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Historias de Cyrus perdiendo las cejas

Frankysan

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Papas Calientes​
El kobold arremetió de forma desesperada, extendiendo su brazo hacia adelante intentando alcanzar el costado de Cyrus a la vez que emitía un ladrido desafiante. La fuerza del golpe se dispersó contra el escudo mágico del artífice, que dio un paso atrás para desequilibrar a su oponente. En lugar de contraatacar con un martillazo, Cyrus utilizó los nudillos del guantelete para golpear al kobold en el morro. El kobold inmediatamente cayó al suelo convulsionando y humeante.​
  • Uf… - masculló Cyrus, resoplando por falta de aliento. Se volvió hacia el resto de kobolds, que inmediatamente pusieron pies en polvorosa soltando más ladridos incoherentes- ¡Eso os enseñará a no emboscar a aventureros distraídos, hijos de mala tuer… aarg!!​

No tuvo tiempo de acabar la frase cuando el guantelete que acababa de soltar la descarga provocó un cosquilleo en su antebrazo e inmediatamente empezó a humear. En pánico, Cyrus tiró de la cincha de emergencia y dejó caer toda la pieza al suelo, que comenzó a retorcerse como si tuviera vida propia y estalló en decenas de esquirlas de metal y cuero. El joven se quedó congelado en el sitio, cubriendo el cuerpo con una pierna levantada y escondiendo la cabeza detrás del escudo. Con cautela, se asomó a ver los restos desperdigados de su guantelete.​
  • Hum… Suena a problema de disipación de calor.- Sonrió- Me pregunto si…​
​
Más tarde, en la Arcanum Scholla…​

Cyrus terminó de colocar su armadura sobre el maniquí, centrando el yelmo para mirarle de frente. Se tomó un momento para lamentarse de no haber música ni un bardo a mano para inspirarse pero decidió que una taza del brebaje de Matzica que estaba por todas partes en Amn serviría igual.​
  • De acuerdo, Iarann, tienes un problema ventilando el calor que generan los guanteletes tras lanzar descargas, un problema que puede llegar a causar daños catastróficos en la estructura de la armadura y hacerme daño. ¿Cómo lo vamos a resolver?​
La armadura no dijo nada, porque era una armadura. Tan inerte como el maniquí que la estaba vistiendo. En el pasado, su maestro era el que le daba las réplicas, pero ahora necesitaba resolver los problemas por sí mismo. Sostuvo la taza caliente en sus manos y se quedó observando el humo que desprendía.​
  • Una válvula de escape para el calor. Tiene sentido. Pero no puedo llevar la armadura llena de agua e ir soltando vapor como una tetera. Sería extremadamente incómodo, por no hablar de que un escape haría que la electricidad se distribuyese sobre mí y no sobre mi objetivo. Tampoco puedo hacer que la energía sobrante se escape sin control, porque podría afectar a quienes me rodean.​
La armadura no le contestó. Frustrado, Cyrus comenzó a caminar en círculos por el laboratorio dirigiendo su mirada a los diversos artilugios esotéricos allí acumulados. No buscaba nada concreto, sino una inspiración, algo que le ayudase a llegar al siguiente paso que debía seguir para resolver su problema.

Se dejó caer en el sillón del escritorio donde los estudiantes fabricaban sus pergaminos, que contaba con un amplio espacio para extender el papel y diversos frascos que servían para mezclar con la tinta e imbuir la magia que luego desencadenaría los conjuros al leerse. Alguien había estado comiendo nueces y había dejado las cáscaras desperdigadas en la mesa. Tomó una de las plumas y empezó a tirar las cáscaras a golpe de pluma, empujándolas hacia el contenedor para desechos. Sin darse cuenta, empezó a imitar el sonido de las armas de pólvora de Lantan cada vez que tiraba una cáscara.​
  • Pium, pium- Se quedó callado, mirando la última cáscara sobre la mesa. Se reclinó en el sillón, haciendo girar la pluma en sus dedos observándola, recordando cómo se recargaban los arcabuces en Lantan.​

Dejó caer la pluma y se puso en pie, agarrando el pergamino que estaba extendido sobre el escritorio, dejado por cortesía para el siguiente alumno y empezó a romperlo en tiras verticales a la vez que hablaba de nuevo a su armadura, en un tono de voz más excitado y que gracias a su acento lantanés bien podría haber estado cantando.​
  • Muchos piensan que para recargar un arma de pólvora negra debes poner el polvo y luego la bala siguiendo un estricto orden. Pero a veces no tienes tiempo. A veces lo mejor es meter las dos cosas juntas envueltas en un contenedor de papel. El papel se quema igual, provoca la ignición de la pólvora y la expulsión de la bala. Es más sucio y si no tienes cuidado puedes reventar el cañón. Pero la idea, la idea, ¡la idea!- dijo, meneando el dedo índice enfrente del yelmo.​
Excitado, Cyrus agarró varios frascos de ingredientes de inscripción y empezó a olfatearlos, buscando uno en particular. Tarareando, mezcló la tinta con el polvo arcano y empezó a inscribir en una de las tiras de pergamino, sin molestarse en sentarse en el sillón. Recordando el cigarrillo de Misog, lo enrolló haciendo un canuto y selló una de los extremos con cera de vela.​
  • Ahora, ¿dónde está…? - Dijo, dando vueltas sobre sí mismo buscando algo en la habitación. Pasaron unos momentos mientras rebuscaba hasta que sacó un cristal de cuarzo de un cofre lleno de gemas de poco valor- Ajá.- Y lo tiró al suelo para pisotearlo.​
Se tiró al suelo con el canuto de pergamino en la mano y con sumo cuidado empezó a meter el polvo de cuarzo dentro. Tras llenarlo, selló el otro extremo con cera y sonrió satisfecho con su trabajo. Se quedó de rodillas en el suelo y dirigió su mirada por encima del hombro.​
  • Ya iba siendo hora de una mejora.​
​
Dos días y dos explosiones más tarde…​

El maniquí se encontraba en el aula práctica de la Arcanum Scholla, y afortunadamente carecía de la capacidad de sentirse expuesto y vulnerable en mitad de la habitación con un ansioso Cyrus ajustándose los nuevos guanteletes de su armadura. Unos guanteletes que parecían más voluminosos y rechinaban como los engranajes de un constructo de relojería. Parecería feroz de no ser por la conspicua ausencia de cejas.

Cyrus avanzó rápidamente hacia el maniquí y descargó el primer golpe contra el maniquí, un gancho que lo levantó del suelo provocando que parte del torso estallase en astillas con un chasquido eléctrico. Sin perder el ritmo, usó el guantelete izquierdo para empujarlo hacia adelante y la explosión resultante amputó el brazo del maniquí. Los golpes continuaron hasta que el joven estaba empapado en sudor y resoplando sin aliento, pero los guanteletes seguían en perfecto estado y sin signos de que fuesen a estallar. Al acabar la sesión, Cyrus agitó los brazos y de dos compartimentos de los guantes salieron despedidos dos cartuchos de papel rellenos de cuarzo, con las inscripciones arcanas borradas.​
  • Disipación de calor eficiente, conseguido.
    ​
 

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