con su propia alma, mientras los retazos de su esencia bárdica vibraban haciendole ver poesía en la negrura que alcanzaba su vista. Otearía enrededor del abismo no presentandosele a la vista mas que un yermo baldío de toda luz y vida. Sin saber, ni ser consciente de lo que acontecía y siendo sus propios pensamientos apenas un murmullo para él se sintió, por unos momentos, solo y abandonado en su propio ser.


​

- Fausto: ¿Donde...?¿He muer...? No es...imposible...Este lugar...



Guiado por una fuerza invisible y autómata emprendería el camino adentrándose en las sombras, en busca de la propia esencia del lugar. La piedra angular que esconde toda ensoñación onírica; La revelación.

Al poco de su partida escucharía enormes pisadas acercarse muy lentamente, acechandole invisible a la vista entre las tinieblas. A medida que se estrechaban las distancias la tensión en Fausto era mas evidente, no sentía miedo pero tampoco sabia a que podría tener que enfrentar en semejante paraje, no cedería ni bajaría la guardia. Nerviosamente escrutaría paranoico la oscuridad en la dirección hacia donde retumbaban los gigantescos pasos de lo que quisiera le estuviera vigilando.



-¿QUIEN ERES? *De las entrañas de la misma nada fluyo una torrencial voz, quebrando el silencio sin encontrar barreras ni tapujos que pudieran frenarla*



Impresionado por el descomunal torrente de voz, no atino a articular palabra en primera instancia; quedando paralizado de la impresión.



-¿QUIEN ERES? *Repetiría la voz con fuerza; las pisadas se acercarían paso a paso hasta él, aun sin revelar figura alguna*

- Fausto: ¡Fausto!*Alzaría la voz en un rugido gutural dejando fluir su verdadera y poderosa esencia, sin miedo ni temores. Nunca había sido un cobarde y este no seria el día en que le dominaran sus fantasmas*

-¿Y QUIEN QUIERES SER? *Rugiría con fuerza la voz reclamando aquello que deseaba saber*



Una suave sonrisa se afilaría en la comisura de los labios de Fausto, ensanchándose lentamente hasta ampliarse en todo su apogeo; Pues esa mima pregunta...esa particular cuestión, ya se la había planteada mil y una vez a si mismo en el pasado. No dudando en lo mas mínimo antes de pronunciarse elevó su replica.



- Fausto: ¡¡¡El señor de toda existencia!!!, El cazador perfecto...Un hijo de la noche. ¡Y ahora identificate!



La niebla se desvanecería parcialmente reduciéndose la oscuridad, mostrándose finalmente aquello que había oculto en la mística oscuridad bajo un cielo nocturno encapotado. Un gigantesco dragón negro, mucho mayor de lo que se había visto o documentado jamas. Portando toda clase de cicatrices a lo largo de su colosal envergadura luciría sus duras y pétreas escamas con salvaje orgullo. Su mirada se mantendría fija en Fausto, clavandose punzante sobre él como si nada fuera mas importante que la existencia compartida de ambos; Haciendo gala de la mayor fuerza primigenia que jamas se halla visto.

El discípulo contemplaría a la fiera, abrumadora y magnifica sierpe largos instantes, deleitándose en su linaje compartido como si de la visión de una deidad se tratara. Abriendo los ojo como platos sintió como se le erizaban todos los bellos del cuerpo entreabriría la boca enmudecido dejando exhalar un suspiro, pues la sorpresa que le aturdía era mayúscula.


​

- Fausto: ¿Sois...? *Voltearía la testa apenas unos instantes a los lados; Oteando nuevamente la negrura colindante; siempre receloso y paranoide*

- CONTEMPLAME *Como única respuesta el enorme dragón abriría las alas de par en par, henchiendo su pecho orgulloso*

- Fausto: Os contemplo como la criatura perfecta que sois. Hegemonía de dragones echa rey de reyes. Azabache como la noche es aquello que veo. Gloria y majestuosidad en perfecta armonía dando forma a un único ser.*Esta podría ser una de las pocas e insolitas ocasiones en las que se situaría a si mismo en una actitud humilde y servicial*



Tras asentir complacido la figura draconica comenzaría a envolverse en una espiral de energía oscura encogiendo su tamaño lentamente hasta que adopta una complexión humanoide. Mostrándose ahora con una forma horriblemente familiar.

Como sí mirarse en el cristalino reflejo de un manantial Fausto se vería ahora así mismo replicado. Su armadura, sus guanteletes, su acero, su mascara...Una perfecta copia de aquella imagen velada que le ofrece al mundo y que no es mas cierta que un espejismo en el desierto. Ambos se retiraron el yelmo, mostrando el rostro sin ningún tipo de temor. Pues no existe la necesidad de esconderse de uno mismo.

El dragón, ahora en replica de la imagen de Fausto, alzaría su diestra parsimonicamente hasta la altura del pecho. Acariciando la perfecta forma de su torso antes de clavar su garra en su propio torax, introduciéndola profundamente entre la carne y los huesos en un gesto tan salvaje como bizarro; Arrancándose de un tirón su propio corazón aun latente.


​

Entonces se lo tendería a palma alzada a Fausto, mostrando una sonrisa taimada y cruel.



-ES HORA DE QUE OCUPES EL LUGAR QUE TE CORRESPONDE. ¡COME!

-Fausto: (No...no es posible...¡Es mio!) *Decidido se acercaría en avance invasivo y presto, lo suficiente como para tener a mano la "joya" y reclamarla con ansia. Tras tomar el corazón entre sus garras lo contemplaría cual reliquia de incalculable valor. Admirandola con devoción se mantendría cuasi-hipnotizado del poderoso palpito del musculo como si de una macabra y absorbente danza su tratara*


​


-EL MUNDO TEMERÁ TU NOMBRE.

- Fausto: Alimentarme de ti, hacerte parte de mí. Esta ofrenda será la que complete lo que esta incompleto y haga de mi lo que debo ser...Lo que estoy destinado a ser *Visceral, tiránico e incluso osado; comenzaría a devorar sin decoro el corazón. Mordisco a mordico iría achicando el órgano, tragando con viveza en un sádico, retorcido y sangriento espectáculo*



Tras degustar el ultimo bocado y habiendo ya engullido el corazón por completo, repentinamente toda la realidad que les rodeaba comenzaría a derrumbarse ante ellos, quebrándose los cielos como esquirlas de cristal que se desprenden de las altas esferas. Caerían del firmamento, cuales saetas disparadas, una andada de rallos que destruirían todo lo que la tierra sostiene; mientras que en combustión espontanea un fuego voraz desdibujaría cada recodo del lugar oscuro haciendo del lugar un mar candente. Las barreras se habían roto.

En mitad de todo ese caos el dragón le sonreiría; y Fausto le correspondería; contemplandose el uno al otro mientras el sueño se deshace y la nada los devora. De golpe, y antes de consumirse por completo junto con el entorno, entre esas sonrisas cómplices su consciencia se perderia; sumiéndose de nuevo en una profunda narcosis.
Le fue imposible determinar cuanto tiempo dormito en ese estado, pero cuando finalmente abrió los ojos pudo notar que no estaba mucho mas lejos de donde se había desmallado. Quizás había sido un sueño labrado en algún recóndito lugar de su caótica mente; Quizás un funesto augurio; O quizás una autentica revelación enviada por los mismos dioses. Pero lo que estaba claro era que ahora su sangre, hasta aquel momento enquistada bajo los muros de la carne, se habían liberado de toda cadena desatando el poder de su ser. Quien fuera ahora solo le pertenecía a él, por que su viaje; su autentico viaje... Acababa de comenzar.







Apenas se había recompuesto cuando uno pasos delicados delataron a alguien tras de él...



-Campesina: ¿Se encuentra bien, señor? Llevo largo rato velando su cuerpo...*La inocente mujer suspiraría aliviada al reconocer la mejoría de Fausto; ya que ahora estaba consciente* Me asuste mucho al encontrarle en el camino...


Una incontrolable lascivia se agolpo en la mente del discípulo; Ante el la perfecta visión de una delgada pero hermosa joven que se agachaba a sus pies en ánimos de socorrer altruistamente a un perfecto desconocido; Un alma caritativa que apenas sabia de él y aun así le ofrecía su mano amiga. Ataviada con austeridad portaba consigo una cesta con varias viandas ¿Seria una vendedora ambulante...? Poco le importaba...Pues sentía deseos y su única preocupación era saciarlos. Era hora de celebrar.


Lo siguiente que se escucho seria un grito atravesar el pantano; por desgracia nadie mas pudo oírlo.


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Gracias a DM Misery por la maravillosa escena; hago este pequeño relato en tributo a su labor
 

Davigochi12

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La tiránica sangre Oscura. Los excesos del despertar.



Yaciendo en el suelo de aquella vieja y carcomida cabaña del pantano, Fausto tiritaba poseído por agresivas convulsiones mientras chorreaba a mares entre sudores fríos. Altas fiebres le consumían las fuerzas obligandole a postradose entre delirios que desdibujaban su realidad como si de espejismos se trataran; Una y otra vez su mente era golpeada por el recurrente recuerdo de su vigilia introspectiva hacía las sombras de su alma, ocasión en la que quedo liberado completamente de las ataduras que contenían su propia sangre. Mas ahora restaba la parte dolorosa: El cambio físico.
Su mente, su cuerpo, su ser al completo luchaba en una batalla en la que la escasa cordura que le restaba estaba en juego. ¿El premio final a alcanzar? La perfección.

Antaño había padecido la maldición de las llamas que Lanthander impuso sus entrañas, sufrido gravísimas heridas cuasi-mortales durante las guerras del Weldahz, e incluso un dragón aciano había descargado su aliento elemental sobre él directamente provocandoles graves quemaduras; Pero ninguno de esos dolores se asemejaban a aquel que le atormentaba ahora. No tenia idea de como debía ser el proceso para otros discípulos de ralea inferior; Pero para él, procedente de una estirpe superior, fue rápido, muy rápido... Concentrándose todo, incluso los desgarradores dolores, en apenas unos días.



-Fausto: El corazón...El co-corazón...*Balbuceaba una y otra vez completamente ido y fuera de sus cabales a causa de la falta de descanso, alimento y sueño, Carente ya de toda cordura* Yo lo devoré...es mio...¡ES MIO!

-Campesina: Ya esta, ya pasó...*La hermosa joven empapaba su frente con gasas frías mientras le atendía en su convalecencia; tratando de mitigar con sus escasos conocimiento la fiebre*

​


Durante los siguientes días a la revelación su sangre dracónica latente entro en una súbita y violenta ebullición. Cada latido de su corazón expandía el fuego que recorría sus venas e incendiaba su cuerpo, trasladando la magia innata de las altas sierpes por toda su anatomía para forzar su evolución hacia la grandeza:

Sus escamas se endurecieron aun más, forjandose como acero vivo a lo largo de sus extremidades. Hilos de sangre decoraban su cuerpo emergiendo de las profundas laceraciones que las escamas le causaban al nacer desde el interior su piel. Sentía a cada instante como si una fuerza invisible lo estuviera despellejando vivo, llevandole al punto de no poder contenerse, rompiendo en berridos y actos de violencia contra todo cuanto le rodeaba.

Su mandíbula se ensancho; creciendole unos poderosos colmillos que solaparon gran parte de su boca causandole terrible jaquecas y sangrados. El resto de sus dientes se afilaron parcialmente dando como resultado un aspecto aberrante al conjunto de su dentina. No pudiendo probar bocado durante días para mayor de sus desdichas.


​


Sus garras, ya desarrolladas se hicieron aun mas imponentes, creciendo y deformando mas si cabe la estructura osea de sus manos. Tal era la desproporción que en mas de una ocasión acabo cortandose a si mismo por descuido y causandose mas dolor incluso de al que ya estaba destinado de base a padecer .

No paraban de escapar de sus agrietados labios esputos verduscos semi-ácidos, que al derramarse contra el suelo lo corroían entre vapores nocivos, deteriorando mas si cabe la desvencijada cabaña de la campesina que ahora lo cuidaba. Su aliento de dragón se empoderaba polucionándo en entorno de forma incontenible. No siendo pocas las ocasiones en que la mujer tuvo que alejarse para salvar su integridad, regresando mas tarde y una vez superado el trance.

Pero el colofon a tan renovador proceso fue el crecimiento de dos colosales alas; De dentro hacia afuera estas emergieron en apenas en un ciclo lunar. Peor que el mas castigado de los alumbramientos sentía su alma consumirse en llamas mientras los nuevos apéndices tomaban forma y crecían a un ritmo alarmantemente acelerado. Sus huesos crujían, se astillaban y se recomponían en apenas cuestión de horas unas horas...

​

Una vez concluyo el proceso se erguió como un "hijo de dragones"; sintiendose renovado, poderoso, certero. Una nueva criatura formidable y orgullosa a la que pocos podrían igualar, y mucho menos enfrentar. El dolor habia sido tal que podría haber enloquecido a mas aguerrido de los mortales; por suerte había contado los cuidados de aquella joven campesina durante todo el curso de su transformación, la misma que asistió su cuerpo mientras se revelaba ante él la verdad de su alma

Contra todo pronostico después de haberla forzado sometiendola a sus deseos mas ruines , la joven se revelo encantada de su verdadera naturaleza; ofreciéndole su atención, cuidado y afecto. Bien saben los dioses que no estaba en la naturaleza del discípulo ser amable, bondadoso, o cariñoso, pero la veleidosa y encandilante belleza de aquella dama del pantano le hizo hacer una inestable y caprichosa excepción. No le movía, sin embargo, el afecto mas allá que un avaro instinto de posesión egoista.

