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Finn Heckleberry

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Finn Heckleberry

Proveniente de Minsorran dirigida por el Príncipe Protector Wessalen de Torm

El menor de 5 hermanos, el "débil" para todos ellos, el que no sabia pescar para su padre y el travieso para su madre.
A la corta edad de 4 años, Finn fue dado en adopción a un sacerdote que dirigía una pequeña capilla que adoraba a Tyr. Los motivos? no tener el sustento económico para mantener a tanto hijos, por lo que "el peor" pagaría las consecuencias de dicho problema económico.
El sacerdote Cornelio Heckleberry, fue quien su apellido brindo al joven desdichado, ademas le regalo una prenda que había tejido el mismo, una capa con el símbolo de Tyr. La misma seria el objeto mas preciado para Finn, cuidándola de cualquier posible daño. Le enseño las dogmas de Tyr, haciendo a Finn un protector de La Mano firme, el Dios Manco, el Dios Justo.
Su crecimiento conllevo un exigente entrenamiento sumado a un obligatorio aprendizaje sobre la religión a la que representaba y a algunas mas de las que cuidarse.
Finn tenia un grabe problema, al menos para el lo era, su inquebrantable sentido de la justicia... El mismo lo llevo a meterse en serios problemas, desde intentar defender a alguien de unos abusivos mucho mas grandes que el, hasta ir en contra de guardias que, no solo no cumplían las dogmas de Tyr, sino mas bien se aprovechaban de su posición como guardias.
Después de años de adoctrinamiento, Finn decidió escapar de Minsorran, sin previo aviso huyo de la misma hacia donde el destino lo guiara.
Cumpliendo sus 16 años, Finn llega hasta una ciudad donde conoció a un viejo bibliotecario, este le enseño cosas nuevas, desde los nombres de los reinos, hasta todas las religiones habidas y por haber, gracias a toda la ayuda brindada por el bibliotecario Finn decidiría emprender un viaje de exploración y aprendizaje. El mismo lo hizo pasar por cuevas, pueblos, aldeas, lagos, puentes, todo tipo de valles.
Llegando casi a sus 17 años de edad Finn se topa con un cadáver en medio de su camino, al revisarlo encuentra un pequeño libro con anotaciones extrañas y símbolos que el joven desconocía totalmente, por lo que decide regresar a caballo a donde el bibliotecario se alojaba.
Al llegar con el bibliotecario, comienzan a ver juntos el libro, descubren que no solo era un libro extraño sino que se trataba de demonología, el bibliotecario nunca en su vida había visto un libro de tal información, le comenta y explica con lujos de detalles lo que el libro contaba. Este mismo explicaba como invocar demonios pacíficamente, ingredientes, palabras, movimientos incluso lugares específicos para realizar lo.
Finn anonadado por la información que el libro contenía decidió guardarlo para el sabiendo que algún día podría serle de utilidad.
Pasa el tiempo y las aventuras de Finn lo llevan al reino de Amm, donde el sabía que no podía decir de donde venia y por que salio como salio, por lo cual decide inventar que venia de Kalathyr, el pueblo pesquero, es un pueblo lejano, conocido, parece ser la cuartada ideal para el joven.
 
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CAPITULO I
¿SERA ESTE MI NUEVO HOGAR?

Ya establecido en el reino de Amm Finn conoce a muchas personas del lugar, recolectando datos, hablando con personas, conociéndolas y hasta formando vínculos que para el joven si son importantes.
En su llegada fue asistido y ayudado por un elfo, parecía ser un elfo conocido por la comunidad, este elfo se convierte para Finn en un gran amigo, casi un maestro para el, al menos en el reino de Amm.
Pasando el tiempo, el elfo le presenta a Finn a un grupo de grandes aventureros, destacando uno... Se trataba de un tipo fuerte, que resaltaba mucho sobre los demás, no solo por su vestimenta, también por su personalidad, fría quizás hasta oscura.
Cuando comienzan las aventuras de Finn y el grupo del elfo, el joven se siente muy inferior a todos ellos, como no sentirlo, estaba en frente de grandes representantes del reino, seres que no solo manejaban su cuerpo de manera increíble sino también utilizaban la magia a su favor! esto le pareció "brutal" como diría Finn. (haciendo referencia a genial)
Pero no se sentía intimidado realmente, su sentimiento era mas bien de querer auto superarse y ser como ellos, incluso mejor!
Esto sera interesante!
 

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CAPITULO II

¿REALMENTE LE IMPORTO?

Tercera aventura! Hoy tocaba ir a un campamento enemigo, el joven Finn estaba entusiasmado, seria su primera vez al frente de combate al lado del solitario, esto si era brutal! Comenzó rezando por Tyr, para que lo guiara a su batalla de hoy y que protegiera al resto de la misma.
A la misión del día se sumaría una sacerdotisa que Finn no conocía, su vestimenta era similar a la del solitario, ambos irradiaban un indole extraño, oscuro, no normal...
Cuando Finn noto que no solo era el mas débil de todos, sino que también seguían a un dios/deidad distinta, se sintió incómodo, con un temor extraño que jamás había tenido, le provoco una distracción que lo llevo a caer ante el enemigo... Pero no era todo, Finn se recompuso, Pero ¿cómo? la sacerdotisa adoraba a una deidad que era prácticamente contraria a Tyr, sin importarle nada decidió asistir al joven con la excusa de "le vi valentía"

En ese momento algo ocurrió en el corazón de Finn, no un dolor, no una molestia, un sentimiento extraño, era la primera vez que Finn se cuestionaría su creencia, fue testigo de su caída y de que su dios no le dio una mano cuando él lo necesitaba, sino que un "enemigo" fue quien lo ayudo, un dios/deidad ajena, totalmente ajeno a el decidió ayudarlo!
Esto claramente le afecto emocionalmente a Finn, tanto así que se tomó su tiempo alejado para pensar y una duda golpeo la puerta de su cabeza, Finn comenzó a cuestionar a Tyr, comenzó a dejar de rezar, solo para ver si su Dios hacia algo... Pero nada, nadie respondió, nadie acudió, nadie nada...
 

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CAPITULO III

MI DESTINO ES ESTE! (PRIMERA PARTE)

Luego de tantas cuestiones en la cabeza de Finn, decide darle otra oportunidad a su Dios, aun hay fe en el corazón del muchacho, todavía hay esperanza de que algo cambiara y Tyr le demostrara que si lo ampara.

El joven decide emprender una aventura solo, para probar las habilidades que había adquirido en sus entrenamientos. Toma rumbo hacia Crimmor, saliendo desde los llanos hasta ahí y de ahí hasta Nashkel.

Su viaje hasta Crimmor fue realmente sencillo, el entrenamiento estaba dando sus frutos! mejoraba con cada golpe, aumentaba su defensa con cada esquiva, se sentía inspirado de llegar bien hasta Crimmor sin problema alguno...

Ahora si era la parte difícil, de Crimmor a Nashkel, ¿Que habrá ahí? ¿Que enfrentare en este largo camino? preguntas que en la cabeza del joven retumbaban. El joven Finn comienza a rezar para que su fuerza sea suficiente para llegar a Nashkel a salvo...
Comenzando el camino, de momento no presentaban mayor peligro que los bandidos, eran trasgos, nada grande, el único inconveniente era que si dejaba que se agruparan los trasgos podrían franquearlo y complicar su viaje. Llegando a la mitad del recorrido avista a distancia un grupo de 5 trasgos, sera fácil pensó Finn... al atraer a 1 de ellos con un arco, fue brutalmente emboscado por mas de 7 trasgos! Estos daban golpes deshonrados, a traición, sin piedad como bestias! El pobre muchacho no tenia fuerzas para seguir soportando el daño, ya no había energía para mantenerse aguantando y cae desmayado...
 

