Raggnarokk
Escritor de muchotexto
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Un nuevo deber
"...Aquel que sirve, aquel que se entrega, alguien disciplinado y formal que apoya a su señor en el dia a dia..."
Inmovil en el suelo, incapaz de pronunciar palabra alguna ni alarido que pudiera aliviar el sentimiento que le expresaba lo que tenía a la vista, dejó caer al suelo la lámpara que portaba en la diestra, la tenue luz alumbraba la atroz imagen del anciano sin vida, degollado y con las tripas desparramadas por el suelo de la estancia, que aquella noche había adquirido un aire lúgubre y grotesco.
El rastro de sangre llegaba desde el cuerpo hasta un cuchillo que tenía el joven en su zurda, el cual estaba cubierto de sangre aun fresca. Soltó de sopetón el cuchillo sin entender, no recordaba lo ocurrido, no sabía que había podido pasar pero sintió un profundo pánico. Un temor que le decía que debía marchar, que debía escapar del lugar lo antes posible, algo que le empujaba a salir de allí y alejarse todo cuanto pudiera de aquella horrible escena.
Huía a toda prisa, recorriendo el camino boscoso por el que tantas veces había pasado junto a su maestro ahora muerto, ¿lo había matado yo?, se preguntaba una y otra vez intentando no mirar a otro lugar que no fuera el camino mientras se alejaba, pues veía allí donde miraba paradógicas y morbosas imágenes que creaban gran tormento en su mente, miradas acusadoras e incriminatorias que le perseguian.
Agotado, se dejó caer cerca del sendero por el que solian frecuentar carabanas de viajeros y comerciantes; el frio aire nocturno aun presente hacía que el joven sintiera aun más cerca la sensasción de que alguien le perseguia, la sensación de que alguien había visto lo ocurrido y temía enormemente al pensar que podría haber sido él el responsable de tal terrible acto.
Desgracia, suerte o fortuna... los pulmones le ardian mientras las imágenes se repetian una y otra vez en su memoria. El sonido de un carro aproximarse le alertó y haciendo acopio de sus escasas fuerzas, pudo alzarse y dar unos pesados pasos hasta alcanzar el escabroso sendero.
Un hombre corpulento o más bien rechoncho, de ropajes elegantes y pomposos tiraba fuertemente de las riendas, haciendo parar al animal, las lámparas del carruaje se sacudieron apunto de apagarse.
-¡Que susto! pero... por los dioses, chico ¿que te ha pasado? pareces haber salido con vida de un ataque de bandidos- Las pintas del joven aprendiz realmente eran un tanto desastrosas. - ¿Hay bandidos en las cercanias no es así...? Será mejor que vengas conmigo muchacho, este sendero se ha vuelto mucho más peligroso desde las últimas semanas.- Aunque un tanto preocupado, el rechoncho y bonachón viajero ofreció la mano al chico y este le miró unos instantes. Él estaba acostumbrado a evaluar las situaciones, a observar y a analizar si aquello que veía era real o un simple engaño, pero tales eran sus ansias por escapar y alejarse de ese lugar que aceptó la mano sin remisión alguna.
Sentado en el carruaje recobraba el aliento mientras el carruaje daba algún que otro brinco debido al empedrado sendero y la dificultad de la visión. Guardó silencio e intentaba allar calma, recobrar la serenidad que había perdido.
El hombre era bastante elocuente, bien parecia no tener la necesidad de respirar mientras desvariaba y en habladurias explicaba sus desavenencias ocurridas durante el dia. Su nombre era Clarens Jaften, afirmó ser el hermano de un noble de aquellas tierras, el cual vivia con su hija en una mansión junto a sus muchos sirvientes y mayordomos.
El joven aunque ensimismado en sus pensamientos atendia con su inexpresividad a Clarens y este continuaba hablando con buen humor y algunas risas; había pasado ya un buen rato.
