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Ceniza

El que aplaude en los discursos Zhent
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CAPUCHAS

La velada en la Luz del Alandor había pasado de un whisky tranquilo con la Oráculo a una pesadilla de proporciones épicas. Un limo capaz de replicar formas vivas había suplantado a la hin Miria creciendo hasta niveles absurdos antes de parir una marea de lodo pegajoso por la boca a causa de los sedantes proporcionados por la mediana. Tras contener a la criatura en un frasco de cristal y fingir una llamada urgente de la autoridad para no pagar una factura de tres millones de piezas de oro en destrozos, Samira puso rumbo a las puertas de la ciudad

Como Detective homologada por el CIA, su deber era entregar aquel espécimen de las Brumas a la justicia arcana. Pero para Samira la justicia no era un ideal heroico sino un complejo entramado de artículos, leyes y subapartados legales que disfrutaba desmenuzar con la precisión de un cirujano. El hecho de qeu la ciudad de Athkatla odiara a los arcanos solo hacía que el cumplimiento de la etiqueta legal fuera a sus ojos un desafío intelectual fascinante

Tras conseguir una autorización firmada del soldado que hacía guardia en las Puertas, se presentó ante el puesto de control ajustándose las lentes que le permitían distinguir la realidad del caos borroso que era el mundo para una miope. La Maga Encapuchada que custodiaba la entrada le recibió con la hostilidad protocolaria de quien ostenta el monopolio de la magia

-Detective de Vaelmonte... Los asuntos de Capaconjuro son confidenciales. No podemos darle información sobre...
-Oh ¿me conocéis? -Samira la interrumpió con una chispa de entusiasmo genuino- Excelente. He venido a entregar este sujeto arcano que he podido capturar junto a mis compañeras para cumplir la cadena de estudio y custodia. Según el artículo 10 de la Carta de la Moneda en el apartado de la Bula Arcana, cualquier anomalía bioplásmica debe ser custodiada por los Magos Encapuchados
-¿Sabéis mucho de leyes?
-Sí, sin dud...
-NOSOTROS somos la ley, Detective -replicó la maga, dando un paso al frente y acercándose al mostrador- ¿Es usted Detective o Magistrada?

La mirada de Samira se iluminó viendo una brecha. Se apoyó en el mostrador invadiendo el espacio de la otra mujer con una intensidad que habría incomodado a cualquiera, pero que ella sentía como una conexión puramente académica

-Me alegro de que lo preguntéis. Veréis, en realidad es una vocación frustrada. Me apasiona la jurisprudencia. Podría recitarle los códigos de los tres edictos sin pestañear
-Esto no es un puesto de cháchara, Detective

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La Encapuchada guardó silencio un segundo. Luego se inclinó también hacia Samira, bajando la voz hasta convertirla en un murmullo confidente

-¿Entonces vais a presentaros a los exámenes de Magistratura?
-Bueno, no... Sería contraproducente juzgar los casos que yo misma investigo
-Y... Y... ¿Querríais estudiar las leyes conmigo esta noche entonces?

Samira sintió una oleada de triunfo. Por fin alguien con quien no tenía que fingir interés por cosas triviales como el clima, los sentimientos o las citas. Una profesional que valoraba la dialéctica legal tanto como ella

¡Por supuesto! -respondió Samira a la par que entregándole su tarjeta de Investigaciones de Vaelmonte con la dirección de su habitación en la posada- Traed vuestras copias de los últimos decretos. Tengo unas anotaciones sobre los vacíos legales en las licencias de invocación que os van a dejar sin aliento

La Maga Encapuchada sonrió y se incorporó de nuevo, volviendo a su gesto frío y distante de quien se sabe superior. Antes de girarse hacia el portal olvidándose atrás el sujeto de investigación pronunció

-Buen trabajo, Detective
-Buen trabajo, Su Arcana Eminencia

Samira se alejó del puesto con una sonrisa satisfecha. No solo había cumplido con la ley, sino que acababa de organizar la velada perfecta: seis horas de debate intenso sobre derecho comparado. No podía entender por qué la gente decía que era difícil hacer amigos. Solo había que encontrar a alguien que supiera apreciar una buena sesión de Bula Arcana.
Y hablando de ella... Tendría que recordar avisar a Miria de una posible orden de arresto por Capaconjuro.​

Offtopic :
Gracias Khaof por el rato jajaj
 

Ceniza

El que aplaude en los discursos Zhent
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ENLACE

La música de cuerda llenaba los jardines con una solemnidad insoportable. Samira permanecía erguida junto al altar después de haber entregado a Vraask, inmóvil entre un caballero de Sune y la bardo oficial de la ceremonia, Brizaelinth, cuyo melodioso violín parecía diseñado específicamente para destruirle la compostura. Con las manos enlazadas frente al corsé verde botella y el dorado turbante amniano perfectamente colocado, soportaba la mirada de todos los asistentes con la misma tensión con la que otros soportaban una herida abierta

