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Guty

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El beso del destino - Inicio​

Mucho antes que la luz hubiese sido creada, la oscuridad ya imperaba por los reinos, aunque la luz sólo tiene sentido en relación con la oscuridad, y la razón presupone el equívoco. Son estos opuestos combinados los que pueblan nuestra vida, los que la hacen vibrante, embriagadora. Sólo existimos en términos de este conflicto, en la zona donde el blanco y el negro colisionan.
El destino guía a todos, la vida es una obra teatral, donde quien dirige a los atores son las tablas del destino, creando un parámetro de realismo ilusorio.
En la noche más helada del inverno del año 1454, nació un peque de los más hermosos, hijo del capitán de la décima guardia celestial, con una campesina que abrigo a lo mismo en su casa por meses, por estar en una misión de suma importancia para el destino de la humanidad. Aguas profundas, la grande metrópoli del reino de Faerun, la ciudad que inspira grandezas, aunque, no obstante, es el hogar de los misterios, la metrópoli de los secretos más ocultos e importantes de todo el reino. Lugar que alberga un portal activable hacia el plano diabólico, donde dicho portal era parte de un plan maloso de inmensas proporciones para así atraer al plano Material diversas criaturas poderosas de esa índole, ese fue el motivo que ha atraído el Solar llamado de Dominicus al plano Material.
La infancia de Dominicus II fue difícil, no tenía apenas recursos, aunque como dicen: “Dios proveerá” y así lo fue, Tyr con su majestuosa perspicacia guio paso a paso la vida del pequeño, pero primoroso hijo de los cielos. Con seis, casi siete años de edad, el muchacho empezó a currar en la aldea donde fue criado, ayudaba su madre de todas las formas que podía, aunque ese no era un privilegio exclusivo de la madre de Dominicus, el muchacho era tan bondadoso que siempre ayudaba a la gente por su naturaleza, gestos sencillos, pero que provenían del íntimo del muchacho.
Los años pasaban, el transcurso del tiempo seguía, Dominicus crecía de manera espantosa, con sus doce, trece años de edad ya llegaba a las cercanías de los 1,80 m, además del fenotipo extremadamente desarrollado que ya tenía, músculos de grande expresión para la edad actual, aunque de una belleza rara. Fue en esa época que Dominicus empezó a trillar la senda sacerdotal.
Todas las tardes, después del curro, Dominicus II se dirigía a la capilla de la Tríade en la plaza central de Aguas Profundas, allí empezaba a aprender el dogma de la Tríade, aún no mucho entrañado en los asuntos del templo, pero el interés del muchacho sobre el ámbito religioso era más que un interés mundano, era su vocación. El sumo sacerdote Radames de Tyr, lo tomaba como un pupilo, enseñando poco a poco el dogma de Tyr a Dominicus, haciéndolo ampliar su interés por las vertientes sacerdotales, quizás sea por la edad avanzada del sumo sacerdote, era fácil ver que necesitaba de un sucesor, pero parecía que lo había encontrado.
Al completar sus quince años, Dominicus ya era un adepto de la causa, ya ministraba pequeñas misas, realizaba pequeños rituales sacerdotales, por supuesto, ya seguía la senda que lo guiaba al altar de Tyr. Aunque fue en ese periodo que el sumo sacerdote Radames lo invito a trabajar asiduamente en el templo, y así enfocar mejor a su entrenamiento como sacerdote.
Desde entonces, el sumo sacerdote se cerraba con Dominicus en una sala de la capilla y se quedaban por horas sin apenas decir una palabra, parecía que entraban en un trance de concentración, buscando desarrollar un sentido llamado de sexto sentido. ¿Un sexto sentido? ¡Sí, el sexto sentido! Ese entrenamiento era especial, así como Dominicus, pero de extrema complexidad, pues desarrollar un don de esa envergadura es una obra de toda una vida.
Las semanas se pasaban, todos los días de la semana el sumo sacerdote Radames y Dominicus permanecían encerrados en dicha sala desde la octava badallada, hasta el inicio de la noche. A principio nada cambiaba, parecía un logro imposible, aunque la esperanza no había abandonado al muchacho. Todos los sacerdotes que habían sido entrenados por Radames han pasado por ese entrenamiento, pero ningún ha logrado éxito en tener una visión de un futuro próximo apenas, quien dirá ver el futuro como Radames, un hombre tan ligado al tiempo y su transcurso que mucho llegan a dudar que algo le pase desapercibido.
Por otro lado, en los fines de semana el muchacho ya tomaba diversas tareas importantes en el templo, trabajaba en la conversión de nuevos adeptos, iniciaba largas jornadas junto con los fieles por el largo de Aguas profundas, casi que en modo de sacrificio caminaban por horas, realizando diversas plegarias de mientras. Parecía que Dominicus ya había aprendido el necesario, era todo un sacerdote, al menos un aspirante a serlo.
En la última dekhana del verano, seis meses después del inicio de su entrenamiento nada había sucedido, ningún avanzo en tal faceta, quizás fuese por la voluntad y cobranza que Dominicus se imponía, día tras día, nada cambiaba, aunque se veía claramente que el muchacho parecía más centrado en sus tareas, tenía mayor éxito en cualquier prueba relacionada a sus otros cinco sentidos, el objetivo no había sido alcanzado, pero el detalle que Dominicus no sabía era que ese sería un entrenamiento para perfeccionar sus habilidades, no sencillamente un enfoque para ver el futuro.
Tras casi un año de entrenamiento, Dominicus empezaba a perder la esperanza, aunque su aniversario de 16 años se acercaba y allí sería el ápice de su entrenamiento, donde empezaría a tener contacto directo con el real objetivo de tal laborioso trabajo empleado sobre él.
La noche llego, el día del cumpleaños del muchacho, muchos han sido invitados para la festividad, el clero completo del templo de la Tríade estaba presente, la madre del muchacho, y muchos otros fieles que también congregan la fe en el templo. Tras la primera badallada de la noche, fue llevado a cabo el ritual de finalización de consagración del muchacho y allí iban sellar a Dominicus como sacerdote de la iglesia de Tyr, aunque como un mero aprendiz, pero ese era uno de los días más felices de la vida de Dominicus II. Sin embargo, el destino es caprichoso, gusta de jugar con las vidas, se divierte con bromear con los nervios y en ese día no sería diferente.
El fin de la ceremonia se aproximaba, Dominicus ya había sido coronado sacerdote del templo, pero la sorpresa de la fiesta se desveló, el padre de Dominicus II apareció con toda su majestad y esplendor, la sala se llenó de una luz tan fuerte que algunos se quedaran cegados por instantes. Tras ese periodo, el rostro más hermoso que todos allí habían visto apareció en medio de la luz, exceptuando la madre de Dominicus II y el sumo sacerdote, todos se quedaron con sintomas de sorpresa con tal aparición, y el ángel rondando los 3 metros de ancho, bañado en belleza suprema, se pronunció.