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CAPITULO III

MI DESTINO ES ESTE! (SEGUNDA PARTE)


¿Sera el fin para Finn?, ¿Así moriré?, ¿Tyr no me ampararas?...
Pensamientos que abarcaban la mente del joven, hasta que escucha unos ruidos extraños, parecía haber gente! -¿Es un favor de Tyr?- exclamaba el pobre muchacho al despertar, viendo algo borroso pregunta -¿Quien sois vos, que venís en mi peor momento?, ¿Sois un enviado de Tyr?- a lo que le responden -no muchacho, el señor de las sombras me guió hasta aquí, se ve que hay planes para ti, por algo me trajo y te salve.- y se retira del lugar.
Decepcionado nuevamente por su Dios, la decisión estaba tomada, Tyr ya no seria mas parte de la vida de Finn, harto de ser salvado por representantes de otras deidades e ignorado por la que el seguía, lo llevo a tomar esa decisión.
Faltando cerca de dos leguas se encuentra un campamento y descansa un poco, luego continua y logra llegar a Nashkel... Pero Finn, ya no era el mismo.
 

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CAPITULO IV

¿A QUE COSTO?

El viaje a Nashkel fue un pésimo viaje para Finn, no solo fue lastimado, sino que descubrió que su Dios, no lo ampara, esto sin dudas fue devastador para el muchacho, creer en algo para que luego veas que la adoración fue en vano genera enojo, tristeza, rabia, una mezcla de sensaciones...
Aun así sonreía, seguía usando la capa que Cornelio tejió para el, por mas que esta tuviera el símbolo de Tyr, tenia un gran valor sentimental para el muchacho, valía mas que cualquier cosa para el, podrías ofrecerle todo el oro del mundo que aun así el no te daría su capa! tanto el cariño por esa capa que decidió tomarse un tiempo para ir a ver a Cornelio, un largo viaje, difícil realmente, pero el joven necesitaba ver a su padre adoptivo, necesitaba hablar con el, contarle sus experiencias y demás, pero... A veces el destino es un poco abstracto, injusto dirían algunos, no siempre es malo y viceversa, pero el destino de Finn parecía estar dibujado mal intencionadamente apropósito...
Al llegar por una costa algo escondida de la guardia, toma un camino hasta dar atrás de la biblioteca, entra y... Cornelio estaba desparramado en el piso, con apenas una chispa de vida, el joven corre en busca de ayuda, sin importar que lo vieran. Llorando, con Cornelio en sus brazos lo lleva a una capilla, donde un curandero siempre presente estaba, este le dice que lo deje en la mesa y que salga del lugar... Pasan horas, y el curandero no salia, hasta que de pronto asoma la cabeza para llamarle a Finn, ese entra, ve a su padre adoptivo recostado respirando, aparentemente vivo. Aliviado Finn le da las gracias al curandero, rápidamente este lo detiene, No muchacho, tu padre no pasara de un par de noches mas mientras niega con la cabeza, el joven Finn rompe en llanto mientras grita -¡Por que me pasan estas cosas a mi!- de repente un recuerdo llega a la mente del joven, así era, la libreta, era hora de usarla, de contactar un ajeno para que curara a su padre, para que se lo devolviera sin importar el costo.
Comenzando con la búsqueda de los ingredientes, logra encontrar 3 de 5, ya que uno de esos 5 era la mitad de la sangre de quien invocara a tal criatura, aun faltando el ultimo ingrediente el curandero le advierte de estas cosas, pero el joven cegado por la situación lo ignora totalmente, en ese momento el curandero se le acerca y le dice -si de verdad estas listo para este enorme riesgo, toma, este es el ultimo ingrediente- el joven lo toma y corre hasta el lugar donde la invocación debe ser dictada.

Al llegar al lugar, prepara todos los ingredientes, hace los símbolos según la libreta lo dicta y comienza la parte de la sangre, el libro exigía la mitad de la sangre del invocador, para darle una ventaja sobre quien lo invocara.

EL TRATO EN EL SPOILER


 

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CAPITULO V

Dudas


Meses divagando, días peleando, amigos surgen, enemigos aparecen...
Tiempo después de todos los conflictos con personas y de creencias decidí re caminar una zona, un camino poblado de bestias letales, cuya fuerza es inhumana...
Comenzando por combatir con ellas, peleando a espada y escudo sin parar, me encuentro con un grupo feroz, pero en mi mente una duda estaba planteada "Importara si muero aquí? hm" por lo que decidí atacar sin mas.
Corrí hasta el grupo de bestias sin importar nada y paso lo que tenia que pasar, fui derribado, golpeado y por poco muero, pero me levante y pelee, una fuerza extraña estaba guiándome, siendo sincero hasta hoy en día no se que fue eso... Pensé "¿Sera eso que tanto me hizo enfadar?, ¿Sera el poder del maldito demonio que me engaño? hm." Con esa fuerza mate y limpie esa zona de bestias, sentía enojo y tristeza, pero aun así placer por la victoria.
Me tome un tiempo para pensar la situación, decidí ponerme a investigar la situación, las posibilidades de que esa fuerza venga de eso que tanto quiero destruir, "¿Sera posible que esa tragedia tenga un rayo de luz? no lo se." Mis esfuerzo por encontrar la respuesta no eran en vano, cada día que pasaba esa fuerza aparecía si, por lo que dije, "Iré a probar una vez mas, si este nuevo poder aparece, lo utilizare para mi conveniencia."
Como sospeche, el poder resurgió de nuevo, quizás tengo mas cosas que aun desconozco, aun no lo se, pero pronto lo sabre.
 

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CAPITULO VI

Una nueva oportunidad

Justamente en esa ida de prueba fue el momento, así es, allí estaba yo en plena pelea limitado combatiendo con unos orcos, sin ver ni pensar en nada, entrenando dirían algunos, probando mis limites diría yo...
Pero fuera de eso, había un tipo gigante observándome, no me había percatado de el hasta que hablo, "Un grandullón arriba de un oso, que cosa mas rara" me dije a mi mismo, me vio combatir, me ofreció un lugar en su grupo de mercenarios, yo no sabia que responder, pero dije si, quería encajar en algún grupo, por lo que fui con el y su grupo, es emocionante estar con un grupo, es la primera vez que soy parte de algo así... Espero no decepcionar, parece que hay muchos aquí, son mas fuertes que yo, todos ellos están a otro nivel y es asombroso pertenecer...

Aun así, no puedo desviar mi meta, debo seguir investigando.

Días después el grupo y yo fuimos a la arena, combatimos y todos me derrotaron, así es, definitivamente soy el "devilucho del grupo, quizás me concentre mucho estudiando y deje mi estado físico atrás, debo mejorar para estar a la altura de la situación.
 

