Yochlol
Enano con acento ruso
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[tab=30]Árboles majestuosos y altos donde apenas la vista llega alcanzar, llanuras fértiles de frondosa hierba suavemente golpeadas por las brisas plateadas que inundan de paz todo lo que rodean. Lagos de pasmosa tranquilidad, inertes en la superficie y llenos de vida en sus profundidades. El suave rumor de las cascadas naturales y los ríos que se pierden en el horizonte, serpenteando traviesos por el paisaje, como si quisieran esquivar la vegetación que reposa sobre sus orillas. Aquellos brillos plateados que salpicaban un cielo púrpura, perpetuo, quieto y atemporal... tan solo el suave murmullo de las gentes que habitaban aquel paraíso y de los pequeños animales eran capaces de romper aquella tranquilidad trascendental, aquella eternidad simulada.
[tab=30]Poco más de estos recuerdos quedan centelleando dentro de su mente, solo la vasta masa de agua que reposa en alta mar era capaz de aflorar las vívidas imágenes en su memoria. Aquello que una vez fue su hogar, su todo y lo que daba sentido a su existencia acabó finalmente de la manera más cruel. Sin embargo disfrutaba recordando lo que en un tiempo fue y ya no es, lo que podría haber seguido siendo. Todo esto y más ocupaban sus pensamientos mientras se apoyaba en una de las enormes cajas que descasaban en la popa del barco.
[tab=30]-¡Ey! Fay, deja de quedarte dormida entre la mercancía, este barco no es lo suficiente grande para que me evites todo el día.
[tab=30]Un suspiro de resignación acompañó las palabras del hombre. Era Kóger, un humano que alcanzaba la treintena de años muy bien llevados aunque con un aire curtido solo posible en alguien que ha pasado mucho tiempo en un barco. Facciones duras, barba de varios días, corte de pelo corto y una complexión fornida y atlética. Nada fuera de lo común para un lobo de mar; exceptuando una sensibilidad y una inteligencia poco comunes dentro de un hombre de su condición.
[tab=30]-Uh… perdona. No era mi intención meterte en más problemas.
[tab=30]La mujer se ladeó, mostrando hacia el marinero su rostro pálido. Era una de las escasas elfas de las estrellas que vagaban por Faerun; de aspecto delicado, complexión espigada y delgada casi alcanzaba la altura de su interlocutor. Un rostro sencillo y de aspecto joven iluminaba su figura, adornado por unos cabellos plateados que la daban una apariencia extraña y que parecía fuera de lugar en un ambiente duro y ocupado por humanos como era aquel. Su semblante era noble y serio, pero disfrutaba de un atractivo casi sobrenatural que muy posiblemente es lo que había sido capaz de encandilar a sus acompañantes.
[tab=30]-¿Otra vez pensando en tu tierra, plano exterior…? O lo que sea, demonios– Kóger sabía que era un tema delicado y mostraba un desinterés pobremente fingido para quitarle peso al asunto.
[tab=30]-Aunque este en mismísimo averno, Sildëyuir ocupará un puesto privilegiado en mis pensamientos, y en mi memoria – Respondió Faydrel o Fay, como la llamaban todos sus compañeros. Había aceptado el diminutivo aunque no comprendía esa costumbre por reducir los nombres ajenos –.Sé que tenemos un trato y lo cumpliré, lo he prometido y así se hará pero no puedo evitar distraerme en ocasiones. Ruego que me disculpes.
[tab=30]-Bah mujer, no te pongas tan solemne, que no es para tanto. Trabajas mejor que todos esos vagos charlatanes. En realidad estoy preocupado por tus continuas escapadas, ¿todo bien, plateada? – Otro de los motes aceptados por la elfa, sin duda era mucho más permisiva con Kóger que con los demás. Le debía la vida al fin y al cabo.
[tab=30]Tras un rato de charla distendido, Fay accedió a hablar con él. Era una mujer muy reservada y el marinero lo sabía. Habían pasado varios años ya juntos surcando el mar de las Estrellas Fugaces y sabía cómo sonsacarle a la elfa palabras e incluso alguna sonrisa circunstancial. Una vez más ella comenzó a hablarle de su hogar, había empezado a hacerlo hace poco y solo con él en contadas ocasiones. Era un tema que sacaba su cara más triste, el dolor de un hogar perdido era fácilmente reconocible en su rostro estrellado y Kóger escuchaba manteniendo un silencio cómplice y comprensivo. Le había contado como era aquel plano idílico, Sildëyuir, y como era la vida en el (algo aburrida bajo el punto de vista del marino) pero nunca había sacado el tema de cómo se había visto obligada a escapar de allí.