Desde entonces y durante semanas, siempre que visitaba el pantano también acudía a ella movido por un hipnótico anhelo carnal. Yaciendo apasionadamente juntos en el lecho de su cabaña Fausto daba rienda suelta a sus mas indecorosas fantasía a cambio de un sustento monetario para su nueva y consentida concubina. La mujer en ningún momento se alarmo de su cromatura o de su naturaleza caprichosa y tiránica; sino todo lo contrario, veía belleza en ello, un don por el que alabar a Fausto. Mostrandose sumisa acepto cuanto se esperaba de ella con diligencia; si era una fachada o un ardid, desde luego había logrado los que fuera que se proponía, pues Fausto siempre, de un modo u otro, acababa regresando.



*Semanas mas tarde*



Campesina: Fausto...Estoy embarazada...


Tras de él sonó la dulce voz de la que había sido su sanadora y meretriz, interrumpiendo de golpe el desarrollo de sus pensamientos ¿Embarazada? ¿De él?...¿Tendría un hijo?...


-Fausto: *Encaro a la mujer fulminando con la mirada el vientre que ciertamente ahora lucia mas hinchado que tiempo atras* Es hora de que dejemos claros algunos términos, mujer...



Ya nada quedaba de la persona que una vez fue años atrás. Su pasado apenar era una bruma perdida en el tiempo ante las pretensiones de grandeza que ahora se dibujaban en su avara y retorcida mente. Recordaba a sus padres, si. Recordaba como fue sometido a la esclavitud, cada traición, cada engaño, cada muestra de confianza quebrada...¡Pero ya no mas! Tenia planes, los dioses lo sabían, y solo había dos opciones para él. El todo o la nada. Nunca fue alguien que se conformara con las medias tintas. Se alzaría como rey y regente de todo y cuanto alcanza la creación de los dioses o perecería en el intento... Pero... Ahora tendría descendencia...¿Que implicaría eso para sus planes?
 

Davigochi12

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La pena de no tener latido.
( La melodía en dedicatoria velada a un hijo del ocaso.*Laúd* )


Nadie sabría decir de donde nace el lamento musical; Mas por algunos recodos de la ciudad de la muerte las cuerdas de un laúd se dejan escuchar intermitentes en su melancólica expresión. Para algunos familiar y para otros desconocida, La voz de Sierpe se alzaría sin tapujos en sincera expresión dramática. Nadie sabe que lo mueve a ofrecer tan parca expresión artística; Unos dicen que es un lamento, otros que una inusual practica para los eventos que están por llegar y otros sencillamente lo señalan como un acto tan ajeno a su carácter que lo descartan en una burda imitación del "sangre de dragón".

Sin embargo y en regalo a oídos oportunistas se ofrecería un amargo acompañamiento vocal, sin medida o cadencia del verso, a la melodía de laúd. Que no llegando a ser cante se elevaría mas allá de una simple prosa.




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A aquel que se ahoga en lagrimas carmesí es a quien le dedico mi voz a cada amanecer. El exiliado del fulgor a quien presto mis ojos allí en donde Lanzhánder le ciega y le veda el paso.

Vástago reinante, imperioso rey de las largas noches de insomnio; Cazador, pendenciero, espía de los susurros, estatua marmolea del inmutable museo de la familia quebrada.

Cada uno de tus hermanos es un lucero alzado en el dosel perlado de estrellas sobre las altas esferas de tu memoria. Silencioso en las sombra, peregrino de la oscuridad en un mar de soledades densas y difusas. Inabarcable, inalcanzable... aislado.

Tu única amante y amiga es la mascara que tiñe tu rostros con sinceras mentiras de secreta nostalgia. Porcelana que usas para cubrir tus lagrimas de rojo fuego y enfundar el amargor de tus sonrisas forzadas.

Aun te siento durante la vigilia retirando las piedras del camino a quienes sigues pensando que algún día seguiran tus pasos. Ciego, mintiéndote a ti mismo sin permitirte descontar que esas almas ya no están y no volverán aunque asfixies tus gritos en sus sepulturas vacías.

Antaño recuerdo flaquear, y necesitar en quien confiar mas allá de mí propio linaje; Enmudecido y abrumado me sorprendí a mi mismo buscándote entre la masa con mirada apagada. Si el afecto fuera ciego solo amaríamos a la oscuridad, pues somos barcos que moran sin puerto a la deriva y en necesidad de un faro ahora invisible.

Ahora lo se: Aunque la distancia nos separe en abismos de infinito insalvable, solo necesito buscar el horizonte al caer el crepúsculo y sé, que de alguna suerte de formas, nuestros ojos se cruzaran al morir la luz.

A tu lado tengo alas pero no se volar ni surcar los cielos, tengo colmillos que se desgastan inútiles al tratar de alimentar mi necesidad, mi piel ya no me viste y mi vacío se llena de...nada.

Al fin y al cabo ¿Que es la libertad sino tener derecho a escoger la jaula en que vivir?


Las palabras se apagarían una vez cursada la breve escena, desvaneciéndose la figura del autor en las sombras de la nada antes de morir el eco de la ultima nota. ¿Es este otro de sus extraños regalos?
 

Davigochi12

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La maldición de la Sangre oscura. Soberbia y justicia.​
*Pasados casi un par de años desde su exilio*​


Perdido en algún punto olvidado del pantano que antaño fue su hogar cavó; cavó y cavó durante horas en la húmeda tierra con sus propias garras. Tan profundo llegó y por tanto tiempo lo hizo que estas, ya sangrantes y desprovistas de escamas por el genuino esfuerzo, se desprendieron naturalmente de las uñas que una vez fueron usadas como armas mortales, y de las que tan orgulloso se había sentido en el pasado. Poco le importó esta nimia perdida, pues para entonces ya estaba terminada la tumba en la que enterraría la única luz que le quedaba...una luz ya extinta.

No puedo permitir que sea alzada y manipulada...ella no. Ella merece descanso.​

Se lo debía. Le debía mas que su vida, mucho mas que la felicidad que le regalo, y que el mismo se encargo de destruir... Él se lo debía todo. Ella había salvado su parte humana, pese a que esta no valiera nada... ¿Que mejor lugar para enterrar su pasado que aquel lugar apartado? Allí no solo pondría descansar en paz su cuerpo, sino también los sueños truncados de lo que había sido la única esquirla de esperanza en un mundo de sombras; Su mundo...


Podía sentir perfectamente como el frío de la noche calaba en él, haciendo mella en su ya de por sí maltrecho animo. La lluvia por suerte camuflaría sus lagrimas, si es que aun conservaba la capacidad de lamentarse. ¿Cuando había comenzado a tener conciencia? ¿Y a sentir pena? Ella le había regalado humanidad...
Bien podrían desbordarse las riadas y consumirlo junto con todo rastro de civilización...y que se ahogara el mundo junto con él. Pero ¿De que serviría? Tiempo atrás hasta habría gozado del macabro sacrificio. Pero ahora, allí... con su amor descansando a sus pies, tenía la certeza de que nada le podría volver a proporcionar satisfacción.

Ella era un tercio de su mundo, y el que mas valor tenia. Otro era él mismo, vacío y carente de propósito ¡Un monstruo! un desperdicio borracho de orgullo. Pero al último...Como único acto de bondad al mundo, y en favor de la mujer que había amado, lo salvo dejándolo fuera de su propio alcance.Pues bien sabían los dioses que esa tercera parte, y legado de la vida que hoy enterraba, se merecía otra clase de vida...una muy distinta y lejana a la ponzoña de su padre.

Se reconocía así mismo como un engendro, tan retorcido y corrupto que no tenia salvación posible, y lo peor de todo era que siempre se había deleitado con las atrocidades que cometía, y no podía cambiar. Desde el día en que nació su vida había estado señalada por el infortunio ¿Por que pensó que ahora sería diferente su suerte? ¿Por que es tan propio de los mortales el creerse por encima del designio de la fatalidad?

Nadie sabría decir, ni el mismo supo; cuanto tiempo estuvo allí mismo, contemplando el macabro resultado de su propia rabia, el regalo satírico de su linaje...lo que le había dado la fuerza, y a la vez se lo había quitado todo. ¿Que es un siervo sin un rey? Alguien libre...Pero ¿Que es un rey sin siervos?...Nadie...

Le había tomado mucho dolor, mucho sufrimiento y sobretodo muchos sacrificios, pero al final lo había comprendido... Se había equivocado en tantas cosas... Y por ello había pagado el mas alto precio.

Decidió, en penitencia por su horrible crimen expiarse hasta que perdiera la voz y le sangraran los dedos...Tocando aquella canción de culpa y confesión. Podría negar muchas cosas de entre todas las terribles atrocidades que había cometido, pero no esa. Esta tenía que ser reconocida...




[BBvideo 425,25:vx0ddpt4]http://www.youtube.com/watch?v=ueUlfrWLkI0[/BBvideo]​
*Ambientación para la canción de Fausto/ así se oirá*


Húmeda y fría cae la tierra sobre mi pecho,
Oh, pala de obsidiana que dejas carga en lecho.
Aquí descansaran por siglos los quebrados huesos
roto en mil partes, bajo cientos de penas deshechos.
Se clemente, se piadosa y juzga esta alma que yace
por lo que fue, por lo que pudo ser, no por lo que hace.


Golpe a golpe, clava tus clavas espada
ensarta tus fauces sobre mi alma quebrada.
Guiño a la vida, burla de la muerte armada
esclavo del sino, carente de amada.


¡Escucha mi voz! cantale a la poderosa oscura
Mi dulce amor, hambriento de sueño y eterna locura.
Contempla mi cuerpo, bebe de sus labios profanos
mi presente y regalo son tus recuerdos amargos.
Deleitate con mis lagrimas, saciate con mi ego,
salda así la deuda, cobrandote mi mundo entero.


Golpe a golpe, clava tus clavas espada
ensarta tus fauces sobre mi alma quebrada.
Guiño a la vida, burla de la muerte armada
esclavo del sino, carente de amada.


Oh, gran sierpe de alas negras, sombra de antigua maldad
sufres merecido castigo allá donde oses morar.
Fuerte, soberbio y salvaje no te dejate domar.
Te cuentan doliente en penitencia y expiado en soledad.
Con hambre tragaste el mundo que a ti te alimentaba
ahora arde, consumete en cenizas, que no reste nada.


Golpe a golpe, clava tus clavas espada
ensarta tus fauces sobre mi alma quebrada.
Guiño a la vida, burla de la muerte armada
esclavo del sino, carente de amada
​




Y así, mientras tocaba una otra vez una la melancólica canción acompañado de su violín, sentía como su ira, su soberbia...su orgullo...todo lo que le había forjado y dado forma en el pasado se iba apagando, no quedando mas que un caparazón vacío e insensible. Jamás se volvería a permitir el lujo de sentir el calor ni el cariño de otro ser. Su corazón enmudecería junto con la canción


ojgwxZY.jpg




Nadie sabe si algún día regresó a visitar el lugar después de aquello, pero si es cierto que tras cada luna llena, al amanecer, se puede ver sobre la tosca piedra tallada a mano de la lapida, descansar un lirio niveo manchado de lagrimas.



Grabado de forma tosca en la improvisada lapida se podría leer una única referencia:​
​
"Aquí deposito mi mas preciada joya;
mi don, mi amor, mi yo quebrado en tres...
El hada de mis sueños utópicos,
hasta que la ultima noche nos haga uno otra vez".
​
 

Davigochi12

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La sangre oscura se diluye. Resquicios de un alma en pena​

​

Junto a una encrucijada que dividía varios senderos, cual tela de araña que se extiende por su coto de caza, un hombre aguardaba su destino en mitad de la oscuridad nocturna. Ocupando el único camino que conducía al pantano, privaba el transito a aquellos desaventurados que osaban negligentemente adentrarse en su territorio. La silueta, ataviada con un manto azabache digno de la misma muerte apenas deja entrever su humanidad, salvo por el azul prístino de sus ojos, que asomaban cuales luceros fúnebres entre las capas y capas de tela que lo engalaban.

Frente a él una pequeña turba corrupta por la avaricia reclama el paso; pertrechada con antorchas, rastrillos y otros útiles sencillos propio de los aventureros mas neófitos y pobres.





- Hemos venido a dar caza a la la aberración negra ¡Y reclamaremos su tesoro también! *Ante su afirmación, el resto de la comitiva vitorearía, debía ser su líder* Así que apartate. No tenemos tiempo para sandeces.

- Oh...*Fingiendo sorpresa, llevaría una de sus enguantadas manos hacia la boca* ¿Han oído de la sierpe mestiza de este pantano? ¿Cierto? *Dijo la enorme figura oculta tras varias capas de tela* Pero el pantano es enorme, con cientos de lugares ocultos en donde puede acechar el peligro... les recomiendo que abandonen su plan. Ese ser es muy celoso de sus tesoros... Y seguro lo ha escondido bien...

- ¿Acaso no sabe lo que se rumorea? ¿Como no puede querer sus riquezas también? No es un dragón gigantesco y voraz, y no es un hombre de armas, solo es un monstruo cualquiera que se cree mas de lo que vale ¡Será fácil darle muerte y saquearlo! ¿ A que si chicos? *Expoleó a su séquito*

- No quiero lo que esconde porque conozco su secreto...aunque desearía no hacerlo... *Reconoció la figura misteriosa, con autentico pesar en la voz* Nadie que comparta su suerte puede hallar la felicidad. Abandonad, aun que podéis, vuestro idilio de riqueza fácil. Su oro esta maldito.

