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Iolen Horith

Brokilon

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Iolen es un Elfo Lunar, cuya faz está " adornada " por una cicatriz que le surca una de sus mejillas y se esconde debajo de sus ropas. Con una voz áspera y ronca, muestra una apariencia fría y distante. Sus ojos verdes esconden tras de la nostalgia un haz de inteligencia.

Es ágil y rápido. Parece alguien acostumbrado a moverse por los bosques y por los conflictos. Lleva dos espadas cortas en su cinturón y un arco largo a su espalda.



Prólogo
Iolen estaba apoyado en una extensa y maciza mesa de caoba. Los puños le servían de anclaje, de pie e iluminado por el baile de una tímida llama en una vela. Tenía un libro delante suya. Le estaba prestando mucha atención.

Algún Juramentado, curioso, observaba la tapa del tomo. Podía leerse " Cormanthor " en antigua caligrafía, entre grietas y ranuras ajadas por el paso de las décadas. Aquellos Oghmitas de la Biblioteca del Candelabro sentían curiosidad los días que solía ir aquel elfo.

Estuvo algunas horas aquel día. Al terminar, depositó la cuantía necesaria para entrar en la fortaleza que en su interior guardaba semejante casa de conocimientos. Aprovechó para tomar algunos apuntes. Al salir tuvo que recorrer de nuevo el Camino del León para volver a la ciudad. Una vez de nuevo, en Puerta de Baldur, marchó a la posada dónde se hospedaba.

Al entrar se dirigió a la barra. Levantó un dedo, el índice de su diestra y pidió tras el gesto una copa de vino. Horith estuvo pensativo, mirando algo que había apuntado aquel día. El murmullo de la estancia no consiguió extraerle de su propia cabeza. Estaba ensimismado con aquello que tenía escrito. Pero nada es eterno.

- Vaya, un hermano.. ¿Qué lees?

Dijo una elfa. Iolen sacudió la cabeza y cruzó una mirada con ella. No dijo nada, aprovechó para dar un sorbo y mientras, dejar visible el papel.

- ¡Vigilaremos la guardia, hasta que Myth Drannor se sienta orgulloso de nuevo!-La mujer frunció los labios- ¿Qué es?

- Algo que decían....

- No te has enterado. Al sur... Nuestros hermanos están en guerra con unas bestias

- Guerra..?

- En un sitio que llaman Weldath... En Tethyr

..................................................................................................

- Y así, mi recién conocido amigo... Es como he llegado a Amn. Estoy de paso hasta llegar más al sur, aunque parece que la guerra ha terminado ya...- negó con la cabeza -Pero no, no soy nativo de Puerta de Baldur. Vengo de un lugar mucho más lejano... De unas islas.

- ¿Siempreunidos?


Iolen asintió una vez - SiempreUnidos -
 

Brokilon

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Primavera Rota.
Una cálida brisa acarició a Iolen mientras recorría los pastos florecidos de las afueras de Lozhislpar. era una caluroso día de primavera. Junto a él caminaba una mujer. Una joven elfa.
El semblante de Einäh, alegre por lo general, se pobló de arrugas solemnes.


- ¿Qué quieres decir?

El varón esbozó una sutil sonrisa, pese a lo suyo.

- Quiero decir, que creo que hay más detrás de la historia de una simple caída de nuestra civilización en Cormanthor. Y me gustaría descubrir la verdad.

Tan de improviso como había llegado, la sombría expresión de la mujer cambió.
Cualquiera que se cruzase con la pareja aquella mañana pensaría que ambos disfrutaban de un tranquilo paseo entre ambos. Sin embargo, en el interior de ambos, la incertidumbre era la que dominaba en sus emociones.
Una diminuta gota de sudor descendió por la frente del guerrero. La faz de Iolen, que ya estaba adornada por su cicatriz, cobijó el surco de la ' pizca ', haciéndola viajar por ella.
El camino conducía a un viejo tocón, que separaba la civilización de la entrada al bosque. Ambos se detuvieron ahí.


- ¿Eso es lo que piensas? - De nuevo la mujer arrugó su expresión. Buscó correspondencia la mirada del elfo -

- No lo pienso, Einäh, lo creo. Lo que no cambia las cosas.

El batidor sin embargo, miró al suelo unos segundos. Este era la senda favorita de Iolen. Cada sendero era tan individual como una misma persona. Con su propio aspecto, personalidad. Punto de inicio y un destino final.
Este estaba construido por irregulares fragmentos y rocas, en ángulos correlativos y sin un orden aparente; Las piedras estaban desorganizadas y descompuestas, pero seguían una dirección. Aquel camino le recordaba a él mismo.


- ¿Y qué piensas hacer?

- He escuchado que hay una gran biblioteca, al otro lado de la Costa de la Espada. Pienso zarpar hacia el continente - Esta vez si miró a la mujer -

- Quizá algún día vaya a verte entonces, Iolen.

- Quizá algún día venga a verte.

Ambos sonrieron con cierta tristeza. Tomaron su mano, el uno del otro. Pretendieron abrazarse y fundirse en un sutil beso, aquella mañana de primavera.

- Así que este es el final...

- No hay final. Ni ahora, ni en el Arvandor.
 

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