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Hela Heraldsen

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Copa de Champán de Trauson
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Hela


Mi nombre es Hela, una norteña de los Valles Helados, el frío es un clima que disfruto pero siempre puedo traer conmigo cuando lo deseo. Comencé mi viaje intentando encontrar una familia, un lugar al que pertenecer y sentir ser aceptada.

En mi tribu nómada mis poderes son vistos con temor y recelo, lo que dejó en mi heridas de resentimiento, desconfianza. Igual conocí el cálido abrazo fraternal, mi madre aprendió a hacerme ver lo positivo en mis cualidades y aplaudía mis progresos.

No obstante, se volvió un tema recurrente sentirse aislada, esto y otros problemas internos en mi tribu me llevaron a tomar la difícil, también desesperada decisión de abandonarlo todo en búsqueda de una familia soñada, la crearía yo misma si no llego a encontrarla.

Con orgullo llevo el nombre de mi padre a quienes me conocen: Herald, un bárbaro fuerte, a mi ver, inigualable en poder. Y allí donde voy pretendo enorgullecer su legado con mi inteligencia, sus lecciones no serían en vano.

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Copa de Champán de Trauson
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Mi protagonista
Llevo meses intentando encontrar a alguien ideal para mí, un hombre fuerte con el que comenzar mi idea de un nuevo clan de la Gran Sierpe. No he tenido mucha suerte últimamente, cualquier presumido que me he encontrado no iguala el nivel de fuerza que necesito para mi, parecen de papel para lo que estoy acostumbrada en las tierras del Norte.

Mi peregrinaje en búsqueda de mi tribu me ha llevado a Amn, tras unas semanas viviendo en esta región he aprendido sus extrañas leyes que no comparto, muy cómodos, pero también he conocido un individuo que parece competente ¡al fin! un seguidor de Uthgar capaz de complementarme, su nombre es Sigbjörn “El Oso desencadenado, solo su apariencia es el retrato del ideal bárbaro de Uthgar, me pregunté entonces si podía tratarse de una visión o representación de mi dios, pero no, este es de carne y hueso, pero invencible, puede ser que mi apariencia no le agrade, aún así, intentaré entablar amistad con el.

Este guerrero de Uthgar me demostró su fuerza y destreza en la batalla aplastando un sin fin de criaturas, desbordó poder arcano a su lado, como si su presencia fortaleciera mi linaje haciéndome sentir más viva y poderosa.Al mismo tiempo que noto que el se siente más poderoso y confiado a mi lado.

Después de las batallas me invitó a beber, hemos conversado, aunque recuerdo vagamente lo que he dicho, seguro que alguna de mis salidas tan sabias e intelectuales. Aunque parece buscar lo fácil, no se lo daré, de ser así me desvalorizará como mujer, pero quién sabe, quizá mi voluntad no es tan fuerte.

Tengo recuerdos muy difusos del día y la semana, he estado bebiendo a montones recordando de forma deprimente a mi tribu ante lo que soy, el temor, sus miradas rechazándome, pero no importa, continuaré adelante. El problema es que entre aquello me encontré con Sigbjorn, me ha encontrado débil de espíritu y hemos bebido tanto que no recuerdo mucho del día, solo sé que entre trago y trago y estupefactos, no he podido resistirme a su fuerte aroma atrayente, su físico poderosamente musculado, aquella mirada azul tan profunda y atrayente. Releyendo mi diario, creo que estoy perdida, perdidamente enganchada y es algo que me da terror.


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La Guerra en Minsor

Debo admitir y agradecer a Uthgar el tótem de la Gran Sierpe que pusiera a Sigbjorn en mi camino, un guerrero extremadamente fuerte e invencible, alguien a quien seguir, cuando me invitó a la guerra en Minsorran no lo dude.

Viaje hasta Minsor, una ciudad alejada de mi cultura ancestral, con una arquitectura impresionante, pero carente de humildad. En aquella ciudad se sirvió la batalla, no conocía muy bien quienes serían los enemigos, Pero más allá de mi presencia, estaba segura de que el Oso, en su total majestuosidad y fuerza, aún necesitaría el complemento de mi poder. Mi inquebrantable orgullo me dicta que juntos, como una fuerza incontenible, somos indispensables en cualquier escenario de batallas y guerras.

No conocía mucho a los presentes, una compañía de aventureros y ordenados de todas las índoles bien armados, cada uno de ellos lucía poseer la experiencia de los dioses y largos años, las guerreras lucían hermosas y jóvenes, así marchamos hasta las murallas para defenderlas, aunque las hordas enemigas eran impresionantes y redoblaron las de los caballeros y soldados. Recuerdo la luz fulgurante de dorado que consiguió expulsar y hacer retroceder a algunos, en medio de la batalla.