[tab=30]Sentados junto a unas cajas, apartadas de donde los mozos cumplían sus tareas de mantenimiento en el barco, Fay hablaba por primera vez a su compañero y amigo sobre lo que fue la caída de su hogar. La elfa mostraba un talento poco aprovechado para contar sus historias, no era difícil quedarse inmerso en sus relatos y a Kóger le encantaban por esto, además de por el propio contenido.
[tab=30]"Entre la tranquilidad y el crepúsculo eterno llegaron portando sus llamas y luciendo sus monstruosos cuerpos. Sus portales, negros como la obsidiana eran tan altos como nuestros árboles y añadían al paisaje un toque oscuro, extraño… terrorífico. Como un siroco enfurecido entraron por aquellos portales; nos odiaban y aun es un misterio para mí la razón de ese odio. Comenzaron a quemar nuestros bosques y a matar animales salvajes hasta que llegaron a nosotros. Nuestras ciudades aldeas y villas caían ante su magia, sin que nada pudiéramos hacer; creo que los llamaban los nilshai y parecían gusanos gigantes o algo similar, ya no recuerdo con claridad. Lo que ha quedado en mi memoria para la eternidad ha sido ese fuego asesino y aniquilador que consumía toda vida a su paso, mancillando nuestro plateado paraíso. Todo por lo que habíamos luchado durante tanto tiempo había desaparecido en unos instantes. En aquel momento yo tuve que presenciar todo aquello desde una colina, junto con mi hermano, observando con una impotencia insoportable dentro de mí. Alguien me cogió de la mano, tiró y comenzamos a correr con la sensación de que todo aquello tenía que ser una pesadilla. No recuerdo bien como fue, pero llegamos al portal los dos. Nuestros portales eran mucho más bellos, hechos de piedras grandes y esculpidas, formando construcciones simples, circulares y de poco altura. Mi hermano me miró, sonrió y con un golpe de sus manos fui empujada dentro del portal que ya otros habían intentado usar ante el inminente ataque. Aun lucho por entender su acción, no cruzó conmigo, pero ya da igual… también lucho por no olvidar su rostro, bello como las estrellas.
[tab=30]Mi pueblo fue uno de los que cayeron en primer lugar; tuvimos la mala suerte de caer rápido, o quizás la buena suerte. No desearía estar viviendo la agonía que por seguro están sufriendo mis hermanos.
[tab=30]Finalmente aparecí en el bosque de Yuir, sola y conmocionada. Apenas fui capaz de sobrevivir unos días por mi misma antes de que me encontraras vagando cerca de la costa y me recogieras en tu barco mercante."
[tab=30]Cuando Fay terminó su corto pero explicativo relato, un par de lágrimas caían con lentitud por sus mejillas, quedándose callada y pensativa. El marinero la miró apenado y la observo de manera discreta durante el silencio; finalmente rompió el silencio con su voz grave.
[tab=30]-He cambiado de opinión, te quedarás en el próximo puerto al que lleguemos. Necesitas algo por lo que luchar, por lo que vivir o el sacrificio de tu hermano no habrá valido la pena Fay- dijo aun mirándola muy serio, como si fuera una decisión meditada -. Aquí no encontrarás eso, este barco mercante es asquerosamente aburrido y Faerun es muy grande.
[tab=30]-Haré lo que quieras, no tengo razones para negarme pero aunque tus intenciones son buenas, creo que no hay futuro para mí- la elfa asintió y se alejó de la zona, una costumbre habitual en ella con la que zanjaba las conversaciones sin dejar lugar a dudas.
[tab=30]Tras aquella conversación, pasaron los días sin contratiempos hasta que finalmente llegaron a una isla llamada Sabah, tenía un puerto pequeño ya que no había muchos habitantes en aquel pueblo. A su llegada dos cosas llamaron la atención de Fay; la enorme construcción de color azul que ocupaba el centro del pueblo y a lo lejos, entre los bosques de la isla, lo que parecía ser un enorme volcán que sobresalía como un gigante desde el suelo.
[tab=30]La despedida entre Kóger y Fay fue sencilla, sin mucha palabrería. La elfa le prometió agradecimiento eterno, algo que para un humano tan solo significaban palabras, pero que para un elfo de las estrellas era algo digno de mención y de orgullo. El marinero, por su parte, la miró una vez más antes de marchar contemplando aquel rostro del que se había enamorado entre tantos viajes y que así como vino, se fue. Prometió dejarla ahí y así lo hizo, deseándola el mejor de los destinos para su futuro.
[tab=30]Aquella isla iba a ser el lugar en el que la elfa viviría muchos años y en el que encontraría algo por lo que vivir, sin embargo en aquel momento solo vio un puerto más.