Desde los palcos, sus amigas apenas podían contener la risa. Samira las veía cuchichear y cubrirse la boca con los abanicos.
Envidia, concluyó con dignidad. Jamás han visto un turbante de esta categoría. La moda amniana está años por delante de sus pequeños cerebros provincianos

La convicción le duró exactamente hasta los votos, cuando Brizaelinth acomodó la melodía a la intimidad del momento y la dama Krill pronunció las palabras más hermosas, dignas la deidad que representaba aquella noche. Las flores perfumaban el aire. Kath tomó las manos de Vraask y él acarició las suyas mientras intercambiaban sus promesas. Samira sintió de pronto un ardor insoportable en lso ojos

Parpadeó con fuerza. Después otra vez. Y finalmente, derrotada, se llevó ambas manos bajo los anteojos dorados mientras intentaba secarse las lágrimas sin arruinar la compostura

-Maldita sea... -murmuró para sí- Encima me ponen junto al bardo. Y estas flores me están dando reacción -se mintió a sí misma, como tantas otras veces

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Un poco después, el ramo describió un arco glorioso sobre la multitud femenina como si los propios dioses hubiesen decidido convertir el matrimonio en deporte de contacto. Samira de Vaelmonte ya estaba preparada y frente a ella, Evelyn Blackwood se remangaba ligeramente con una sonrisa peligrosa. No estaba segura de por qué lo quería, pero lo hacía, así que sintió como su mirada se cruzaba con la de su amiga

-¿Para qué queréis vos el ramo, señorita Blackwood? Si ya estáis prometida
-¿Para qué lo queréis vos, de Vaelmonte? Si estáis casada con vuestro trabajo
-¡A lo mejor el Vigilante tiene otros planes!
-¡Necesito suerte para mi enlace y no perderé! En la mentalidad se hace al ganador
-No es nada personal, señorita Blackwood... -dijo Samira mientras ocupaba el centro del terreno, estirando los brazos como una jugadora de balón y soltando pequeños empujones estratégicos
-¡Eso os diré cuando lo atrape!

Kath Cantolunar, la radiante novia y una de sus mejores amigas, lanzó el ramo hacia atrás. Todo ocurrió muy deprisa. Samira sonrió al snetir bajo el tacón el borde del vestido de Evelyn. Una maniobra impecable, calculada, rastrera y hermosa. Evelyn trastabilló y de Vaelmonte se permitió una ligera risilla nasal y porcina al escucharle maldecir su nombre

Y justo entonces, una tercera mujer surgió de ninguna parte como un demonio convocado por la desgracia, saltando muchísimo antes que ambas y atrapando el ramo en el aire con un chillido victorioso. Samira se quedó petrificada ¿De dónde demonios había salido esa pérfida mujer?

Evelyn terminó de recuperar el equilibrio y la fulminó con la mirada. Abatida, Samira alzó lentamente los ojos hacia el cielo nocturno pronunciando en dramatismo digno de un trovador

-Sea pues. Esa ha sido la voluntad del Vigilante. Si he de olvidarme de...
-Yo me voy a la floristería, de Vaelmonte, y os sugiero que hagáis lo mismo. Esto no quedará así
-¡Pero eso simplemente no funciona así! Atraeréis el infortunio si os saltáis la tradición
-El destino lo crea una misma, Detective
-Ya me lo diréis cuando Beshaba os enamore de un gordo
-¡Ni lo mentéis, insensata!

Evelyn Blackwood caminó airada hacia la salida de los jardines, decidida a fabricarse su propia suerte.
Samira de Vaelmonte, en cambio, emprendió el camino hacia el whisky de la barra libre, decidida a olvidarse de la suya.

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Offtopic :
Me lo pasé muy bien anoche! Muchas gracias a "los novios" por contar conmigo y a todos los organizadores del evento por el trabajazo. Y a Veriwiwi por la imagen y las risas :)
 

Ceniza

El que aplaude en los discursos Zhent
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SEDIMENTOS

En la penumbra, tres dagas de hoja oscura flotaban suspendidas y envueltas en un sutil resplandor, fruto de la telequinesia

Samira de Vaelmonte guardaba una quietud de esfinge. Sentada a horcajadas sobre una silla de madera basta apoyaba el torso contra el respaldo con una indolencia cargada de peligro. Su larga gabardina de cuero negro se amoldaba a sus hombros y el ala del sombrero proyectaba una densa sombra sobre sus ojos. Bajo el cristal de sus anteojos dorados, su mirada verde oliva registraba cada espasmo del cautivo como un cirujano ante los estertores finales

