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Franale Menner

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Hueso roído de Loreliel
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La vida en Ideepton para la familia Menner era tranquila, desde que dejaran las armas y se ocupasen de la granja. Los tiempos de aventura habían terminado, pero no así para el menor de los cuatro hijos, Franale.

El joven bárbaro entrenaba a diario con su amigo Niels, retándose en la arena por la mañana y en la taberna por las tardes a cervezas, despreocupándose de las tareas de la granja.

Un día ambos llevaban algunas cervezas de más en el cuerpo y se les ocurrió ir a casa del chaman de la aldea, para pedir desposar a sus dos hijas de dieciséis y diecisiete años, pero no les salió como habían imaginado, pues el padre de estas les prohibió acercarse a ellas hasta que no fueran guerreros reconocidos.

El padre de Franale no tardó en enterarse de lo ocurrido, avergonzado por lo que había hecho su hijo sin su consentimiento, le dio una hostia a mano abierta, haciendo que el muchacho cayera semiconsciente al suelo, le arrojó una pequeña bolsa de monedas y le prohibió la entrada a su casa hasta que no volviera siendo el guerrero que se esperaba de él.

Franale estaba en la taberna con el labio hinchado de la torta de su padre, bebiendo y recapacitando de lo que le esperaba cuando entró Niels, con un petate y un ojo morado. Al parecer su padre también lo había expulsado, así que decidieron ahogar las penas en alcohol, amaneciendo al día siguiente durmiendo entre los animales de la granja Menner.

La hermana de Franale, Zihona, fue la que los descubrió cuando fue hacer sus tareas, los despertó arrojándoles un cubo de agua y les obligo a marcharse a toda prisa, ya que estaba a punto de llegar su padre y no quería imaginarse lo que les ocurriría si les pillaban allí.

Se dieron cuenta que se habían gastado todo el dinero que les habían dado para el viaje, por lo que pidieron a Zihona que les trajera comida y se marcharían, esta entró dentro de la granja, cogió algo de dinero que tenía guardado, una barra de pan y algo de cecina, se la dio a su hermano y le pidió que volviera siendo el héroe que sabía que podía ser.

Ambos amigos marcharon siguiendo el río sin incidentes, hasta divisar las murallas de Athkatla, así que parados en un cruce de caminos que atravesaba un punte decidieron tomar caminos distintos, uno iría al norte y el otro al sur, para explorar y quedaban en el mismo puente dos día más tarde, así podrían decidir que camino tomarían juntos.
 
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