Valakk
Pipa perdida de Duzdin
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-Prologo-
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"La Calle del Sapo, en los Barrios Bajos de Athkatla solía reunir a varios pillos y huérfanos que historicamente habían hecho de ella un lugar tranquilo y discreto donde tramar sus triquiñuelas fuera de la vista de la mayoría de adultos que solo entrarían allí para esconderse o para aliviar la vejiga. A menudo se juntaban los más jovenes de cada zona del barrio, incluyendo a tejaderos, aguadores y hasta los hijos no reconocidos de mas de un guardia de la ciudad.
Pero todos tenian algo en común. Todavía no se habian metido en ninguna banda, o como solía decirse, todavía no estaban "pintados". La mayoría de ellos apenas alcanzaba los doce años. Pero no pasaria mucho hasta que empezaran a interesarse por el absurdo mundo de los adultos y con ese interes, descubririan necesidades que en aquel momento ni sabían que existían.
Tras el breve jolgorio de una partida de cartas al juego de la Cadena, un tunante de diez años al que apodaban "Garbanzo" se levantó del suelo y trepó hasta el escondite donde ocultaba su pequeño tesoro, media barra de pan y dos chorizos secos.
-Mirad lo que nos ha dado la vieja Unhorna. El pan esta incluso blando!
Recogiendo las cartas, Sid, el mayor de los cuatro, entrecerro la mirada.
-Ese pan nos lo dio a ambos, Garbancito.
-Si, hombre...Es para que lo comamos los cuatro! Un chorizo para cada dos.
-No,no... la mitad es mia. El resto para vosotros! No empieces con lo de la banda, que nos conocemos hace un mes...
Sid tendió la mano para tomar el pan, pero los rapidos dedos de Garbanzo lanzaron el pan a las manos de Piraña, la unica chica del grupo, de apenas nueve años.
-Sid, vamos, ayer te di la mitad de las castañas que recogí...
-Eso fue ayer, Piraña. Este palo es el de hoy y lo hicimos Garbanzo y yo. Son las reglas, a cada uno lo suyo, no?
-Te dare algo para que compartas tu parte...-Buho era el mellizo de Piraña, pero hablaba poco.- Te dire donde hay una moneda de oro que nadie sabe que esta ahí.
Se hizo un silencio y aunque admirando el apoyo de su hermano, Piraña rió con el chiste.
-No me vendas cuentos, Búho, que sabemos que te gusta mucho inventarte cosas...-Sid fruncio las mejillas cubriendo su rostro de cínica duda.
-Es cierto,lo juro. Puedo llevarte alli, pero hay que repartirnos lo que saquemos por ella.
Sid se rasco la perilla que todavia no tenia, imitando el gesto de la gente importante que veia a veces en el Paseo de Waukeen.
-Si me mientes, te hare vomitar el chorizo a puñetazos. Te parece bien?
El pan paso de mano en mano hasta llegar a las de Garbanzo de nuevo.
-Sid, hay que confiar mas en la banda...
-Piraña, que no somos ninguna banda! Nos ayudamos porque nos conviene, pero algun dia yo me largaré de este agujero y vosotros también...
-Igual te has hecho ya mayor y quieres ir tambaleandote como esos borrachos de la Corona de Cobre. Que es lo que les pasa?- Buho rió la ocurrencia de Garbanzo,que comenzó a imitar el tambaleante caminar de un borracho, su especialidad, haciendo reír al resto hasta que le llego su trozo de pan con chorizo. Quiza era la segunda o la tercera vez que lo probaba en su vida. El pan estaba tierno, y para aquellas bocas, comer algo parecido a carne era un privilegio irrechazable.
Durante un par de minutos, ninguno dijo una palabra. Habrian tardado mucho menos de tratarse de un chorizo mas blando, pero al caballo regalado...
Chupandose los dedos, Búho sacó de un bolsillo un trozo de tela y desenvolvió una moneda de oro, sucia pero auténtica como el pan que masticaban.
Varios pares de ojos se abrieron sorprendidos, incrédulos ante la prueba irrefutable de que Búho no habia mentido.
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-¿De donde la has sacado? -preguntó Sid tomando la moneda y escupiendo en ella para sacarle lustre.
Piraña miró a su hermano con curiosidad, y esta se tornó en varias emociones encontradas al escuchar su respuesta.
-De uno de los tejados del Callejón de la Rata...pasando los tejados de la Calle del Humo y el Arce Quemado.