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CAPITULO VII
"LOVIATAR"


Me encontraba en una de las tantas guardias que teníamos a menudo, seria otra aburrida ronda de espera, o eso creí, sinceramente no esperaba mucho, es mas hasta pensé que me tocaría alguien de mal hablar o alguien que ni siquiera me escucharía un rato, como para aliviar el tiempo y que se haga mas rápida la ronda de vigilancia, pero me equivoque, si si, nunca estuve mas alejado de la realidad... Se trataba de nada mas ni nada menos que la sacerdotisa de "Loviatar" una señorita que si bien su primera oración fue algo negativa, termino mostrándome una forma de pensar tan distinta a la que acostumbro, que me llevo a concretar un segundo encuentro con ella, para mi suerte me dio un libro que según ella era sumamente importante y así lo era, el libro trataba sobre "La dama del dolo, Loviatar" así es, pero ese día también tubo otro acontecimiento, la figura que admire desde mi llegada, hasta la actualidad, era también seguidor de la misma... Este sujeto me entrega un pergamino, el cual titulaba "El código del dolor", sorprendido de que esa persona me haya dado tal papel decidí leerlo en conjunto al libro entregado por la mismísima sacerdotisa de Loviatar, esta lectura me dejo intrigas, pero a su vez posibles soluciones, quizás una nueva forma de ver el mundo se me estaba presentando...

Días mas tarde, cuando ya termine de leer el libro, quede en reunirme con ellos, primero que nada para devolverles el libro, segundo para resolver mis intrigas sobre "Loviatar".
Comenzamos un camino, un recorrido que no solo seria para limpiar los caminos de Amm, sino también para hablar sobre el libro, para responder mis preguntas, para aclarar mis ideas, me dije a mi mismo "-No nos tomemos todo a la lijera, recuerda lo que sobre ellos hablan, piensa, no te dejes intimidar-" Cuestión que, no solo lo que sobre ellos se dice era falso, sino mas bien lo contrario, me mostraron un sin fin de formas de sobrellevar mi vida, me mostraron que hay una meta, un por que y sobre todo, un motivo...
Fue en ese entonces que lo decidí, fue en ese momento que dije "-Sii, aquí es, no hay otro lugar-" Decidí serlo, fui aceptado, contando mi verdad, mi pasado, mi tortura, mi ahora motivación a seguir, fue ahí donde descubrí que podía hablar de mi pasado sin ser juzgado, podía ser yo sin miedo al rechazo, fue ahí donde pude mostrar quien es Finn Heckleberry, me convertí en un "iniciado de Loviatar"
 

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CAPITULO VIII

Desequilibrio mental

La fecha se acercaba, llegaba la hora de entregar la primera ofrenda, pero el muchacho ahí estaba sin saber que hacer, ni como hacerlo.
Quedaban días para la fecha pactada, el lo sabia pero algo no lo dejaba actuar... Unas voces se escuchaban en su cabeza, el creería que se estaba volviendo loco, creía que su mente estaba explotando poco a poco pero era extraño, las voces querían que el hiciera la ofrenda, los hostigaban en todo momento a tal punto de hacerlo gritar, la saturasiòn mental que el joven estaba teniendo era tan grande que en ocasiones hasta se desmayaba.
Sintiéndose completamente solo, desamparado hasta por sus compañeros pues no es como el creía que seria su camino después de entrar al culto, aun así el estaba muy agradecido con ellos, pues lo estaban encaminando a una senda con buen futuro, pero había un problema que calcomia la mente del joven...
Las voces en su cabeza, su lado mas oscuro, su mitad maligna estaba dominando la mente en su totalidad, ella estaba ahí todo el tiempo debilitandolo poco a poco, pues su meta era esa, hacerlo decaer al máximo para tomar el control de todo su cuerpo...
Ahí estaba el, con toda su fuerza combatiendo por dentro, esperando ganar y controlar todo, pero no pudo, no logro dominarle pues esta maldad seguía ahí, acechando y debilitando lentamente al pobre muchacho, su cordura esta cerca de derrumbarse...

Todos peleamos con nosotros mismo en el interior, una batalla interminable, o eso parece, no puedes dejarte vencer solo por cansancio pero el ya no podía pelear, el ya no podìa solo...
 

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CAPITULO IX


Recuerdos

Offtopic :
Recuerdos después del pacto aclaro.
Por posibles mal entendidos


Calvarios, salvajadas, atrocidades, desgracias, oscuridad...
Palabras que marcaron mi vida o... Al menor el presente y pasado. No puedo pensar ni una vez mas todo lo que me toco vivir desde que salí corriendo de ese lugar, si tan solo tuvieran una idea de lo que tuve que pasar por confiar en ustedes, por creer que todos eran buenos, por creer en la gente que en su momento me rodeo...
Calamidades tuve que vivir, golpes, rasguños, dolores extremos y ¿Todo por que? Por simplemente ser un niño pidiendo ayuda, por querer comer un poco, por querer dormir bajo un techo, bajo una cobija, bajo un manto que perdí cuando el se fue, si tan solo estuvieras aquí conmigo, si tan solo pudieras recordarme, verme y sonreírme, si tan solo pudieras abrazarme como antes, verme a los ojos y decirme "Te quiero hijo" es ahora cuando mas lo necesito, es ahora cuando todos los problemas se juntan, padre eres mi luz y mi único recuerdo de humanidad, padre mío, pensar que hace años te veía a diario conmigo, el destino es cruel... El destino es un desastre.

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No era mas que un niño pequeño haciendo locuras por sobrevivir, corriendo con un grupo de niños intentando encontrar que comer, días y noches bajo la lluvia estábamos, la gente nos miraba mal, no nos querían cerca, no querían vernos ahí tirados pidiendo comida, llamaron a los guardias para que nos sacaran, logramos escapar solo dos, el resto fueron agarrados y golpeados mientras los veíamos, pero no, no pude tolerar ver a mis amigos de la calle sufrir de esa manera, no quería, me lance sobre ellos para protegerlos, distrayendo a los guardias para que me dieran golpes a mi y ellos pudieran escapar...



Y eso hicieron, me golpearon, rasguñaron, espían mi cuerpo en el piso, me insultaban, me maltrataron de maneras indescriptibles, pero podía sonreír, mis amigos lograron escapar y yo bueno... En algún momento la paliza terminaría.



Termino la paliza, quede irreconocible, quede muy mal y con suerte podría caminar, pero ahí estaban ellos, ayudándome a caminar hasta el callejón donde me esperaban con una pieza de pan, solté un risa nasal como pude, me dejaron la pieza de pan al lado para que la comiera, aun así decidí compartirla con ellos, tenían hambre, yo también la tenia, pero ellos eran mas chicos que yo, debían comer...
Al día siguiente, ya sintiéndome mucho mejor, tome la decisión tonta de vengarme, quería hacer que esos tipos se arrepintieran de cada cosa que nos hicieron.
Tome un palo que había en la basura, espere a que anocheciera, a que el tipo caminara solo por las calles para llegar y darle con todo. El tiempo se dio, estaba caminando como lo esperaba, por la calle oscura como lo pensé, solo... No podía dudar, el estaba ahí caminando desprevenido y zas! Le di con el palo en la pierna esperando que cayera, para mi sorpresa el palo se rompió, el hombre se dio vuelta y saco su espada, atemorizante la situación, en completa desventaja contra el, pero con el espíritu de enojo y venganza rodeándome, intento enfrentarlo pero el hombre con la espada me da un corte intenso en el pecho, grite del dolor inmenso que sentía, no podía creerlo, seria mi muerte, vi pasar mi corta vida por mis ojos, mamá, papá, hermanos, mi querido padre adoptivo...
Pero no era el fin, cuando el hombre se preparaba para matarme los niños aparecieron en mi defensa, postrándose delante mío, gritándome -¡Finn corre!- Yo los mire paralizado, adolorido y con lagrimas en los ojos, ellos seguían gritándome ¡Rápido Finn corre, corre! Trague saliva no podía moverme, pero debía salir, cuando me pude reincorporar, el hombre había traspasado al niño en frente mío, el pequeño me susurro con lo que tenia de fuerza -F... Finn, es.. estam.. estamos a a a mano...- El llanto fue inevitable, mientras corría di vuelta la cabeza un momento y ese hombre, ese bastardo los mato.. mato a mis hermanos de corazón, a mis amigos de la calle, a los niños que un día compartieron conmigo, ese día una parte de mi se rompió... Ese día me atormenta con los recuerdos...
 