- ¿¡COMO QUE SU SECRETO?! *Vocifero el hombre armado, prestando caso omiso a sus advertencias* ¡Dinos lo que sepas del ser del pantano ya, antes de que te parta en dos con mi hacha!


- Solo sé que es un ser del pantano, y su natura esta ligada a él... Siempre fue astuto y sagaz...*Diría con regusto narrativo, exponiendo sus artes bárdicas para embelesar a sus oyentes* Hasta que... se entrometió con aquello que hace sufrir a los hombres...

- ¿Qué los hace sufrir? *Pregunto uno de ellos*

- ¿Tu que crees? *El Narrador posó su mano a la altura del corazón, evidenciando con sutileza a aquello se refería*



Los mas tontos contestaron sin apenas pensar un segundo, y sin prestar caso a sus pistas.



- ¿El dinero?

- ¿El poder?

- ¿El designio de los dioses?

- Una mujer...
*Dijo el mas avispado de todos, y el único que realmente que realmente parecía prestar caso real al narrador*

- Una mujer...*Asintió la figura a la ultima afirmación* La sierpe mestiza se enamoro.

- No, no, no ,no...*Negó uno de ellos convencido* Yo oí que se enamoro de la muerte...¡Que quería ser inmortal!

- Yo que lo hizo de una poderosa hechicera...

- Misma historia diferentes versiones...y todas son ciertas *Molesto ante la interrupción, se cruzo de brazos mientras tensaba su tono* Ella era como la muerte...Nada dócil, inquieta...igual de indomable e incomprensible que él...un misterio echo hembra. Sin duda, ambos eran una mezcla explosiva de mecha corta. Pero...*El hombre, afectado por alguna suerte de flaqueza emocional, tomó aire antes de continuar* tras ser repudiado por los suyos enloqueció, y en un trágico desliz...la mato. Aun así dicen que jamas dejó de amarla...Jamas lo ha dejado de hacer... *Risas primitivas y básicas se oyeron por parte de alguno de los hombres. Con lascivia dejaron correr su imaginación, codeandose unos a otros, haciéndose cómplices de sus fantasías. La falta de respeto pareció enervar al narrador de la historia, pero que de algún modo logro no dejarse turbar* Pero su perdida le causaba demasiado dolor para vivir...¡Ah!...Mas no lo suficiente como para morir...

- ¿Y entonces que es eso "único" que dicen que tiene su tesoro? Aquella...*Chascaría los ledos al aire, haciendo un esfuerzo por recordar* cosa de un valor incalculable...

- El guardo su corazón junto con su tesoro...

- ¿Literal o figurativamente? *Dijo el mas lerdo de ellos, rascándose la sesera como si esta fuera a prender en cualquier momento por el esfuerzo intelectual*

- No pudo literalmente guardar su corazón...¡Imbécil! *Le espeto otro de ellos dándole una colleja* ...¿O sí? *Volvió a mirar al narrador, esperando que continuara*

- Ya no le satisfacían la poca felicidad que la vida podía otorgarle, los pequeños placeres del hombre se le volvieron amargos e indeseables...*Continuo narrando, marcando pausas para alzar la tensión de su "historia"* Así que...el mestizo de dragón, tras perder a su amada renuncio a su propio "corazón", y... lo guardo en un cofre que mantendría a salvo con el resto de sus tesoros. Y... ya saben lo que dicen sobre el corazón de un dragón... que este alberga su alma.

- Pero entonces...¿Se arranco su corazón de verdad , o no? *Insistió de nuevo el mas pánfilo*

- ¡Que te calles flynn! Que nos lo dice ahora, Juér...*Su jefe le arreo otra colleja*

- Pues...*Tras tomar aire el encapuchado continuo* El alma de un dragón, dicen...es mas valiosa que cualquier piedra preciosa, metal noble o artefacto arcano que se pueda encontrar,...Pero..."Tsk" * Chasqueo la lengua, y los dedos a la vez, como si hubiera encontrado un repentino problema* El dragón no permitirá que nadie se acerque a su corazón... Así que les repetiré de nuevo...Por favor, marchense de este pantano y no regresen jamas.

- ¡Jefe, yo quiero el alma de ese dragón! ¡Quiero ser rico!

- Si, y yo jefe, y yo

- Te agradecemos la información, pero solo son cuentos de vieja. Con corazón o no, reclamaremos su tesoro. ¡JÁ! ¡Ahora apartate!*Sentenció finalmente el que ejercía de líder*


- . . .*Entonces el encapuchado negó con pesar, dedicándole, para sorpresa de todos, palabras confidentes a un ente que parecía solo poder ver él* ...sabes que lo intente. Pero este mundo no me dejara ser lo que soy... siempre me buscaran y trataran de darme caza. Robarme lo que es mio... *De un silbante tajo desenvaino el acero de su Espadón, dispuesto a dar castigo a la osadía de los aventureros*




Antes de que ninguno de los presentes pudiera siquiera reaccionar la muerte se cerco sobre ellos. Los gritos de terror y agonía se hacían ecos entre los arboles marchitos cercanos al pantano. Mas nadie los escucho, nadie salvo el "monstruo" del pantano que les había dado fin. Esa noche el pantano gano nuevos cuerpos de los que alimentarse.


​





ojgwxZY.jpg



Horas después de que los gritos callaran, y la ultima gota de sangre fuera derramada, aquella extraña figura se hallaba sentada en una gran roca en lo mas profundo del pantano, con la mirada perdida en la nada. De no ser por la lluvia el mundo habría sabido que una lagrima peregrina había despertado en él. Entre sus garras descansaba una vieja cajíta de música echa a mano. Abierta, sonaba dejando flotar su suave melodía por las inmediaciones. Una canción de nostalgia, pena y culpa que castigaba el "corazón" del discípulo de dragón.


El hombre hipnotizado por los recuerdos de felicidad a los que les trasportaba la música apenas tenia conciencia de si mismo. No necesitaba comer, no padecía, no sufría...Solo existía el y la melodía que mantenía vivo el recuerdo de su amada...

Ese había sido el ultimo regalo que le había echo el único ser que lo había llegado a querer de verdad en este mundo. Mas allá del aspecto, mas allá de las palabras. Amor real capaz de derretir corazones de hielo.

En la tapa de la cajita de música se hallaban inscrita las palabras: "Mi corazón"



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De nuevo, y bajo el manto de una noche lluviosa se escucharía la misma melodía, pero esta vez acompañada de la voz doliente del monstruo de los pantanos
 

Davigochi12

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La sangre olvidada. Lamentos de un linaje vacío​


Y una vez mas abrió los ojos; angustiado y tembloroso, empapado en sudores fríos tras sufrir otras de sus recurrentes pesadillas contaminadas con traición y culpa. El entumecimiento tras cada amanecer le duraba horas a causa del increpante y mortuorio frío del subsuelo, y mientras se frotaba los antebrazos con la palma de sus garras agrietadas para entrar en calor se preguntaba constantemente... "¿Cuantas jornadas llevo ya apartado del resto de la humanidad?"


Tomo él laúd que descansaba a su vera, disponiéndose justo como lo llevaba haciendo por meses, a expresar con sus violadas melodías aquello para lo que las palabras ya no le alcanzaban. Tomó aliento, y por un momento la pudo sentir, allí mismo junto a él, rodeándole en un cálido abrazo. Pero eso era imposible... estaba muerta, y él bien lo sabía. ¿Estaría perdiendo la poca cordura que le restaba?


Acariciando las cuerdas de su instrumento ofreció el que podría ser su ultimo concierto a dúo con las voces silentes de su cabeza, aquellas que solo él podía oír, y a las que se resistía a dejar marchar.
[BBvideo 425,25:usr8e9i6]http://www.youtube.com/watch?v=RXAniQbCLsM&feature=youtu.be[/BBvideo]​


En el limbo del reino de los muertos, bajo el manto de la piedra salvaje y sobre el lecho de la tierra baldía, aguardaba como una mas de las cientos de lapidas que engalaban las criptas a esperas del reclamo de los vástagos de la no-vida. Aunque...¿Quien podría asegurar que una de esas tumbas no sería para él?



​
Había tenido que mantenerse allí a lo largo de varios días mientras se debatía si se aceptaba su perdón, y aun debería estarlo por mas tiempo. Tanto como fuera el capricho y deseo de los monarcas reinaban en la noche.​


Debía reconocer que la austera soledad que le habían impuesto era un castigo ingenioso, ya que lejos de su ambiente predilecto no podía sino enfrentarse a sí mismo para entretener su mente. Fustigándose por imperativo legal una y otra vez al tener que aceptarse forzosamente como único causante y culpable de todos sus males. Fausto...Sierpe...Bruma...Sangrevil. Da igual como se hiciera llamar, su destino siempre había sido el mismo... La desdicha

Amagó una lúgubre sonrisa al considerar como antaño esto le hubiera conducido a la histeria. Sin embargo a día de hoy, con la conciencia ya extinta, el corazón ausente; y reconociéndose a sí mismo como un pelele con el que el destino se desquitaba con cientos de burlas irónicas y maldades sibilinas, ya poco le importaba su propia suerte. Si moría allí mismo ya fuera por la debilidad causada por inanición, bajo el yugo de una repentina enfermedad, o incluso presa de alguna desafortunada emboscada... Nadie, siquiera los que "tiempo a" decían ser su familia, le darían importancia a tan nimia perdida ¿Si quiera él se la daría?

Apenas había tenido compañía alguna en las ultimas dekhanas, y en los pocos momentos en que el destino le había concedido la casualidad de un encuentro, este solo duro aquello que la cortesía mas ligera obligaba a mantener. Descontando, por supuesto, a quienes solo se acercaron a él para deleitarse con su desgracia.

¡Cuanto echaba de menos su pantano! Allí también estaba solo, si. Pero era libre de acudir al recuerdo de su amada con libertad. Su propia esencia primigenia estaba conectada a este, así como sus únicos recuerdos felices... Aunque eso no aliviaba el peso de una vida que se le antojaba miserable.


​


A su mente acudieron en repetidas ocasiones los recuerdos casi extintos de sus padres. Ellos siempre velaron por su bienestar, regalandole afecto en su mas tierna infancia. Le demostraron siempre cuan importante era su vida, y... ya al final, y como ultimo presente, se sacrificaron por él...¿Acaso el amor de un padre era tan puro e incondicional, tan absolutamente genuino e irrepetible, que jamas podría volverse a sentirse arropado? ¡Dioses! Cuanto necesitaba algo a lo que aferrarse...Repaso el computo de su vida...sus años de esclavitud, los experimentos a los que fue sometido en Thay, su huida...su llegada a Anm, su paso por la necropolis, la creación de la legión mercenaria, su transito dracónido, su caída... Y como él mismo asesino su futuro y esperanzas...

Una trayectoria digna de las odas de algún bardo versado en las artes narrativas... Mas para él, que saboreaba el regusto amargo de la soledad, todo aquello que había sido su existencia no era mas que un mal chiste. Una pantomima que servía de placebo para lo que debía ser una auténtica vida.



La soledad es un espejo que no miente... *Dijo para sí, siendo estas una de las pocas expresiones que nacieran de sus labios*



Podía sentir el peso invisible de las cadenas atándole una vez mas, justo como cuando fue un crió. Quizás nunca había dejado de ser un esclavo y solo había cambiado de dueño...Siendo ahora preso de si mismo. Que ironía tan deliciosa era el sentirse reo de tu propia inmundicia.



Continuó tocando su viejo laúd mientras su mente atravesaba fugaz por todos estos pensamientos. Sin llegar a perderse una sola nota, como si su música tuviera el poder de sumirlo en un trance onírico capaz de calmar, al menos el parte, el desasosiego de su alma

​



Una vez mas volcó la vista atrás... Había echo muchos enemigos, y no pocos eran los que querían verle muerto. Todos sus logros habían sido sepultados bajo toneladas de soberbia e ira... ¿Con semejante carta de presentación que posibilidades existían para él?

Nadie entendía que ya no quería vivir, que ya nunca podría sentir la dicha de la victoria o relamerse de gusto al abatir a una presa digna. Estaba cansado, muy cansado, se acostaba cada noche esperando no abrir los ojos nunca mas. Y sin embargo le faltaban las fuerzas para arrebatarse el mismo la vida, o entereza para dejarse sacrificar como el animal herido que era... Mas por mucho que quisiera extirparlo, dentro de él aun brillaba un tenue y débil halo de esperanza...Y eso era lo que hacia que su corazón aun latiera. Mas no por estar vivo dejaba de ser sentirse tan en ruinas como el espacio que habitaba.


¿Podría acaso empezar de cero?¿ Llegar a reconstruirse? ¿La vida le daría otra oportunidad? ¿O a caso ya estaba condenado y sentenciado sin siquiera saberlo?

¿No resultaba acaso una burla caustica que esperara encontrar la esperanza de la vida en el reino de los muertos?
 

Davigochi12

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Sangre coagulada que vuelve a fluir. Luz en las sombras.​


Ya cuando pensabase abandonado de toda esperanza, tentado por la idea de entregarse al olvido de su propia existencia; haría acto de presencia frente a él una pequeña figura encogida, repletas de lujosos ropajes exóticos llenos de filagramas y múltiples abalorios. Al son que marcan sus pasos tintinearían una gran cantidad de amuletos golpeándose unos contra otros. Escuchándose ya desde lejos su lento e inexorable avance por las criptas, mientras que a la par con sus pisadas, sus vidriosos ojos no restarían en su estudio del profano lugar. Posando finalmente su vista en el exiliado de todo honor, objeto de su caprichoso interés.


​



Por su parte la colosal figura de Sierpe, antaño reconocida por su fiereza y soberbia desmedidas, enmudecería la música que emanaba del vaiven de sus garras sobre las cuerdas del laúd. Alzando finalmente el mentón para contemplar a quien se molestaba en visitarle en el pozo de inmundicia en que residía ahora.