-Bueeeeno... Joven amigo eres tudo un charlatán- Suspirando largamente bromeó de buena gana. - cuentame ¿que haciais por ese camino?- dijo dando un contundente trago a una ampolla metálica que tomó del forro de su pomposa chaqueta.
El joven miró al tipo averiguando en ese gesto cierta inseguridad y algo de desconfianza del tipo, tomó aire y de manera pausada suspiro mostrando más serenidad.
-Huía, mi señor Jaften.- Afirmó con total sutileza, pues no era una mentira.
Clarens no pudo evitar quedarse perplejo y boquiabierto ante la formalidad del muchacho, con toda seguridad esperaria una respuesta propia de un vagabundo. Tras un breve instante continuó hablando con una sonrisa bonachona.
-Vaya, ha sido toda una suerte para tí que pasara por allí, aunque si he de serte sincero, pensé que la suerte me había abandonado, pues pensé que serías un bandido..
Su charlataneria tan solo era equiparable a su total franqueza, pero no había malicia en sus palabras. Fue entonces cuando Clarens le explicó su desavenencia y mala fortuna en la tarea que tenía encomendada por su hermano.
Debía recoger a un sirviente que su hermano había contratado, pero al llegar con algo de tiempo, decidió pasarse por la taberna cercana al punto de encuentro y echó un par de partidas a las cartas o tal vez más. Como buen ludópata no pudo parar hasta que perdió casi todo el oro y le echaron del local cuando empezó a hacer trampas torpemente y evidentemente terminaron por descubrirle.
- Ya lo ves muchacho, Tymora aveces nos sonrie y otras... bueno y otras nada de nada....- Dijo algo desquiciado.
- Es una lástima mi señor Jaften- El joven asintió levemente, ya para él esta historia le resultaba del todo intrascendente, su mente estaba bloqueada pensando aun en lo ocurrido.
Clarens, miró al muchacho esperanzado. - Oye chico, ¿tu no tendrás interés en trabajar para mi hermano como sirviente verdad? Estarás mejor que a la intemperie y...- Se frotaba la nuca algo nervioso, más preocupado de sí mismo que no del joven. Sinembargo el joven asintió sin más, tal vez quería alejar de él los recuerdos de que tanto le turbaban en esos momentos y encontró una oportunidad para hacerlo en la propuesta de aquel bonachón y charlatán individuo.
Pasaron varias horas y el amanecer estaba cerca, la fria brisa nocturna había cambiado a uno agradable y cálido, quedó a la vista trás subir un ascenso del camino, la gran mansión de la que el tipo no paró de hablar durante todo el viaje. Al llegar a las puertas del patio exterior donde un par de criados bien trajeados recibieron a Clarens, le pidieron que aguarse en la entrada. En la puerta interior bajando por las escaleras, un hombre de grisaceos cabellos con lentes y un traje similar al de los otros criados pero con cierto aire de superioridad, aparentaba tener cierta edad más su elegancia le hacía parecer más joven. Se aproximó hacia ellos mirandoles con gesto reverente.
-Ah! Brad querido amigo... ¿que tal todo? te conservas muy bien, hace mucho que no nos veiamos ¿eh?- Aunque su tono de voz intentaba ser amigable e intimo, todos los presentes pudieron pensar lo mismo en ese momento, aquel tipo era tonto.
Brad, que así había llamado Jaften al mayordomo jefe de la casa, miró al chico con detalle, centrandose unos instantes en sus ojos, él simplemente mantubo su disciplinada posición habitual, con las manos a la espalda y al notar su mirada le miró igual, sin variar su impávido gesto.
- Veo que ya habeis hecho buenas migas, Brad este es el criado que debía recojer... se que sus pintas parecen un tanto desastrosas pero te bien aseguro que es un muchacho respetuoso y servicial- Cual charlatán vendedor hablaba con falacias e ignorancia, tal vez preso de los nervios. Pasaron unos largos instantes y giró finalmente hacia Clarens, el joven tenía la sensación de que las palabras en aquel momento no serían necesarias, se limitó a aguardar en silencio como estaba ya acostumbrado.