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CAPITULO X

No hay tiempo para ser el niño bueno.

La vuelta es difícil, aceptar que no todo es color de rosa también, pero mierda! ¿A quien carajos le gusta el color rosa? Hm!

Meses desde mi ultima aparición, quizá nadie me recuerda, o si, quien sabe, en fin ahí vamos de nuevo, solo que esta vez con otra cara, otra idea, otra forma de ser y sobre todo, otra mentalidad.

Un largo viaje fue lo que necesite para entenderlo todo, como escuche varias veces "Al final uno siempre termina solo", sin embargo no lo estaba, no señor, tenia una compañía, peculiar compañía, una que nadie quisiera tener. Se trataba de ella Lilis, la diabla que me dio mis poderes, la diabla que me arrebato mi mas preciado ser, pero bueno... Ahí estábamos, mientras ella resonaba en mi cabeza, yo nos encaminaba a lugares donde nadie quisiera ir, oscuridad profunda, ni una chispa de luz, nada...
Si vieran las veces que pude morir... Si vieran o mejor dicho si pudieran presenciar las veces en las que estuve en la delgada linea de la vida con la muerte, adivinen quien me saco de ahí... No fue ni mi mejor amigo, ni mi mejor amiga, ni nadie corpóreo, no señor, Lilis me dio el poder para salir de ahí, una bendición oscura para que mi cuerpo pueda levantarse una vez mas, Lilis y mi doncella del dolor me levantaron el espíritu hasta el punto de darme cuenta de con quienes contaba realmente.


Fue así como deje de resistirme y la acepte como debí haber hecho hace mucho tiempo, fue así como me di cuenta que no estaba para matarme, que no estaba ahí para volverme loco, si no para fortalecerme y ser uno solo entre los dos y asi servir como se debe a la doncella, Fue ahí donde abrí los ojos como debía.
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Así pasamos días hablando, sembrando el terror por donde pisáramos, mostrando el dolor como la doncella lo enseña, castigando a quienes quieran desafiarnos, a quienes desdichen la palabra de la doncella, a todos aquellos que osaron mirarnos mal los hicimos sufrir, los lastimamos, les enseñamos el dolor como se debe.

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-Tu serás mío y yo te daré todo el poder que necesitas para doblegar a tus oponentes muchacho. *Exclamaría Lilis*
-Tu serás mi arma, la que empuñe cada vez que deba, la que usare a mi conveniencia, la que obedecerá mis ordenes en todo momento, la que tendrá todo de mi si mee concedes el verdadero poder, mas no obtendrás nada si me traicionas. *Dijo Finn sin un apoce de temor*
-*Sin hablar, Lilis soltó una cantidad considerable de energía negativa en el ambiente bañando al humano con todo ese poder, dejándolo imbuido en una capsula por 3 días y 3 noches*

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Gracias.
 

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CAPITULO XI


Ojos negros y un resplandor rojo


No se cuantos dias van pasando desde ese arreglo con ella, no se cuantas noches, cuantas horas o minutos, pero si se algo, es la mejor decisión que pude haber tomado.
Pensar que una eminencia me dio el concejo de aceptarla y convivir con ella, tenia la razón, completamente la razón, ahora me vez y vez lo que soy en realidad, ahora me vez y dudas de molestarme...

-Lilis Tu que me vez cuando me muevo, tu que presencias mis proezas, mis ideas, mis palabras, todo de mi, respóndeme, ¿Estamos haciendo las cosas bien?*Diría el joven mientras se encuentra sentado en la punta de un altar en la montaña*
Dame la señal de tu presencia, muéstrame que sigues ahí atada a mi y cumpliendo nuestro acuerdo, ¡Preséntate en mi!*Gritaría aprovechando la soledad que lo rodeaba*
Hm... No no est. . .


*Una bruma roja rodearía al hombre, un silencio incomodo confundía al joven, ¿Era miedo? no lo era, pero si el sentimiento de inquietud que azolaba al joven*
+¿Qué deseas mortal? yo cumplo mi promesa, espero tu cumplas la tuya. Sabes que pasara si no lo haces...


*El joven se sentiría confundido, la voz surgía pero nadie mas que el estaba ahí*
-¿Dónde estas? Preséntate, sabes que solo hablaremos, no puedo actuar contra ti, ni tu contra mi!


*La voz se intensifica*
+No te confundas, puedo liquidarte cuando se me de la gana niño, para mi eres una marioneta...*Mientras suena su risa desaforadamente*


*El joven traga saliva asustado por momentos pero entra en razón*
-Te equivocas, me necesitas y yo a ti, quieres mi cuerpo y solo podrás tomarlo cuando el pacto finalice, además también te necesito.
*Arrugando la nariz y sonriendo de lado*
-¿Por que no seguimos con el buen trato y avanzando juntos? ¿No es eso mejor que estar amenazándonos mutuamente tan seguido? Sin olvidar que tu me hiciste trampa en el pacto...


*Un gruñido se escucharía terminando por una risa*
+No lo olvido no, de hecho tu eres quien pidió mal el deseo, lo querías vivo, pues vivo lo tienes, ahora que no te recuerde es otra cosa ¡Ja!


*Suelta un suspiro el joven*
-Si lo se, por eso es que reconsidere mi enojo contigo, tu cumples lo que te piden, si no fui especifico contigo es culpa mía, no era tan listo...


*Carraspea*
+Si bueno ya, querías la muestra aquí estoy, suficiente
*El clima se tranquiliza y el sonido vuelve*


-Si, es verdad... Ahora que lo confirmo, somos ambos, estamos en el mismo equipo... Al menos por ahora.
*Dice mientras sonríe de lado y sus ojos se ponen negro profundo*



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CAPITULO XII

El viaje mas difícil


Resignado a no poder conseguir lo que quería, obligado a retroceder en ocasiones, "No vas a lograrlo" decían, "La misión que propusiste es un gasto de tiempo" decían…
Pero me di por vencido? No. Darse por vencido es aceptar que la critica estúpida o con intenciones de frenarte fue lograda, es darle la razón a quien no tenia fe en ti, créeme que mi primer meta es cerrarle el pico a quienes decían eso.

Primer excursión, fuimos bien preparados, herramental, pociones, animales de carga, compañeros, todo.
Entramos, fracasamos, salimos, fue rápido la verdad, no creí que una bestia de derrotara tan fácil.

Segunda excursión, esta fue similar, solo que con compañeros distintos, uno mas sentimental, es decir, un grupo mas interno en cuanto a trato, amigos, eso quiero decir. En conclusión, entramos, llegamos lejos, a la mina de hecho, pero un altercado nos agarro desprevenidos, nos derribaron y el ejercito nos saco de ahí... En conclusión segundo fracaso.