Mentuhotep - Que las arenas del desierto os guarden, guardián de la muerte *Con tanta pompa como solemnidad la enigmática figura se alzaría pretenciosa, enarbolando con gracilidad sus decrepitas manos*

Sierpe - No merezco tal titulo, no al menos a día de hoy. No soy mas que un exiliado, rechazado incluso por la proclama de la no-vida. Llevo dekhanas aquí, practicamente abandonado a la soledad ,con mis pensamientos y el vacío de mi alma. *Aun cuando sus palabras son punzantes no se perdería la evidente ponzoña del amargor en cada unos de sus vocablos*

Mentuhotep - Pareciera que esperáis cita con la misma muerte, mas no os alcanza aun. Todos los siervos de ella son dignos e iguales en el juicio. Tu nombre ya no importa, no hacen falta presentaciones, pues sera allá, el juicio de los muertos cuando tu corazón sea pesado en una balanza para saber tu obra. Sirves a la oscuridad, opacas la luz de aquellos que tratan de usurpar nuestro legado. Portas el mal a cada paso ¿No es así?

Sierpe - *No osaría confirmarlo; sintiéndose demasiado herido e inseguro como pare erigirse como portador de nada* Si ambos nos despojados de nombres solo me resta preguntaros... ¿Entonces que demanda la muerte de mi?¿A que le debo entonces la gratitud de vuestra compañía? *En susurros serpentinos su voz sisearía doliente, acariciando los oídos ruines de los muertos de las criptas, aquellos mismos que encontrarían deleite en su pesar*



Y así fue como Mentuhotep, hijo de Amenenkaf, de las lejanas tierras de mulhoran; allá en donde se creo el mundo y de donde brotaban salvajes las fuentes del mal y la sombra, se presento ante Sierpe el exiliado. No haciendo falta nombre ni títulos. Sin ser príncipe, conde o voz de nadie mas que de sí... Pero mostrandose, no obstante, igual de orgulloso y altivo, como si él fuera el mismísimo portador indisoluble de su civilización.



Mentuhotep - Ven...Caminaremos el mismo sendero esta noche *Con un grácil ademan le indicaría que lo siguiera, y pese a no elevarse como una orden lo sería* Demasiados males tratan de sesgar nuestra quietud y descanso...

Sierpe - Son tiempos de Guerra...*Atino a responder, aun desconcertado*

Mentuhotep - La guerras siempre nos han favorecido *Sentenció con infinita seguridad, destilando una osadía ciega con la que Sierpe en el pasado estaba mas que familiarizado. Pero el carisma del no-muerto era tal que no pudo sino dejarse llevar, y acompañarlo allí en donde el destino señalara* Niño... Demasiado tiempo has permitido que la luz mengue tu confianza, ven yo te guiaré.



Paso a paso, el uno al lado del otro, ambas figuras se perderían, consumiéndose en la oscuridad hasta alejarse de la vista de cuantos alzados pudieran custodiar los muros de la Necropolis. Algunas noches se sucedieron antes de que ambos retornaran nuevamente al mismo lugar. Nadie sabe donde estuvieron, ni que hicieron durante su larga ausencia. Eso es un secreto del que solo fueron testigo las escamas negras de un monstruo y las arenas del desierto del corazón de otro. Solo una cosa fue determinada y expuesta aquellos días. El exiliado había velado con su vida por la seguridad del siervo de las dunas. Regalando así con su sacrificio y sangre la salvaguarda del no-muerto.



Mentuhotep - Esperad mi regreso, no tardaré. Tu gloria no será extinta en esta tierra baldía.

Sierpe - Lo que sea mi destino solo lo pueden decidir los grandes monarcas de la noche. Nada tengo conmigo mas que la espera incierta y el paso de las lunas.

Mentuhotep - Conocerás el sendero, destinados estamos a caminar juntos; y solo las arenas del desierto conocerán el desenlace antes de que nos postremos en la pirámide negra, allá donde reposa su trono...



​


Tan majestuosa como siniestra ,la ostentosa figura marchó. No dejando tras de si nada mas cientos de preguntas inconclusas y reflexiones inconexas sembradas a propósito en la castigada mente del mestizo dracónico. Sí, aun deseaba silenciar las voces que fustigaban su mente, y para ello mismo pareciera que el destino por una vez hubiera oído su ruego, ofreciéndole un entretenimiento loable en aquel críptico hombre; cuya presencia misteriosa fue una de las que acudió a oír su suplica silente cuando a penas otros sí se dignaron a hacerlo.
 

Davigochi12

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Las sangre oscura renace: La prelada oscura.​




Seis meses habían pasado ya desde que sus pasos, guiados por la estela de su pesares, lo llevaron de nuevo a las puertas de la ciudad inmortal, lugar al que antaño había tenido la osadía de considerar su hogar. Y tras el trascurso de estos seis largos meses allí seguía, exiliado y aguardando por una respuesta que los contemplativos hijos de la muerte se resistían a otorgarle. No obstante al paso de los días si se habían producidos cambios significativos en él... Ya no languidecía miserablemente, ni padecía por la funestidad a la que creía le condenaba su sino marcado por los dioses. De algún modo había logrado empoderarse nuevamente y volvía a abrazar su linaje con orgulloso fervor. Cierto es que había aprendido, y por las malas, de la única forma que un ser caótico y salvaje como él era capaz de hacer... sufriendo y a golpes. Pues solo las lecciones grabadas a fuego en su corazón, aquellas que cicatrizaban y lo marcaban de forma indeleble, eran las que perduraban en su anima. Y esta había sido una de ellas.

Escaso entretenimiento encontraba en la morada de las muertos, pues el jardín de Bodhi no era mas que un yermo baldío en donde los alzados hacían de guardianes estoicos al paso de las eras. Nada salvo las idas y venidas de los no-muertos y sus afines lograban sacarle de la monotonía. Salvo, claro esta, cuando se daban los extraños casos en que, en arias de probarle, se le comandaba algún requerimiento.


​
Pero ese día fue diferente, pues una visita inesperada acudió en su búsqueda...​

Y así, mientras bordaba con sus deformes garras serpentinas el tapiz de una tenue cantinela nacida de su laúd, regalando a los oídos muertos de sus oyentes la mas melancólicas de las tunas, al rasgar en furtivos acordes los versos violados de un recuerdo que solo el arte sabría expresar; no tardaría en hacerse notar una presencia familiar en los dominios de Bodhi. Sierpe alzaría la testa fijando con intensidad su acerada mirada sobre la no-muerta, reconociendo su regio porte en el acto. No tardaría en asesinar su concierto, decidiéndose a prestarle oídos a aquella mujer que, por algún motivo, acudió a su encuentro. Guardando el laúd entre sus pertrechos con suma delicadeza, como si de un tesoro longevo y único se tratara, antes de nada.


- Sierpe - Eterna muerte.


La prelada a la que dedicó sus palabras se asomaría a las sagradas criptas para contemplar en un barrido visual que abarcaría todos los dominios de los inmortales: los alzados y su numero, así como al dragón caído en desgracia. Un tintineo de huesos anticiparía cada uno de sus pasos y a la vez delataría la presencia de la inmortal, que avanzaría dominante por el lugar acariciando con los bajos de sus faldones el suelo que tanto amaba, y al que dedica, junto con sus gentes, la inmortalidad de sus días.


- Amon - Eterna muerte *Asentiría solemne y con porte religioso en réplica a Sierpe. Deteniéndose a una distancia prudencial se apoyaría en su bastón, observando*


​


- Sierpe - Tiempo hace que no alegrabais las criptas con vuestra presencia, sacerdotisa *Su voz, aunque fría y distante se acunaría con gravedad en los siseos mas inhumanos. Algo solo propio de aquellos que son bendecidos con el linaje primigenio de una de las razas creadoras. Dedicándole el mayor grado de respeto del que puede valerse*

- Amon - Veo una vez mas que los rumores no son mentira, como la melodía en el aire del tiempo en estas criptas; que se plasman con el sonido que expresan las cuerdas de vuestro instrumento. *Cavernosa y oscura seria su voz, y aunque serena atendería la presencia del discípulo* Estáis aquí.

- Sierpe - Así es, y ya pensaba que nunca me concederíais la gracia de vuestro verbo. Me alegro de que al fin os halláis decidido, Este jardín no es lo mismo sin vos *Exhalaría parsimonioso en un deje de humanidad que poco casaría con el funesto ambiente que lo envuelve. Sin embargo su mirada celeste seria la propia de un cazador, una bestia fiera que se contiene por el mero capricho de su propia mesura*

- Amon - Es verdad Sierpe, tiempo hace que no me presentaba por aquí ...*Tensaría un sonrisa de lado, coronada con su perlada dentadura* ¿Pero porque no concederte mi verbo? Después de todo, supongo que si estoy aquí es porque el jactancioso lo permite. Pero dime, mas bien... ¿Por que no me cuentas de ti Sierpe?

- Sierpe - Preguntad con libertad ¿Que deseais saber?



​

A estas alturas nada sentía la necesidad de ocultar el joven Discípulo, poco le ataba ya de su vida pasada, y menos aun eran las lealtades que les dedicaba a los ajenos a la Necropolis. Cierto era que antaño disfrutó sobremanera con las mascaras, y los juegos de luces y sombras en donde ocultar sus intenciones; Pero ahora, y aunque aun dominaba tales artes, no sentía interés en mostrarse hermético o esquivo. No al menos con aquellos a los que deseaba complacer, no con los inmortales.



- Amon - El tiempo no es el mismo para ambos, y seguramente has "vivido" bastantes tribulaciones y tormentas en todo este tiempo. Así como también los míos y yo fuimos derrotados por una inminente cruzada . . . *Marcaría una pausa * Pero un tropezón no es caída. *Aclararía tajante*

- Sierpe - Concuerdo con ello, una tumba solo lo es si no eres capaz de levantarte de nuevo y continuar tu senda. Solo lamento que no se me permitiera prestar mi fuerza en la contienda.*Se tomaría un segundo de sosiego dentro de su ya de por sí frío carácter, antes de abordar la otra cuestión* Como vos decís muchas tribulaciones y bagajes me han costado el mas alto precio, mas gustoso lo pagué. Lo veo claro ahora bajo la premisa de los días y los meses. Pues ahora se que este es mi lugar y no otro. Mi exilio fue ciertamente un favor... No había control en mi ser, la corte actuó juiciosa. Y gracias ha ello he renacido de lo que una vez fui, aprendidas mis lecciones. Como se suele decir,las experiencias mas dolorosas son de las que mas sacamos y con las que mas crecemos ¿No estáis de acuerdo? *Su voz rasgada se asemejaría en un cuasi-rugido. Marcando ecos por las criptas bajo el yugo de su expresión pausada. No seria ya, a ojos de todos, un alma en pena pues la fuerza de antaño habían retornado para a ser una con su ser una vez mas. Orgulloso, sí. Pero también sabiendo ser respetuoso con quien debe*

- Amon - En efecto, totalmente de acuerdo así como de que existe también el aprendizaje detrás de cada desencanto *Observa a los lados con disimulo, asegurándose de no tener invitados no deseados, para continuar después elevando su imperiosa cuestión* ¿Te has sentido decepcionado de ti mismo?

- Sierpe - Decepción....es una palabra complicada. ¿De mi mismo...? *Negaría con suavidad, marcando un acentuado vaivén con la testa* Diría que de varias de mis decisiones, mas bien. Ya no soy el que fui, sacerdotisa. Ese ser cayó en desgracia y fue sepultado bajo montañas de soberbia e ira. Quizás de aquel que enterré sí... *Se mesaría la barbilla por encima del yelmo, dándole vueltas en su foro interno a ese pensamiento peregrino* Es sin duda una cuestión ardua de contestar *Concedería a la postre* Mas tengo claro que sí decepcione a varios de los hijos de la muerte, y es eso lo que trato de enmendar.



Su volátil personalidad, aquella que antes le devoraba como una ponzoña, ahora era domada por su propia razón, permitiéndole profundizar en pensamientos tan existenciales como este. Mucho había sufrido y mucho se había lamentado, fue un camino arduo el que se había obligado a recorrer a rastras por una senda llena de espinas, pero al final...tras la metamorfosis... Había logrado alcanzar nuevos umbrales de consciencia, de auto-control.
Al final alzaría la testa orgulloso, y elevando el mentón enfatizaría este hecho aun mas por la disparidad de complexiones entre la sacerdotisa y la bestia. Aun así pudiendo y sabiendo ofrecer oídos sinceros a las palabras de su interlocutoras; pues su gesto, lejos de buscar desprestigiar a otros, solo era un reflejo de su propia vanidad.



- Amon - Exactamente *El porte de la suma sacerdotisa seria recto y sin fisuras en sus palabras, mas contemplaría desde su juicio sabio y solemne las palabras que expresa el primigenio. Haciendo genuinamente uso de la empatia para comprenderle* Uno se siente decepcionado de las actitudes que condicionan y terminan mal. Veo con agrado vuestra evolución... o mejor dicho, la forma en la que renacisteis. Si os puedo dotar de mi sabiduría, aconsejo que no viváis en otro lugar mas que en el presente. Pues el pasado acarrea desilusión o tristeza, y el futuro trae consigo la angustia.

