DM Faith
Llanero del brasero
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La Merendola de Gambiton resultó ser un evento multitudinario en el calendario del pueblo, una jornada en la que todo hin, grande o pequeño, hizo una pausa en sus preocupaciones para celebrar la alegría de comer en comunidad. Mesas interminables rebosaron con tartas, pasteles, galletas y todo tipo de exquisiteces que los medianos consideraban indispensables para una merienda como Yondalla manda.
Todo iba de maravilla hasta que el cielo se oscureció con una sombra inmensa.
El estruendo de alas poderosas hizo temblar las copas de los árboles, y la villa contuvo el aliento al ver la figura serpenteante de una dragona de bronce descendiendo sobre la plaza central. Hubo gritos, derrames de té y más de un mediano cayó de espaldas en su propio plato de crema y moras. Antes de que cundiese el pánico, la dragona se encogió de repente, plegando sus alas en una transformación fluida hasta adoptar la forma de una alta y esbelta mujer de cabello cobrizo, ataviada con un jubón de tonos ocres y esbozando una expresión de absoluta satisfacción.
- Saludos. ¿Es esta la villa del gámbito? - declaró, tomando una silla sin ser invitada - He venido a reclamar sus tesoros.
El hecho de que nadie la hubiese invitado no pareció preocuparle en lo más mínimo. Sin esperar confirmación, se sirvió una ración generosa de tarta de ruibarbo y nueces, la devoró en apenas dos bocados y se sirvió otra.
Los hin de Gambiton, a pesar de su cortesía, no pudieron evitar intercambiar miradas inquietas. La misteriosa invitada tenía modales impecables, pero un apetito tan feroz como su presencia dracónica sugería. Los pasteleros, al principio halagados por su entusiasmo, trabajaron sin descanso para saciarla. Pero a medida que los hornos seguían encendidos más allá de la hora habitual y las despensas comenzaban a vaciarse, algunos empezaron a murmurar entre dientes.
- Si seguimos así, nos quedaremos sin queso y sin harina - protestó Gabarías Molinoseco, uno de los harineros locales.
Para empeorar las cosas, cada vez que alguien insinuaba que tal vez debería moderar su consumo, la dragona esbozaba una sonrisa que mostraba una hilera de dientes demasiado afilados, y decía, en tono juguetón:
- Bueno… si me quedo sin tarta de queso, quizá me vea obligada a probar otra carne… ¿qué tal la de un pequeñín?
Las carcajadas con las que acompañó estas bromas no tranquilizaron a nadie. Un grupo de niños se había refugiado debajo de la mesa principal, y la anciana alcaldesa Qini intentó encontrar las palabras para sugerirle, con toda la diplomacia posible, que tal vez ya era hora de partir.
Pero Katrynalaurinxisaxithryzavandriellephorimazentharisquixalyndravexiantherisadora, o Katryna, para 'mentes simples', no parecía tener intención alguna de marcharse. De hecho, había levantado una copa de sidra espumosa y declarado con entusiasmo:
- ¡Este ha sido un banquete maravilloso! ¿Y sabéis qué es lo mejor? ¡Que aún no hemos llegado a la parte de los postres! Creo que me quedaré aquí durante un tiempo, hm.
Los medianos se miraron entre sí, en pánico. ¡Si no la detenían pronto, semejante presencia insaciable podría depauperar aún más las arcas de la maltrecha Mancomunidad.
¿Qué podrán hacer para echar a la gorrona?
Todo iba de maravilla hasta que el cielo se oscureció con una sombra inmensa.
El estruendo de alas poderosas hizo temblar las copas de los árboles, y la villa contuvo el aliento al ver la figura serpenteante de una dragona de bronce descendiendo sobre la plaza central. Hubo gritos, derrames de té y más de un mediano cayó de espaldas en su propio plato de crema y moras. Antes de que cundiese el pánico, la dragona se encogió de repente, plegando sus alas en una transformación fluida hasta adoptar la forma de una alta y esbelta mujer de cabello cobrizo, ataviada con un jubón de tonos ocres y esbozando una expresión de absoluta satisfacción.
- Saludos. ¿Es esta la villa del gámbito? - declaró, tomando una silla sin ser invitada - He venido a reclamar sus tesoros.
El hecho de que nadie la hubiese invitado no pareció preocuparle en lo más mínimo. Sin esperar confirmación, se sirvió una ración generosa de tarta de ruibarbo y nueces, la devoró en apenas dos bocados y se sirvió otra.
Los hin de Gambiton, a pesar de su cortesía, no pudieron evitar intercambiar miradas inquietas. La misteriosa invitada tenía modales impecables, pero un apetito tan feroz como su presencia dracónica sugería. Los pasteleros, al principio halagados por su entusiasmo, trabajaron sin descanso para saciarla. Pero a medida que los hornos seguían encendidos más allá de la hora habitual y las despensas comenzaban a vaciarse, algunos empezaron a murmurar entre dientes.
- Si seguimos así, nos quedaremos sin queso y sin harina - protestó Gabarías Molinoseco, uno de los harineros locales.
Para empeorar las cosas, cada vez que alguien insinuaba que tal vez debería moderar su consumo, la dragona esbozaba una sonrisa que mostraba una hilera de dientes demasiado afilados, y decía, en tono juguetón:
- Bueno… si me quedo sin tarta de queso, quizá me vea obligada a probar otra carne… ¿qué tal la de un pequeñín?
Las carcajadas con las que acompañó estas bromas no tranquilizaron a nadie. Un grupo de niños se había refugiado debajo de la mesa principal, y la anciana alcaldesa Qini intentó encontrar las palabras para sugerirle, con toda la diplomacia posible, que tal vez ya era hora de partir.
Pero Katrynalaurinxisaxithryzavandriellephorimazentharisquixalyndravexiantherisadora, o Katryna, para 'mentes simples', no parecía tener intención alguna de marcharse. De hecho, había levantado una copa de sidra espumosa y declarado con entusiasmo:
- ¡Este ha sido un banquete maravilloso! ¿Y sabéis qué es lo mejor? ¡Que aún no hemos llegado a la parte de los postres! Creo que me quedaré aquí durante un tiempo, hm.
Los medianos se miraron entre sí, en pánico. ¡Si no la detenían pronto, semejante presencia insaciable podría depauperar aún más las arcas de la maltrecha Mancomunidad.
¿Qué podrán hacer para echar a la gorrona?