Tercera excursión, esta fue como la segunda, pero mas preparados, teníamos a una experta en analizar terrenos, ella nos ayudo como nadie jamás pudo, nuestro grupo dependió mucho de ella y fue efectiva la confianza que postramos en ella. Encontramos la mina, entramos y ahí estaba... Mi preciosa
Adamantita la conseguimos! mine todo lo que pude hasta que del altar que había en esa cueva, una extraña criatura emano de la oscuridad y comenzó a atacar a mis compañeros, yo estaba concentrado en la Adamantita , no les di importancia sinceramente, estaba tan cegado en mi minería que no los escuchaba, algunos dirían que los utilice para conseguir lo que deseaba con tanto anhelo... Pero fue y no fue, no importa ahora, salimos de ahí todos en una pieza y con el material que fuimos a buscar.
En ese viaje conocí a un animal de carga muy peculiar, lo nombre como
Carlos el buey se mandaba al ataque sin pensarlo, nos cubría de una manera que nunca había visto, nos protegió, lastimosamente se llevo un gran espadazo que le dejo cicatriz, ahora cada vez que vaya por un animal de carga, iré por ti Carlos.

Terminando con todo esto, lo logramos, salimos de ahí y como la frase lo dice, "La tercera es la vencida"

Offtopic :
Gracias DM Noctis por la escena de la adamantita, siempre un gusto contigo.
 

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CAPITULO XIII

Agonía eterna a tus enemigos

Plegaria en tu nombre.

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Loviatar es agresiva, avasalladora y no conoce el miedo, siendo la patrona de los torturadores sádicos y matones.

Tiene una naturaleza calculadora, fría y cruel, y un corazón envuelto en hielo.

Tu que buscas el castigo físico y psicológico de tus enemigos, tu que con tu divina sabiduría inundas mi mente con el conocimiento para impartir dolor, tu que miras a tus fieles desde tu posición, tu que no sufres de dolor alguno...

Tu trabajo puede ser tan brutal como azotar a una banda de orcos que encuentren hasta que huyan, o tan sutil como romper corazones.

El mundo está lleno de dolor y tormento, y lo mejor que uno puede hacer es sufrir estos golpes que no pueden ser evitados e infligir todo el dolor que se puede de vuelta a los que nos ofenden.

Deja que la clemencia de la repentina abstención de causar dolor y de proporcionar curación inesperada surjan de ti al azar, pero por capricho, para hacer que la gente tenga esperanza y aumente el misterio de la clemencia de
Loviatar.

Trae dolor y tormento tanto a aquellos que lo disfrutan como a aquellos que más lo merecen o a los que más daño les hará.

Látigo, fuego y frío son los tres tormentos que nunca le fallan al devoto.

Prueba todos los dolores, ya que esto refuerza el espíritu y proporciona verdadero placer a los fuertes y los auténticos. No hay un verdadero castigo si el castigador no conoce la disciplina. Donde quiera que haya un látigo, allí está
Loviatar. Témela y échala de menos más aún..

Loada sea la doncella.

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CAPITULO XIV

Santo sufragio


¿Cuánto ha pasado desde que te conozco?, ¿Cuánto tiempo llevo orándote para que me escucharas?, He aquí el momento exacto donde mis plegarias y dolor tienen su fruto pues ante ti hoy soy considerado como tu guardián y protector, he aquí tu mas fiel seguidor y quien a pesar de todo no ha abandonado ni una chispa la fe, un hombre que estando solo o acompañado no para de adorarte, de darle honor a tus palabras y dogma, un hombre que... *Suspira* Mírame hoy nuevamente como tu forma mas significativa, siento el dolor intensamente con cada practica, siento el sufrimiento como ningún hombre o mujer lo siente, pues yo Finn tu guardián es quien hoy te representa como nadie, desde mi primer respiro hasta el ultimo desde que te conozco he dado honor tu dogma, levanta tu látigo y hazme sentir que soy digno de ti, aplícame tu mas fuerte poder y guíame como hasta hoy, se tu quien me enseña el camino del dolor, se tu Loviatar quien me glorifique en tu nombre, se tu quien incentive día tras día hasta mi ultimo dolor.

Es así como tu guardián te representa, es así como el hombre en quien posas tu fe como guardián no te decepcionara, pues soy yo Finn Heckleberry el único y fiel hombre que perdura en el tiempo por ti y por tu beneplácito.
Cuantas personas te han decepcionado y han abandonado su fe por ser blandos e inestables, insolentes que manchan tu nombre haciéndose llamar guardianes negros de la doncella, cuando no pueden proteger ni su propia integridad! ríete conmigo Loviatar soseguémonos de risas ante estos incautos que no pueden ni mantener una simple promesa, mirémoslos a los ojos y hagámoslos sentir como se lo merecen pues su nombre ya es un chiste para cualquier persona que los conozcan, estos hipócritas que no sirven para nada! un sabio dijo una vez, Aquella persona que no encaje en ningún lado es por que no sirve para nada" Y ahí los tienes, sin futuro, ni presente, solo existiendo y ocupando espacio!


Pero yo, yo no soy como esas larvas y lo sabes, por eso me aceptas hoy como tu guardián mi doncella, hoy me tomas en tu diestra, hoy me muestras como se hacen las cosas, hoy... Hoy soy Finn Heckleberry el Guardian negro de Loviatar!

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CAPITULO XV

Un regreso inesperado


Al borde del colapso, al limite de la resistencia humana, en el extremo de hilo sujetándome con los dedos...
¿Cuántas formas de decirlo? Ninguna tan especifica como se sintió...

Pero aquí estoy con la convicción mas férrea que antes, incluso mas que al comienzo del camino. ¿Cómo puede ser que un ser divino influya tanto en las personas? Pocos podrían responder eso, sin embargo me considero especial por conocer esa respuesta, pero basta de filosofía, no es momento de pensar en algo que no sea yo, mi fe, mi gente...

He vuelto... He vuelto a casa y lo he hecho para quedarme, puede que no conozcas mi camino pero te aseguro que vas a conocer mi presente.


"El dolor es una respuesta, una coacción, una forma de arte, un destello de..."


No perdí mi tiempo en mi larga e imprevista desaparición, salí a misionar, territorios que jamás había visto, personas que no creí que influenciarían mi viaje.
Conocí el amor, pero se me fue arrebatado, conocí un dolor que no pensé podría afectarme tanto, me devastó y a su vez me iluminó...
Fui bendecido por una oscuridad que, para muchos seria dañino, para otros estúpido y para quienes lo entendemos, maravilloso.

Enfrente criaturas, pelee por mi vida varias veces, expandí mi fe en mis visitas, fui tomado por loco, por desquiciado y hasta por un timador, no me afectaron los comentarios ya que, mi fe es mas grande que cualquier cosa en esta vida o en la otra.

"¿Por que sientes dolor? No sufras en vano, libérate, dale sentido a tu dolor, absórbelo y aplícalo, apréndelo y demuéstralo, ofrécelo como ofrenda a la Doncella y serás recompensado"


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"Los ejemplos de la vida son muy claros, naces sufriendo y generando sufrimiento a alguien mas, ese sufrimiento se transforma en placer y alegría, se transforma en aprendizaje y el dolor que generas es devuelto con la bendición que no esperabas"

Finn Heckleberry, el Guardian negro de la doncella del dolor.
 

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Capítulo: XVI

“Donde el Dolor se Vuelve Arte”

La herrería olía a ceniza vieja y aceite seco. Finn Heckleberry empujó la puerta con la palma abierta, como si temiera que el lugar lo rechazara. El polvo se alzó en espirales, danzando como espectros de su pasado.