No sabría describirlo correctamente, pero, los demonios gigantes se abalanzaron contra todo ser, un grupo de ávidos ¿vampiros? se movían rápido y su apariencia era elegante, como humanos pero letalmente más fuertes, estos fueron corriendo a cansar a mi compañero Sig. Con suerte podía entender lo que ocurría en la batalla con tantos cuerpos luchando mano a mano contra esos mil demonios y diablos salidos del peor averno que conocía. Y sin embargo una muralla de feroces hilos de dientes mágicos se alzaron sobre mí impidiendo el paso para alcanzarlo y ofrecerle el poder que Uthgar me había otorgado para potenciar a sus barbaros. Buscando una salida de aquella situación, intentando rodear la barrera de cuchillas filosas, un desconocido enemigo hirió mi costado con una daga imposibilitando y desmayándome.

En la enfermería, note que muchos aventureros habían sido gravemente heridos, pero rescatados por escuadrones de sanadores, allí regresaron a conversar de cómo reagruparse, recuerdo los poderosos discursos de Julieth y otros soldados, a Bonk el hermano de Sigbjorn gritar por sobre otros y como los mismos Uthgardianos de fe, Selene, Sigbjorn, hasta yo misma nos animábamos para la próxima batalla que se avecinaba, la espera mantenía mi corazón alerta y mis sentidos hinchados.

Comenzó la marcha de guerra, posicionándonos sobre un puente poderosamente firme y construido, allí defendimos la ciudad y sus castillos, un discurso que poco pude escuchar, mis sentidos parecían ignorar al Maestro, quien había iniciado desde un principio esta guerra y vociferaba un discursos para disminuir su moral, no sabría que eso no tendría efecto en tan experimentados soldados, cuando él comenzó la batalla, el puente fue poderosamente defendido.

Me moví unos pasos para correr e imbuir con magia a mis compañeros de Uthgar con el poder del espíritu de la Gran Sierpe, pero mis intenciones fueron poderosamente truncadas por una enmascarada que clavó su puñal en mi pecho arrancándome parte de la vida, dejándome en el suelo tumbada desangrándome, solo podía contemplar lo que sucedía, la artista marcial que se encontraba a mi lado en ese mismo instante se defendió con unos abanicos afilados que usaba como armas, sus movimientos gráciles, elegantes y veloces se sobreponían al talento de la asesina, parecían niveladas si no fuera por aquella magia fatídica que aprovechaba ocultándose en las sombras de los edificios y estructuras de defensa para el asedio.

Aquella elfa de nombre Calendil con sus letales armas afiladas de un decorado inauditamente embellecedor corría rápidamente saltando esquivando a los heridos y luchando ávidamente con sus poderosos sentidos siguiendo a esta asesina de lo más poderosas…cuando todos sus aliados habían caído, solo ella quedaba luchando y una hechicera que se escondía demasiado bien y alejada bajo el puente que se había defendido con éxito. Escuchaba a lo lejos la estridente voz de mi amigo Sigbjorn el Oso insistiendo para que subiera a luchar y no se acobardaba.

No entendí cómo finalizó aquella batalla, pero una vez me atendieron las heridas, devolviéndome la vida que se iba, con orgullo mentí acerca de mi condición débil, porque la Gran Sierpe no me perdonaría admitir que me dolía, frente a tantos poderosos guerreros, que habían sufrido heridas igual de letales que yo y peores. pero la guerra la habíamos ganado, motivo suficiente para subirme la moral.
 

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La batalla contra el dragón
Cuando el maestro cayó a manos de sus propios aliados y un desconocido el bando contrarió también sufrió las consecuencias de la guerra, nos acercamos celebrando a la ciudad, donde yacían las partes del cadáver de un no muerto dragón verde que se repartieron alrededor de la plaza central. El ambiente era desolador para muchos, había arrasado edificios con su gran y potente tamaño, las flores de la decoración principal se habían marchitado presas delicadas de esta energía negativa que inervan en el ambiente.

Las partes del dragón, cada brazo y pierna repartidos por el ambiente separados de su torso comenzaron a convulsionar y moverse estrepitosamente armándose, tomando la forma de un poderoso dragón, así, la poderosa criatura comenzó a destrozar y coletear a los soldados y aventureros que íbamos tras de él. Esta vez conseguí sentirme más fuerte y revitalizada consiguiendo imbuir de poderosa magia del espíritu de la Gran Suerte de Uthgar a mis aliados, en especial a Sigbjorn quien sabía que estaba allí, junto a Calendil, Bonky, Selene, todos vociferando, esquivando, atacando aquellas difíciles escamas de la criatura malévola difícil de someter a la voluntad de la eterna muerte.