- Sierpe - Sabias palabras... *Su mirada bailaría entre las lapidas y ruinas de la cripta, un entorno poco acogedor para los vivos. Pero ciertamente y tal como recitaba la sacerdotisa, poco poseía mas que el presente y un futuro incierto*

- Amon - Es...y me resulta extraño tener esta conversación con un ser que recuerdo antaño era tan ponzoñoso como cerrado.*Reiría con levedad por unos instantes, arrastrada por un vestigio de sus recuerdos*

- Sierpe - Han llovido mucho, años han pasado desde mi partida. Al igual que mis ancestros, con la edad la sabiduría y la madurez se hacen un lugar en mi. No es de extrañar que de la juventud mas enervante se de paso al florecimiento de un gran y regio ser. Los dragones que bendicen mi sangre son la prueba fehaciente de lo que digo, ya que con el paso de las centurias alcanzas cuotas de sapiencia a los que pocos pueden siquiera soñar con rozar.


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Largo y tendido divagaron por los recueros del pasado en una charla "ociosa": La llegada en su día de una Amon inexperta pero dadivosa, como completaron los requerimientos para la Reina Ireth saciando su gusto, y un sin fin de momentos mas que, de una forma u otra, ambos abrazaron con estima al ser rescatados de la bruma del pasado...



- Amon - ...Y míranos nada mas Sierpe, al final lo único estable es el cambio constante.

- Sierpe - Hasta lo perenne debe saber adaptarse. Estancarse es perecer... Si yo me hubiera mantenido igual que cuando marche, poco seria de mi mas que una bestia salvaje y sin juicio a estas alturas.

- Amon - Estancarse es perecer
*Replicaría con aprobación* Y es por ello que le jactancioso de la cripta anima a sus fieles y simpatizantes a que no se conformen, que exploren ambos rostros de la existencia, ambas caras de la moneda, vida y muerte por igual.*Reduciría las distancias apenas un paso de su mortecina figura, para así seguir con la conversación con mayor intimidad y cercanía entre ambos* Ahora bien Sierpe, ademas de tu fuerza, tus capacidades y habilidades... hoy por hoy, esta nueva versión de ti mismo que has moldeado como se pule el barro...¿Que mas puedes ofrecer a este imperio que para mi lo es todo? ¿A los míos? ¿ Y a mi?.


​


- Sierpe - Todo *Sentenciaría con firmeza, arrastrando cada uno de los vocablos con meticulosa dedicación, dándole un énfasis notorio y mayúsculo a la palabra* Mi lugar es este, así como antaño fue mi hogar deseo que lo vuelva a ser. Pues es menester y bien sabido que los dragones bendicen su cubil con todas las bondades de las que son capaces *Poético en su verbo, pues el arte innato que completa su sangre así lo permite, expresaría sus palabras con una sinceridad melódicamente salvaje*

- Amon - Perfecto Sierpe, por que de llegar a dar mi voto como positivo a vuestro regreso no esperaría menos de ti. *Asentiría con aprobación, con porte religioso al igual que recto, matizando con la serenidad de su oscura voz*

- Sierpe - Y no menos recibiréis de mi que lo mencionado. A la Necropolis pretendo encomendarme, y a ella reservaré, para su gloria y poder, todos mis esfuerzos.

- Amon - Que así sea por el resto de vuestra longevidad, Sierpe...Por mi parte debo volver en este momento a la comunión con mi valedor. Y por mi, este encuentro no ha sido sino fructífero.*Amagaría el ademan de la despedida, recta y señorial, modo en el que suele tratar a los suyos*



Antes de poder darse por concluido el encuentro una tercera figura engalada con los colores rojizos y vivos de la sangre, y a la cual ya conocían sobradamente, acudió al lugar. Enervando con sus palabras el calmo y solemne ambiente que ambos, no-muerta y dragón, habían logrado crear en su "concilio". Quebrandose irremediablemente la paz del momento.



- Cantoscuro - Por que será que lo imaginaba... ¿No tenéis casa? *Tras recriminar con aspereza al Discípulo, volcaría su atención hacia la sacerdotisa, increpándola con su cuestión* ¿Que hace "esto" todavía aquí?



La actitud del no-muerto era algo que a Sierpe aun se le escapaba. No lograba entender aquello en lo que podría haber fallado como para causar semejante afrenta; Mas aun así... Quisiera o no, habría de enmendarlo llegado el momento. Pero esa batalla debería de ser abordado en otra ocasión... ¿Cómo alguien al que el pasado había idolatrado de tal manera podía ...?
Habría de seguir aguardando... Seis meses llevaba ya... ¿Que serían unos días mas? Algo debía de reconocer, su paciencia se estaba desarrollando mas allá de todo limite posible.


¿Llegaría alguna vez el veredicto, o sencillamente se divertían a costa de él?​
 

Davigochi12

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La sangre se seca: Pesadillas de dunas y fuego.​


Se encontraba rodeado de la mas densa y absoluta de las oscuridades, tanto que el mismo ambiente enrarecido por hilos vaporosos de la negrura, tejidos por las ténebres agujas de una noche, carecía de ningún lucero o luz celestial para alumbrar lo mas mínimo el decadente entorno. Dificultandose su respiración por una fuerza extraña e invisible, y viéndose quebrada cualquier posibilidad de sosiego en su animo.


Nada...Silencio... El vacío... La sed.​


Y de pronto lo sintió; un hormigueo casi imperceptible recorriéndole todo su cuerpo, que poco a poco se intensificaba al rozar los limites de los imposible. Una suave, en principio, pero crispante caricia que rozó cada palmo de su anatomía en su osado recorrido serpentino a través de su cuerpo; Desde las zonas menos castas hasta el interior de sus cavidades mas intimas. Sin pudor alguno. Sintiendo como ese conquilleo irritante, se colaba entre la piel, las escamas, la carne y el hueso, y llegaba hasta la piedra angular de su ser, su corazón.

Gruño, batió las alas, trato de zafarse; Mas todo fue en balde, sus piernas estaban ancladas en el mullido suelo que pisaba, no tenia escapatoria posible. Todo le picaba, le ardía... Lo secaba haciéndolo decrépito bajo el yugo de un paisaje silente y oscuro. No había testigos, ni quien le socorriera. Solo la mortuoria negrura que lo envolvía en su infinito abrazo, y una asfixiante e inconmensurable sensación de Sed.


Y justo en ese momento despunto el sol en el horizonte...​


La luz del alba recorrió las dunas del desierto como cascadas niveas a ras de suelo, bendiciendo la vista con el fulgor de un nuevo y nítido amanecer. Naciendo con rapidez en el horizonte, el astro rey se alzó en un recorrido vertiginoso y directo hasta lo mas alto, tanto que en cuestión de segundos ya había alcanzado su culmen. Alumbrando desde su empoderada posición el desierto yermo de vida en el que, sin saber como había llegado, se encontraba ahora cautivo.

Cegado por el inclemente sol bajo su mirada para contemplar sus propias garras, pues y a pesar de todo, su cuerpo aun le carcomía en terribles escozores. Aquello que observó le hizo palidecer, y no pudo gritar o rugir, no pudo siquiera hablar. Sus garras habían tornado en arena. El mismo era ahora de arena...¡Ahora lo comprendía! Aquel cosquilleo inicial no fue sino la ponzoña del Faraón adentrándose en su ser. Su cuerpo fue barrido por granitos de arenisca tostada que se incrustaban entre las hendeduras de sus escamas. Violando la inmaculez de su cuerpo con su profana y necrótica magia. ¡Estaba dentro de él! Y ahora no era en lo mas mínimo diferente al suelo del desierto que pisaba...Derritiéndose, su cuerpo se deshacía perdiendo la consistencia. Pronto no sería mas que huesos y cenizas enterrados en un mar de dunas-


El sol, el calor... ¿Por qué ardía tan fervientemente el astro Rey? Esto iba mas allá de toda posible comprensión.​


Alzó como pudo la vista, aunque ya no tenia ojos con que mirar; Pues eran ahora poco menos una sustancia viscosa parecida al barro. Y pese a todo pudo verlo. El sol no era redondo, era triangular como una pirámide invertida...Y crecía, crecía y crecía... Ocupando todo el firmamento mas y mas a cada segundo que pasaba. El calor paso de ser molesto, a sofocante, y de ahí a ser calcinador y mortal. Sentía como le hervía la poca sangre que le quedaba, su cuerpo era ya tan solo arena humeante que se cristalizaba por las altas temperaturas.


​


Quiso gritar, pedir socorro, mover los pies o salir volando, correr...PERO NO PODÍA, ahora el desierto estaba dentro de él. Y el era parte del desierto.

Y cuando la agonía, la sed y el tormento fueron uno, y ya nada podía ir a peor; fue... Sobre las áridos valles de infinita arena, aquella mística pirámide flotante usurpadora del astro rey se desprendió de su sustento. Precipitándose sobre el desierto cual meteorito incandescente al rojo vivo... Iba a aplastarle...iba a morir...


ojgwxZY.jpg




- ¡GRAAAAAAHHHHHHH! *Su rugido fue tal, que todas las criptas se vieron ensordecidas por el bramido de sus entrañas. Naciendo su grito de lo mas profundo de su ser. Empapado en sudores fríos, nervioso, con el corazón desbocado y a punto de estallarle... Tenia sed...¡Tanta sed!*



Ya era la segunda vez que sufría una grave maldición a manos de los enemigos de la Necropolis al combatir codo con codo con los hijos del primero. Ambas relacionadas, de un modo u otro, con el Sol, ambas internas en su ser, ambas corrompiendole con fuego y sed las entrañas...


Era una linda ironía que siempre resultará ser el astro rey su enemigo...​
¿Seria acaso un augurio o una señal del destino?​

Solo tenía algo por seguro a día de hoy: Que no moriría a manos de un estúpido Faraón venido a menos, no se dejaría amedrentar por su maldiciones vacuas, y sobre todo...
Que se cobraría su venganza.​
​
 

Davigochi12

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La voz ahogada de la sangre: Susurros inaudibles​



Tiempo ha desde que finalmente el discípulo había recuperado su estatus, su posición y lo mas importante: Su orgullo. Muchos sacrificios habían sido requeridos a lo largo de su ascenso, y más aún fueron los escarnios que había tenido que sufrir. ¿Le importaba?... Ni lo mas mínimo. Se arrancaría a si mismo las alas, cada una de sus escamas, y la lengua ,si con ello logrará alcanzar su más ansiado y genuino deseo. Pero ahora, en este momento exacto de su vida, no podía aventurarse a aseverar cuan cerca o lejos se encontraba de hacerlo suyo.

Si tratara de profetizar su propio futuro, a sus cerúleos ojos solo acudirían las brumas del desconcierto para nublar todo posible augurio. Paso a paso, victorias y éxitos... estaba cerca... lo sabia ¡Lo sentía! Lo necesitaba, y sin embargo sus ambiciones eran aún inalcanzables en el lejano horizonte de sus anhelos. Tenía planes, muchos. Pero... No era suficiente, no para él. Él no era capaz de vivir solo de ansiar. Necesitaba algo tangible a lo que aferrarse, y nada le causaba mas placer y excitación que el fino y aterciopelado tacto del poder.

La cúspide de sus logros había sido abrazar la perfección primigenia de su linaje al seguir la senda que sus patriarcas habían forjado en su herencia dracónica. Y para tal fin había tenido que entregar en ofrenda la mayor parte de su humanidad (Un coste menor, si le preguntaban a él). A estas alturas ya no era capaz de identificarse a si mismo como un "humano", pero tampoco era plenamente un dragón. ¿Entonces qué era él? Esa cuestión le carcomía por dentro, le inquietaba, le torturaba por las noches imponiendole la vigilia por encima del descanso. No había llegado tan lejos solo para conformarse con ser un mestizo quimérico...Tenía que encontrar el modo de alcanzar cotas mas altas de poder y perfección. Ser más de lo que era. Mucho más.


Deambulo por el agora durante horas, ensimismado en estas verdades tan asoladoras. Arrastrando los pies como los cientos de alzados con los que ahora -una vez mas- convivía.

Un nuevo pensamiento perturbó su ya de por si mellada cordura. No hará demasiado había sido derrotado... ¡Él! ¡Una deshonra! Cierto es que habían echo falta cuatro hombres entrelazando estocadas de aceros y tajos, la descarga de la urdimbre y la presa férrea de un campeón para finalmente doblegarlo en aquel foso de arenas y sangre embarrada... "Un enfrentamiento amistoso" se dijo ¡Já! Eso no existe... Toda confrontación debía tomarse como un choque de maestrías a vida o muerte. ¡Cuatro! ¡Cuatro era el numero de personas que hacían falta para reducirlo! Sí, aguantó, y sí, luchó feral... pero eso no importaba, pues al final, lo único cierto y tangible es que sucumbió.

Cuatro era un número ridículo... un ejercito de decenas de soldado ¡Aceptable! ¿Cuatro? Vergonzoso... Ansiaba más, ser digno del poder de sus ancestros dracónicos, ser cap-....


- Eterna noche, guardián. *Una voz familiar acarició sus oídos, dedicandole su palabras hieráticas y solemnes mientras varios abalorios eran supersticiosamente agitados en el aire, quebrando toda quietud y calma en el mortuorio ambiente del Agora*


​

- ¡Escamas y sangre, Adalid de las arenas! Tiempo ha que no os veías entre estos impíos muros. *Estrecho su mirada, reconociendo finalmente entre las sombras al necropolita Mentuhptep*



Un tenso silencio se manifestó entre ambos, siendo el gemido lastimero y distante de algunos no-muertos la única melodía capaz de ambientar el encuentro. El aire a su alrededor estaba viciado, y la falta de descanso no le ayudaba. La funestidad del ambiente otorgaba al encuentro un tono místico e irreal, y el no-muerto, impasible, sabia bien como rodearse de los enigmas de tierras lejanas cual velo que lo enmascararse.