Brad alzó la mano con coordialidad hasta el hombro del tipo y asintió coordialmente mientras le conducia nuevamente hacia el carruaje.
- Mi señor Clarens gracias por hacer el favor a su hermano, ha depositado mucha confianza en vos aunque no lo parezca, tan solo dadle tiempo para que os vuelva aceptar como familiar suyo que sois, solo debeis darle tiempo.
El joven aun en las puertas observaba como el tipo alejaba con sutileza a quien le había llevado hasta el lugar, vió en sus gestos cierta angustia como si deseara algo, pues se rascaba frecuentemente la nuca y se metia y se sacaba la mano de los bolsillos, Brad miró soslayo al chico un instante y de uno de sus bolsillos dió al hombre un saquito.
Poco tardó en marchar tras recibir el saquito, sin nisiquiera despedirse del muchacho. Mientras que los otros criados se marchaban el tipo se acercó a él con gesto impasible aunque con unas formas similares a las que aun recordaba de su maestro.
-Chico - Su tono de voz era apacible y calmado - -¿Como os debo llamar? -.
Extrañado por la pregunta pero sin cambiar su expresión, respondió rápidamente. -Nactham Koaz mi señor.-
El tipo condujo hasta el interior de la mansión al muchacho que miraba sin mostrar mucho ánimo aparente la hostentosidad con la que la mansión estaba decorada. Aunque algo confundido sabía que tal vez estando lejos su pesar sería más llevadero sirviendo de alguna manera, 'penitencia', pensó mientras el hombre le guiaba por los aposentos explicandole algunos detalles de las habitaciones y pasillos con gran delicadeza y pacientemente.
El sonido de una puerta abrirse tras de si hizo que el joven se alertara y giró levemente precavido pero sin realizar movimientos bruscos. Una joven dama de cabellos rojizos medio escondida tras la puerta miraba con algo de malicia y desconfianza al joven muchacho.
-Justo a tiempo, Nactham, esta es la señorita Lyzka, la hija del señor de la casa.. Dijo sin denotar interrupción alguna ante la aparición de la dama, como si de algún modo supiera que interrumpiria, tal vez estaba ya acostumbrado, el joven asintió levemente y realizó una formal reverencia hacia la dama.
Algo indignada ante la presencia del joven miró con aun más recelo a Brad. -¿Ahora traemos indigentes a casa?- Dijo con arrogancia y volviendo a entrar a su habitación dejando la puerta abierta.
-Señorita, el joven Koaz será vuestro nuevo mayordomo personal, así que haceros a la idea. Alzando sutilmente la voz pero son moverse del lugar Brad le respondió con media sonrisa en sus labios.
Si las primeras impresiones eran importantes, esta había no había sido nada favorable para el joven.
Continuaron recorriendo la gran mansión hasta que en un momento el hombre se paró en seco mirando luego a Nactham.
-Muchacho, tu trabajo aquí consistirá en ser el criado de la señorita, tomatelo como una gran responsabilidad y ten en cuenta que si fallas en algo, irás a la calle deinmdiato-. Totalmente riguroso no parecia admitir reproche o duda alguna en sus palabras. -Deberás realizar las tareas de criado como los demás, pero tendrás que atender a las peticiones de la señorita, espero que haya quedado claro-
Pensativo Nactham miró al hombre con gesto calmado asintiendo una única vez -¿Debo entender entonces que soy su guardián mi señor?-
Unos momentos de silencio tan solo pasaron mientras que el hombre miraba al chico con detenimiento y seriedad.
-Si eso te complace pensar, ten tan solo en cuenta que tu deber será cuidar de ella, eso es todo..-
No hicieron falta más palabras, ambos continuaron recorriendo la estancia, durante unas largas horas Brad le fue mostrando y explicando aquello que necesitaría saber para hacer bien su tarea...
"...Aquel que sirve, aquel que se entrega, alguien disciplinado y formal que apoya a su señor en el dia a dia..."