—Pensé que nunca volvería —susurró, aunque no había nadie para escuchar.

El yunque seguía allí. El mismo que había usado para enseñar a los aprendices a domar el acero. El mismo que había abandonado cuando eligió el camino de Loviatar. El mismo que ahora lo miraba como un viejo amigo que aún esperaba.

Se acercó, pasó los dedos por la superficie oxidada. Sintió una punzada en el pecho. No por el metal, sino por lo que había perdido.

—¿Cuántos años han pasado? —preguntó al silencio.

El silencio no respondió. Pero en su mente, una voz suave y cruel sí lo hizo.

“¿Extrañas el fuego, Finn? ¿O extrañas lo que eras antes de mí?”
Era Loviatar. No con ira, sino con ternura. Como una amante que sabe que aún tiene poder sobre él.

Finn cerró los ojos. Recordó la última vez que usó ese martillo. Un joven aprendiz, apenas quince años, había fallado en templar una hoja. Finn lo había consolado, le había dicho:

“El acero se quiebra antes de volverse fuerte. Igual que nosotros.”
Ese joven murió tres años después. En una cruzada que Finn había bendecido en nombre del dolor.

Encendió la forja. Las llamas rugieron, y por un momento, Finn sintió que respiraba por primera vez en años.

—No busco perdón —dijo al fuego—. Solo quiero entender por qué sigo sintiéndome vacío.

Tomó fragmentos de viejas armas. Dagas ceremoniales, espinas de tortura, reliquias de su tiempo con Loviatar. Las colocó en el crisol. El metal comenzó a fundirse, y con él, los recuerdos.

“¿Recuerdas su rostro?” “La niña.” “No lloró. Solo te miró.”
Finn apretó los dientes. Esa mirada lo había perseguido desde entonces. No por odio. Sino por compasión.

—¿Por qué no me odiaste? —susurró—. ¿Por qué me miraste como si aún pudiera cambiar?

El martillo cayó.

Uno por cada nombre que había olvidado. Uno por cada noche en que el placer del dolor lo había cegado. Uno por cada vez que había sentido orgullo por su crueldad.

El metal tomó forma. No era arma. Era arte. Una hoja sin filo, con inscripciones que mezclaban el símbolo de Loviatar —la fusta de nueve colas— y su antigua firma como maestro herrero: una espiral que representaba el ciclo del fuego.

“No renuncio al dolor,” dijo, mientras grababa las últimas líneas. “Lo moldeo.”
Al terminar, cayó de rodillas. No por debilidad. Sino porque el peso de su alma comenzaba a templarse.

—¿Qué soy ahora? —preguntó al vacío.

Y el vacío respondió con silencio. Pero en ese silencio, Finn encontró algo que Loviatar nunca le ofreció: espacio para elegir.

Colocó la hoja sobre un pedestal de piedra. No como ofrenda. Como testimonio.

“El dolor me formó. Pero no me define.”

Finn se quedó mirando la hoja sin filo. El fuego de la forja crepitaba detrás, como si aplaudiera en silencio. Afuera, la tarde comenzaba a morir, y con ella, los ecos de su antigua devoción.

Fue entonces que escuchó pasos.

Lentos. Dudosos. Como si el suelo mismo se negara a sostenerlos.

—¿Maestro Heckleberry?

Finn giró. Un joven, no más de dieciséis inviernos, estaba en el umbral. Ropa sencilla, mirada firme. Pero había algo más: una reverencia en sus ojos. Como si ya supiera quién era Finn… y aún así hubiera venido.

—No soy maestro —dijo Finn, casi como un reflejo.

El joven bajó la mirada, pero no se fue.

—Mi padre fue uno de sus aprendices. Dijo que usted podía enseñarme a escuchar el metal. Que no era solo fuerza… sino alma.

Finn tragó saliva. El recuerdo lo golpeó como un martillo mal dirigido. El rostro del joven aprendiz que había perdido. La cruzada. La sangre. La culpa.

Vuelve con tu padre —dijo, volviendo al yunque—. No tengo nada que enseñarte.

El joven no se movió.

—¿Y si no quiero aprender a luchar? ¿Y si solo quiero aprender a crear?

Finn cerró los ojos. La voz de Loviatar susurró en su mente.

“¿Vas a permitir que otro te decepcione?”
“¿O temes decepcionarlo tú?”
Pasaron días. El joven volvió cada mañana. Se sentaba fuera de la herrería, esperando. No hablaba. No insistía. Solo estaba.

Finn lo observaba desde dentro. Cada día, el recuerdo del aprendiz perdido se mezclaba con la presencia del nuevo. La culpa luchaba con la esperanza. El dolor con la posibilidad.

Una noche, Finn salió con el martillo en la mano.

—Si vas a aprender, aprenderás a escuchar antes de golpear —dijo sin mirarlo—. El metal no perdona la impaciencia.

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El joven se levantó, sin sonreír. Solo asintió.

Y así comenzó.

Finn no hablaba mucho. Pero cada instrucción era una confesión disfrazada. Cada corrección, una plegaria muda. El joven aprendía rápido, pero no por talento. Por respeto. Por entender que su maestro no solo enseñaba herrería… enseñaba redención.

Una tarde, mientras templaban una hoja juntos, el joven preguntó:

—¿Por qué esta hoja no tiene filo?

Finn se detuvo. Miró el metal. Luego al joven.

—Porque no todas las batallas se ganan cortando.

El joven asintió. Y por primera vez, Finn vio en sus ojos algo distinto. No reverencia. No admiración. Sino comprensión.


 

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CAPITULO XVII

"Aún lo siento"


La lluvia no cesaba. No era tormenta, ni aguacero. Era esa lluvia fina que parece no mojar, pero cala hasta los huesos. Finn caminaba sin prisa, con la capa empapada y el símbolo de Loviatar oculto bajo el cuero gastado. No por vergüenza. Por prudencia.
El pueblo de Virell no lo esperaba. Nadie lo esperaba ya.
Entró en la posada sin mirar a nadie. Se sentó junto al hogar apagado. No pidió fuego. No pidió comida. Solo cerró los ojos.

—¿Aún rezás? —preguntó una voz áspera, de mujer vieja, desde la penumbra.
Finn abrió los ojos. No respondió.
—La Dama de la Agonía no da tregua —continuó ella—. Si estás buscando paz, elegiste mal.-
—No busco paz —
dijo Finn, con voz grave—. Busco silencio.-
La mujer rió, sin alegría.
—El silencio es lo que queda cuando el dolor se cansa de gritar.-
Finn no replicó. Solo bajó la mirada hacia sus manos. Las cicatrices no eran de batalla. Eran de penitencia. De ritual. De convicción.

Durante años, había servido a Loviatar con fervor. No por sadismo, sino por fe. Creía que el sufrimiento revelaba la verdad. Que el dolor era espejo. Que la disciplina nacía del castigo. Pero algo se había roto. No en él. En el mundo.
Una aldea que no se defendió. Un niño que no gritó. Una plegaria que no ardió. Finn había golpeado, juzgado, purgado… y el vacío le respondió.
—¿Y ahora qué hacés? —preguntó la mujer.
—Camino.-
—¿A dónde?-
—A donde el dolor no sea mandato. Solo memoria.-

Ella lo miró largo rato. Luego se levantó y se fue, dejando tras de sí el olor de tabaco y tiempo.
Finn se quedó solo.
Esa noche, soñó con espinas. No con sangre. Con espinas secas, quebradas, que no herían. Y en medio de ellas, una rosa marchita que aún conservaba su forma.
Despertó con los ojos húmedos. No por tristeza. Por algo más antiguo.

