Dicen que no hay mejor sensación que la de volver al hogar, a tu casa, con tu gente, pero pocos dicen que a veces regresar de un pequeño viaje, merecido por descontado, puede traer la desolación y eso entre otras mil sensaciones fue lo que me embargó al cruzar las puertas de Athklata. Después de la batalla en Crimmor vino la de Purskull y si complicada fue la primera, peor fue la segunda porque el cansancio se hizo presencia . En Crimmor, luchando y acabando con unos enajenados que una vez fueron mis vecinos, el dolor punzante de ese recuerdo no era cosa baladí pero cuando llegó Purskull, volví a verme cara a cara con no muertos y bestias . Pensé que ya estaba bien ,que era suficiente muerte pero bien sabía que no iba a ser así, puesto que, la situación cada vez iba a peor y las partes en conflicto, se enrocaban más y más. Casi por sustentarme en algo apoyé la palma de la mano sobre el estoque herencia de mi familia, Voz de la Tormenta ...si hubiesen sabido todas las Danzaudaz que el arma del blasón familiar iba a ser tan coincidente con la situación, quizá le habrían dado otro nombre pues al alzar la vista el alma se me llenó de endechas . Justo en la plaza , junto a la estatua del gran General se erigía un improvisado cadalso, una pira y un mortuorio que nadie se atrevía a retirar. Habían sido ajusticiados como traidores pero ¿de verdad lo eran?
¿De veras quisieron serlo? ¿O solo eran inocentes asustados sin saber qué hacer?.
Cuando todo esta lucha daba sus primeros pasos recordé una historia del pasado, la historia por más que se trate de ocultar siempre está ahí para decirnos "Os lo dije, olvidar es repetir" y bien saben los dioses que en Amn todo ha pasado alguna vez anteriormente.
He vivido más guerras que muchos de los que hoy se alzan en armas, he sido acusada y enjuiciada antes que todos los que hoy se ocultan o refugían y sé, que todo acaba pasando con un resultado u otro y que al concluir, se ha de regresar a casa pero ¿ qué pasa si ya no hay lugar al que regresar? ¿que ocurre si por cada acto una generación entera se pierde? ¿Merece la pena? los más idealistas dirán que sí, por su honor, por su legitimidad o por su fe pero ¿Cuántos piensan en el pescador que cada madrugada acude al rio para conseguir cobrarse unos peces , venderlos y vivir? ¿Le han preguntado si quiere luchar por alguien que posiblemente no sepa ni quien es ?
Cuando vi el cuerpo calcinado frente a mis pies sobre los adoquines de la plaza del Gremio Aventurero, no pude hacer nada salvo entonar una melodía suave de despedida, pedirle a los vientos de Akadia que los llevase en paz , no podía reconocer ningún cuerpo en esas horas de soledad reinantes frente a la imponente figura del pétreo General pero recordé dos situaciones absurdamente lógicas.
Ganar el relato era importante, como bardo había ganado relatos para mí misma y para otros , años de experiencia me habían dado esa capacidad igual que me habían dado la del poder caminar sin que se notase que lo hacía, moviéndome por entre la penumbra. Años como Senescal de Amn, me otorgaron conocer la política y sus entresijos. , quizá por mi dotes artísticas no me granjeaba la animadversión que muchos, demasiados, esgrimían en los Llanos Exteriores a viva voz contra el Consejo de los Seis. Muchos, los tenían por el enemigo como si los miembros del Consejo supiesen siquiera que existían pero sin embargo, ahora se alzaban reclamando el sentir patriótico ¿ De veras? que sinsentido ¿verdad?
¿Qué le importaba al pobre ser calcinado y retorcido sobre los adoquines?
Ganar el relato y procurarse apoyos, cosa natural diría, pero ¿no es absurdo que cuando te cruzas con esa posible ayuda actúes en contra, acuses, intentes el insulto y hagas que se pierda el respeto hacia quien dirige una posible noble causa? ¿Qué te importa a ti, pobre ser calcinado sobre el frio adoquín?