- Noto en vuestra mente el quemazón del inclemente sol del desierto, y vuestra inquietud manifiesta es el reclamo de los desdichados. Vengo , pues, a ofreceros el consuelo de los sabios. Hablad, antes de que mis labios marchitos se sequen y silencien.



Sierpe no era un ser dado a compartir sus inquietudes con terceros, y mucho menos disfrutaba abriendo su corazón y ambiciones a quienes seguramente no serían ni mínimamente capaces de comprender la mentalidad y raciocinio superior de un dragón. Pero es esta ocasión, y quizás por ser aquel brujo una mano amiga en el pasado, habló.



- Tiempo atrás alcance cuanto mi sangre podía otorgarme, poseo alas, poseo garras, colmillos y aliento... deseo de sangre y codicio los gritos de mis victimas. Pero lo que para mi antaño fue un logro ansiado y celebrado ahora me resulta amargo e insuficiente. Cuando oí la llamada del despertar me sentía conectado a algo mucho mas grande que yo, un misterio que se diluía en mi propia alma... A los negros monarcas de los los pantanos. Pero ahora, las voces se hallan extintas y mis sueños apenas son resquicio de lo que una vez fueron, siendo ahora un yermo vano y repetitivo... agotados de todo significado. *Exhalaría, desligándose de él un hálito verdusco y purulento que no tardaría en perderse en el mismo ambiente* Siento añoranza de aquellos tiempos en los que podía aspirar a más.


- ¿Y por que querría el inmenso y e inclemente desierto volver a sus orígenes? ¿Acaso deseas a ser solo un puñado de arena? *Supersticioso, agito una de los tantos relicarios que lo acompañaban, como si de tal forma pudiera espantar entes invisibles a su alrededor*

- No. Deseo conectarme de nuevo, crecer... evolucionar. Este no puede *Con un suave ademán -cansado y parsimónico- señalaría su propio cuerpo, abarcándolo por completo con un barrido de su diestra* ser mi límite, no admito que existan limites en mi y no lo permito. Pero ya no soy capaz de oír la "llamada" ¡No quiero ser un puñado de arena, quiero que el desierto lo consuma todo!

- Entonces *Su voz se elevo inexpresiva, pero certera al expresar con rotundidad lo que para el era una verdad absoluta* forzad la voz de los antiguos, viajar a vuestro centro. Descubrir allí oasis de vuestro linaje y una vez situado en el epicentro -donde todo nace- bañaros en sus aguas. *Cual profecía nacida de un oráculo su críptico mensaje, deliciosamente escogido, perlaría los oídos del discípulo*

- ¿Cómo puedo...? Es posible que ...¿Dónde todo nace? *Sorprendido por las revelaciones del brujo, balbuceo torpemente. Buscando – a marchas forzadas- poder asimilar las perlas de sabiduría que se le otorgaban*

- Solo vos, hijo de dragones, podéis descubrir la respuesta. Mi senda es otra, mas mi sabiduría es vuestra. Lo que los dioses nos otorgan es eterno, así como sus designios... todo lo demás es estéril y pueril. ¡Oid la voz!

- Lo que los dioses...¿Os referías a...? (La tirana de las cinco cabeza, reina y soberana de los cromáticos)* Incapaz de articular palabra alguna, permaneció en mutismo rumiando en su foro interno algunas ideas tan peregrinas como volátiles *

- Parece, excepcional criatura, que mis palabras ya os sobran. ¡Eterna muerte! *Satisfecho, y tan magno como arribó, el necropolita volvió a perderse entre las sombras de la joya negra, haciéndose uno con estas.* Las respuestas, según veo, ya avivan vuestra mente.



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Aquella misma noche visito, incumpliendo su promesa consigo mismo, el lugar donde más de un año atrás erigió con sus propias garras la tumba donde yacía el que había sido el único y autentico amor de su vida. El postrero resquicio de luz en su vida, y la única y extinta posibilidad de alcanzar la dicha mortal.

​
Acaricio con una mirada nostálgica el epitafio de su amada, releyendo en incontables ocasiones los grabados que presidian su sepultura sin nombre


"Aquí deposito mi mas preciada joya;
mi don, mi amor, mi yo quebrado en tres...
El hada de mis sueños utópicos,
hasta que la ultima noche nos haga uno otra vez".​


En esta ocasión no sintió remordimiento, pena o lastima alguna. La amaba, eso era cierto, y siempre lo haría, pero ahora comprendía que ella no fue mas que una prueba en su camino; Una en la que casi flaquea. Su decisión siempre estuvo tomada y de nuevo tenia que recordar la máxima de su vida: "todo o nada".


De la mano con sus recuerdos, y con la canción que años atrás compuso solo para ella acunada en sus labios, abandonó el lugar. No permitiéndose volcar la vista atrás una vez emprendió la marcha. No iba a renegar de esta parte de su pasado, del mismo modo que no lo haría de sus padre, o su infancia; Pero tampoco estaba dispuesto a permitir -bajo ningún concepto- que le lastrará. Su vida fue lo que fue, y ahora solo podía seguir adelante y luchar. Su futuro habría de ser escrito con sangre...



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- Donde todo comienza... *Pronunció para sí en la más intima soledad*



​


Su territorio, su hogar predilecto, un oasis de perdición al que solo él sabía como llegar gracias al sustento de sus alas. Un santuario perdido, e inmáculo, en el mismo corazón salvaje y primitivo del pantano. Bendecido por el cuerpo oseo yaciente de uno de los padres de su linaje, el esqueleto de un gran dragón negro. Allí seria donde volvería a escuchar la voz, donde los sueño despertarían de su silente letargo y lo visitarían de una vez mas justo como cuando apenas era una cría... Allí seria donde todo habría de comenzar otra vez.

Así pues, desprovisto de prendas armaduras y máscara, se adentró en las estancadas aguas del pantano. Sin mas abrigo que el abrazo de sus propias alas mientras concedía a los astros y estrellas que acariciaran sus atributos con el niveo brillo de sus cuerpos celestes. Nadó hasta su centro y se zambullo en sus frías aguas, opacas y corruptas; Perdiéndose su figura en la siniestra inmensa oscuridad de la naturaleza.

Permaneció allí, dejándose embriagar por el alentador sustento de la nada, cada segundo que pasaba sumergido su cabeza se embotaba mas y mas por la falta de oxigeno, y aun así algo le cautivó. Una letanía apenas audible, un canto de sirena, que retumbaba chispeante y difuso en su mente. ¡Tenia que ser capaz ce oírla! Pero...No la entendía...y se ahogaba...¿Qué decía?... ¿¡Que es lo que quería decirle!?... ¿Se estaba volviendo loco? Apuro cada instante, forzandose a aguantar mientras poco a poco aquella siniestra voz ganaba fuerza, fortalecida a mas cerca estaba él de ahogarse.



Despiertalo ...

Despiertalo...

Aun está dormido... el titan negro... aletargado en tu sangre...

Busca al patriarca...
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Davigochi12

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La insistencia de la Sangre: No olvides, no perdones.​



A su paso todo eran gritos, miedo y destrucción injustificada... Siempre había sido así, y es lo que gustaba de sembrar. La muerte era la reina y regente en los estrechos y angostos pasillo de aquel lugar gracias a la descarga incesante que acometía su acero a través de su mano ejecutora. Uno, tres, ocho...¿Cuantos iban ya? ¿Acaso importaba? La sangre de sus victimas bañaba en un macabro gotelé las paredes, su hoja, e incluso sus propias galas. Lucía como un arlequín hercúleo que -guiado por hilos invisibles- ejecutaba castigo entre los indignos. Cualquier mirada inexperta podría haberle confundido con uno de los hijos del primero... pero no lo era ¡No aún!.


​


Siempre que encerraba su cordura bajo el yugo de la visceralidad, dando rienda suelta a sus mas puros y ferales instintos, una chispa de su sangre se avivaba. Se sentía más cerca de su autentica natura y por ende mas conectado a esta. Las mismas palabras que tiempo ha, aquellas que ahora eran motivo de obsesión, retornaron a su mente; pero seguía sin poder entenderlas...



Despiertalo ...

Despiertalo...

Aun está dormido... el titan negro... aletargado en tu sangre... 

Busca al patriarca...
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Su consciencia apenas era capaz de reaccionar a estímulos, era -en ese justo instante- un heraldo del caos que rugía y carcajeaba demente mientras tajaba en dos los cuerpos de aquellos hombres movido por los instintos. Desquitandose con sus vidas inferiores podía saborear la muerte como un fruto maduro que el mismo cosechaba... paladeaba, y del cual se alimentaba a sabiendas de que su motivo se justificaba con su propio anhelo. Sabedor de que si lo hacia es sencillamente porque podía, y no precisaba de convencerse ni autoengañarse. Se aceptaba tal como era y a la vez se nutria de su forma de ser. Básicamente era... una simbiosis perfecta.

Sonríó maliciosamente, los lamentos de sus presas siempre lo hacían sonreír. El sadismo era su pluma y la brutalidad su tinta. Le excitaba, el poder poseía una erótica muy particular, y el se entregaba -gustoso- a esa lascivia.

Bajó la mirada, contemplándose en todo su esplendor, bañado en la sangre de decenas de personas; para después y una vez satisfecho, volcar la vista atrás para recorrer con la mirada el -ahora- ruinoso pasillo que había ido barriendo desde la salida hacía el interior, bloqueando toda posible escapatoria. Mujeres, niños, ancianos... Padres, hermanos, sobrinos... mercaderes, esclavos, viajeros, trabajadores... Nadie se había salvado del carnaval sanguinolento de la parca, aquel que él mismo había orquestado.


​


- Excelente...*Musito para sí, extasiado con el caos reinante ungido entre lamentos y suplicas*



Observó a través de los ventanales como los vástagos se alimentaban, dando fin, a aquellos que trataban de escapar a través de la puerta principal. Relamiéndose entre dientes con su bífida lengua en una pérfida y suave caricia de sus labios. La escena era digna de ser plasmada para la posteridad



- No, no... no... ¡PERDONEME LA VIDA! N- ¡Ahhhhhhhhhhhhh!


​



Su felicidad, fue interrumpida al otra vez las mismas palabras cruzar sus pensamientos. Solo que en esta ocasión se clavaron en su pecho como una estaca afilada y mortal robandole el aliento. Desde aquella vez, una y otra vez...una y otra vez... insistentes e incansables estas le visitaban. Pero no lograba entenderlas...¿Cómo podría? Tendría que recurrir a... El origen tal y como le dijo el Necropolita ¿Pero cual era el origen?


Despiertalo ...

Despiertalo...

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Busca al patriarca...
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Había perdido todo humor, ya no tenía de ánimos para seguir sesgando vidas, así que asió al último de los supervivientes para hacerlo su juguete y rehén, y abandono el lugar. Sería un digno presente para los "suyos".
Le hacía sentir impotente ser incapaz de descifrar el propio reclamo de su linaje, y dado que su temperamento era tan volátil como su capricho -y nadie quedó a su paso con vida- marchó desganadamente para reunirse con el resto de "cazadores". Odiaba cuando los dulces resultaban ser amargos en sus paladar... y esta visión, este mensaje de su pasado, últimamente estaba manchando sus pensamientos con demasiada insistencia haciendo insípidas sus "juergas".


Offtopic :
Relato inspirado en la escena de DM Patata. Muchas gracias a todos por ella a todos los participantes.
 

Davigochi12

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La búsqueda de la sangre: El infinito mundo del saber perdido​


Incontenible su ansiedad y sed de conocimiento no le había ofrecido tregua ni descanso alguno durante Dekhanas. Estaba completamente obsesionado con aquellas palabras que -en una lengua exótica aunque extrañamente familiar- velaban el contenido que su propia sangre auguraba. Aquel al que el tanto deseaba, ¡No! que... necesitaba dar significado. Por lo que, contando con el beneplácito de la gran Liche, se personó en la biblioteca inmortal de la Necropolis junto a algunos de sus discípulos e inmortales de "confianza". Dispuesto a explotar cada ínfima posibilidad de hallar una pista en los ajados y polvorientos tomos y pergaminos recopilados durante eras en aquel lugar de culto del saber impío.



- Buscamos el indice de la biblioteca. Necesitamos situarnos en lo que será una búsqueda intrincada, y temo nos sea arduo sin una guía* Tosca, su siseada expresión golpearía contra el Necropolita a cargo de la biblioteca. Exigiendo de él -y sin miramientos- su pronta asistencia en comanda dictatorial*


​


-Shhhhh...*Siseo, buscando en vano recuperar la quietud en sus dominios* El libro guía esta ahí, sobre el atril de la esquina. Investigad y documentaros... *Pusilánime, el necropolita se vería amedrentado por las imponentes figuras que, a tropel, interrumpieron en la sala * ( ¿Cuando fue la ultima vez que vía a tantos interesados en el saber de la biblioteca ...¡Con lo tranquilo que yo estaba!)



Sin otorgar mayor muestra de pleitesía o correspondencia, Sierpe se encañonó directamente hacía el indice señalado por el bibliotecario. Dispuesto a exprimir de él cada mínimo detalle que su investigación precisara repasaría con la punta de su falange, en un barrido deslizante de arriba a abajo, las diferentes lineas que enumeraban las dispares temáticas, autores, y saberes.


