werty2010
Orco del Desolado
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Diario de Ileth. Capítulo 1.
Era una fría noche. Todavía recuerdo el canto de los cuervos y la escarchada y gélida hierva que cubría el bosque.
Mi padre me mandaba a callar con el dedo índice acompañado de un 'Shh'; era noche de caza. Los cazadores se mantenían en silencio, escondiéndose entre las sombras.
- Creo que deberíamos acechar ya, mi señor.
- No, esperemos a que los cuervos se levanten.
Todos nos manteníamos en silencio, observando con absoluto sigilo a una decena de drows que acampaban en la superficie del bosque.
- Bien, es la hora.- decía mi padre mientras se descolgaba de su espalda un gran arco élfico a la vez que vaciaba el carjat que portaba en su cinturón, sacando 3 flechas.
Yo observaba con admiración a mi padre, sabiendo de antemano lo que él iba a hacer. Matar a tres drows de un disparo.
Él, detenidamente, apuntaba a tres de los drows que estaban acampando. De repente, soltó la cuerda del arco que sujetaba sutilmente con los dedos índice y pulgar, acabando con la vida de tres drows.
- ¡Ahora! ¡Que no quede ninguno! ¡Por Shévarash!
Los cazadores penetraban las ligeras corazas de los elfos oscuros con las mejores flechas. Nunca he visto una matanza igual. Los pocos que intentaban huir, en la lejanía ya escuchaban el sonido que hace el viento cuando algo ligero y delgado se aproxima a una gran velocidad.
Al acabar la limpia emboscada, mi padre, junto con el grupo de cazadores, se acercaron al campamento drow para recoger las flechas ya clavadas en aquellos indefensos drows. Yo permanecí inmóvil, era un chico asustadizo, ajeno a batalla y a la lucha.
Cuando uno de los cazadores estaba agachado, recogiendo el par de flechas que habían llegado a penetrar en el torso de uno de los elfos oscuros, se dio cuenta de que éste no estaba muerto. El drow agarró al elfo de la nuca, atrayéndolo hacia él, que estaba casi moribundo.
- N...no s...sab..sabéis n...na...nada. Es...estáis to..todos m...muertos.
Al acabar de decir estas palabras, el elfo atravesó el corazón del drow con una daga.
- Sucios drow.- decía mi padre repetidas veces, mientras sacaba uno a uno las flechas de sus torsos y extremidades.
-Bien, cazadores. Terminamos y volvemos al poblado.- decía otro cazador
Al volver al poblado los cazadores brindaban por la victoria. Yo mientras me mantuve alejado del grupo, pensando en que quizás fuera el elfo más inservible de la región.
Fue entonces cuando mi madre se acercó a mi, y, secándome las lagrimas que portaba en mi rostro me dijo:
- No te preocupes Ileth, no eres peor elfo que ellos por no saber disparar un arco. Tuviste el valor de acompañarlos sabiendo que eres el más indefenso, y eso debería hacerte ver que portas un gran valor en tu interior.
Tras las palabras de mi madre unos gritos procedentes de las copas de los árboles más altos, donde se encontraban la guardia vigilante, decían una y otra vez: -¡Drows! ¡Nos atacan! ¡Drows! ¡Nos atacan!
Fue entonces cuando cientos de los elfos oscuros interrumpieron la escena, asesinando sin piedad a todo aquel elfo que se encontrara presente; niños, ancianos, hombres y mujeres pasaron por el filo de sus espadas.
Yo únicamente rezaba, asustado y escondido, hasta que una pareja de drows me encontró. Cogí la espada de acero de mi padre que estaba en mi espalda y el filo de esta comenzó a arder.
En estado de rabia asalté a uno de ellos con la espada envuelta en llamas. El otro drow fue en busca de ayuda, pero ya pude escapar del lugar.
Durante los siete años siguientes he sido fiel devoto de Shévarash, quien provocó mi salvación y me otorgó la razón del porqué debía seguir su senda, del porqué debía exterminar esa sucia raza que solo sabía sembrar mal y tempestad.
He sido un buen siervo y creo que la recompensa se ha visto reflejada en mi poder.
Ahora solo ansío descubrir cada guarida, cada rincón donde pueda encontrarse un elfo oscuro, y hacerle lo mismo que ellos me hicieron a mi.