Días después, en un templo abandonado, Finn se arrodilló ante el altar de piedra. No había ídolos. Solo grietas.
—Dama —susurró—. No reniego de vos. No reniego del dolor. Pero ya no lo usaré como espada. Que sea escudo. Que sea lección. Que sea sombra, no látigo.
El viento sopló entre las ruinas. No hubo respuesta. Pero tampoco condena.
Finn se levantó. No se sintió redimido. No se sintió limpio. Pero algo en su pecho se había templado. Como hierro que ya no necesita fuego.

En los caminos, ayudaba sin prometer. Curaba sin consolar. Escuchaba sin juzgar. A veces, los aldeanos le preguntaban por qué lo hacía.
—Porque el dolor no debe ser eterno —respondía.
—¿Y si vuelve?-
—Entonces lo recordaré. No lo repetiré.-


El sol se había hundido tras las colinas, dejando al mundo en una penumbra rojiza que parecía sangrar sobre los campos. El aire olía a tierra húmeda y a humo lejano. Finn caminaba por un sendero de piedra rota, bordeado por árboles torcidos que parecían inclinarse hacia él, como si quisieran susurrarle algo.
A lo lejos, escuchó risas. No las risas alegres de campesinos junto al fuego, sino carcajadas rotas, como de hombres que se ríen para no sentir el vacío. Se detuvo. El camino se abría hacia un claro donde una carreta volcada yacía como un cadáver de madera. Junto a ella, tres figuras rodeaban a una mujer arrodillada. Uno la sostenía por el cabello. Otro revisaba las bolsas. El tercero, más corpulento, se apoyaba en una espada ancha, observando como si fuera dueño del momento.

Finn no habló. Caminó hacia ellos con paso firme, sin acelerar. Su capa arrastraba barro. Su rostro, oculto bajo la sombra de la capucha, no mostraba ira. Solo decisión.
—Suéltala —dijo, sin levantar la voz.
Los tres se giraron. El corpulento escupió al suelo.
—¿Y tú quién eres? ¿Un peregrino con delirios de héroe?-
Finn no respondió. Dio otro paso.
—Mira esto —dijo el que sostenía a la mujer—. El caballero quiere jugar al salvador.-
La mujer levantó la vista. Tenía los ojos hinchados, pero no lloraba. Solo lo miraba. Como si ya supiera que él no era lo que parecía.
—Te vamos a enseñar lo que es dolor —dijo el tercero, desenvainando.
La palabra resonó en Finn como un trueno. Dolor.
Sintió cómo algo se abría dentro de él. No era furia. Era algo más profundo. Algo que había enterrado hacía años. El símbolo de Loviatar, oculto bajo su ropa, ardía como si la Dama lo llamara. Su mano tembló. No por miedo. Por hambre. Hambre de juicio. De castigo. De redención torcida.
El primero se lanzó hacia él. Finn lo esquivó con precisión brutal. Lo tomó por el brazo, lo giró, y lo estrelló contra el suelo. El segundo intentó rodearlo, pero Finn lo interceptó con un golpe seco al pecho. Cayó sin aire.
El corpulento se quedó quieto. No por estrategia. Por duda.
Finn caminó hacia él. Lo miró a los ojos. El hombre levantó la espada, pero sus manos temblaban.

—¿Quieres saber lo que es dolor? —susurró Finn, con voz quebrada.
Lo desarmó con un giro. Lo tomó por el cuello. Lo alzó. El hombre pataleaba, jadeaba, lloraba.
Finn alzó la espada. El filo brillaba como si la Dama misma lo bendijera. El mundo pareció detenerse. El viento dejó de soplar. Los árboles se quedaron quietos. La mujer no se movía. Solo observaba.
Y entonces, Finn vio su reflejo en los ojos del hombre. No vio a un salvador. No vio a un juez. Vio a sí mismo, años atrás, cuando creía que el dolor era camino. Vio la sombra que había intentado dejar atrás.
Su brazo tembló. Bajó la espada. Lo soltó.
9ee33cd1ab74d6ed304eb2d5dcfb4b97.jpgEl hombre cayó al suelo, vomitando, arrastrándose como un animal herido.
Finn se arrodilló. No por culpa. Por agotamiento. Por el peso de haber estado a un paso de volver a ser lo que fue.
La mujer se acercó. No dijo nada. Solo le puso una mano en el hombro. No como agradecimiento. Como reconocimiento.
Finn no la miró. Solo cerró los ojos.
Esa noche, bajo un cielo sin estrellas, escribió en su diario:

"Hoy estuve al borde. Hoy la Dama me llamó, y yo casi respondí. Pero no lo hice. No porque sea mejor. Sino porque quiero ser distinto. Aunque duela. Aunque queme. Aunque me parta en dos."
 

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CAPITULO XVIII

"Los tres dolores"


El amanecer llegó sin canto de aves.
Finn despertó junto al tronco de un roble seco, con la espalda entumecida y la garganta áspera. La lluvia había cesado, pero el mundo seguía húmedo, como si el cielo aún dudara en secarse. El barro bajo sus botas conservaba las huellas de la noche anterior. También las de los hombres que huyeron.
No había señales de la mujer.
Se incorporó con lentitud. El cuerpo le dolía, pero no por los golpes. Era un dolor más profundo, como si algo dentro de él se hubiera desgarrado y aún no supiera cómo volver a su sitio.

Caminó.
Durante dos días no habló con nadie. Evitó los caminos principales. Dormía poco. Comía menos. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro del hombre que casi mató. No por justicia. No por necesidad. Por impulso.
Y lo peor: había disfrutado el momento.

En la tercera noche, llegó a un santuario abandonado. No era de Loviatar. Tampoco de ningún dios que reconociera. Solo piedras cubiertas de musgo, un altar roto y una estatua sin rostro. Aun así, se arrodilló.
—No vine a pedir perdón —susurró—. Vine a entender qué queda de mí.-
El viento sopló entre las ruinas. No trajo respuesta. Pero sí un sonido.
Pasos.
Finn se giró de inmediato, mano en la empuñadura. Una figura encapuchada se acercaba, sin prisa. No llevaba armas visibles. Su andar era firme, pero no amenazante.
—Te vi —dijo la figura, con voz neutra, ni hombre ni mujer—. En el claro. Vi lo que hiciste.-
Finn no respondió.

—Vi cómo lo alzaste. Cómo temblaste. Cómo dudaste.-
—¿Y qué? —
gruñó Finn—. ¿Vienes a juzgarme?-
—No. Vengo a recordarte.-

La figura se detuvo a pocos pasos. No reveló su rostro.
—¿Recordarme qué?-
—Que el dolor no se borra. Solo cambia de forma.-
Finn apretó los dientes.
—¿Quién eres?-
—Alguien que también sirvió. Alguien que también se quebró.-
El silencio se volvió espeso.
—¿Crees que puedes caminar lejos de ella? —preguntó la figura—. ¿Crees que puedes templar tu alma sin que ella lo note?-
Finn bajó la mirada.
—No quiero negarla. Solo… no quiero ser su látigo.-
—Entonces serás su espejo —
dijo la figura—. Pero recuerda: los espejos también cortan.-
Y sin más, se dio la vuelta y se perdió entre los árboles, como si nunca hubiera estado allí.

