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Idhrar

Kajeri

Enano con acento ruso
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6/10/11
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Capítulo uno.
Presentando a la familia.
- Eh, ¡deja esto! –decía mientras levantaba un bastón en señal de amenaza. Se observaba a una señora ya entrada en edad con el pelo rizado y grisáceo y vestimenta algo pobre.

- Lo voy a dejar cuando yo quiera, ¡vieja! –
levantando la voz y quitándose un caballo de madera de la boca, Idhrar aún joven, era un matojo de nervios que hacía claramente lo que le daba en gana.

¡PLAS! Se oyó desde la otra punta de la casa que rápidamente su familia vino para observar qué pasaba.

- ¿Se puede saber qué estabas haciendo ahora? – ésta vez era el padre el que hablaba. Una persona bastante rellenita, con voz grave y una gran barba que rodeaba toda su cara.

- ¡Seguro que se ha meado en nuestra cena! ¡Como el otro día! ¿Te acuerdas Mardeline? – El hermano de Idhrar era algo mayor que él y con la misma constitución que el padre, se podía observar que claramente seguía sus pasos y vestía igual que él. Su hermana simplemente se dedicó a asentir y observar.

- El niño quería comerse éste caballo de madera señor, yo simplemente se lo impedía – bajando la cabeza, la criada Rosette se dirigía al padre.

- ¡Si quiero comerme el caballo, pues me lo como! ¿Tenéis algún problema? ¡Y si me quiero mear donde quiera también! Además sólo meé en tu vaso Lyoant ¡Toma ya! - una alegre risilla resonó por toda la casa seguido por la risa de su hermana y por un sonido proveniente del trasero de Lyoant. Después de eso las risas aún se acrecentaron más.

- ¡Ya sabéis que me dan gases cuando me pongo nervioso! ¡Parad u os arreo!

- ¡Sí con tu barriga! ¡Seguro! – decían los hermanos aún riendo.

- Venga, calmaos – ésta era la voz de la madre, alguien que inspiraba tranquilidad con cada palabra.

Idhrar con el caballo de madera en la mano decidió sentarse en la silla que había a su lado preparándose para ir a comer. Cogió su servilleta y se la colocó dentro de su camiseta en modo babero. Rosette al ver la situación, rápidamente se apresuró a coger el conejo cocido, ponerlo en el centro de la mesa y servir una parte a Idhrar. Mientras poco a poco toda la familia se iba colocando en sus sitios y tratar de comer en paz. Un suave carraspeo provino del padre y prosiguió con un pequeño discurso:

- Cómo sabéis nuestro negocio es una parte muy importante para el comercio de ésta zona – seguidamente miró a Lyoant y le guiñó el ojo – por esto he decidido llevarme a Lyoant en éste viaje junto con vuestra madre.
Mardeline se puso de pie, golpeó contra la mesa y se fue.

- Idhrar tu también tendrías que seguir los pasos de tu hermano, dentro de poco vendrás conmigo y te contaré los secretos de nuestro negocio. ¡Exportaciones de Grimdalt e hijos! Ya lo veo, ¡jof, jof, jof! – reía el padre mientras se cogía su barriga.

- Eh... sí, qué ilusión ¡qué bien...! – Idhrar levantó la mano sin múcho ánimo y trató de sonreir. Luego notó una palmada en la espada provinente de su hermano.

- ¡Imagínate Idhrar! ¡Tu, yo, papá...! ¡Juntos! Qué aventuras.

- Uy sí, ¡aventuras a miles! – se levantó sin comer nada y se aproximó a la puerta de la habitación de Mardeline y golpeó suavemente su puerta.

- ¿Mard...? ¿Se puede?.

- ¡Vete renacuajo! – Mardeline era la hermana mayor y al ser una mujer su familia tenia pensado casarla con uno de los hijos de la casa vecina.

Idhrar abrió poco a poco la puerta encontrándose con una bella Hin entre lágrimas y sollozos. Se acercó a ella y la abrazó.

- Va, va, mujer, ya está ¿Es otra vez lo mismo?

Su hermana se sonó la nariz con su vestido y sollozando se hizo una coleta - ¡Siempre igual Idhrar! ¿No voy a poder elegir nunca? ¡Estoy hecha para trabajar en éste negocio!

- Si por mi fuese, te daba mi plaza...

- Y-y ¡y no quiero casarme con ése tal Fridarm! ¡Está lleno de granos! – seguido de eso se giró y puso su cara contra la almohada. Al mencionar los granos Idhrar arrugó la nariz y puso cara de asco. Seguidamente se levantó dejó el caballo de madera al lado de Mardeline y se fue de la habitación.

En la entrada de la casa se podía ver al padre, la madre y Lyoant preparándose para salir y hablando con Rosette.

-Sobretodo, ¡vigila a Idhrar! – el padre se giró y miró a Idhrar - ¡No quiero ver cosas raras cuando vuelva! ¡Nada de dedos de Kobold en tu habitación! ¡Ni... nada! ¿Estamos de acuerdo? Te quedarás en casa con tu hermana
Idhrar asintió.

Al cerrar la puerta Idhrar y Rosette se quedaron mirándose el uno al otro, tras una sonrisa picaresca de Idhrar, Rosette volvió a levantar el bastón y la sonrisa cesó.

- Te lo tengo dicho Idhrar... ¡No me hagas enfadar! ¡O te arreo! – aún con el bastón levantado mientras lo agitaba.
Idhrar dio media vuelta y se dirigió hasta su habitación mientras murmuraba – vieja arpía, ya verías si yo tuviese ése palo.

¡PLAS! Se volvió a oír.

- ¡Estoy vieja pero no sorda! ¡Bicho! Vete rápido para tu cuarto.
 

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