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Fin y principio

Yochlol

Enano con acento ruso
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27/3/09
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Parte I
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[tab=30]Árboles majestuosos y altos donde apenas la vista llega alcanzar, llanuras fértiles de frondosa hierba suavemente golpeadas por las brisas plateadas que inundan de paz todo lo que rodean. Lagos de pasmosa tranquilidad, inertes en la superficie y llenos de vida en sus profundidades. El suave rumor de las cascadas naturales y los ríos que se pierden en el horizonte, serpenteando traviesos por el paisaje, como si quisieran esquivar la vegetación que reposa sobre sus orillas. Aquellos brillos plateados que salpicaban un cielo púrpura, perpetuo, quieto y atemporal... tan solo el suave murmullo de las gentes que habitaban aquel paraíso y de los pequeños animales eran capaces de romper aquella tranquilidad trascendental, aquella eternidad simulada.

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[tab=30]Poco más de estos recuerdos quedan centelleando dentro de su mente, solo la vasta masa de agua que reposa en alta mar era capaz de aflorar las vívidas imágenes en su memoria. Aquello que una vez fue su hogar, su todo y lo que daba sentido a su existencia acabó finalmente de la manera más cruel. Sin embargo disfrutaba recordando lo que en un tiempo fue y ya no es, lo que podría haber seguido siendo. Todo esto y más ocupaban sus pensamientos mientras se apoyaba en una de las enormes cajas que descasaban en la popa del barco.

[tab=30]-¡Ey! Fay, deja de quedarte dormida entre la mercancía, este barco no es lo suficiente grande para que me evites todo el día.

[tab=30]Un suspiro de resignación acompañó las palabras del hombre. Era Kóger, un humano que alcanzaba la treintena de años muy bien llevados aunque con un aire curtido solo posible en alguien que ha pasado mucho tiempo en un barco. Facciones duras, barba de varios días, corte de pelo corto y una complexión fornida y atlética. Nada fuera de lo común para un lobo de mar; exceptuando una sensibilidad y una inteligencia poco comunes dentro de un hombre de su condición.

[tab=30]-Uh… perdona. No era mi intención meterte en más problemas.

[tab=30]La mujer se ladeó, mostrando hacia el marinero su rostro pálido. Era una de las escasas elfas de las estrellas que vagaban por Faerun; de aspecto delicado, complexión espigada y delgada casi alcanzaba la altura de su interlocutor. Un rostro sencillo y de aspecto joven iluminaba su figura, adornado por unos cabellos plateados que la daban una apariencia extraña y que parecía fuera de lugar en un ambiente duro y ocupado por humanos como era aquel. Su semblante era noble y serio, pero disfrutaba de un atractivo casi sobrenatural que muy posiblemente es lo que había sido capaz de encandilar a sus acompañantes.


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[tab=30]-¿Otra vez pensando en tu tierra, plano exterior…? O lo que sea, demonios– Kóger sabía que era un tema delicado y mostraba un desinterés pobremente fingido para quitarle peso al asunto.
[tab=30]-Aunque este en mismísimo averno, Sildëyuir ocupará un puesto privilegiado en mis pensamientos, y en mi memoria – Respondió Faydrel o Fay, como la llamaban todos sus compañeros. Había aceptado el diminutivo aunque no comprendía esa costumbre por reducir los nombres ajenos –.Sé que tenemos un trato y lo cumpliré, lo he prometido y así se hará pero no puedo evitar distraerme en ocasiones. Ruego que me disculpes.
[tab=30]-Bah mujer, no te pongas tan solemne, que no es para tanto. Trabajas mejor que todos esos vagos charlatanes. En realidad estoy preocupado por tus continuas escapadas, ¿todo bien, plateada? – Otro de los motes aceptados por la elfa, sin duda era mucho más permisiva con Kóger que con los demás. Le debía la vida al fin y al cabo.