Parte I
[/highlight][tab=30]Árboles majestuosos y altos donde apenas la vista llega alcanzar, llanuras fértiles de frondosa hierba suavemente golpeadas por las brisas plateadas que inundan de paz todo lo que rodean. Lagos de pasmosa tranquilidad, inertes en la superficie y llenos de vida en sus profundidades. El suave rumor de las cascadas naturales y los ríos que se pierden en el horizonte, serpenteando traviesos por el paisaje, como si quisieran esquivar la vegetación que reposa sobre sus orillas. Aquellos brillos plateados que salpicaban un cielo púrpura, perpetuo, quieto y atemporal... tan solo el suave murmullo de las gentes que habitaban aquel paraíso y de los pequeños animales eran capaces de romper aquella tranquilidad trascendental, aquella eternidad simulada.
[tab=30]Poco más de estos recuerdos quedan centelleando dentro de su mente, solo la vasta masa de agua que reposa en alta mar era capaz de aflorar las vívidas imágenes en su memoria. Aquello que una vez fue su hogar, su todo y lo que daba sentido a su existencia acabó finalmente de la manera más cruel. Sin embargo disfrutaba recordando lo que en un tiempo fue y ya no es, lo que podría haber seguido siendo. Todo esto y más ocupaban sus pensamientos mientras se apoyaba en una de las enormes cajas que descasaban en la popa del barco.
[tab=30]-¡Ey! Fay, deja de quedarte dormida entre la mercancía, este barco no es lo suficiente grande para que me evites todo el día.
[tab=30]Un suspiro de resignación acompañó las palabras del hombre. Era Kóger, un humano que alcanzaba la treintena de años muy bien llevados aunque con un aire curtido solo posible en alguien que ha pasado mucho tiempo en un barco. Facciones duras, barba de varios días, corte de pelo corto y una complexión fornida y atlética. Nada fuera de lo común para un lobo de mar; exceptuando una sensibilidad y una inteligencia poco comunes dentro de un hombre de su condición.
[tab=30]-Uh… perdona. No era mi intención meterte en más problemas.
[tab=30]La mujer se ladeó, mostrando hacia el marinero su rostro pálido. Era una de las escasas elfas de las estrellas que vagaban por Faerun; de aspecto delicado, complexión espigada y delgada casi alcanzaba la altura de su interlocutor. Un rostro sencillo y de aspecto joven iluminaba su figura, adornado por unos cabellos plateados que la daban una apariencia extraña y que parecía fuera de lugar en un ambiente duro y ocupado por humanos como era aquel. Su semblante era noble y serio, pero disfrutaba de un atractivo casi sobrenatural que muy posiblemente es lo que había sido capaz de encandilar a sus acompañantes.
[tab=30]-¿Otra vez pensando en tu tierra, plano exterior…? O lo que sea, demonios– Kóger sabía que era un tema delicado y mostraba un desinterés pobremente fingido para quitarle peso al asunto.
[tab=30]-Aunque este en mismísimo averno, Sildëyuir ocupará un puesto privilegiado en mis pensamientos, y en mi memoria – Respondió Faydrel o Fay, como la llamaban todos sus compañeros. Había aceptado el diminutivo aunque no comprendía esa costumbre por reducir los nombres ajenos –.Sé que tenemos un trato y lo cumpliré, lo he prometido y así se hará pero no puedo evitar distraerme en ocasiones. Ruego que me disculpes.
[tab=30]-Bah mujer, no te pongas tan solemne, que no es para tanto. Trabajas mejor que todos esos vagos charlatanes. En realidad estoy preocupado por tus continuas escapadas, ¿todo bien, plateada? – Otro de los motes aceptados por la elfa, sin duda era mucho más permisiva con Kóger que con los demás. Le debía la vida al fin y al cabo.
[tab=30]Tras un rato de charla distendido, Fay accedió a hablar con él. Era una mujer muy reservada y el marinero lo sabía. Habían pasado varios años ya juntos surcando el mar de las Estrellas Fugaces y sabía cómo sonsacarle a la elfa palabras e incluso alguna sonrisa circunstancial. Una vez más ella comenzó a hablarle de su hogar, había empezado a hacerlo hace poco y solo con él en contadas ocasiones. Era un tema que sacaba su cara más triste, el dolor de un hogar perdido era fácilmente reconocible en su rostro estrellado y Kóger escuchaba manteniendo un silencio cómplice y comprensivo. Le había contado como era aquel plano idílico, Sildëyuir, y como era la vida en el (algo aburrida bajo el punto de vista del marino) pero nunca había sacado el tema de cómo se había visto obligada a escapar de allí.