Eran demasiadas preguntas estallando en una melodía angustiosa, porque conocía la historia y nadie podía ganarme para su relato, porque había vivido guerras desde que desembarqué en el puerto de Athklata. Porque había matado, porque había sido libre, porque conseguí sobrevivir a la guerra del Escorpión, porque ya había ayudado a reconstruir ciudades , hogares y vidas, porque sobreviví a la Morgue Negra , porque sobreviví a la maldición del corazón roto, porque no caí en Crimmor ni en la revolución del rey mendigo ni en la de los grises de Salvación, porque tampoco caí en Purskull, porque sobreviví a la desaparición del Trono de Coral y porque sobreviví en la batalla donde perdí mi identidad durante años No, nadie iba a ganarme para su relato. Ni los del Norte ni los Leales aunque siempre he sido leal a mi nación y he sangrado por ella más que otros.
Miré de nuevo al cuerpo sobre los adoquines y musité ¿Quién os preguntó si esta guerra era vuestra o si la queríais?
Giré sobre mis pasos y puse rumbo a Imnescar, allí al menos el enemigo no era la tendera que me vendía los pergaminos o las cuerdas de mi laúd...
-Adiós , Imnescar - dije cerrando los ojos un momento.-adiós
Siete mil almas. Siete mil personas camino a Muran , en dirección opuesta a la que los que defendimos la ciudad tomábamos obligados por la derrota. Cuatro mil de esas siete mil, fueron refugiados contabilizados años atrás por Made y por mi misma entre otros tras la guerra con los Thincalli, cuando arrasaron Imnescar. Quizá no todos porque muchos optarían por no regresar jamás y afincarse en zonas más tranquilas y visto lo visto hicieron bien.
Antes del duelo de honor entre nuestros campeones y los de Muran, me permití un rato de inoperancia, iba a ser duro cada minuto que se avecinaba y bien pudiera ser que muriese, o quien sabe qué. Las tropas iban y venían, escuchaba rezos en el interior de algunas casas, los que no quisieron marchar quizá confiaban demasiado en la victoria o en la protección del clero selunita, eficaz protector durante mas de un siglo de la ciudad. No era mi primera batalla ni mi primera guerra , sabía como proceder y qué hacer para escapar de allí si todo se complicaba. Madeleine y yo lo teníamos más que hablado después de tantas batallas. Todo estaba estudiado y dispuesto en mi cabeza, cada poción, cada hechizo, cada as en mi manga . Todo conformaba una partitura perfecta que seguí paso a paso confirmándola en voz baja, cuando a mi espalda escuché a alguien que se dirigía a mi. Era una miliciana de Imnescar que me recordó qué fui yo quien la inscribió en aquel listado de los cuatro mil, me agradecía el haber dejado un registro donde encontrar a sus familiares y parece que así fue pero, ese amanecer, cuando al fin las bestias nos rodearon en las calles principales de Imnescar vi su cuerpo inerte y ensangrentado sobre unos cascotes, sus armas aun en las manos. -Tus dioses te acompañen joven guerrera- musité antes de envainar las mías.
Miré a mi alrededor, a mi lado estaba Made , pude al menos respirar tranquila porque estábamos ilesas, con heridas y hematomas por todo el cuerpo pero vivas y en voz baja pronuncié una última oda a lo que vi. -Made no sé porque nos empeñamos en cantar las gestas de cada guerra porque nadie cuenta la realidad y que la muerte, la sangre, las vísceras, las heces y cascotes serán lo que nos rodee. Nadie cuenta que morir no es grato, morir en batalla desgarra, el miedo al ver la muerte ante tus ojos hace que se llore, se grite, se tiemble y hasta los moribundos se defequen, morir no es un acto heroico en sí mismo por más que todos los bardos cantemos las gestas de los héroes caídos... morir no es heroico, no.
Rodeé por los hombros a mi hermana elegida atrayéndola mientras el Lord Brujo nos conminaba a marchar con un mensaje para el Consejo . Nos perdonaba la vida y nos dejaba marchar para contar su victoria . Dos horas para decir adiós a Imnescar, y ver como no había clemencia para los que se resguardaron entre los muros de casas, templos, posadas o sótanos. Sus gritos , sus alaridos viendo cual sería su destino me acompañarán durante el resto de mi vida, como me han acompañado otros parte de aquellos cuatro mil , hoy se sumaban hasta esos siete mil . Unos morirían en el camino hasta Muran, otros morirían al poco de ser esclavos allí, otros tendrían un destino aún peor... quien puede saber.