[tab=30]Tras un rato de charla distendido, Fay accedió a hablar con él. Era una mujer muy reservada y el marinero lo sabía. Habían pasado varios años ya juntos surcando el mar de las Estrellas Fugaces y sabía cómo sonsacarle a la elfa palabras e incluso alguna sonrisa circunstancial. Una vez más ella comenzó a hablarle de su hogar, había empezado a hacerlo hace poco y solo con él en contadas ocasiones. Era un tema que sacaba su cara más triste, el dolor de un hogar perdido era fácilmente reconocible en su rostro estrellado y Kóger escuchaba manteniendo un silencio cómplice y comprensivo. Le había contado como era aquel plano idílico, Sildëyuir, y como era la vida en el (algo aburrida bajo el punto de vista del marino) pero nunca había sacado el tema de cómo se había visto obligada a escapar de allí.
[tab=30]Sentados junto a unas cajas, apartadas de donde los mozos cumplían sus tareas de mantenimiento en el barco, Fay hablaba por primera vez a su compañero y amigo sobre lo que fue la caída de su hogar. La elfa mostraba un talento poco aprovechado para contar sus historias, no era difícil quedarse inmerso en sus relatos y a Kóger le encantaban por esto, además de por el propio contenido.

[tab=30]"Entre la tranquilidad y el crepúsculo eterno llegaron portando sus llamas y luciendo sus monstruosos cuerpos. Sus portales, negros como la obsidiana eran tan altos como nuestros árboles y añadían al paisaje un toque oscuro, extraño… terrorífico. Como un siroco enfurecido entraron por aquellos portales; nos odiaban y aun es un misterio para mí la razón de ese odio. Comenzaron a quemar nuestros bosques y a matar animales salvajes hasta que llegaron a nosotros. Nuestras ciudades aldeas y villas caían ante su magia, sin que nada pudiéramos hacer; creo que los llamaban los nilshai y parecían gusanos gigantes o algo similar, ya no recuerdo con claridad. Lo que ha quedado en mi memoria para la eternidad ha sido ese fuego asesino y aniquilador que consumía toda vida a su paso, mancillando nuestro plateado paraíso. Todo por lo que habíamos luchado durante tanto tiempo había desaparecido en unos instantes. En aquel momento yo tuve que presenciar todo aquello desde una colina, junto con mi hermano, observando con una impotencia insoportable dentro de mí. Alguien me cogió de la mano, tiró y comenzamos a correr con la sensación de que todo aquello tenía que ser una pesadilla. No recuerdo bien como fue, pero llegamos al portal los dos. Nuestros portales eran mucho más bellos, hechos de piedras grandes y esculpidas, formando construcciones simples, circulares y de poco altura. Mi hermano me miró, sonrió y con un golpe de sus manos fui empujada dentro del portal que ya otros habían intentado usar ante el inminente ataque. Aun lucho por entender su acción, no cruzó conmigo, pero ya da igual… también lucho por no olvidar su rostro, bello como las estrellas.
[tab=30]Mi pueblo fue uno de los que cayeron en primer lugar; tuvimos la mala suerte de caer rápido, o quizás la buena suerte. No desearía estar viviendo la agonía que por seguro están sufriendo mis hermanos.
[tab=30]Finalmente aparecí en el bosque de Yuir, sola y conmocionada. Apenas fui capaz de sobrevivir unos días por mi misma antes de que me encontraras vagando cerca de la costa y me recogieras en tu barco mercante."


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[tab=30]Cuando Fay terminó su corto pero explicativo relato, un par de lágrimas caían con lentitud por sus mejillas, quedándose callada y pensativa. El marinero la miró apenado y la observo de manera discreta durante el silencio; finalmente rompió el silencio con su voz grave.
[tab=30]-He cambiado de opinión, te quedarás en el próximo puerto al que lleguemos. Necesitas algo por lo que luchar, por lo que vivir o el sacrificio de tu hermano no habrá valido la pena Fay- dijo aun mirándola muy serio, como si fuera una decisión meditada -. Aquí no encontrarás eso, este barco mercante es asquerosamente aburrido y Faerun es muy grande.
[tab=30]-Haré lo que quieras, no tengo razones para negarme pero aunque tus intenciones son buenas, creo que no hay futuro para mí- la elfa asintió y se alejó de la zona, una costumbre habitual en ella con la que zanjaba las conversaciones sin dejar lugar a dudas.

