Novedades

Hanna Evernight

Orador

Pornorroleador oldschool
Registrado
24/11/08
Mensajes
814

Mi nombre es Hanna Evernight, nací en una pequeña aldea a las afueras de Amn, y desde siempre he sentido que la noche me llama. No podría explicar cuándo fue la primera vez que la sentí; creo que, en cierto modo, esa voz ha estado en mí desde que nací. Mientras los demás dormían, yo caminaba bajo el manto de las estrellas, sintiendo una paz inexplicable. La luna me hablaba en susurros que sólo yo escuchaba, como si cada destello de su luz ocultara secretos antiguos.

Tenía doce años, y aquella noche la luna colgaba inmensa sobre el lago, derramando su luz plateada sobre el agua inmóvil. Recuerdo que todo estaba en calma, un silencio profundo que parecía envolverlo todo, como si el mundo mismo estuviera conteniendo el aliento. Mis pies descalzos tocaban la tierra fría, y no podía apartar la vista del reflejo de la luna sobre el lago, casi hipnotizada por su resplandor.

Entonces, algo cambió. El aire se volvió denso, cargado de una energía que hizo que mi piel se erizara. La luz de la luna se intensificó, tan brillante que por un momento no supe si miraba el lago o si estaba de pie entre las mismas estrellas. Fue en ese instante cuando sentí algo… alguien. No fue una voz en palabras; fue una presencia que llegó como un susurro que mi mente no lograba comprender del todo, un murmullo antiguo que parecía resonar en mi interior.

El reflejo en el agua comenzó a moverse, y en medio de la luz vi una figura, etérea y vaporosa, como hecha de la propia esencia de la luna. No tenía rostro definido, pero sus ojos —profundos, como dos cielos nocturnos— me miraban, y en su mirada sentí una paz que jamás había conocido. Intenté hablar, pero ningún sonido salió de mi boca. No hacía falta.

Una suave corriente de calor recorrió mi cuerpo, comenzando en mi pecho y expandiéndose hasta la punta de mis dedos, como si ella estuviera tocando mi alma misma. De algún modo, supe que estaba ante “ella”. No me habló en palabras, pero sentí sus pensamientos en mi mente, como destellos de luz dentro de la oscuridad. En ese instante, entendí que ella me había elegido, que había visto algo en mí que ni siquiera yo comprendía.

Mi cuerpo temblaba, y, al mismo tiempo, algo en mí se encendía, un poder suave y silencioso que me anclaba a la tierra y me elevaba hacia el cielo. Cerré los ojos, y el mundo desapareció. No había nada más que esa sensación abrumadora de unidad, como si yo fuera parte de la luna, de la noche, de los caminos y las estrellas.

Cuando abrí los ojos, la figura ya no estaba. La noche volvía a ser la misma, el reflejo en el lago tan tranquilo como siempre. Pero yo había cambiado. Sentía la presencia de Selûne en cada rincón de mi ser, un susurro eterno en mi interior, suave y constante como el murmullo de las olas en la noche.

Desde entonces, llevo esa conexión dentro de mí, un eco de aquella noche en que la diosa me tocó, dejándome marcada por siempre con el don de la luna.

Mis padres no lo entendían; para ellos, sólo era su hija soñadora, perdida en pensamientos y en noches interminables. Pero yo sabía que estaba destinada a algo más. Sentía la presencia de la diosa cada vez que alzaba la vista al cielo, y a medida que pasaban los años, ese vínculo se volvió mi única guía.

Ahora, camino de pueblo en pueblo, protegiendo a aquellos que necesitan refugio en la oscuridad y buscando respuestas a las preguntas que aún llevo dentro. Sé que mi historia apenas comienza y que mi devoción no será fácil. La oscuridad tiene muchas formas, y no todos ven la luna como una bendición.

Pero estoy aquí, bajo la luz de Selûne, y seguiré adelante. Debo llegar a Imnescar, donde empezará mi verdadero camino y peregrinaje.​
 

Orador

Pornorroleador oldschool
Registrado
24/11/08
Mensajes
814
Luna Eterna

La historia de Luna Eterna, la espada consagrada a la diosa de la luna, comienza en tiempos oscuros y antiguos, cuando la humanidad apenas conocía el verdadero poder de los dioses y los secretos de la noche. Luna Eterna no fue forjada para grandes héroes, ni para desatar tempestades de fuego o convocar truenos con cada golpe; en cambio, su propósito era mucho más sutil y, a su manera, sagrado.

Cuenta la leyenda que en una noche de luna llena, hace muchos siglos, una humilde clériga llamada Elorianrecibió una visión. Bajo la pálida luz de Selûne, la diosa de la luna se le apareció en sueños y le pidió que consagrara una espada en su honor. No sería un arma para conquistar ni una herramienta de destrucción, sino un símbolo, un recordatorio para todos aquellos que la contemplaran de la paz y la protección que Selûne ofrecía a sus fieles.

Elorian dedicó años a buscar los materiales y artesanos adecuados. Viaje tras viaje, encontró a los mejores herreros de la región, no para crear una espada mortal sino para esculpir algo hermoso y único en honor a Selûne. Así fue como unieron sus talentos para crear lo que hoy conocemos como Luna Eterna.

La espada tiene una hoja de acero plateado pulido, que refleja la luz de la luna con un brillo especial, casi como si la hoja susurrara a las estrellas. A lo largo de su filo se extiende una serie de grabados y motivos en forma de lunas crecientes, eclipses, y constelaciones, todas cuidadosamente trabajadas y en relieve. Los símbolos arcanos de Selûne fluyen de la empuñadura hasta la punta, narrando la historia de la diosa, de sus luchas y su misericordia para con los perdidos y desamparados. La empuñadura está decorada con un solo cristal lunar, una piedra iridiscente que, según se dice, fue bendecida por la propia Selûne.

Luna Eterna no es un arma mágica en el sentido tradicional: no destella con poderes destructivos, no otorga fuerza sobrehumana, ni es capaz de abrir portales hacia otros mundos. Sin embargo, hay algo en su presencia que conmueve a quienes la ven; se dice que aquellos que llevan la espada y la blanden en la oscuridad sienten una paz interna, una calma que los protege de la desesperación y el temor. Los soldados y viajeros que la portan cuentan que sienten como si una luz invisible los guiara en la penumbra, como si Selûne misma velara por ellos en el silencio de la noche.

Algunos incluso dicen que, si uno se encuentra bajo la luz de la luna llena y recita una oración antigua en honor a Selûne mientras sostiene Luna Eterna, la espada brilla tenuemente, como si absorbiera la esencia de la diosa. En esas raras ocasiones, la espada muestra visiones, recuerdos de tiempos antiguos, batallas olvidadas y momentos de gracia divina, dándole al portador una breve conexión con la historia sagrada de Selûne.

Hasta hace pocas lunas, Luna Eterna se guardaba en un pequeño templo en las montañas, lejos del bullicio de las ciudades y de los ojos codiciosos de los ambiciosos. Aquellos que buscaban sabiduría o deseaban rendir tributo a Selûne podían hacer una peregrinación al templo, donde las sacerdotisas permiten contemplar la espada y, en ocasiones especiales, los dignos pueden portarla, como así ocurrió con Hanna Evernight. Quien ahora porta esta espada con el único fin de ser digna de ella.

A fin de cuentas, Luna Eterna no es la espada de un héroe ni un arma de poder desmesurado. Su poder reside en su simple belleza y en el recordatorio constante de que la noche no es solo tinieblas y terror, sino también un manto de paz bajo el que Selûne vela por aquellos que le son fieles.​
 

Conectados

Arriba