Buho los miró con fingido orgullo por su azaña, pero sabía que para sus amigos, había corrido un peligro que no valía una moneda de oro, por mucho pan que pudiera comprar.
Y sin embargo...
-...Se donde hay mas monedas... pero estaban fuera de mi alcance. Esa la encontre por pura suerte. Al menos cinco monedas mas, si nadie las ha encontrado todavía, claro...-les miró y torció una fingida sonrisa que no convenció mucho ni a Garbanzo ni a Piraña, pues sabian que la zona merecía de sobra la mala fama que tenía.
Era un territorio considerado tierra de nadie entre la mayoria de las bandas y cofradías. El lugar bordeaba el unico acceso a pie de una vieja plaza en la que tiempo atras, una hermosa sirena de marmol coronaba una bonita fuente decorada con algunas caracolas y regalos del mar.
Pero hacía casi un siglo que había sido destruida y solo quedaba de ella un vago recuerdo ruinoso que reflejaba la decadencia y la miseria que lo rodeaba.
A su alrededor, como en un nido de silenciosas termitas, las ruinas parecían cobrar vida de vez en cuando y arrebataban la de los necios que se atrevían a cruzar los soportales semiderrumbados sin la protección necesaria...o sin permiso de quien controlara el lugar en el momento.
Aunque la mala fama era superada por la realidad con creces. Aquello lo sabían de sobra aquellos que recorrian las azoteas y balcones de los barrios y que a menudo podían ser testigos de las rencillas a navaja y las deudas callejeras cobradas con sangre que tenían lugar en lo mas bajo de lo mas bajo...desde la seguridad y discrección que ofrecían los tejados y azoteas semiderruidos.
Los críos solían llamarlos popularmente tejaderos, aunque segun el territorio, los apodaban tambien carboneros, deshollinadores, aguadores, gatos pardos o pajaritos.
La mayoría de ellos se guardaba de coquetear con los empinados tejados ruinosos de aquella zona, pese a las buenas vistas del cementerio y del Hospicio que podían ofrecer. A menudo aparecían tipos muertos o los pedazos de alguna persona que había sido devorada por las ratas o algo peor durante las horas de oscuridad. El Callejon de la Rata...
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Antaño territorio de los desaparecidos Buhoneros de Beshaba, el lugar se había convertido en una zona bastante caliente en los años recientes. Los críos escuchaban toda clase de historias, pero a diferencia de los cuentos y leyendas que en otros lugares se contaban frente a la lumbre de una chimenea, en el Barrio Bajo no hacia falta inventarse ningun detalle escabroso, cualquiera podía verlos con sus propios ojos si esperaba el tiempo suficiente en cualquiera de sus rincones.
También desaparecía mucha gente allí, ya fuera de dia o de noche. Era algo sabido por todos. Incluso en un pozo miserable y ruinoso como el de los Barrios Bajos, habia lugares que hasta los mas duros y espabilados preferían evitar.
Pero Sid ya habia tomado una decision...
-Llevame alli, Búho.-dijo levantándose al instante.
-No vayais!-dijo Piraña- Ademas, la vieja Unhorna no nos dará nada si se entera de que andamos cerca de allí, y siempre se entera!-advirtió de nuevo la niña con los carrillos llenos de pan con chorizo.
Búho miró a Garbanzo que unicamente dirigió la vista a los trozos de chorizo que quedaban a los pies de Sid.
-Te llevaré, pero la moneda de oro para ellos...-dijo Búho señalando al resto.
Sid abrió la mano y vio el oro verdadero y pesado en su mano, poco acostumbrada a tocar algo asi. Quizá nunca volvería a tocar una moneda como aquella en su vida...
Dudó unos instantes, pero se la dió a Garbanzo, junto con el pan que le quedaba.
-Trato hecho, Búho.- Ambos se escupieron en la mano y cerraron el trato. Aquello iba en serio.
-Por que no vais de día?-preguntó Garbanzo, masticando el delicioso chorizo.
-Amanecerá en unas horas, pero es mejor que nadie nos vea...Tu estas seguro de que hay mas monedas, Búho? No quiero ir allí para volverme con las manos vacías, eh?
-Las vi, pero solo pude alcanzar esa por debajo de una rejilla. Tus brazos son mas largos que los mios, igual con un palo y cuerda podemos alcanzar el resto.
No se entretuvieron mucho mas.
Sid le señaló a Garbanzo el Escondite donde guardaban "las herramientas", que basicamente eran unos cuantos palos que usaban para cazar roedores despistados y unos cuantos trozos de metal que habian afilado como utensilios rudimentarios.
