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Grondall

Madao-san

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GRONDALL

Enano escudo errante, de cabellos rubios y poblada barba. Sus ojos son de tonos azulados-verdosos que, hundidos en las cuencas de su angulosa cara parecen mirar con cierta severidad a todo lo que se pone por delante. Es ancho de espaldas, no especialmente musculoso, mas bien recio y aunque tiene barriga , parece bastante compacta y proporcionada... para un enano. Su tez es clara, con matices rosáceos y con evidente desgaste producido por el Sol en algunas zonas.
La forma de hablar de Grondall es bastante peculiar. La mezcla entre su fuerte acento enano y su limitado conocimiento del Khondozano le hacen bastante propenso a construir frases de manera confusa o incorrecta, aunque suele esforzarse por corregirla.

EL PASADO:

Grondall, hijo de Grondir, nieto de Grondak, primer Barbadorada sangre de la sangre de Gordrim Barbafuego.

Grondall nació en la Ciudadela de Adbar, dónde creció como primer Barbadorada descendiente de los Barbafuego (hasta él todo el linaje habia tenido barbas rojizas). A una corta edad ya demostró su valía con las armas y pronto comenzó su adiestramiento dentro del ejercito de la Ciudadela. Parecía especialmente ágil y la manera de usar el arma indistintamente con una mano u otra solía desorientar bastante a sus rivales en los entrenamientos.

Debido a su juventud, más de una vez recibió reprimendas por realizar acciones temerarias, aunque se tratara de entrenamientos. Entre ellas, arrojar su escudo contra su rival y lanzarse como un proyectil tras el blandiendo un hacha en cada mano. Eran tiempos divertidos para Grondall, hacia lo que mas le gustaba y a demás enorgullecía a su familia por ello, poco más se podia pedir.

Fueron pasando los años y con ellos vinieron las amistades. Lazos fuertes se forjaron con otros tres enanos. Ulrik, de los Hachadepiedra, Ragnar, de los Fuertebrazo y Grimm de los Manomartillo, todos ellos de características similares a Grondall. Enanos rápidos y habilidosos con ambas manos. Las primeras luchas reales se sucedieron, todas ellas en túneles. Algunas realmente duras para los cuatro jóvenes inexpertos, pero poco a poco se fueron labrando un nombre. Ese nombre fue tomando forma y convirtiéndose en "Los Puños de Clangeddin" llegando a tener una reputación de jóvenes temerarios a la par que eficaces.

Haciendo honor a su reputación, no se lo pensaron cuando llego la última petición de ayuda, por entonces, desde la Ciudadela Felbarr, Antigua Muchasflechas. Se trataba de salvaguardar la construcción de las torres este y oeste de Fellbarr conocidas cómo los Yunkes, una de las lineas de defensa de la fortaleza junto a las otras torres llamadas Martillos, restauradas y funcionales después de reconquistar la ciudadela de manos de los orcos. Como jóvenes soldados, los puños de Clangeddin, siempre fueron asignados a retaguardias o a túneles, aunque mas de una vez tuvieron al enemigo lo suficientemente cerca como para tener que luchar por su vida. De echo, antes de terminar la construcción de la primera de las torres Grimm cayó en combate en una emboscada gigante y Ragnar perdió un brazo y fue trasladado de vuelta a Adbar.

Pasaron años hasta finalizar la primera torre, tiempo suficiente para que Grondall pensara en formar una familia. Había tomado ya la determinación de quedarse a vivir en Felbarr junto a Helga Yunkehirviente, una joven enana versada también en el combate. Quizá fuera la osadía que otorga la juventud o quizá la imprudencia. Al poco tiempo de conocerse, el mismo Durnen Piedrasanta, consejero real, oficio la ceremonia de enlace entre Grondall y Helga. Todo iba bien para Grondall hasta un año tras el comienzo de la construcción de la segunda torre.

Una escaramuza a gran escala de los orcos, apoyados por algunos gigantes acabó echando abajo gran parte del trabajo en la segunda torre y casi todo el trabajo de Grondall. Hacía pocas noches que conocía la noticia de que iba a tener un descendiente, pero en aquella, su entusiasmo juvenil y su semblante alegre y optimista cambió de golpe.

Tras repeler el ataque en la torre este nuevas alarmas llegaron desde el interior de los túneles cercanos a la fortaleza. Al parecer el ataque había sido un señuelo para atacar dónde más dolía cuando todos trataban de proteger la torre.

Gran parte de los túneles se vinieron abajo, gracias a la brutalidad de los gigantes, atrapando a cientos de enanos bajo las rocas. Entre esos enanos se encontraban los pocos lazos que realmente le importaban. Helga, su esposa y su buen amigo Rurik.

Abatido tras la batalla, después de desescombrar y recuperar sus cuerpos para darles entierro juró convertir sus lagrimas en fuerza y destruir a cada gigante que osara plantarse en frente suyo. Recogió unos pocos pertrechos y abandonó la ciudadela Felbarr, convirtiéndose en un errante. Recorrió durante algunos años el norte de Faerun, buscando pelea sobre todo con ogros o semigigantes quizá por que se sabia inexperto aun para acabar con los mas grandes. Fue conociendo gentes, incluso en Mirabar, dónde pasó algún tiempo, aprendió a defenderse en el idioma de los humanos.

Poco a poco, aprendió a vivir entre ellos, lejos de los túneles y en la superficie. Hasta el punto de no echar de menos Adbar. Sin darse cuenta los camino ya le habían llevado a tierras Amnianas, muy lejos de su tierra natal. Quizá era momento de retomar su vida y empezar de nuevo. No se podía olvidar el pasado, pero Amn era una tierra prometida para aventureros con infinitas posibilidades. Sin darle muchas mas vueltas, se montó en una carreta que se dirigía a Athkatla ofreciéndose cómo escolta.


//Editada 29/09
 
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