1 Historia
Me llamo Glenthanäs Althârion. Soy un Elfo Silvano procedente de Argluna, allí me crié y crecí, pasé mi infancia, hice amigos y viví durante 80 años más o menos.
No nací en Argluna, mis padres, Aurênthaläs y Erenewën, nunca me dijeron de donde veníamos, solo que llegué muy pequeño a la ciudad en una caravana de refugiados. Yo creo que si nací en la ciudad porque no recuerdo nada de eso. Creo que se lo inventaron mis padres para hacerme creer que soy un elfo silvano de verdad, de los bosques, como si la piedra y el cemento fuera a cambiarme.
También pienso que si mis padres fueron a la Gema del Norte es porque se parece mucho a Myth Drannor, o al menos es lo que dicen los libros. A mi me parece una ciudad bonita y hay bastante población élfica como para no sentirnos unos extraños.
Crecí en la fe de Silvanus, que parece muy acorde para ser un Elfo Silvano *rie ligeramente*. Mis hermanos parece que se creyeron más lo de venir de los bosques porque no les gusta que les llamen Silvanos, se consideran elfos de los bosques y así crecieron.
Los dos son mayores que yo pero el mayor, Thentaläs de todos se convirtió en explorador para la confederación de la Marca Argéntea y tiene ahora 250 años. El segundo mayor, Filthanäs que tiene 180 años, o más, siempre me engañaba *sonríe mientras lo recuerda*. Filtas, como le llamábamos, empezó como explorador siguiendo los pasos de Tenis, pero tanto tiempo en la naturaleza acabó transformándole y acabó amándola tanto que se dedicó en cuerpo y alma a ella como druida.
Yo, quizás por vivir entre tanto cemento y piedra como decía mi madre, no me sentí tan unido a la naturaleza como Filtas, aunque sí seguí con Silvanus en mi cabeza. A mi me da igual que me llamen elfo de los bosques o elfo silvano, yo solo quiero vivir aventuras después de todas las cosas que me contaba Tenis y Pherber, un sacerdote de Silvanus que siempre me trató muy bien y me enseñó muchas cosas acerca de el Padre Roble.
No sé si fueron las ansias de aventura inspiradas por Tenis, las historias del pater Pher o la influencia de Silvanus, pero acabé como uno de sus clérigos. Esto hizo que cambiara bastante en mi forma de ser, pues la caza que tanto me gustaba dejó de ser un foco de diversión para ser una herramienta de equilibrio. Solo cazaba cuando el equilibrio de la población local estaba en peligro. No hay nada en contra de la caza de animales en la iglesia de Silvanus pero sí en la destrucción del equilibrio por lo que es algo con lo que hay que tener cuidado.
Quizás por eso en parte dejé Argluna. Viajando por la Costa de la Espada encontré muchos sitios que requerían de equilibrio. Rebajando la población de lobos o protegiéndoles incluso cuando los furtivos acechaban. En realidad, esto último no era mi trabajo y algún druida de la localidad se encargaba de ello, pero nunca estaba de más estar presente.
He llegado a Athkatla de casualidad y aquí me encuentro bastante cómodo. Las gentes son bastante agradables, al menos, las que me he cruzado, en especial esa extraña mujer llamada Nayla que me ayudó a convencer a los mercenarios de haberme encargado del problema del Devorador, muy agradable la muchacha aunque un poco distante, parecía medio animal o salvaje, pero estoy acostumbrado a esas cosas, soy un elfo de los bosques! *con orgullo y énfasis*.
Ahora estoy tratando de buscar un trabajo, tal vez exista algún grupo de elfos por la zona que quiera ayudarme o del que formar parte, quién sabe. Sé que hay druidas, pero si me junto con ellos quizás mi dogma se distorsione y acabe convirtiéndome en algo o alguien que no soy, así que trataré de andar con cuidado.
No llevo ninguna pertenencia de mi familia salvo el apellido, así que espero dejarles en buen lugar, aunque no es lo principal, busco aventuras y quién sabe si fortuna, fama o gloria, solo quiero divertirme, tengo mucho tiempo por delante y estoy seguro que un futuro brillante! *entusiasta y optimista*.
Por ahora la posada de los llanos es agradable para quedarme y está cerca de los lugares habituales de batida y de caza, me permite estar al tanto de los rumores y bueno, quién sabe si alguien se fijará en mi y me ayudará. Bueno, en realidad ya me han ayudado, o están haciéndolo, ahora me acuerdo de ella, la enorme Ros Wulfgarson, esa enorme mujer tan agradable y afable que se ha ofrecido a ayudarme. La verdad es que fue muy maja conmigo pero después de hablar no la he vuelto a ver. ¡Espero que no se eche atrás y me regale lo que decía me iba a dar! *sonríe riéndose*
Bueno, voy a descansar, estoy un poco cansado de correr por los páramos y tal vez, mañana, ponga una nota en el cartel o algo para tratar de conocer gente.
*posa su arco, su espada y su armadura y se tumba relajadamente sobre la cama casi entrando en trance, en sus pensamientos, en su infinita imaginación*