Garbanzo tomó una cuerda llena de nudos para trepar, entre los que habian atado otros pedazos de cuerda en circulo como en una escalera de mano. La había hecho el mismo con la ayuda de una chica mayor en la Plaza del Cobre pero nunca volvió a verla. Le habia enseñado todo lo que ahora sabía Garbanzo sobre nudos. Se sentía orgulloso de aquella escalera de cuerda, y que alguien se interesara por el de vez en cuando, que le enseñara alguna cosa útil para vivir en las calles, pero hacía mucho que su amiga se había marchado.
-¡Espabila, Garbanzo que se nos hace de día...!-murmuró Sid excitado por la inminente incursión.
Piraña apagó la diminuta hoguera que les habia calentado y se arrebujó en los harapos mal cosidos que la protegían del frio y seco invierno.
-Nos veremos luego frente a la tienda del viejo Oshun. No perdais la moneda!-les susurró Búho.
Sid y Búho enrollaron la cuerda y se despidieron del resto de la pandilla sin decir mucho mas. Búho miró a su hermana y ella le dedicó una sonrisa preocupada, sabiendo que su hermano era de los que siempre acababa cayendo de pie, pero se dirigía a una zona turbia y peligrosa.
Garbanzo y Piraña los vieron alejarse por el callejón que daba a la calle de la Sal, cuando el cielo anunciaba que se aproximaba el alba.
Pasarían años hasta que volvieran a encontrarse los cuatro en el mismo lugar."
* * *
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"El Callejón de la Rata estaba completamente desierto, aunque desde el tejado podían atisbarse todavía, como arañas escondidas, algunas de las siluetas que acechaban entre los montones de escombros y escaleras derruidas, esperando la distracción de un incauto, la mala decisión de un necio, o a cualquiera que cometiera el error de cruzar los soportales y sumergirse en la penumbra que solo la luna llena se atrevía a iluminar.
Por suerte, las nubes hacían bailar las luces y las sombras, mecidas con un caprichoso viento que las iba empujando como una brisa suave y constante que acariciaba unas velas olvidadas.
Bajo todo aquel manto de menguante oscuridad, dos ratoncillos se aventuraban por encima de los tejados bajo la forma de dos chiquillos, astutos supervivientes callejeros de corta edad.
Búho llego hasta una de las tapias derrumbadas que rodeaban un antiguo burdel de nombre olvidado, y mirando desde las alturas, oteó en la negrura el agujero por el que habia llegado hasta el patio con azotea de una casa que lindaba con el cementerio.
Señaló la cuerda y uno de los clavos de hierro que sobresalían de una de las cornisas, el soporte de una gargola destruida que adornaba un canalon de desagüe.
-Cómo la enganchaste la primera vez?- pregunto susurrando Sid a su compañero.
Búho recorrió el tejado sin levantar la cabeza buscando algo y dió con un largo trozo de caña, a la que había atado un hueso. Con mas maña que fuerza, enganchó la cuerda al hueso y le mostró el utensilio a Sid. Acto seguido, alargó el brazo hasta alcanzar con la cuerda el clavo del alféizar que les ayudaría a trepar hasta el siguiente tejado.
-Vaya, Búho, un buen invento...
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Algo en su interior advirtió a Sid en aquel momento de que en algun lugar algo no iba bien, pero ignoró los gritos de aquella voz interior, seca y neutra, que lo encomiaba a pensar dos veces lo que estaba haciendo y largarse de allí. Pero quizá era todavía demasiado joven para confiar en un instinto que ignoraba poseer.
Sid probó la cuerda con un par de tirones y fue recorriendola, alargando las piernas y flexionando las rodillas con cada peldaño de cuerda que superaba.
Bajo sus pies, un hueco que atravesaba el propio suelo de la calle unos nueve metros mas abajo, en un agujero lleno de basura y escombros que lo matarian si no lo hacía la caída.
Al llegar arriba, Sid oyó los gritos de un par de borrachos frente a la Plaza del Cobre, pero no se atrevió a asomarse al Callejon de la Rata por miedo a ser visto.
Búho subió por la cuerda sin mucha dificultad, y al alcanzar a Sid, se arrastró hasta uno de los extremos del pequeño mirador, el antiguo hogar de una veleta que hacia mucho que había señalado el viento correctamente por ultima vez.
-Es ahí. Vi una moneda a los pies del ventanuco ese.
Buho apunto con el dedo hacia la ventana de una de las casas. A unos quince metros de donde estaban.