Esa noche, Finn no durmió. Encendió una pequeña fogata y se quedó observando las brasas. En su diario, escribió:

"No sé si fue un enviado. No sé si fue un recuerdo. Pero tenía razón. El dolor no se va. Solo espera. Y yo… yo aún no sé si soy su dueño o su siervo."

Al día siguiente, encontró un cuervo muerto en el camino. No tenía heridas. Solo yacía allí, con las alas extendidas y los ojos abiertos. Sobre su pecho, alguien había dibujado una espina con ceniza.
Finn no dijo nada. Solo siguió caminando.
Pero esa noche, volvió a soñar con la rosa marchita.
Y esta vez, sangraba.


321.jpgEl cuervo muerto seguía allí al día siguiente, pero ahora tenía compañía: una hilera de espinas negras, dispuestas en círculo a su alrededor. No había huellas. No había viento. Solo esa figura perfecta, como un símbolo ritual dejado para ser encontrado.
Finn no lo tocó. Lo observó en silencio, con el ceño fruncido y el estómago encogido. Algo en su interior reconocía el patrón. No como un mensaje, sino como una firma.
Siguió caminando.

Esa noche, el bosque lo recibió con un silencio antinatural. No había grillos. No había ramas crujiendo. Solo el sonido de sus propias pisadas sobre la hojarasca húmeda. El aire olía a incienso viejo y a hierro oxidado.
Cuando llegó a un claro, la niebla se cerró a su alrededor como un telón. Y allí, de pie junto a un árbol retorcido, estaba la figura encapuchada.
—Te dije que sería tu espejo —dijo, sin girarse.
Finn no desenfundó. No esta vez.
—¿Quién eres?-
La figura se volvió. Y por primera vez, la capucha cayó.
Era la anciana de la taberna.
Pero su rostro no era el mismo. Los ojos eran demasiado negros. La piel, demasiado tersa en algunos lugares, demasiado desgarrada en otros. Como si la carne no supiera qué edad tener. Sonreía, pero no con ternura. Con hambre.

—¿Creíste que podías alejarte? —dijo, con voz doble, como si hablara desde dentro de un pozo—. ¿Que podías templarte como si fueras hierro? No eres hierro, Finn. Eres cicatriz.-
Finn retrocedió un paso. El símbolo de Loviatar ardía bajo su pecho, como si quisiera salir.
—No eres real —murmuró—. No puedes ser real.-
—¿Y qué es lo real? —
susurró ella, acercándose—. ¿El dolor que infligiste? ¿El que contuviste? ¿El que aún deseas? Yo no soy ilusión. Soy lo que queda cuando cierras los ojos. Soy lo que reza contigo cuando crees que has dejado de rezar.-
Finn cayó de rodillas. El suelo se sentía blando, como carne húmeda. La niebla giraba a su alrededor, formando rostros que se deshacían al mirarlos.
—No quiero volver —dijo, con la voz quebrada.
—No necesitas quererlo —respondió ella, agachándose a su altura—. Solo necesitas recordar. Y tú recuerdas bien. Recuerdas el grito. El temblor. El momento exacto en que alguien se rompe. ¿No es hermoso?-
Finn apretó los dientes. Cerró los ojos. Pero la voz seguía allí, dentro de su cráneo.
—¿Por qué crees que no la mataste? —susurró—. Porque querías redención… o porque querías que te viera. Que supiera que podrías haberlo hecho. Que el poder sigue ahí.-
Finn gritó. No de furia. De miedo. De reconocimiento.
Cuando abrió los ojos, estaba solo. El claro había desaparecido. Estaba en medio del bosque, de pie, con la espada desenfundada y la hoja apuntando a su propio pecho.
Temblaba.

Esa noche, no escribió en su diario. Solo se sentó junto al fuego, con la mirada perdida.
El símbolo de Loviatar seguía ardiendo. No como castigo. Como promesa.
Y en la oscuridad, entre los árboles, algo reía. No con burla. Con paciencia.


La noche cayó como un manto de plomo. El bosque no susurraba. No crujía. No respiraba. Finn avanzaba entre raíces como venas, ramas como dedos, y sombras que parecían observarlo sin ojos.
Había dejado atrás la aldea, el altar, el claro. Pero no la voz.
—¿Crees que puedes resistirme? —susurraba desde los árboles, desde el viento, desde su propia sangre—. Te mostraré lo que es dolor. No el que infliges. El que te pertenece.-
Finn no respondió. Su mandíbula estaba tensa. Su mano, cerrada en puño. El símbolo de Loviatar ardía bajo su ropa, como una herida que no cicatrizaba.

Primero vino el dolor físico.
En medio del bosque, sus pasos lo llevaron a una zona de espinas negras, altas como lanzas. No había paso seguro. Cada movimiento desgarraba piel, abría cortes, dejaba marcas. Pero Finn siguió. No por terquedad. Por necesidad.
Cada espina parecía susurrar su nombre. Cada gota de sangre que caía al suelo se evaporaba con un siseo.
—Sufre —decía la voz—. Sufre como juraste hacerlo. Como te formé.-
Finn cayó de rodillas. Las espinas se clavaron en su espalda. No gritó. Solo jadeó. Y siguió arrastrándose.
Cuando salió del bosque, su cuerpo era un mapa de heridas. Pero sus ojos seguían firmes.

Luego vino el dolor mental.
En una cueva de piedra húmeda, encontró inscripciones antiguas. No escritas. Talladas con uñas. Con dientes. Con desesperación. Al tocarlas, su mente se abrió.
Y los recuerdos entraron.
Cada juicio que dictó. Cada castigo que ejecutó. Cada rostro que lloró ante él. No como verdugo. Como guía. Como creyente.
—¿Crees que fuiste justo? —susurró la voz—. ¿Crees que el dolor que diste fue necesario?-
Finn vio a un niño. A una madre. A un traidor. A un inocente. Todos mezclados. Todos confundidos. Todos gritando.
—No puedes saber quién merecía qué. Solo asumiste. Solo obedeciste.-
Finn se tapó los oídos. Pero la voz estaba dentro.
—Tu fe fue ciega. Tu espada, demasiado rápida. Tu alma, demasiado lenta.-
Las paredes de la cueva se cerraban. El aire se volvía espeso. Finn cayó al suelo, temblando. Pero no lloró.

Y entonces, el dolor emocional.
En un sueño —o una visión— volvió al claro. La joven estaba allí. Pero esta vez, no lo miraba con miedo. Lo miraba con decepción.
—No me salvaste —dijo—. Me usaste para sentirte mejor. Para creer que habías cambiado.-
Finn intentó hablar. Pero su voz no salía.
—No eres redentor. Eres espectador. Observas tu propia lucha como si fuera ajena. Pero el dolor que llevas… es tuyo. Y lo escondes.-
Ella se acercó. Le puso una mano en el pecho. Y él sintió todo.
La culpa. La duda. El deseo de castigar. El miedo a volver a ser lo que fue. El vacío que lo empujaba a rezar, aunque ya no creyera.
Finn cayó. No al suelo. Al fondo de sí mismo.

Despertó en medio del bosque. Solo. Herido. Roto.
Pero vivo.
Se incorporó con dificultad. Cada músculo dolía. Cada pensamiento pesaba. Cada emoción ardía.
Y sin embargo, caminó.
No por esperanza. No por fe.
Por temple.
Porque aunque el dolor lo devorara, él aún no se había quebrado.

Y eso, por ahora, era suficiente.
 
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