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Ileth Joosen

werty2010

Orco del Desolado
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30/5/13
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Diario de Ileth. Capítulo 1.
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Era una fría noche. Todavía recuerdo el canto de los cuervos y la escarchada y gélida hierva que cubría el bosque.

Mi padre me mandaba a callar con el dedo índice acompañado de un 'Shh'; era noche de caza. Los cazadores se mantenían en silencio, escondiéndose entre las sombras.

- Creo que deberíamos acechar ya, mi señor.
- No, esperemos a que los cuervos se levanten.

Todos nos manteníamos en silencio, observando con absoluto sigilo a una decena de drows que acampaban en la superficie del bosque.

- Bien, es la hora.- decía mi padre mientras se descolgaba de su espalda un gran arco élfico a la vez que vaciaba el carjat que portaba en su cinturón, sacando 3 flechas.

Yo observaba con admiración a mi padre, sabiendo de antemano lo que él iba a hacer. Matar a tres drows de un disparo.

Él, detenidamente, apuntaba a tres de los drows que estaban acampando. De repente, soltó la cuerda del arco que sujetaba sutilmente con los dedos índice y pulgar, acabando con la vida de tres drows.

- ¡Ahora! ¡Que no quede ninguno! ¡Por Shévarash!

Los cazadores penetraban las ligeras corazas de los elfos oscuros con las mejores flechas. Nunca he visto una matanza igual. Los pocos que intentaban huir, en la lejanía ya escuchaban el sonido que hace el viento cuando algo ligero y delgado se aproxima a una gran velocidad.

Al acabar la limpia emboscada, mi padre, junto con el grupo de cazadores, se acercaron al campamento drow para recoger las flechas ya clavadas en aquellos indefensos drows. Yo permanecí inmóvil, era un chico asustadizo, ajeno a batalla y a la lucha.

Cuando uno de los cazadores estaba agachado, recogiendo el par de flechas que habían llegado a penetrar en el torso de uno de los elfos oscuros, se dio cuenta de que éste no estaba muerto. El drow agarró al elfo de la nuca, atrayéndolo hacia él, que estaba casi moribundo.

- N...no s...sab..sabéis n...na...nada. Es...estáis to..todos m...muertos.

Al acabar de decir estas palabras, el elfo atravesó el corazón del drow con una daga.

- Sucios drow.- decía mi padre repetidas veces, mientras sacaba uno a uno las flechas de sus torsos y extremidades.

-Bien, cazadores. Terminamos y volvemos al poblado.- decía otro cazador

Al volver al poblado los cazadores brindaban por la victoria. Yo mientras me mantuve alejado del grupo, pensando en que quizás fuera el elfo más inservible de la región.
Fue entonces cuando mi madre se acercó a mi, y, secándome las lagrimas que portaba en mi rostro me dijo:

- No te preocupes Ileth, no eres peor elfo que ellos por no saber disparar un arco. Tuviste el valor de acompañarlos sabiendo que eres el más indefenso, y eso debería hacerte ver que portas un gran valor en tu interior.

Tras las palabras de mi madre unos gritos procedentes de las copas de los árboles más altos, donde se encontraban la guardia vigilante, decían una y otra vez: -¡Drows! ¡Nos atacan! ¡Drows! ¡Nos atacan!

Fue entonces cuando cientos de los elfos oscuros interrumpieron la escena, asesinando sin piedad a todo aquel elfo que se encontrara presente; niños, ancianos, hombres y mujeres pasaron por el filo de sus espadas.

Yo únicamente rezaba, asustado y escondido, hasta que una pareja de drows me encontró. Cogí la espada de acero de mi padre que estaba en mi espalda y el filo de esta comenzó a arder.
En estado de rabia asalté a uno de ellos con la espada envuelta en llamas. El otro drow fue en busca de ayuda, pero ya pude escapar del lugar.




Durante los siete años siguientes he sido fiel devoto de Shévarash, quien provocó mi salvación y me otorgó la razón del porqué debía seguir su senda, del porqué debía exterminar esa sucia raza que solo sabía sembrar mal y tempestad.

He sido un buen siervo y creo que la recompensa se ha visto reflejada en mi poder.

Ahora solo ansío descubrir cada guarida, cada rincón donde pueda encontrarse un elfo oscuro, y hacerle lo mismo que ellos me hicieron a mi.
 

werty2010

Orco del Desolado
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30/5/13
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Diario de Ileth. Capítulo 2.​

Durante mi paso en Amn, llegué a conocer a Elewyvew Ilÿme, conocido popularmente como Sael.

Sael era fiel devoto a Shéverash como yo. Era un devora conocimientos, se pasaba todo el día leyendo.
Elé, además, era un gran espadachín por lo que decidió instruirme con la espada tras mi petición por que lo hiciera.

- ¡Cubre la guardia Ileth!
- Agrr... eres demasiado rápido.
- ¿Y eso les dirás a tus enemigos cuando acaben contigo?

Nos pasábamos el día viajando, recorriendo mundo, explorando valles, cruzando montañas. A Sael le encantaba descubrir nuevas criaturas, registrar nuevas plantas que desconocía hasta el momento. Le encantaba conocer gente nueva y saber de los lugareños de lugar.

Por la noche me adiestraba en combate. Me enseñó a usar el arco llevándome de caza. Me hizo un elfo fuerte y sin miedo.

Cuando hablábamos siempre me recordaba que la responsabilidad me haría más poderoso, que debía buscarme una gran responsabilidad de la que hacerme cargo. Desde que murieron mis padres nunca me sentí obligado a nada, nunca sentí que tendría que hacerme cargo de algo.



Zen.jpg



Durante 10 años estuvimos recorriendo mundo, descubriendo lugares y criaturas extraordinarias. 10 años de sabiduría, de conocimientos; nunca llegué a pensar que podía saber las cosas que sabía, y todo gracias a él.


En un amanecer, observé a Sael vislumbrando el horizonte, en silencio.

Yo me acerqué.

- Ileth, es hora de que me vaya.
- ¿Cómo?
- Sí, mi camino no se encuentra en esta dirección... Necesito otras respuestas.
- ¿Qué tipo de respuestas?
- Ileth, no he nacido para recorrer y descubrir mundo, aunque me fascine. Debo regresar a mi poblado y dirigirlo, mi padre ha muerto, y yo tengo que ocupar su lugar.- Decía, mientras sostenía una carta en mano.
- Entiendo...

Al despedirnos, me dirigí a la ciudad de la moneda en busca de oportunidades. No fueron mis mejores años; tenía que robar para comer.

Llegué a servir como guardián de ciertos mercaderes y me enfrentaba por ello a asaltantes, kobolt, trasgos, ladrones, ganándome el pan sin tener que recurrir al hurto.


Las noches las pasaba en vela, rezando. Nunca he olvidado, ni una sola noche, lo que le ocurrió a mi familia, lo que le ocurrió a mi gente.
No tendré piedad, y Sheverásh será el foco que ilumine mi camino.
 
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