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RUINAS ÉLFICAS · EXPEDICIÓN AL BOSQUE CERCANO A CRIMMOR ·
21 de Eleint del año 1494 DR





Las gentes del campo tienen una curiosa habilidad para percibir lo extraordinario a pesar de sus limitaciones. Su instinto los lleva, en ocasiones, a señalar aquello que escapa de la atención de aquellos que nos hallamos entre las cálidas paredes de nuestro estudio, huyendo de nuestra visión más entrenada. Su vida, tan ligada a lo inmediato y a lo mundano, a que todo escape de su control, los obliga en cierta medida a percibir con mayor atención aquello que otros podríamos pasar por alto.

Es por esto por lo que, cuando llegaron rumores a mis oídos sobre algo fuera de lo común en un bosque cercano a las pedanías de Crimmor, decidí prestar atención y posar mi mirada en esa ubicación. Susurros de campesinos, cargados de temor y fascinación, nos guiaron hasta el linde de un bosque que parecía poseer un cariz sobrenatural.

Si les soy sincera, lectores, no esperaba demasiado de este hallazgo, pero qué equivocada estaba. Es de sabios admitir los fallos de uno mismo, y en estos momentos me encuentro en total deuda con aquellos que hicieron llegar a mis oídos los rumores del hallazgo.

Organizandonos en virtud de proseguir con las expediciones que ya impelé a realizar en el pasado, un grupo de eruditos de la Arcanum Scholla, así como una exigua escolta decidimos ponernos en marcha en las direcciones que los rumores nos indicaban. Nuestra curiosidad nos llevó a investigar con premura, pues nuestra virtud es la del discernimiento, y uno debe ser capaz de adentrarse en lo desconocido sin prejuicios para obtener la mayor cantidad de conocimiento. Lo que encontramos no solo confirmó lo que aquellos granjeros habían comentado, sino que superó las expectativas que portábamos con nosotros.​


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El bosque se alzaba imponente, capaz de quebrar el corazón de muchos exploradores. Parecía no conocer fin, sino que se alargaba por los cuatro costados que el ojo alcanzaba en todo el horizonte. Bajo la densa bóveda de los árboles todo era oscuridad, una continua penumbra propiciada por las copas y los ramajes que impedían la llegada del astro rey de forma clara a la superficie.

El silencio era total, un vacío completo que ni siquiera el vuelo de un ave o el corretear de los animales silvestres iterrumpía. Se anunciaba como un lugar hostil y también abandonado de la influencia de la civilización. Y sin embargo, lo que pensábamos que no albergaba ningún tipo de vida, nos sorprendió con la presencia de unos árboles oscuros que salieron a nuestro encuentro, mostrando una hostilidad y agresividad que no esperábamos encontrar. Incluso las enredaderas salieron a nuestro encuentro. Intentaron detenernos, asfixiarnos, impidiendo cualquier intento de avanzar. El bosque, lejos de estar vacío, era un ente vivo y consciente, determinado a proteger los secretos que ocultaba en su sombría profundidad.​



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Encontramos en las profundidades del bosque un altar a lo que creímos la deidad élfica Rillifane Rallathil. El Señor de la hoja, que es así como se le conoce entre los suyos, es el protector de los bosques y el guardián de la armonía de la naturaleza. Con frecuencia es asociado a un gigantesco roble, tan enorme que sus raíces se mezclan con las raíces de cada una de las otras plantas del mundo, y que permanece en el corazón de Arvandor. Defiende y da sustento a esas tierras contra la enfermedad, la depredación y los asaltos de cualquier tipo. Es pues, un dios protector, cuyo altar parece que fue alzado en virtud de defender lo que hubiera allí.

Diseminados por diversos claros y entre piedras y raíces encontramos lugares dedicados a la devoción druidica, círculos de piedras alzados aún entre el ramaje que permanecían ahora abandonados. Encontramos también algunas ruinas, vestigios de algún asentamiento que debió desaparecer en algún momento durante el transcurso de las últimas centurias, a juzgar pro como la maleza y el entorno habían tomado posesión de las piedras. Algunas de ellas parecían haber surgido de los propios árboles, mientras que otras pertenecían claramente a la mano del hombre. Nos encontrábamos pues en una zona con una amplia historia, que habia pasado por diferentes etapas. Una primera, en la que parecía haber sido habitada por elfos o druidas, mientras que posteriormente había sido tomada por el hombre y se habían edificado puestos de vigilancia e incluso una presa.

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Seguimos avanzando , adentrándonos en una montaña que se alzaba en el centro de aquel tenebroso bosque, un camino tortuoso que ascendía entre las rocas custodiada por gárgolas que nos asaltaron durante nuestro ascenso. Allí, en una cueva oculta tras una prístina cascada, encontramos un altar custodiado por varios hombres lobo.

Tras el altar se alzaba una estatua de Anghárradh, deidad del Arvandor. Extraigo un fragmento de uno de los libros que habla sobre esta deidad, tan desconocida para mi como pudiera serlo para los lectores:

La Diosa Trina representa muchos aspectos, dependiendo de las circunstancias. Durante la primavera y la cosecha, es una diosa de la fertilidad. Vigila las cosechas, bendice los nacimientos, y mantiene la tierra verde y fértil. Durante la guerra, es una guerrera seria que porta una espada roja con la que oblitera sin piedad a los enemigos de los elfos. Y cuando es su sabiduría lo necesario, la Una y las Tres se convierte en una fuente de conocimientos y consejo. Dentro del Pueblo Gentil se la adora casi exclusivamente entre los Elfos Lunares.

