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Ilargi

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Ilargi​


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Descripción física: Elfa lunar de tamaño estándar con cabellos rojos largos y ojos azules. Su apariencia, siempre bien cuidada denota que pasa largas horas cuidando su aspecto, así como sus ropas. Porta en todo momento un medallón de la diosa sune en su fino cuello.

Personalidad: Risueña, alegre, festiva y social. Es una elfa con personalidad positiva y algo inocente. Ama las fiestas y los eventos sociales casi tanto como vivir aventuras emocionantes. Ama el arte y es capaz de ver la belleza en casi cualquier elemento cotidiano de la vida.

Historia:


"La belleza está en el exterior"​

La elfa observó sus cabellos rojos reflejados en el agua del lago con la extraña e incómoda sensación de haberse olvidado de algo importante. Recordó, sin embargo, otros momentos de una vida anterior que parecía inusualmente lejana. Se vio a sí misma reflejada en el espejo de su habitación, con un bello marco dorado delimitando la realidad del exterior de la imagen distorsionada del espejo, peinando sus largos cabellos una y otra vez. A través de la ventana abierta se escuchaba el jolgorio de la Ciudad de Aguasprofundas, los gritos de los mercaderes de especias y el sonido de los cascos de los caballos tan típicos del distrito mercader de la ciudad. La elfa golpeaba una y otra vez los mechones de su cabello con un peine de púas mientras le devolvía la mirada a su contrapartida en el espejo, nunca satisfecha con lo que encontraba más allá. En el umbral de la puerta de la lujosa habitación, podía ver también a su padre reflejado en el cristal y sin apartar la mirada conversaba con él con muy escaso interés.

Cuando se disipó la ensoñación la elfa seguía admirando su reflejo, pero la lujosa habitación había desaparecido y un bosque que la resultaba ajeno se extendía a su alrededor. Recordaba, sin duda, haber abandonado Aguasprofundas al amparo de la noche. La imagen de su viejo padre descansando en su alcoba, protegido por pieles de lobo iluskano, invocó dos lágrimas solitarias en su rostro. Su padre se lo había dado todo, tanto como una muchacha podría haber soñado jamás. Lujos para colmar los placeres de una vida, amor con el que calentar su corazón y un sín fín de posibilidades que prometieron a la elfa, desde su nacimiento, una vida de sueño.

Sin embargo, analizando su propia mirada en el reflejo del agua se encontró con lo mismo con lo que se había enfrentado al mirarse al espejo cada mañana. Nada. Un vacío que no podía comprender ni explicar. Aquel bosque la resultaba tan poco interesante, tan absolutamente irrelevante, como todo lo que había experimentado en su vida pasada. Las risas en los bailes de gala, las joyas que adornaban su pelo y sus dedos, los apuestos y gallardos pretendientes con los que su padre trataba de interesarla… Todo eso no había significado nunca nada para ella. Podía fingir sentir rubor al ser cortejada por un mozo de la nobleza cormyriana, aparentar alegría al recibir un nuevo opalo incrustado en un aro de mithril u ocultar su mustiedad mientras danzaba junto con las otras damas de buen dinero. Pero llegó el día en el que, mirándose en el espejo una vez más, algo cambió para siempre. Sintió una llamada, una fuerza, una necesidad y un dolor inimaginable.

Y allí estaba ella, de rodillas junto al lago, la súbita inspiración que la había arrastrado hasta allí y que la había hecho abandonar su vida anterior desde la raíz no la ofrecía ya ningún consuelo en forma de claridad. Sabía que había llegado hasta ese lugar con una meta… Pero la verdad de lo que la había empujado hasta esa situación y lo que había acaecido en aquel bosque antes de que recobrara la consciencia eludía el entendimiento de la elfa.

Ya fuera por instinto o por inspiración la elfa llevó de pronto su atención hacia la palma de su mano derecha, que hasta el momento había permanecido firmemente cerrada hasta el punto de que un hilillo de sangre surcaba sus dedos haciendo que un constante conteo de gotas creará reverberaciones en el agua del lago. Cuando abrió el puño se dió cuenta de que en el interior guardaba una piedra ligeramente trabajada en la que distinguía el símbolo de la deidad Sune. La dama de los cabellos de fuego, diosa de la belleza, a la que en tiempos pasados había llegado a respetar pero nunca a adorar. De pronto sintió algo que la removió por dentro, una sensación de reencuentro y de pérdida al mismo tiempo. Súbitamente llegó a la comprensión de que por un instante, por un breve momento en el tiempo, había encontrado aquello que, sin saberlo, había buscado toda su vida.

En aquel bosque, sobre aquel lago, la elfa había encontrado el verdadero significado de la belleza. La belleza en su forma más pura. Podía sentirlo en su alma, una sensación indescriptible de una paz que la volvía a abandonar lentamente… Pues era completamente incapaz de recordar qué había ocurrido, su búsqueda había terminado pero su memoria no la permitía recoger los frutos. Desesperada, la elfa imploró a la diosa Sune por una nueva inspiración pero no recibió más que el sonido del viento en respuesta. A punto estuvo de echarse a llorar, con la idea de que nunca jamás podría comprender lo que había ocurrido en aquel lugar, pero la elfa se vio reforzada por unas fuerzas que no había conocido hasta entonces. En lugar de dejarse llevar por la desidia, lo anodino y la desesperación iba a tomar las riendas de su destino. La Diosa había tenido a bien premiarla con algo maravilloso, pues ella iba a encontrarlo de nuevo.

Se juró, ante la diosa del amor, que no descansaría en paz sin antes volver a hallar aquello que tanto había tocado su alma. Si lo había presenciado una vez, en aquel nebuloso episodio, significaba que era real y que podía volver a encontrarse. Sabía que eso había ocurrido, que era real y que volvería a encontrarlo. Dedicaría toda su vida a ello si fuera necesario, una existencia dedicada a la búsqueda de la auténtica belleza y de su esencia más pura. Así la elfa se unió a Sune en un intuitivo ritual, sin ceremonias ni altares, sin testigos ni elaborados juramentos. Solo ella y la Diosa.
 

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