[tab=30]Tras aquella conversación, pasaron los días sin contratiempos hasta que finalmente llegaron a una isla llamada Sabah, tenía un puerto pequeño ya que no había muchos habitantes en aquel pueblo. A su llegada dos cosas llamaron la atención de Fay; la enorme construcción de color azul que ocupaba el centro del pueblo y a lo lejos, entre los bosques de la isla, lo que parecía ser un enorme volcán que sobresalía como un gigante desde el suelo.
[tab=30]La despedida entre Kóger y Fay fue sencilla, sin mucha palabrería. La elfa le prometió agradecimiento eterno, algo que para un humano tan solo significaban palabras, pero que para un elfo de las estrellas era algo digno de mención y de orgullo. El marinero, por su parte, la miró una vez más antes de marchar contemplando aquel rostro del que se había enamorado entre tantos viajes y que así como vino, se fue. Prometió dejarla ahí y así lo hizo, deseándola el mejor de los destinos para su futuro.
[tab=30]Aquella isla iba a ser el lugar en el que la elfa viviría muchos años y en el que encontraría algo por lo que vivir, sin embargo en aquel momento solo vio un puerto más.


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Yochlol

Enano con acento ruso
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Parte II
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[tab=30]Los años siguientes fueron tranquilos, Fay se asentó en el pueblo con algo de dificultad y su carácter reservado. Llamaba la atención de manera inevitable y las miradas se centraban en ella. Pese a todo, las gentes no molestaban mucho a la elfa y ella tampoco a ellos, cumplía trabajos para ganarse su comida y pasaba prácticamente todas las tardes sentada en la playa, observando el mar durante el atardecer, rememorando día tras día lo que fue su hogar en aquella estampa azulada.
[tab=30]Aunque era una mujer curiosa, pasó mucho tiempo hasta que aquel edificio grande, azul e imponente llamara su atención de manera significativa. Una tarde, tras completar sus habituales tareas en el puerto, se internó entre aquellos muros altos y silenciosos. Sabía que era un templo en el que prácticamente todos los ciudadanos rezaban al Señor de las aguas, Istishia, y en el que iban y venían adoradores de otras islas. Se hacían fiestas en su nombre y se preocupaban activamente por darlo a conocer, evitando que los marineros cayeran en el terror de Úmberli.
[tab=30]Llamó su atención un grupo de fieles que charlaban junto a una preciosa fuente esculpida en medio del templo, parecían haber completado sus rezos y miraron a la elfa al percatarse de su presencia; sin mediar palabra se marchó, avergonzada por haber interrumpido y huyó hasta la playa que solía frecuentar.
[tab=30]Tras aquella visita, un tema que había obviado desde su huida de Sildëyuir salió de nuevo a la superficie; la fe. Los Seldarine eran venerados en su plano natal y aunque ella nunca fue especialmente devota, creció creyendo en ellos. Sin embargo… ¿dónde estuvieron los Seldarine mientras su hogar era brutalmente atacado?, esa pregunta emanaba un leve pero punzante sentimiento de reproche hacia los que fueron sus dioses. Aquel tema ocupó su mente con rapidez y de igual modo cayó en la cuenta de que apenas conocía nada sobre las deidades que se veneraban en Faerun.
[tab=30]Como para todo, se tomó varias dekhanas para pensar en el tema hasta que se reafirmó en la decisión de aprender más sobre todos los dioses que ocupaban las vidas de las razas de Toril. Una vez más se adentró en el hermoso templo del señor de las aguas, esta vez decidida a aprender más. Fue atendida sin demasiada demora por la que parecía ser la suma sacerdotisa del santo edificio. Era una humana fornida, de mediana edad y rosto afable que parecía agradada por la visita de la elfa. Tuvieron varias conversaciones a lo largo de varios días en las que la mujer, llamada Jora, compartió con ella gran parte de su saber sobre las deidades mayores, menores, primordiales y demás entidades divinas que habitaban los planos exteriores.