Un tragaluz tenia una rejilla metalica con madera por dentro, pero dejaba un hueco de medio palmo de altura por el que podía colarse un gato...o la mano de un crío.
Las risas de una mujer y los sonidos de un par de gatos peleando se mezclaron con el suave gemido del viento que despedía ya la madrugada desde hacia un buen rato. Acercandose al muro, Sid pudo ver los huecos que habia usado Búho para trepar, disimulados por los agujeros del canalón de desagüe arrancado.
La pared desconchada estaba llena de marcas de escalada y cada par de metros, un conveniente clavo al que sujetar la cuerda.
Sid quiso ser el primero, trepando con agilidad, pero nada mas poner la mano en la pared, les sobresaltaron las voces que provenian de otra ventana en uno de los edificios aledaños. Cuanto mas tiempo pasaban alli, mas posibilidades habia de que pudieran descubrirlos. Pero las voces sonaron demasiado cerca para que se atrevieran a moverse. Igual que hacían casi todos los ratones asustados.
Pasados unos segundos, el primero de los rayos del sol los iluminó timidamente entre las nubes del amanecer, como un persistente reloj que no se detenia.
-Vamos, antes de que se haga de dia...
Los dos comenzaron a trepar sin demasiada dificultad aprovechando cada hueco y cada clavo de la pared. Tenian las manos envueltas en tiras de arpillera, lo mas parecido a unos guantes de escalada que podían permitirse.
No tardarian en ser vistos desde la calle mas abajo si no se apresuraban.
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Al llegar, Sid se apoyo en el ovalado alféizar del tragaluz, aguantando la respiración y haciéndose a un lado para dejar espacio a Bújo. Ambos se asomaron por el hueco y Sid pudo ver dos o tres monedas sobre una mesa, lejos de su alcance, y unas cuantas mas desparramadas en el suelo.
El lugar olía a moho y a humedad, lleno de mantas enmohecidas. Pero apenas podía verse nada. Búho trató de alargar la mano por el hueco hasta rozar una de las monedas, pero la alejó mas incluso de donde estaban.
Sid se fijó en la reja que bloqueaba el acceso y se dio cuenta de que tiempo atrás habia subido y bajado. Palpando por dentro, tocó las ranuras de metal oxidado y rezó antes de gruñir y empujar con todas sus fuerzas.
-Ayúdame, Búho!
Con la ayuda de Búho, Sid empujó la rejilla hacia arriba, haciendo que esta cediera un par de centímetros.
El ruido rasgó el falso silencio del naciente día y ya abajo, algunas parecían hacer referencia al mismo.
Apresurandose, Sid apoyo todo su peso en el alfeizar y en el pequeño hueco de la cuerda-escalera que sujetaba uno de sus pies, desprendiendo polvo y argamasa seca que cayó al suelo varios metros mas abajo.
Con un gruñido, Sid levantó la rejilla, que cedió bruscamente. Cuando estaba a punto de caer hacia atrás, una mano brotó desde el interior y lo agarró con fuerza por la tela que le cubría el pecho, tirando súbitamente de él.
Sid no tuvo tiempo de reaccionar. Antes de ser arrastrado al interior, vio como Búho ya pisaba el suelo tranquilamente. No huía, solo se alejaba de aquello, mirando atrás con la curiosidad de quien no tiene que huir.
Maldito traidor...Maldito hijo de mil padres...
Sid fue lanzado sobre un monton de mantas y trató de vislumbrar algo, embarrandose en el pánico y con el pulso acelerado como el de un gato acorralado.
La oscura figura recortada contra la cada vez mas lejana luz del alba, arrancó energicamente la cuerda que Búho y Sid habían enganchado en el clavo del canalón y rebuscó algo sobre la mesa.
Sid palpó a tientas buscando el punzón afilado que usaba para defenderse.
Lo sacó y apuntó al extraño, que lo ignoró unos segundos mas.
La figura tomó un par de monedas y las arrojó al exterior antes alargar la mano para cerrar el tragaluz completamente.
-¡Búho! ¡No...!-gritó Sid suplicándole a lo inexorable, que pese a la creciente luz del sol que ascendía en el exterior, lo cubrió todo de sombras bajando la reja cegada con un brusco tirón.
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Los gritos sordos de Sid se mezclaron con la sinfonía de las monedas de oro cayendo a los pies de Búho, que las recogió antes de perderse saltando entre los tejados de los Barrios Bajos de Athkatla, ni muy triste ni muy contento. Únicamente, hambriento."
* * *
Offtopic :
To be continued...