El hombre de facciones curtidas intentaba inútilmente aflojar las ataduras arcanas que le aprisionaban el pecho, parpadeando en un pulso purpúreo que le quemaba la piel. Forzó una mueca despectiva, buscando el amparo de la altanería

-Te conozco -macsulló, escupiendo saliva- Samira de Vaelmonte. La detective de la universidad. La que habla de patria y tradiciones

Samira no se movió. Con una lentitud exasperante, desvió la mirada hacia las tres hojas flotantes. Al notar el cambio de atención, la primera daga descendió tres pulgadas rozándole la nuez. El hombre tragó saliva. Un indeseable que llevaba un largo recorrido como esclavista ilegal a sus espadas

-El comercio de sedimentos no es ilegal -declaró, estirando el cuello- Ya lo sabes. No hay delito en mover mercancía que la capital ni reconoce

Samira ladeó ligeramente la cabeza. La luz dle candil incidió sobre su piel canela y su mandíbula rígidamente apretada. Su voz fluyó baja, sin emoción

-Tener siervos drow, trasgos o bestias del imperio bajo el yugo es una cosa. Pero arrancar a compatriotas amnianos de sus hogares, encadenarles las muñecas y ocultarles en un sótano en contra de su voluntad... ¿A quién se las entregas? ¿Sabes cuántas han muerto por tu mano?

El esclavista soltó una carcajada ronca, aunque sus ojos seguían fijos en el acero

-¡Vaya, la detective tiene principios! Menuda doble moral la tuya, de Vaelmonte ¿Acaso vale más la vida de un aldeano mugriento? Distingues entre sangres como si el oro tuviera un color diferente. Yo solo las vendo ¡Lo que les pase después no es mi responsabilidad!

Samira no se defendió. Lejos de eso, las comisuras de sus labios comenzaron a elevarse, transformando su rostro estoico en una lenta, fría y despiadada sonrisa de tiburón
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-Sí. Hay vidas que valen más que otras, claro que sí. La de la granjera huérfana que ha huido corriendo entre el lodo, mendigando el auxilio que vos le arrebatasteis, vale infinitamente más que la del tipo que tengo atado en esa silla, solo y a mi merced

El traficante intentó un último y desesperado envite legal, aferrándose a la Carta de la Moneda

-¡No podéis hacer nada! Es mi palabra contra la de una huérfana sin papeles. Has irrumpido en mi casa de forma ilegal, sin un mandato judicial ni acompañante legal. Si me denuncas, tendrás más problemas que yo. Aquí o en cualquier otro sitio. En este juego solo tú puedes perder, detective

Samira guardó silencio durante largos segundos, acariciando entre sus dedos enguantados la antigua moneda sin simbología que pendía de su cuello. Observó sus ojos desorbitados, memorizando su expresión de falsa victoria. Luego sus trazaron un patrón fugaz en el aire, activando las tres dagas a la vez, hacia puntos que su conocimiento anatómico catalogaba como terriblemente dolorosos, pero no mortales. El alarido del hombre desgarró la quietud del sótano, un aullido de pura agonía que le hizo convulsionar contra las ligaduras

-¡Yo solo las vendo! -suplicó el tipo- ¡No soy responsable de lo que hagan con ellas! ¡Si me matas, me encontrarán y tendrás problemas! ¡Dejarás un rastro!

Samira se inclinó ligeramente, permitiendo que el reflejo de sus anteojos dorados fuera lo último que el esclavista al serivicio de los enemigos de la nación viera con claridad

-Tienes razón, sí. Pero no te encontrarán

La detective alzó la mano derecha. Las tres dagas salieron despedidas hacia atrás, desligándose de la carne con un crujido húmedo. Samira concentró la energía arcana en la punta de sus dedos, convocando un fulgor verde esmeralda que poco a poco se iba arremolinando en su palma con un agujero negro

-Como diría un viejo amigo... El infierno siempre se cobra sus deudas

El sortilegio impactó de lleno en su pecho. No hubo explosión ni rsetó sangre, solo un destello verdoso y un silbido sordo que devoró la materia en un pestañeo. Las cuerdas, la carne y los huesos se redujeron a un puñado de ceniza gris que se esparció por el suelo, dejando la silla completamente vacía

Samira bajó la mano. Las dagas cayeron al suelo con un tintineo metálico e inerte. Sin mostrar el menor rastro de agitación, la investigadora las recogió, guardó y se ajustó los puños de sus gruesos guantes de cuero negro, asegurándose de que la solapa de su abrigo cubriera perfectamente su placa

Cerró los ojos, visualizó las calles empedradas de Crimmor y pronunció la palabra de poder. Su figura se distorsionó en un pliegue del espacio, desapareciendo del almacén

Un par de campanas después, la Detective paseaba tranquilamente por el mercado central de Caravanas. Con una expresión de educada cortesía, se detenía a saludar a los comerciantes locales bajando y subiendo la parte frontal del sombrero y a comentar el estado del tiempo con los mercaderes

La estampa perfecta de una funcionaria entregada a su rutina, impecable, inamovible y libre de toda sospecha...
No era lo ideal, pero era lo correcto.