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[tab=30]Aquellas enseñanzas interesaban y fascinaban a Fay, su interés por todas esas historias fue creciendo y quiso saber más por el dios que allí se rezaba. Istishia era una deidad poco seguida por los mortales dada su actitud pasiva e impredecible; sin embargo todo esto llamó la atención de la elfa ya que encontraba semejanzas entre la manera de ver el mundo que tenía el dogma del señor de las aguas y la suya.
[tab=30]El ciclo, la eternidad nacida del agua, el curso natural de las cosas, las repercusiones de los actos y su trascendencia… todo era bastante cercano al ideal de vida que se había creado en su nueva forma de vivir. Por otro lado, Istishia no tenía nada que ver con los Seldarine, ni su filosofía se parecía a la de los elfos, ¿era un error aceptar todas estas enseñanzas propias de otras razas?
[tab=30]Fay se vio asaltada por la duda y aunque siguió visitando a Jora tras conocer todas esas cosas, la asustaba estar cambiando sus orígenes, no quería olvidar quien era. Dedicó casi un año entero a meditar sobre todo lo que había aprendido tras su llegada a la isla de Sabah, ya habían pasado diez largos años aunque para la elfa no significó demasiado tiempo. Poco a poco se fue integrando en el pueblo y ella accedía a hablar un poco más con la gente que estaba conviviendo aunque sin salir de conversaciones poco trascendentales que aburrían a Fay. Durante todo este periodo también Kóger se dejaba caer de cuando en cuando, llevando mercancías al pueblo en su precioso barco mercante y se preocupaba por visitar a la elfa; por su parte, ella se sorprendió así misma al notar que le agradaban las visitas del humano y que se había convertido en un amigo importante para ella. El paso del tiempo se hacía notar en el físico del marinero y esto afectaba profundamente a Fay que por primera vez fue consciente de las vidas tan efímeras que tenían los humanos y lo doloroso que podría llegar a ser ver esto a través de los ojos de alguien como ella.

[tab=30]Al finalizar ese último año de pensamientos contrapuestos y esclarecimiento de dudas Fay tomó la determinación de aceptar la fe de las aguas y dejar en un recuerdo, y no en una obligación, las enseñanzas de los Seldarin. En sus adentros pensaba que nunca había sentido una devoción real hacia ellos y sin embargo este nuevo encuentro en Sabah si levantaba más afinidades en ella.
[tab=30]Se dirigió una vez más a la que se había convertido de una extraña manera en su guía religiosa, Jora. Pese a la tardanza de su vuelta la afable humana la recibió como si su última visita hubiera sido hace unas horas. Accedió a enseñarla en mayor profundidad e instruirla en la palabra de Istishia, de hecho parecía emocionada por la decisión de la elfa, cosa que creó cierta desconfianza en su interior.
[tab=30]-Me agrada sobremanera tu decisión Fay, pocos de tu raza son los que eligen el camino de las Aguas y… creo que son justamente los de tu raza los que posiblemente mejor entiendan el mensaje de nuestro señor- explicó Jora con una afable sonrisa al ver el gesto de extrañeza en la elfa.
[tab=30]-¿Por qué lo crees? Nuestra manera de vivir se aleja mucho de la vuestra. Entendemos y actuamos con lentitud para vuestra raza, somos tranquilos y no nos gusta imponer nuestra voluntad mediante la fuerza- Fay meditó su respuesta antes de formularla. Quería que Jora entendiera su punto de vista.
[tab=30]-Por eso mismo lo creo, tu misma te has dado la respuesta. Tu gracia te permite contemplar el ciclo de manera privilegiada; vivirás para ver nacer y morir varias generaciones, incluso verás cambiar Toril si te lo propones. Nuestro Señor no busca intervenir en todos los sucesos, al igual que vosotros y cree que seguir el natural curso de las cosas es la clave para una vida en armonía con las aguas- una vez más, Jora parecía tener una respuesta clara para otra de sus preguntas. Resultaba ser una gran oradora y exponía sus discursos con la soltura de alguien que lo ha estado haciendo durante muchos años-. Del mismo modo, podrás actuar cuando lo consideres necesario, utilizando el, tranquilo en apariencia, poder del agua a tu favor. Es una gran responsabilidad y privilegio, querida.
[tab=30]-Volveré mañana…- sentenció finalmente Fay. Parecía que el sentido de las frases de su profesora había hecho pensar a la elfa y como siempre, deseaba meditar a solas. Dicho esto se marchó hacia la playa para pasar otra tarde más.

[tab=30]Como dijo, volvió a la mañana siguiente y esta vez dispuesta a aceptar las enseñanzas del Señor de las aguas. Jora se ofreció a seguir su formación de manera personal, veía una gran promesa en Fay y el tiempo que dedicó a ella lo demostró.
[tab=30]Los entrenamientos físicos fueron relativamente duros. Tuvo que aprender a usar armas sencillas de manera eficaz y a llevar armaduras que no había visto ni portado en su vida; le resultó difícil hacerse al arte de la guerra, bastante más que a los demás miembros novatos pero, por otro lado, mostró unas capacidades únicas para la meditación, el rezo y conjuración de plegarias divinas. Su fe y convicción fueron creciendo según fue presenciando el poder real de Istishia. Jora se encargaba de estas demostraciones, motivando a los fieles que tenía a su cargo. Fue un proceso lento, pero finalmente Fay consiguió convertirse en una sacerdotisa de pleno derecho. Sus dudas se fueron disipando con el paso del tiempo, se sentía bien con sus nuevos deberes; ayudaba a marineros, guiaba a los fieles en los festejos y se encargaba de que todo el mundo disfrutara de agua potable en el pueblo.

