Zilvra estaba sentada ante su escritorio en una habitación de la posada. Sus dedos trabajaban hábilmente un trozo de cuerda mientras sus bocetos de la carabela yacían esparcidos a su alrededor.
Días antes, los promotores habían ya establecido el listado de tareas y ella había ofrecido su ayuda para hacer nudos y mover materiales. No era algo glamuroso, pero le permitía sentirse útil.
Y eso era lo que importaba.
Había pasado horas dibujando la jarcia del barco, basándose en referencias sacadas de viejos tomos de marinería que pudo adquirir en el mercado. Cada esquema le ayudaba a comprender el trabajo. Los bocetos le servían de guía mientras practicaba.
Sus dedos se movían por cada nudo con creciente confianza.
Pero su mente a menudo la desconcentraba con un pensamiento intrusivo.
El permiso.
Se había unido a este proyecto por dos razones: demostrar su fiabilidad y adquirir experiencia en navegación. Sin el permiso, todos sus esfuerzos serían en vano. La carabela no era suya, pero podía ser su oportunidad de aprender, si los funcionarios amnianos le concedían permiso para participar en los primeros viajes.
Había pedido ayuda a una amiga, sabiendo que sus circunstancias dificultarían la obtención del permiso. Ella le había asegurado que era posible, que movería los hilos necesarios. Pero la duda seguía presente. ¿Y si los funcionarios la rechazaban, a pesar de todos sus esfuerzos?
Zilvra volvió a mirar sus bocetos y sus manos apretaron el nudo en el que estaba trabajando. Seguiría practicando, seguiría estudiando. No podía controlar el futuro, pero sí sus elecciones.
La suerte estaba echada.
Offtopic :
Conforme lo comentado en la reunión, Zilvra se ofrece a asistir en todo lo que sea tareas auxiliares, incluyendo amarres, nudos, y transporte de materiales.