Los pocos que sobrevivimos a la batalla de Imnescar, formamos una fila ajada, manchados de sangre , heridos, y derrotados camino a Purskull sosteniéndonos unos a otros . Muchos llorábamos en silencio, cuando nadie nos veía pensando en lo que fue y no volvería más, deseando llegar a casa. La columna entró en una Purskull tocada por los sucesos de hacía poco, algunos aldeanos nos daban cestos con fruta e incluso besaban nuestras manos pero pobres de ellos, pobres porque se les venía encima mismo la frontera, los refugiados, los mercenarios y todo lo que llegaba tras la batalla.
-Made, pronto llegaremos a casa, pronto estaremos en Crimmor , en el Teatro de la Alegría, pronto, morena, pronto
Pero tras días y días de marcha ,deshaciéndose la columna de los últimos de Imnescar por el Camino del Comercio la sangre se me heló en las venas mientras el alma se escapaba de mi.
Columnas de humo negro y olor a muerte se adivinaban en el horizonte alzándose por encima de la Ciudad de las Caravanas.
Hace tiempo, en la plaza del Ayuntamiento se erigía una solemne y temible estatúa. Se alzaba pétrea la figura de Bálagos, allí estaba para recordarnos a todos su maldad y su capacidad inagotable para destruir y arrasar. Contaban los bardos y fieles de las tres deidades del Teatro de la Alegría que hará unas décadas se celebraba un gran espectáculo en el antiguo templo de época Shoonita cuando, de repente, una hermosísima mujer de cabellos negros y ojos de insultante belleza se levantó de su asiento en el anfiteatro. Comenzó a hablar con la templanza del tiempo mientras su cuerpo se transformaba en lo que en verdad era, Bálagos. Apenas hubo tiempo de correr antes de que su vileza y furia se desatase en La Ciudad de las Caravanas, apenas unas horas después toda la ciudad ardía en llamas y cenizas. Tras un tiempo aquello parecía olvidarse y más aún, cuando dijeron que habían hallado el esqueleto de la gran sierpe. Poco a poco, el temor que se tenía hacia su nombre se fue diluyendo y la estatua que se erigía en la plaza del Ayuntamiento de Crimmor, fue sustituída por unos árboles, unos bancos y un precioso paseo .
Su paso por Amn desató destrucción, engaño y dolor . También la necesidad de sanar mediante el olvido.
Han pasado varias décadas y hoy, lloro amargamente por mi ciudad, la ciudad que me dio su bienvenida, la ciudad que me vio triunfar, que alimentó mi alma a cucharadas de magia bárdica ,en mi hogar, en mi adorado Teatro de la Alegría que se mantuvo en pie a pesar del conflicto con esos infames seguidores de Salvación, otro engaño más.
Dejé la ciudad alzándose en su idiosincrasia, reconstruyéndose despacio y partí hacia Imnescar para olvidar que en mis brazos cayeron inertes amigos y vecinos cegados de odio, o ellos o yo. Ellos o el Teatro y las almas que allí se resguardaban. ¿Cómo iba a saber? ¿Cómo iba a saber el llanto que me ahogaría al verla rota?. Destruida ante tal imagen caí de rodillas, el corazón roto en mil pedazos al ver los restos del fuego y las cenizas, es inexplicable todo lo que sentí, o lo que sentimos. Jamás habría partido de Crimmor si lo hubiese siquiera sospechado.
Al cabo de un día ya me habían puesto al corriente de lo sucedido, y recordé la historia de engaño de Bálagos y que yo misma había contado esa noche en el anfiteatro del Eldat frente a La Dorada vestida con su máscara y disfraz allí mismo.
Crimmor renacerá, sí... pero quizá aun no sea el tiempo de reconstruir lo destruido, mientras aun guardemos luto por todo lo perdido. Primero hay que sanar heridas y entender las razones para usar una ciudad, como la señora Alice Valdor mismo me dijo:" por estrategia señorita Astrid. Debíamos hacer salir a Colmillos Afilados de su madriguera y también Crimmor representaba el único acceso al Norte que podían acceder con seguridad al no cruzar por el bosque de Álandor y que nos daría acceso al resto de Amn". Estrategias y un paso al resto de Amn fue lo que destruyó Crimmor.
Dejemos de buscar culpables, dejémonos sanar y entonces sí mi amada Crimmor renacerá una vez más. Pero no olvidemos que no siempre se cede la otra mejilla aunque el fin sea pagar lo que se ha roto.
Astrid Minstreltides,
Amante abnegada de Crimmor , Amante Eterna del Teatro de la Alegría