[tab=30]Tras completar todo su entrenamiento, habían pasado dos trabajosos años. Jora se había encargado de enseñar a su nueva fiel el idioma de las criaturas marinas, indicándole que usara estos conocimientos para evitar conflictos entre las razas que habitan la tierra y las que habitan en el mar. Del mismo modo, advirtió a la elfa de la aversión mutua entre Kossut e Istishia. El dios del fuego se ganó la enemistad de Fay relativamente rápido; sus rituales bañados en fuego hacían recordar en su memoria la destrucción de su pueblo mediante las llamas y la crueldad, de manera inevitable relacionaba ambas cosas. Este último tema levantó de nuevo una curiosidad latente desde su llegada en la elfa y quiso saber más sobre el volcán que ocupada el centro de la isla, rodeado de una exuberante jungla. La expresión de Jora se ensombreció ante tales preguntas, era la primera vez que Fay la veía mostrar ese aspecto preocupado y desconfiado, cosa que la desconcertó.


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[tab=30]-El volcán lleva inactivo desde hace más de cincuenta años, pero algunos tenemos la sospecha de que los mismos seguidores del dios del fuego desean despertar a ese gigante de lava y destrucción, querida- Jora bajó el tono de voz, parece que no quería asustar a nadie con su confesión.
[tab=30]-¿No pensáis hacer nada al respecto? El volcán parece tranquilo, pero si lo que dices es cierto…- la elfa dedicó una mirada significativa a su maestra-. Me gustaría ayudaros en lo que esté en mi mano.
[tab=30]-Aquí no podemos hacer nada. No somos guerreros y apenas llegamos al centenar de fieles en todo el pueblo. Me temo que nuestro destino queda en manos del Señor de las aguas- la mujer sonrió triste aunque mostrando su habitual e impenetrable tranquilidad-. Puede que algún día tu nos salves Faydrel, cuando demuestres lo que vales. De momento deberás viajar y conocer el mundo que aún no has tenido tiempo de conocer, el Señor te guiará. Solo he de pedirte que no nos olvides en Sabah.
[tab=30]Al escuchar aquellas palabras Fay se quedó callada, por primera vez se estaba dando cuenta que el pequeño pueblo de Sabah se había convertido de manera sigilosa, casi traicionera en su nuevo hogar y sin duda le importaba su bienestar. Estaba dispuesta a defenderlo para que no sufriera el mismo destino que Sildëyuir, aunque esto supusiera adquirir el favor de Istishia, su nuevo guía. Tras aquellos instantes de silencio volvió a mirar a Jora, la cual esperaba pacientemente su respuesta.
[tab=30]-Está bien, viajaré y adquiriré los conocimientos necesarios para ayudar a esta gente, aunque ya sabes que no soy rápida en cumplir mis objetivos. Espero no llegar demasiado tarde- dijo finalmente, no demasiado convencida. Se sentía con una gran responsabilidad sobre sus hombros, sin previo aviso y eso la abrumaba aunque también la hacía sentir bien en cierto modo.
[tab=30]-Tomate el tiempo que consideres necesario, nuestro Señor es sabio y sabrá cuál es el momento apropiado para que vuelvas, no temas por nosotros y sigue tu senda, sacerdotisa- Jora puso las manos sobre los hombros de Fay y asintió con seguridad-. Ve, aquí esperaré tu regreso.

[tab=30]Tras aquella conversación, la elfa quedó algo consternada y preocupada. Forzándose a sí misma partió a la mañana siguiente sin saber a dónde ir. Tan solo un equipamiento simple de viaje, unas cuantas monedas, su fe y los recuerdos de su pasado la acompañaban en su viaje. De este modo Faydrel de internó en un largo viaje hacia las tierras de Faerun que aun desconocía.


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