- (Sección de quimeras, no... sección de rituales, no... Sección de necromántica, no....Sección d-...¿Autoayuda? ¡PERO QUE DIABLOS!)* Al final, tras largo rato de búsqueda encontraría una sección que trataría sobre religiones asociadas a sierpes y dracónicos.* Bien tengo una pista: "Sección "F", estantes tres, cuatro y cinco". Ahora comienza el trabajo * No tardaría en estar deambulando por hileras de estantes colmados a rebosar de tomos hasta ubicar la citada sección * ¡Es aquí mismo! Busquemos juntos, hay mucho material que abarcar. Pues siglos de saber se acomodan en esta más que nutrida biblioteca, sin embargo nuestro tiempo es finito, así que habremos de ser eficientes. * Dibujaría un marco ilusorio con las garras de ambas extremidades en el aire, delimitando una cuadricula imaginaria en el espacio que evidenciaría el cerco físico en donde habrían de buscar*



En su registro el grupo tomaría algunos tomos fijándose a priori en sus títulos -asiéndolos o descartándolos- según encajaran en su criterio de búsqueda. Almacenando los seleccionados en una pila que paulatinamente iría creciendo, y a la cual después le dedicaría su debido tiempo de lectura y análisis. Siepre, sin embargo, acapararía libro tras libro en su portentoso regazo, contemplando –a falta de títulos en sus dorsos- ojo avizor y superficialmente su contenido al pasar las paginas caprichosamente, abandonandolos si estos no cumplieran sus elevadas expectativas.


​


-Uhm... este parece contener algunas lineas de interés *Tras finalmente la suerte sonreirle en su hacer, acabaría por pestañear perplejo. Pues habiendo dado de bruces con "algo" tras tanta infructuosidad, se volcaría en el acto a leer de lleno los párrafos y capítulos que albergaba, dejándose embriagar por las profanas paginas que el libro le ofertaba * ( Parece hablar de Tiamat... este símbolo es...¿Y un templo? Pero debe estar inconexo del presente, no logro descifrarlo correctamente )


Gracias a algunos de sus mas activos acompañantes, en quienes encontró telentos que el mismo no había cultivado, como la capacidad de descifrar escritos crípticos, lograron alcanzar a comprender que aquello que tenían entre manos eran coordenadas; Que ocultas y cifradas en un viejo tomo, escondían posibles lugares mencionados leyendas arcaicas sobre de cultos dracónicos de Tiamat y sus asentamientos ya hace mucho olvidados. Quizás -si lo pensaba bien- no fueran a día de hoy mas que cenizas esparcidas en el viento, habiéndose borrado todo rastro de esas civilizaciones años ha, y con el paso de los siglos. Pero el discípulo negro no se permitiría abandonar esa pista, ni cualquier otra, sin antes agotarlas.

Así pues, interesado continuaría durante largas horas más, dejándose embelesar por aquellas lineas que –por fin- le ofrecían algo de esperanza. Los dioses sabían que no era un erudito, siquiera su inquieta naturaleza le permitía pasar demasiado tiempo sosegado; Pero en esta ocasión el contenido de la lectura era tal que su ser al completo fue absorbido por aquellos místicos párrafos que podrían -con suerte- desvelar la senda hacía su destino.



-Si, es una especie de localización... * Asevero, revisando con cuidado las coordenadas halladas, mientras tomaba notas anexas de las citas de aquel libro en un pergamino aparte para su posterior estudio* Necesitamos un punto de partida...¿Pero dónde? * Comentaba dándose cuenta de que faltaba una referencia, y los mapas actuales no terminaban de casar en modo alguno con las coordenadas que tenía*



Sería entonces cuando acudiría de nuevo al gran índice. Recopilando de entre sus viejas paginas todas aquellas secciones que pudiera relacionarse con las coordenadas: Lugares que pudieran ser el seno de leyendas, narrativas conocidas popularmente por su conexión con la estirpe, sus vástagos y/o mestizajes, cubiles de dragones conocidos, etc...

Y así tras encontrar sus referencias, ya frente a la sección "D" estantes seis y siete, tomaría uno a uno libros y pergaminos de lo mas dispares desechándolos por un lado y guardándolos por otro así estos le acercaran a sus pretensiones; tal y como acometieron en la anterior vez. No obstante Sierpe se sentía increpado por la frustrante e infructuosa búsqueda, su talante se iba retorciendo al paso de los minutos. Mas por suerte, una de sus alumnas, una Kobold, dedicó parte de su tiempo a regalar sus dotes bárdicas para amenizar la velada. Viendo, gracias a ello el discípulo negro como su animo turbulento y turbio se relajaba, al menos lo suficiente como para mantener su autocontrol intacto.

Sería entonces, bajo el influjo de la magia, cuando hallaría una segunda pista: Un ajado y polvoriento pergamino que pareciera haberse mantenido oculto entre dos tomos, olvidado y relegado a la inexistencia hasta aquel preciso momento en el que el destino tuvo a bien de ponerlo en sus garras. Expectante, y con sumo cuidado dada la finura del papel, asiría sus puntas con su dedos, tirando hasta desenrrollarlo. El contenido le deslumbro, pues aquel misterioso pergamino era en realidad una especie de mapa extraño que .a la vista- resultaba difuso y difícil de comprender. Sin embargo, una pista era una pista, así que se la reservaría para más adelante


​


Tras ya demasiadas horas de estudio, revisar libros, ordenar contenidos, y lectura insulsa o carente de interés, algunos de los congregados menos afortunados en la investigación se fueros dispersando, mientras que otros -curiosos- se acercaban al ver el poco frecuente y prolongado ajetreo en la biblioteca inmortal. Sin embargo, Sierpe no tenia tiempo para invertir en prendas de cordialidad o saludos amenos; Pues aún –y en contra de su destructivo talante habitual- continuaría absorto y entregado en su labor de forma obsesiva; No siendo para él nada mas importante que aquello. Fue tal su entrega que no se percató de la marcha de varios de sus alumnos, siquiera de como estos trataban de interpelarle con preguntas, elevaban cuestiones relacionadas a la búsqueda o sencillamente cumplían al despedirse. Su mundo ahora era otro, estaba atrapado en el enmarañado de misterios que se trazaba en su mente, uniendo piezas inconexas recopiladas, y recopilando un sin fin de escritos distintos para apoyar su labor.

Volvería una última vez a retomar su investigación desde otra perspectiva, buscaría: Ruinas, templos, el casi extinto Aragrak, leyendas populares en las regiones cercanas, información sobre Falazure y cubiles... Todo lo que su mente fue capaz de hilar en este postrero intento para, ir poco a poco y de ser posible, estrechando el cerco tan amplio que manejaba.

Estaba airado, molesto y ofuscado, con su concentración irremediablemente dañada. Ya siendo estéril toda expresión artística por parte de la Kobold para calmarlo, Dedicaría miradas depredadoras y amenazante a todo aquel que se cruzaba en su camino. Pues al ser esta una actividad muy alejada de su belicosa y sanguinaria naturaleza, comenzaría a tomar de malas formas y con brusquedad los diversos documentos. Contagiándose a su comportamiento y maneras la tensión de su retorcida mente.

Pudo hallar pese a esto, documentos que contenía vitales datos sobre antiguos y lejanos asentamientos relacionados con las grandes Sierpes y un cubil oculto, más databan de muchos años atrás, quizás demasiados como para serle de utilidad.


- * Tamborilearía inquieto con la punta de sus garras sobre las escamas de su antebrazo, emitiendo un sonido metálico e increpante in crescendo. Al tanto retomaría todo y cuanto había podido recopilar, cotejando entre si toda la información infructuosamente* Veamos... tengo coordenadas que no sé situar... una especie de mapa que me resulta imposible de discernir... y a lo que mas puedo aferrarme, la posible cueva de un dragón de unos cientos de años de antiguedad... ¿¡Qué he de hacer con toda esta marabunta de datos!?* En sus labios se reprimiría una mueca de disgusto, sintiendo ya sobre sus hombros el peso del cansancio y la decepción. Con la mente agotada y casi sin ánimos siquieras para alegrarse de sus avances*



No tardó en verse forzado a aceptar la verdad. No tenia un patrón de búsqueda para las coordenadas, sino que iba dando palos de ciego movido por el ansia. Poco más le podían ofrecer unos libros que en su mayoría versaban de trivialidades ajenas al tema que abordaba, o divagaban en conceptos metafísicos demasiado complejos para él. Así que reconoció a regañadientes que no le quedaba mas remedio que hacer una pausa en la sesión, sopesar con calma sus restantes opciones y organizar lo poco obtenido durante la intensa jornada.



Sin embargo, y aunque se concediera merecido descanso, aquella letanía oscura no cesaba en su cabeza, y se repetía con insistencia una y otra vez...

Despiertalo ...

Despiertalo...

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Offtopic :
Gracias a Dm Noctis y a todos los asistentes.
 

Davigochi12

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Y la deuda quedó saldada con muerte...​



No hubo un instante concreto en el que decidiera volver a buscarle, porque la decisión había sido tomada mucho antes de que yo tuviera conciencia de la que ello. Desde el momento en que el fuego devoró a mi padre y los proyectiles arcanos atravesaron el cuerpo de mi madre, algo quedó fijado en mi interior con la solidez de un juramento, uno que no necesitó palabras, pues se asentó entre la carne y memoria. Crecí, y aprendí bajo esa certeza, fingiendo mientras en realidad solo cultivaba la oportunidad de vengarme. Todo cuanto hice durante décadas —mis viajes, mis alianzas, mis traiciones, incluso los placeres que me concedí— no fueron más que ornamentos alrededor de un núcleo inmutable: encontrar al zhayno y despojarlo de todo.


No deseaba su muerte, al menos no al principio. La muerte es rápida y demasiado piadosa para quien ha aprendido a sobrevivir al horror de las intrigas y traiciones magocráticas. Yo anhelaba algo más profundo: quería que comprendiera. Que cada amanecer despertara con la sensación de que el mundo se le estaba cerrando sin saber por qué, llenarlo de dudas, que cada conjuro le dejara un temblor en los dedos, que sintiera que cada rostro cercano ocultara una posible traición.
Para ello me convertí en su sombra, en el arquitecto paciente del deterioro de su influencia. Durante años infiltré errores mínimos en sus informes, alteraciones tan pequeñas que ningún mago orgulloso admitiría: reactivos, ligeros y sutiles; chantajeé, espié, torturé y eliminé a sus vasallos, esclavos y aliados. Observaba su frustración crecer, su furia volverse errática, su mente tambalear bajo el peso de una decadencia que no se lograba explicar.


Mientras su mundo se erosionaba, el mío se fortalecía



Pasaron los años, tantos que incluso el odio empezó a madurar, a macerar, perdiendo su violencia inicial para convertirse en algo más frío y afilado. Cuando por fin supe que el mago había huido de Zhay, repudiado por los suyos, empobrecido y rodeado solo de ilusiones defensivas, comprendí que el cerco estaba completo. Nada le quedaba salvo su orgullo, y ese siempre fue el componente más fácil de quebrar. ¡Bien lo había aprendido en el pasado! Me presenté ante él sin ejército ni heraldos, con el rostro descubierto y la espada de mi madre en mis garras. Cuando alzó la vista y me reconoció, vi en sus ojos algo infinitamente más valioso que el miedo: comprensión tardía. Supo entonces que no había escapatoria, que no se trataba de un enemigo, sino de una consecuencia.


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Cuando el primer conjuro brotó de sus labios comprendí que no pensaba morir en silencio. El aire se volvió denso, y las runas que había dispuesto alrededor de su refugio comenzaron a brillar como heridas abiertas sobre la piedra. No retrocedí. No lo hice entonces ni lo habría hecho jamás, porque durante demasiados años había imaginado ese instante como para permitir que el miedo lo contaminara. Sentí el poder concentrarse en su voz, una evocación brutal, nacida más del pánico que del cálculo, y aun así suficiente para hacer temblar los muros de su refugio. El primer impacto me lanzó contra una columna, quebrándola, y el dolor recorrió mi espalda con violencia.




Me incorporé entre los fragmentos de piedra mientras él gritaba palabras arcanas una tras otra, lanzándolas como un animal acorralado. Rayos carmesí desgarraron el aire, proyectiles de energía pura se estrellaron contra mi cuerpo, y cada golpe arrancaba carne, abría grietas en mis escamas, arrancaba alaridos que no reprimí. Reí mientras sangraba, no por locura sino por convicción absoluta: aquel dolor era insignificante comparado con el que había cultivado durante toda una vida. Avancé paso a paso, dejando huellas corrosivas sobre el suelo, respirando ácido sin exhalarlo aún, saboreando su terror creciente al comprobar que nada de lo que arrojaba lograba detenerme del todo.



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Entonces decidió apostar por la destrucción total. El enclave entero comenzó a colapsar cuando canalizó un conjuro mayor, uno que -de seguro- jamás habría osado emplear en condiciones normales. El techo se abrió, la energía salvaje descendió como un martillo divino, y durante un instante el mundo fue solo luz y estruendo. Sentí cómo mis huesos crujían, cómo mis músculos se desgarraban desde dentro, cómo la sangre dracónica hervía reclamando salir. Caí de rodillas, respirando con dificultad, y durante un segundo creyó haber ganado. Lo vi en su rostro: "esperanza". Un error imperdonable que le costaría la vida...


Me alcé de nuevo rugiendo, ya sin control alguno. Mis escamas se erizaron, mi piel se abrió dejando ver el brillo oscuro que latía bajo ella, y avancé corriendo por primera vez, no como un duelista, sino como una aberración viva. Mis pasos destrozaban la piedra, y cuando intentó conjurar de nuevo, lancé la espada en un giro perfecto que le arrancó la mano derecha limpiamente. El grito que profirió no fue digno, ni arcano, ni poderoso. Fue humano. Patético. ¡Maravilloso!