[tab=30]Sentados junto a unas cajas, apartadas de donde los mozos cumplían sus tareas de mantenimiento en el barco, Fay hablaba por primera vez a su compañero y amigo sobre lo que fue la caída de su hogar. La elfa mostraba un talento poco aprovechado para contar sus historias, no era difícil quedarse inmerso en sus relatos y a Kóger le encantaban por esto, además de por el propio contenido.
[tab=30]"Entre la tranquilidad y el crepúsculo eterno llegaron portando sus llamas y luciendo sus monstruosos cuerpos. Sus portales, negros como la obsidiana eran tan altos como nuestros árboles y añadían al paisaje un toque oscuro, extraño… terrorífico. Como un siroco enfurecido entraron por aquellos portales; nos odiaban y aun es un misterio para mí la razón de ese odio. Comenzaron a quemar nuestros bosques y a matar animales salvajes hasta que llegaron a nosotros. Nuestras ciudades aldeas y villas caían ante su magia, sin que nada pudiéramos hacer; creo que los llamaban los nilshai y parecían gusanos gigantes o algo similar, ya no recuerdo con claridad. Lo que ha quedado en mi memoria para la eternidad ha sido ese fuego asesino y aniquilador que consumía toda vida a su paso, mancillando nuestro plateado paraíso. Todo por lo que habíamos luchado durante tanto tiempo había desaparecido en unos instantes. En aquel momento yo tuve que presenciar todo aquello desde una colina, junto con mi hermano, observando con una impotencia insoportable dentro de mí. Alguien me cogió de la mano, tiró y comenzamos a correr con la sensación de que todo aquello tenía que ser una pesadilla. No recuerdo bien como fue, pero llegamos al portal los dos. Nuestros portales eran mucho más bellos, hechos de piedras grandes y esculpidas, formando construcciones simples, circulares y de poco altura. Mi hermano me miró, sonrió y con un golpe de sus manos fui empujada dentro del portal que ya otros habían intentado usar ante el inminente ataque. Aun lucho por entender su acción, no cruzó conmigo, pero ya da igual… también lucho por no olvidar su rostro, bello como las estrellas.
[tab=30]Mi pueblo fue uno de los que cayeron en primer lugar; tuvimos la mala suerte de caer rápido, o quizás la buena suerte. No desearía estar viviendo la agonía que por seguro están sufriendo mis hermanos.
[tab=30]Finalmente aparecí en el bosque de Yuir, sola y conmocionada. Apenas fui capaz de sobrevivir unos días por mi misma antes de que me encontraras vagando cerca de la costa y me recogieras en tu barco mercante."
[tab=30]Cuando Fay terminó su corto pero explicativo relato, un par de lágrimas caían con lentitud por sus mejillas, quedándose callada y pensativa. El marinero la miró apenado y la observo de manera discreta durante el silencio; finalmente rompió el silencio con su voz grave.
[tab=30]-He cambiado de opinión, te quedarás en el próximo puerto al que lleguemos. Necesitas algo por lo que luchar, por lo que vivir o el sacrificio de tu hermano no habrá valido la pena Fay- dijo aun mirándola muy serio, como si fuera una decisión meditada -. Aquí no encontrarás eso, este barco mercante es asquerosamente aburrido y Faerun es muy grande.
[tab=30]-Haré lo que quieras, no tengo razones para negarme pero aunque tus intenciones son buenas, creo que no hay futuro para mí- la elfa asintió y se alejó de la zona, una costumbre habitual en ella con la que zanjaba las conversaciones sin dejar lugar a dudas.
[tab=30]Tras aquella conversación, pasaron los días sin contratiempos hasta que finalmente llegaron a una isla llamada Sabah, tenía un puerto pequeño ya que no había muchos habitantes en aquel pueblo. A su llegada dos cosas llamaron la atención de Fay; la enorme construcción de color azul que ocupaba el centro del pueblo y a lo lejos, entre los bosques de la isla, lo que parecía ser un enorme volcán que sobresalía como un gigante desde el suelo.
[tab=30]La despedida entre Kóger y Fay fue sencilla, sin mucha palabrería. La elfa le prometió agradecimiento eterno, algo que para un humano tan solo significaban palabras, pero que para un elfo de las estrellas era algo digno de mención y de orgullo. El marinero, por su parte, la miró una vez más antes de marchar contemplando aquel rostro del que se había enamorado entre tantos viajes y que así como vino, se fue. Prometió dejarla ahí y así lo hizo, deseándola el mejor de los destinos para su futuro.
[tab=30]Aquella isla iba a ser el lugar en el que la elfa viviría muchos años y en el que encontraría algo por lo que vivir, sin embargo en aquel momento solo vio un puerto más.