Parecía cansado el dragón, los poderosos guerreros de élite también estaban agotados, pero las consecuencias si esa criatura huía serían devastadoras, aquello los alimentaba a continuar la agotadora batalla, entre eso, recuerdo enfocar mi mirada en Sigbjorn quien con uno de sus más letales hachazos partió el gigante cráneo de la criatura arrebatándole el brillo maligno de su mirada dándole fin a su historia, Sigbjorn el Oso se había convertido ante mi mirada en un cazador de dragones.

El principado nos agradeció desde luego, me pregunto si nuestros nombres serán recordados, pero este relato es testigo de aquella guerra en Minsorran para la prosperidad de la tribu que buscó construir por mano propia o encontrar.
 

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Crisis en los Páramos Parte I

Abeja Reina

Alana, Sigbjorn el oso estaban en Crimmor, me los encontré dando un paseo y bueno, era inevitable ceñirnos a una búsqueda de batallas sin tregua, ambos envueltos en una arremolinada fiesta de frenesí de sangre batían todo lo que se atrevía a enfrentar sus caminos, en mi caso, solo miré y actúe en consecuencia cuando veía que necesitaban algún empujón del espíritu de la Gran Sierpe.

Llevábamos arrastrando una numerosa cantidad de trofeos, lo que nos obligó por una vez acercarnos a los llanos de la capital de estas tierras intrépidas y de leyes injustas, en ese lugar, nos encontramos con un sin fin de numerosos guerreros de todas las clases, especies, gente muy lastimada, infantes llorando, algunos sin sus madres. Allí incité con mi amigo Stiwy el fuego ardido para buscar respuestas con los gobernadores, pero nadie hizo mucho caso a nuestras incitaciones de odio, en su lugar atendieron a los enfermos y huérfanos.

Mientras tanto, un grupo de aventureros fueron reuniéndose con intenciones de perseguir y cazar a la abeja reina que atacó los llanos, en ese camino, al parecer unos desconocidos habían dañado a una hermosa ninfa y está se angustiaba por el castigo que el bosque exigía, de forma irracional y exagerada acabar con la ciudad de Athkatla. Sigbjorn y Bonk parecían emocionados con la idea de defender a los inocentes a todo lugar, en especial porque el de niño había quedado huérfano, era algo personal.

Las hordas de avispas comenzaron a rodearnos, era un remolino infinito de aquellas de gran tamaño, parecían el doble de mi porte, pero incluso así, en comparación parecían insignificantes a la grandeza de Sigbjorn y su hermano Bonk. Entre los aventureros un grupo de 3 mujeres de quienes recuerdo a Lindara y Naevys muy experimentadas sabían perfectamente cómo ayudar a fortalecer a los guerreros del grupo, también especialmente como esquivar a estas colonias por lo que decidí quedarme cerca de ellas. Los guerreros nos defendieron bien.

La cantidad arremetedora de abejas reinas era inaudito, llevábamos cayendo y reagrupando nos entre cada asalto, las agujetas de estos animales dolían como el demonio, sus poderosas mandíbulas atravesaban nuestra piel arrancando las y partiéndola , vi a muchos desmayarse, entre ellos yo al menos una vez me caí, pero me ayudaron a levantarme, ah pero Apreciar la furia de Uthgar en nuestros guerreros me llenaba de orgullo, ellos toleraban y soportaban cada daño, cada golpe asesino y hacían que la montaña de cadáveres fuera en aumento.

Nos temblaba el cuerpo, llevábamos horas combatiendo, moriríamos luchando de ser necesario, jamás pensaría en abandonar al hombre que se robó mi corazón en una batalla como tal y entonces, la mujer hermosa, la dríada se atravesó el corazón contra el arma de uno de sus protectores perdiendo el aliento de vida que quedaba, diciendo un ritual tan simple y romántico, abriéndose así un portal desde las raíces de la tierra que nos llevó de últimos hasta un lugar tranquilo, un círculo de vida y paz entre los druidas, en el que aguardaban por nosotros el archidruida, quien nos explicó que significaba el ritual y que ocurrió con todo lo vivido, algo que no presté mucha atención, estaba agotada y me desmaye en brazos de Sigbjorn mientras intentaba atender lo que hablaban.
 
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