Me abalancé sobre él antes de que pudiera recuperarse, le golpeé contra el suelo una y otra vez hasta sentir cómo su cráneo se resquebrajaba, y aun así no le permití morir. Lo levanté del cuello, lo miré a los ojos y vi reflejado en ellos al niño que fui, desnudo y encadenado, y esa visión me empujó a una violencia aún mayor.

Le atravesé el costado con la espada, la giré lentamente para escuchar el sonido húmedo de la carne rompiéndose, y aun entonces seguía pronunciando palabras de poder entre espasmos, intentando robarme la victoria incluso en la derrota.


Fue entonces cuando lanzó la maldición.


La sentí como un garfio clavándose en mi pecho, arrancando algo que no era físico, desgarrando la vibración profunda que siempre me había acompañado. El rugido que escapó de mí no fue humano ni dracónico: fue el sonido de algo que se negaba a desaparecer. La furia me cegó. Abrí la boca y exhalé sin control vertiendo todo el ácido que me quedaba directamente sobre su cuerpo. La carne se disolvió, los huesos colapsaron, la magia chisporroteó y ...murió, y el hedor fue tan intenso que incluso yo tuve que apartar la mirada cuando no quedó nada salvo un charco humeante que se abría paso entre las grietas del suelo.



Cuando el silencio regresó, fue absoluto.

Me mantuve en pie solo por pura voluntad. La sangre me goteaba por el mentón, mis brazos temblaban, y el latido del dragón… ya no estaba. Donde antes había una presencia rugiente solo quedaba vacío. Miré mis manos cubiertas de ácido y ceniza y comprendí, demasiado tarde, que aquella batalla no había sido una victoria, sino el precio final de mi obsesión.

Había destrozado al hombre que me había arrebatado la vida. Sin embargo no pude disfrutar de mi venganza, pues pronto el efecto de aquella insidiosa magia, su maldición, comenzó a manifestarse:
Sentí cómo se desgarraba algo esencial dentro de mi, como si la bestia de mi interior fuera arrancada poco a poco... Segundo a segundo... Mis músculos comenzaron a debilitarse, las escamas se desprendieron como piel marchita y mis rasgos perdieron el filo predatorio que había llegado a amar. Y mis alas... el paragón de mi poder... parecieron deshacerse como si fueran limo.
¿¡Qué había pasado?! ¿Qué clase de magia maliciosa era esa? Me había retornado a un estado anterior... cuando aún apenas había desarrollado el poder de mi linaje...

El dragón se había silenciado... Había vencido al zhayno, sí, pero incluso muerto me había despojado de aquello que me hacía trascender.



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Una vez consumada mi venganza regresaría a Amn en busca de mi antiguo hogar distinto a como lo había abandonado: como alguien que había sobrevivido a su propia obsesión.
Era más débil, si; pero también más lúcido, más consciente de la naturaleza real del poder y de su precio. Ya no me guiaba una ira desenfrenada, pues esta había cumplido su función y se había extinguido; lo que quedaba era determinación.

Si la sangre ancestral me había sido mutilada, volvería a forjarla. Si el dragón no respondía, lo obligaría a hacerlo. Porque el hogar que me fue arrebatado no era un lugar físico, sino la posibilidad de elegir quién sería, y esa elección aún me pertenecía.
Aunque tuviera que empezar desde la nada, aunque el camino exigiera nuevos sacrificios, esta vez no caminaría impulsado por el odio, sino por una ambición más peligrosa todavía: la voluntad de perdurar.



Offtopic :
Hora de retomar este Post después de tanto tiempo. Este relato es la única forma coherente que se me ocurrió de explicar la bajada de lvl del PJ que además conectara con su historia personal y retomarlo tras tanto tiempo.
 

Davigochi12

Otro Cantoscuro
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Finalmente, después de tantos años de ausencia, arribé a puertos murraníes. Había pasado tanto tiempo que el propio nombre me sonó ajeno en el paladar; como si perteneciera a otra vida, y no a la propía. Y, de hecho, si lo pensaba fríamente, lo era, puesto que yo ya no era el mismo que un día abandonó estas tierras.


Creí que, incluso ante el paso del tiempo, al menos allí, bajo la tierra, lo eterno habría permanecido intacto… inmutable: encapsulado tal y como yo lo recordaba. Pensé —ignorante de mí— que la necrópolis me recibiría igual que siempre: fría, solemne, inquebrantable. Y, sin embargo, al reencontrarme casualmente con Miruh comprendí de golpe que no hallaría un lugar al que regresar. Estaba cambiada —abrazada por la noche—, y en su mirada reconocí tanto lo que fuimos como lo que ya no podíamos volver a ser… Ella, a su modo, silencioso y distante, guardaba luto.


La verdad, nacida de sus labios, se me impuso con una crueldad tan hiriente como necesaria: La Necrópolis que antaño fue mi hogar ya no existía.


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Todos aquellos con los que una vez fraternicé habían perecido… y los que no apenas eran carcasas vacías que languidecían en la comodidad de un destino que les había sido impuesto, ajenos por completo a su férrea voluntad de antaño.



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Intenté ubicar las galerías subterráneas que antaño transitaba, moviéndome más por instinto que por memoria entre laberintos de piedra viva. En el pasado conocía cada giro, cada descenso, cada pasillo que conducía a los antiguos santuarios. Pero al adentrarme me encontré con caminos sepultados, techos colapsados y altares hundidos bajo toneladas de piedra… Ni siquiera pude encontrar su entrada, mucho menos la huella de un imperio.

Cada paso se sentía como atravesar mi propia memoria hecha escombros: allí sellé pactos que juré eternos; allí forjé alianzas que creí inquebrantables; allí caí y me alcé de nuevo… aprendí y fui castigado… allí me redimí.

Incapaz de aceptarlo, viajé aún más a las entrañas de la tierra, buscando las antiguas infraestructuras que daban paso a la cámara inmortal… pero… donde antes se alzaban torres funerarias, altivas como dedos integrados en la misma piedra, ahora solo había esqueletos de una arquitectura hecha ruinas y el polvo acumulado por el más absoluto abandono.


Recordaba el murmullo antinatural flotando entre las lápidas, las rúbricas arcanas talladas en el impío mármol negro, las galerías infinitas que parecían respirar bajo capas y capas de tierra… y, al caminar entre los restos de aquel derrumbe, me di cuenta de que ni siquiera quedaba algo que realmente pudiera reconocer. Nada.


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Habían muerto, habían desaparecido. Y lo más atroz e irónico era que habían sido inmortales.


Y yo seguía vivo… ¿Cómo era eso posible? ¿No era acaso un absurdo? ¿A qué se supone que juegan los dioses?


Creí que la noche los habría blindado contra el tiempo. Pero la muerte no les llegó desde fuera, no vino en forma de luz ni de espada divina; sino desde dentro, envenenada por sus propias manos: guerras internas, traiciones, ambición… proclamas de justicia, derecho y deber…
Y todo eso los desgarró hasta consumir su núcleo, como una enfermedad terminal: fueron, sin saberlo, sus propios verdugos.



Comprendí que la eternidad no protege del desastre; no importa si tienes siglos a tus espaldas… hay que ser precavido, no puedes confiar en nada ni nadie. Eso solo deja flancos abiertos que otros pueden aprovechar para herirte.

Sentí rabia, una rabia amarga que no sabía dónde descargar, porque no podía odiarlos. La nostalgia emborrachaba mi paladar, haciendo en mi boca una bola difícil de tragar más espesa incluso que el cemento. Porque no quedaba nadie ante quien reclamar justicia o venganza… Además, esa idea era estéril y absurda… ¿Qué sentido tendría? Si habían logrado erradicar un imperio entero, a mis ojos, eran dignos de admirar; no de condena. Al final, en la naturaleza, solo el fuerte prevalece.


Sin embargo, mientras contemplaba las ruinas en silencio, algo comenzó a agitarse bajo el duelo. No era esperanza, ni redención, ni una ilusión ingenua de recuperar lo perdido. Era algo más intimo y firme:
VOLUNTAD.
Me reconstruiría a mí mismo; sí. Aunque tuviera que hacerlo desde el barro, la sangre y la oscuridad más primitiva. Pero no desde el recuerdo, no desde la añoranza… sino desde mi deseo de empoderarme, aprendiendo las lecciones que ellos no pudieron, y recordando —sobre todo recordando— el precio que se debía pagar por la flaqueza, por confiarse, por ser débil.



Aunque el mundo hubiera olvidado sus nombres y borrado sus huellas, yo no permitiría que el linaje que una vez fue dueño de Anm se extinguiera en silencio. Porque la noche no necesita templos para existir; solo necesita herederos. Y yo sería el receptáculo de sus memorias.
 
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Davigochi12

Otro Cantoscuro
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-BAUTISMO-​



Hablamos del “honor”, y no dudé en expresar lo que siempre había defendido. Durante años había escuchado esa palabra rodar de boca en boca con una ligereza defenestrante, adornando decisiones cuestionables…, justificando silencios cobardes…, e incluso ennobleciendo la “dulce crueldad” cuando era lo conveniente. El honor, a mis ojos, es un concepto moldeable, útil para quien sabe blandirlo con el suficiente ingenio. Había visto cómo se alzaba cual bandera en tiempos de guerra y cómo se susurraba como excusa en tiempos de paz. Demasiadas veces servía más para preservar la propia imagen que para sostener creencias genuinas.


—El honor es una palabra de la que muchos se valen de forma estéril, pero cuyo fondo pocos realmente conocen. *Dije, sin óbices o pudor, incapaz de contener mi naturaleza lenguaraz y atrevida* No os hablaré de honor, no me interesa: sino de lealtad. El honor, para muchos, es una mera excusa, una máscara, o un estandarte vacío… Prefiero la lealtad, es mucho más tangible y real.


Porque tal como lo invocan, depende de la interpretación: necesita testigos, reconocimiento… un relato que lo apoye. La lealtad, en cambio, no exige escenarios; no se proclama, se ejerce. Es un voto que se renueva cada día, incluso cuando ya no hay recompensas ni agradecimientos. Duele, porque es un sacrificio, pero no fluctúa… ni se mece bajo el viento de la conveniencia.


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Y sin embargo, hay una verdad que no soy tan hipócrita como para esconder: mi lealtad hacia los demás nace del lugar que ocupan en lo que yo soy, y de lo que persigo. Les soy leal porque en sus causas reconozco las mías, porque al sostenerlos sostengo también el rumbo que he elegido.

No es una traición a la idea, sino una verdad impúdicamente desnuda: mi lealtad es real, pero su raíz está en mis objetivos, en mis anhelos, en mi destino. Por eso, cuando soy leal, no solo cumplo con otros: me soy fiel a mí mismo, que es, al final, la única promesa que jamás he estado dispuesto a romper.



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Lo que estaba a punto de ocurrir no tendría retorno, yo bien lo sabía; pues era ya la segunda vez que me sometía al impío juramento de lo inmortal. Una vez lo honré, y en esta segunda ocasión lo volvería a hacer con la misma entrega, con la misma “lealtad”; y ni la misma muerte podría deshacer este pacto.

Observé al Caballero retirarse el yelmo; un rostro diferente, ajeno a los que antaño conocí, pero bendecido por la misma fuente. Sostuvo frente a mí su hoja con firmeza, y en su mirada percibí el juicio, y la advertencia de quien exige sin necesidad de palabra.

Cuando llegó la orden de arrodillarme, obedecí sin teatralidades, inclinando la cabeza y el cuerpo hasta apoyar las garras en el suelo. Solicitó de mi un nuevo nombre para el bautismo:

—Llamadme como os plazca en tanto no renazca. Una vez me sea concedido el don escogeré por mí mismo mi nuevo nombre.




Sus ojos se tornaron vibraron en carmín cuando alzó la hoja.

—Que esto os cause furia, que en la soledad de una habitación seáis nombrado; que esto os cree ansia de gloria, ansia de ascenso, lealtad a la Vieja Sangre que ostenta esta Orden y a quienes la dirigen, pues juraréis lealtad a este nuevo hogar y secretismo. Respondiendo al nombre de “Diraphel el Terror Negro”, jurad obediencia y servidumbre, jurad sobre vuestro nuevo nombre y vuestra vida para alcanzar la eternidad del mundo, el final de los reinos y las eras.


Sentí cómo mis garras se tensaban, mi orgullo se afectó, pero no me moví ni un ápice; permanecí inclinado ante él, con la firme determinación de quien conoce su camino, consciente de lo que prometía,... y más aún de lo que aceptaba.


—El Terror Negro… *musité, complacido por aquel sobrenombre con el que se me bautizó* Lo juro. ¡LO JURO! Yo, un glorioso portador de la sangre dracónida, me rindo ante vosotros hasta el día en que sea uno más en vuestra casta.




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El contacto de la hoja llegó después, descendiendo sobre mi hombro izquierdo con una energía impía, negativa…necrótica. Dolor. Soporté la marca sin emitir sonido alguno. Negándome a mostrar, aunque fuera de forma nimia, un atisbo de debilidad.

—Así pues, no olvidaréis vuestro juramento y os alzaréis como un adepto nuestro.


Luego sentí la mano de uno de ellos sobre la herida, hurgando en mi dolor con deleite; y su voz, cercana pero feral, recordándome con gravedad lo que yo ya sabía.

—Recordad lo que somos, recordad lo que buscáis y cómo actuamos. Mejorad, servid y cumplid. El error es un fracaso y hoy en día serás perseguido por quienes nos consideran enemigos.




Quedó así sellado el pacto, y yo ungido, no como un siervo, sino como un adepto sin rostro, como alguien que, en plena conciencia, había decidido entregar su voluntad a la noche y aceptaba las consecuencias irrevocables de ese juramento.
 

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