tiradadedados
Hueso roído de Loreliel
- Registrado
- 12/6/15
- Mensajes
- 1,798
- Edad
- 45
En los días olvidados de la Costa de la Espada, cuando las colinas se alzaban majestuosas y los bosques susurraban secretos ancestrales, un joven llamado Kennie compartía su tiempo entre las ruedas de una carreta y el suave abrazo de la lana. Sus padres eran comerciantes de hilos y telas, y su rutina los llevaba desde Crimmor hasta Nashkel, tejiendo lazos entre las ciudades y entretejiendo historias con sus productos.
Cada día, Kennie acompañaba a sus padres en el vagón, siguiendo la senda trazada por sus pies incontables veces. De Crimmor a Purskul, de Purskul a Nashkel, la ruta se volvía su vida y las colinas sus compañeras constantes. Pero el destino, inescrutable como las estrellas en la noche, tenía otros planes en mente.
En un día grisáceo, cuando las nubes se arremolinaban como sombras danzantes, la tragedia descendió como una nube de tormenta sobre la caravana. Un grupo de orcos hambrientos y sedientos de sangre asaltó la caravana, dejando una estela de destrucción a su paso. La batalla fue feroz y corta, y cuando el silencio volvió a caer sobre el camino, el joven Kennie yacía en el suelo, con un cruel corte en su cuello y su futuro oscurecido.
Sin embargo, el destino, en su caprichosa danza, aún tenía cartas que jugar. De entre los árboles emergió un semielfo, Rendel, cuyos ojos reflejaban la sabiduría de los siglos y la determinación de la juventud eterna. Con su arco tenso y sus flechas certeras, Rendel enfrentó a los orcos, liberando al joven Kennie de las garras de la muerte.
Rendel cuidó de Kennie, curando sus heridas y brindándole refugio en un asentamiento oculto en el corazón del bosque. El semielfo se convirtió en su mentor y guía, enseñándole las artes del tiro con arco y los secretos de la naturaleza. Con paciencia y dedicación, Kennie aprendió a moverse como una sombra entre los árboles y a lanzar sus flechas con precisión mortal.
Los años pasaron, marcados por la enseñanza de Rendel y la exploración de los bosques. Kennie creció en fuerza y destreza, convirtiéndose en un arquero sin igual y un explorador valiente. Pero un día, Rendel desapareció, dejando solo pistas vagas y sus recuerdos imborrables.
Movido por el amor y la gratitud que sentía por su mentor, Kennie tomó la decisión de emprender un viaje. Se convirtió en un protector de los caminos, erradicando peligros y despejando las rutas comerciales de amenazas. Cada flecha lanzada era un tributo a Rendel, una promesa de que su legado perduraría.
Así, Kennie, el joven que había sobrevivido a la oscuridad de la muerte, se convirtió en una luz que iluminaba los senderos sombríos. Siguiendo las huellas de Rendel, exploró la vastedad de la Costa de la Espada, encontrando aventuras y desafíos en cada paso. Y aunque los años pasaron y los bosques cambiaron, la memoria de Rendel vivió en él, como una llama eterna que guiaba su camino y le recordaba que, incluso en la oscuridad más profunda, la esperanza y el coraje pueden florecer.
Cada día, Kennie acompañaba a sus padres en el vagón, siguiendo la senda trazada por sus pies incontables veces. De Crimmor a Purskul, de Purskul a Nashkel, la ruta se volvía su vida y las colinas sus compañeras constantes. Pero el destino, inescrutable como las estrellas en la noche, tenía otros planes en mente.
En un día grisáceo, cuando las nubes se arremolinaban como sombras danzantes, la tragedia descendió como una nube de tormenta sobre la caravana. Un grupo de orcos hambrientos y sedientos de sangre asaltó la caravana, dejando una estela de destrucción a su paso. La batalla fue feroz y corta, y cuando el silencio volvió a caer sobre el camino, el joven Kennie yacía en el suelo, con un cruel corte en su cuello y su futuro oscurecido.
Sin embargo, el destino, en su caprichosa danza, aún tenía cartas que jugar. De entre los árboles emergió un semielfo, Rendel, cuyos ojos reflejaban la sabiduría de los siglos y la determinación de la juventud eterna. Con su arco tenso y sus flechas certeras, Rendel enfrentó a los orcos, liberando al joven Kennie de las garras de la muerte.
Rendel cuidó de Kennie, curando sus heridas y brindándole refugio en un asentamiento oculto en el corazón del bosque. El semielfo se convirtió en su mentor y guía, enseñándole las artes del tiro con arco y los secretos de la naturaleza. Con paciencia y dedicación, Kennie aprendió a moverse como una sombra entre los árboles y a lanzar sus flechas con precisión mortal.
Los años pasaron, marcados por la enseñanza de Rendel y la exploración de los bosques. Kennie creció en fuerza y destreza, convirtiéndose en un arquero sin igual y un explorador valiente. Pero un día, Rendel desapareció, dejando solo pistas vagas y sus recuerdos imborrables.
Movido por el amor y la gratitud que sentía por su mentor, Kennie tomó la decisión de emprender un viaje. Se convirtió en un protector de los caminos, erradicando peligros y despejando las rutas comerciales de amenazas. Cada flecha lanzada era un tributo a Rendel, una promesa de que su legado perduraría.
Así, Kennie, el joven que había sobrevivido a la oscuridad de la muerte, se convirtió en una luz que iluminaba los senderos sombríos. Siguiendo las huellas de Rendel, exploró la vastedad de la Costa de la Espada, encontrando aventuras y desafíos en cada paso. Y aunque los años pasaron y los bosques cambiaron, la memoria de Rendel vivió en él, como una llama eterna que guiaba su camino y le recordaba que, incluso en la oscuridad más profunda, la esperanza y el coraje pueden florecer.