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Grosh Rompecráneos

MotiSJL

Minsorrano sin caminos
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8/4/26
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Grosh nació en Muranndin, el territorio dominado por ogros, orcos y otras criaturas al sur de Amn, cerca de la ciudad conquistada de Murann. Su madre era orca, su padre un ogro. Como suele pasar con los de su sangre mixta, nunca encajó del todo en ningún bando — demasiado brutal para que los orcos le trataran como uno de los suyos, demasiado pequeño para los ogros puros, que le miraban con desprecio y curiosidad a partes iguales.
Creció en un campamento tribal donde la única ley era la fuerza. Los débiles servían, los fuertes mandaban, y nadie cuestionaba esa jerarquía. Grosh aprendió pronto que la única forma de que le dejaran en paz era devolver más dolor del que recibía.
El primer hueso:
Todavía joven, un orco adulto mucho más grande decidió que Grosh sería divertido de golpear un rato. Lo que no esperaba era que el crío, en vez de huir, le agarrara del brazo con una fuerza impropia de su edad y se lo partiera limpiamente contra una roca.
Nadie volvió a llamarle "el mestizo raro" después de aquello.
Le llamaron Rompecráneos.
El encuentro con la fe:
Un sacerdote itinerante de Vaprak pasó por el campamento poco después. Vio en Grosh algo que reconoció al instante: no había cálculo en su brutalidad, ni plan, ni estrategia. Solo apetito puro por romper cosas, con un placer genuino que muchos guerreros mayores nunca llegaban a sentir con tanta pureza.
El sacerdote le enseñó que ese apetito tenía nombre. Que había un dios que no pedía disciplina ni códigos, solo que Grosh siguiera siendo exactamente lo que ya era, con más fuerza detrás.
Grosh aceptó la fe con la misma facilidad con la que aceptaba una pelea.
Camino a Murann:
Cuando le tocó contribuir a la tribu más allá de romper huesos por diversión, se unió a una partida de asalto que se dirigía hacia la ciudad de Murann para cobrar tributo de las caravanas.
La partida cumplió su cometido y regresó al campamento.
Grosh no volvió con ellos.
El presente:
Ahora mismo, Grosh es solo uno más entre la multitud de criaturas violentas que pululan por Murann y sus alrededores. Nadie tiembla al oír su nombre —nadie lo conoce todavía fuera del pequeño círculo de quienes han tenido la desgracia de cruzarse con él de cerca. No lidera nada, no manda sobre nadie, no tiene reputación que defender.
Solo es un bárbaro joven, hambriento de caos, buscando dónde poner a prueba lo que su dios le ha enseñado a sentir como correcto.
Todavía tiene todo por demostrar.

 
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