Offtopic :
Más largo de lo habitual.. Pero me gustó mucho la ambientación aunque el relato llegue bastante tarde, quería hacerlo bien jejej muchas gracias!
 
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MARIONNE

La víspera de la redada, el Distrito Portuario seguía tan vivo y miserable como siempre. Estibadores descargando mercancías bajo faroles temblorosos, marineros ebrios discutiendo en callejones y niños descalzos correteando entre charcos oscuros. Pero aquella noche había algo distinto en el ambiente. La noticia corría rápido por los bajos fondos: mañana habría guardias en el Distrito del Río, y no vendrían solos

Samira caminaba sola entre la multitud con la placa de Detective prendida en la solapa izquierda de la gabardina. El ala del sombrero le cubría los ojos y el cuero oscuro ondeaba tras ella al ritmo pausado de sus tacones. Entre las manos sostenía a Marionne

El hierro negro del cañón absorbía la luz de los faroles sin devolver ni un reflejo. Frío, denso, perfectamente limpio. El mecanismo descargado respondió con un click seco cuando rozó el percutor con el pulgar. Entonces recordó la voz del joven Wiggins en su cabeza, meses atrás, después de verle regresar de las cloacas cubierta de sangre y suciedad por recuperar el arma, sosteniendo el cañón de mano como si hubiera rescatado a un ser vivo

-¡Un arma puede cambiarse, Samira! ¡Tu vida no! ¿Por qué lo has hecho?

No estaba segura. Y aunque no había sabido responderle entonces, ahora quizás empezaba a entenderlo. No era solo un cañón de mano. Ni siquiera era únicamente Marionne. Era el olor húmedo de los callejones donde había crecido. El sonido lejano de monedas cambiando de manos bajo mesas de antros de mala muerte. Las sombras observando desde tejados imposibles. Su hermano enseñándole cuándo correr y cuándo mirar al frente. Había llegado antes que su placa de detective, pero después de sus andanzas como sabueso. Se habían encontrado cuando comprendió que no todos los monstruos llevan máscaras y que la ley, a veces, no era suficiente

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Continuó avanzando entre puestos callejeros y soportales húmedos hasta que un gnomo levantó la vista desde un tenderete de piezas mecánicas y se quedó mirando el arma con fascinación. Dijo algo que Samira no llegó a escuchar, pues su mente reemplazó su voz con el recuerdo de la de su nuevo amigo Bimblin

-¡Es un arma preciosa! ¿Dónde la habéis comprado?
-Fue un regalo de... Un amigo
-¡Debió ser un gran amigo! ¡Parece muy valiosa! -El gnomo sonrió inmediatamente... Y Samira lo hizo también

Nunca había pensado demasiado en ese asunto. No lo llamaría así, probablemente. Aunque lo cierto es que hacía las cosas más sencillas. Jamás cuestionaba su capacidad, ni intentaba decidir qué era lo mejor para ella. Si acudía por trabajo, hablaban de trabajo. Si necesitaba ayuda, ofrecía sus opciones y su precio. Y si el precio era demasiado alto para ella, se despedían con la misma cortesía hasta el próximo negocio. Y para alguien acostumbrada a ser observada, juzgada y cuestionada, quizá aquello bastaba. Quizá, de hecho, era lo único que necesitaba

No levantó la vista de Marionne hasta varios minutos después. Solo entonces se dio cuenta de dónde estaba. Se había desplazado hasta el Distrito del Río por instinto, sin pensarlo. Observó a su alrededor, a las calles que tantas veces había recorrido creciendo primero, trabajando después. Mendigos refugiados bajo puentes, cortesanas fumando en puertas entreabiertas y grupos de huérfanos buscando calor junto a barriles encendidos llenaban las calles que mañana se inundarían de guardias que buscaban un ascenso, de caballeros pidiendo cabezas de turco y de agentes de la fe que fingirían saber cómo es la vida en los barrios sin haber puesto jamás un pie en ellos

De Vaelmonte guardó lentamente el cañón en su funda bajo la gabardina, reposando sobre su cadera. Después desató la bolsa de monedas de su cinturón, todo el pago de su último trabajo, y empezó a vaciarla poco a poco entre la gente de los arrabales, como hacía cada vez.​
 
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