- Hijo mío, Dominicus Acúrio Oriel II… Hoy se completa la primera parte de la profecía, vuestra senda empieza a seguir el camino que os hará ser recordado, tened cuidado, el camino de la santidad es difícil, pero la recompensa es inmensurable. *El ángel desvaino una espada larga con un brillo celestial jamás visto por los presentes* Yo, Dominicus Acúrio Oriel, General del décimo batallón celestial de la corte de Celestia, te bendigo por toda la eternidad, que las veredas de la santidad te guarden de todo mal y que la supremacía divina te guie por el camino de la rectitud. Yo como un alto sacerdote de Tyr, te denomino como el acolito de la justicia. De hoy en delante, es vuestra obligación llevar la justicia allá donde sea necesaria, haciendo con que todo espíritu de índole maligna tema vuestra presencia por sí sola, y que la justicia sea hecha por vuestras manos.

Dominicus II caminaba despacio al encuentro de su padre, aunque de la nada aparecen inmensas alas blancas como la nieve y con el mismo brillo especial que de su padre. Al final de las palabras del padre de Dominicus II, una explosión de luz toma la sala y al abrir los ojos, Dominicus I ya no se encuentra más en la sala, pero una espada larga fue dejada a los pies del muchacho.
Todos estaban espantados, la fiesta acabo, la noche emocionante había terminado, y una vez más el destino juego con los sentimientos de la gente.
Por el alba del otro día, Dominicus despertó más cedo que de costumbre y se dirigió a la sala de meditación, pero allí haría un voto sagrado, rezando para su padre que antaño era desconocido. En la reza, pronunció exactamente así:

- Padre mío, amado por mí desde el vientre de mi madre… Hoy, delante vuestra santísima santidad, me propongo a hacer un voto de abstención, de abstenerme del lujo de poder ver las bellezas del mundo, de utilizar mis ojos para la futilidad, de ver lo que no es necesario, juro solemnemente utilizar mis ojos para llevar la justicia allá donde la necesidad esté, para hacer el bien por las personas que así lo necesiten. De hoy en delante, mis ojos serán la herramienta para uso del bien, solamente del bien.

Por algunos instantes un destello dorado se hizo presente delante los ojos de Dominicus II, luego en cuestión de segundos, el sumo sacerdote apareció detrás del muchacho, tapándole los ojos con una venda adornada con filos dorados y dijo:

- A cada día que pasa te pareces más con vuestro padre… Vuestra senda como bienhechor y siervo de la justicia inicia, acabo de enviar un búho a la Orden del Fénix, solicitando vuestro entrenamiento con un de mis colegas en Amn, en algunas lunas será vuestra hora de partir, despídete de vuestra madre y prepárate para un largo viaje. Que el dios manco guarde vuestra senda y que la bendición de la justicia te bañe con su manto.

El sumo sacerdote salió calmadamente por los pasillos del templo y una sonrisa alegre se veía en sus labios.
La dekhana siguiente era la hora de partir, Dominicus tenía todavía cierta dificultad en cumplir sus tareas teniendo su venda puesta, pero en momento algún la ha quitado. Consigo, Dominicus llevo solamente el necesario, sus ropajes, la armadura que tenía y la espada regalada por su padre, además de la carta de presentación a la Orden del Fénix…


La carta:

Estimado Gran Maestre, aquí quien vos habla es vuestro amigo Radames, vengo por esa misiva pedirte un favor de suma importancia, el entrenamiento en combate de mi pupilo, un joven sacerdote del templo. Aunque sea algo sencillo entrenar maniobras de combate, ruego para que haga un entrenamiento completo al muchacho y que ayúdeme a hacer de él un grande siervo de Tyr.
Cuento con vuestra ayuda caro amigo.
Que lo Justo os guie.

Atenciosamente,
Sumo sacerdote Radames.​
 

Silver

Discípulo comegemas
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Me ha encantado señor, me ha encantado como no suele hacerlo ningún relato. Mi enhorabuena.
 
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