En la mitología de los elfos lunares, Angharradh nació de la esencia de las tres diosas más poderosas del Seldarine antes de que los primeros elfos caminasen por los bosques de Faerûn. La diosa trina se formó tras la gran batalla entre los Seldarine y los Anti-Seldarine, una horda de poderes y deidades malignas que intentaron invadir Árvandor bajo el auspicio de Araushnee (Ahora llamada Lolth), la traicionera consorte de Corellon. Cuando un vil venablo lanzado por Eilistraee hacia una deidad Ogra cambió de rumbo por la corrupta magia de Araushnee y golpeó a Corellon en su lugar, Aerdrie derribó a la Doncella Oscura. Algunos miembros del Seldarine, tras terminar la batalla, pensaron que la inconsciente hija de Corellon y Araushnee era realmente una traidora, hasta que la oportuna intervención de Sehanîne Arcolûnar, que acababa de escapar de las garras de Vhaerûn, expuso la inocencia de la Doncella y la maldad de Araushnee y el Enmascarado. La tejedora se opuso a Sehanîne usando su posición como consorte de Corellon, y en respuesta a ello, Aerdrie, Hanali y Sehanîne se unieron y mezclaron sus esencias en la forma de Angharradh.

La diosa trina curó entonces a Corellon, tomando el lugar de Araushnee como su consorte, y declarando su intención de evitar que la corrupción volviese a entrar jamás en Árvandor.


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Como la consorte y líder del Seldarine junto a Corellon, Angharradh tiene unas fantásticas relaciones con el resto de dioses élficos. También dispone de un interés protector y maternal por Eilistraee y Mielikki (En su aspecto como Khalreshaar), y mantiene lazos fuertes y cordiales con las diosas afines de otros panteones. Como era de esperar, se opone fieramente a la destrucción de Talos y los Dioses de la Furia (Especialmente a Málar y a su creación, el Devorador de Elfos). La Diosa Trina guarda su odio más profundo para Lolth, ya que la Reina Araña nunca ha cesado en su empeño de debilitar a Corellon o destruir a su progenie, el Pueblo Gentil.

Como la Una y las Tres, Angharradh es a la vez tres diosas distintas y una diosa de pleno derecho. Aunque algunos Teu'Tel'Quessir consideran que Sehanîne es el aspecto principal de Angharradh – Algo que da lugar a confusión, ya que el resto de razas élficas consideran que es Sehanîne la consorte de Corellon, y no Angharradh – en realidad las tres diosas tienen la misma predominancia, y cada una de ellas refleja la dualidad de su naturaleza grupal e individual. Tanto es así que la personalidad de Angharradh refleja la naturaleza de las tres diosas, incluyendo la curiosidad impulsiva de Aerdrie, la naturaleza romántica y afectuosa de Hanali, y la serena y misteriosa forma de ser de Sehanîne. Ya que la Unión de las Tres ocurrió tras la traición de Araushnee, en un momento de gran peligro para Árvandor y el Seldarine, la diosa Trina es especialmente fiera y dedicada a la protección de los suyos, con la determinación inquebrantable de la Reina de Árvandor


Así pues nuestra hipótesis final es que en algún momento este bosque fue lugar de asentamiento de un enclave élfico que por razones que nos son desconocidas, nunca llegó a prosperar. Los colonos debieron traer consigo diversas costumbres de los suyos, así como las representaciones físicas de algunas de sus deidades. Es el caso de la diosa Trina, Reina del Arvandor. Esta dios parece ser la custodia de la fertilidad, la siembra, la primavera. El rostro de tres diosas separadas que forman un todo: Aerdrie Faenya, Hanali Celanil y Sehanine Lunarco, que son colectivamente conocidas como las Tres, y de un solo poder independiente, conocida como la Una, que une sus tres aspectos separados.

El sombrío bosque guarda también las huellas que dejaron atrás en forma de numerosas de sus construcciones, que desgraciadamente han sido practicamente consumidas por la hojarasca y el tiempo, irrecuperables. Lo que en su dia fueron hogares, lugares de adoración o de encuentro ahora son vestigios apenas reconocibles. Sin embargo, como bien dice nuestro querido compañero Vys Faerkerym, quizás no sean ya recuperables, pero no será olvidadas.

Es esta la verdadera virtud de nuestra labor: rescatar del olvido las historias de aquellos que nos precedieron, iluminando el sendero que ellos mismos no supieron comprender plenamente. Su legado físico, aunque consumido por el paso del tiempo, sigue siendo una fuente indiscutible de conocimiento.


Quiero extender mi agradecimiento a la Decana Numina por acompañarnos en esta expedición, así como a Vys Faerkerym , Alizandriel y a mi buen guardián y compañero de vida, Helios Odger. Vosotros hallanáis el camino.​




Jadzia Odger,
Maestra de la Arcanum Scholla


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