El_Vara
Copia defectuosa de Kronobot
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[tab=30]Aquella noche el comedor de la fortaleza fronteriza estaba casi vacía. El crepitar de las llamas se escuchaban fuerte proviniendo de la chimenea y el resonar de las piezas del ajedrez al ser movidas sobre el tablero, se escuchaba como pequeños suaves golpes y arrastres en un silencio intenso.
[tab=30]Un recluta y un soldado jugaban, bastante concentrados y con dos copas de vino como alidiente a la buena partida. Uno de ellos dos, era ya un hombre bastante curtido por la experencia. Tenía una cicatriz en el labio y unos ojos verdes como los olivos, su cabeza estaba completamente rapada, aunque tenía una gran barba, larga y bien cuidada. El otro, sin embargo, era un muchacho, no muy fuerte de constitución, tenía el pelo ligeramente largo y una barba bien cuidada. Sus ojos oscuros como la noches nubladas, observaban el tablero y mientras se mesaba la barba, de color oscuro como su pelo.
[tab=30]-Y dime -dijo el veterano tras un minuto de silencio-, cuéntame tu historia, recluta Svart -sonreía con media sonrisa y afable-. Espero que sea más intrigante que la mía.
[tab=30]Jarek lo miró y movió la reina, le asintió tras el movimiento con media sonrisa. -Espero que no busques despirtarme mientras te cuento mi historia.
[tab=30]Marthar sonrió y rió con fuerza. -Me has pillado. Venga, va, cuéntamela, diviérteme un poco que tu juego de piezas me aburre, siempre pierdo. -Terminó moviendo una torre.
[tab=30]-Bien -dijo moviéndo ahora un peón-. Soy de Kaptonneme, aunque esto ya lo sabes. Mi padre era un soldado, estaba destinado al sur... -miró a Marthar y éste le asintió-. Estaba casado, pero eso no impidió disfrutar cada día, que perfectamente podría ser el último.
[tab=30]-Vamos que se fue a soplar la gaita. -Reía Marthar.
[tab=30]-Eso parece. En una de esas visitas a los prostíbulos, conoció a una joven. No me se bien la historia, pues Padre, solo me la contó una vez y borracho -reconoció sincero, pero quitándole importancia-. Al parecer se enamoró de la joven, la sacó del prostíbulo y a los dos años, quedó prendada. Padre aún estaba casado, pero no le importó, estaba lejos de casa y aquella señorita le hacía sentir vivo.
[tab=30]-No todos tenemos esa suerte.
[tab=30]-Supongo que no. Al cabo del tiempo, llegó mi hora. Madre estaba de parto mientras que padre luchaba. Mi madre me dió vida y yo le di muerte, pues falleció en el parto.
[tab=30]-Vaya, lo siento, recluta Svart.
[tab=30]Svart asintió y le agradeció. -Cuando mi padre volvió de batalla y le dieron el periodo, se encontró con la situación. Desde entonces, se firmó el desprecio que me tendría. A los cinco años, padre terminó con el servicio y volvió a Kaptonneme. Allí tiene una granja.
[tab=30]Dos soldados entraron al comedor y se sentaron en la mesa de al lado, con dos platos de estofado y dos jarras. Reían y contaban lo duro que era el sargento con ellos. Jarek los miró y saludó con una asentida cortés. Realmente Jarek era una persona muy formal, además de tranquilo. Observó a Marthar y movió otra pieza cuando le volvió a tocar. Sonrió viendo la victoria cerca y siguió hablando.
[tab=30]-Cuando padre -continuó Jarek-, se presentó ante la puerta de casa, Alice, su esposa, me observó fijamente. Según padre Alice era una mujer muy quisquillosa, bastante orgullosa y amante del buen aparentar a ojos de los demás.
[tab=30]-¿Era? ¿Está muerta?
[tab=30]-Sí, pero aún no llegamos a eso. Aquella noche dormí en el pajal. Padre y Alice discutieron. Padre me echó a la calle, me pegó un par de patadas y me llamó mierda seca. Para él siempre he sido el principio de sus problemas. Después de eso, trabajé en la granja. Padre y Alice nunca volvieron a tener la misma relación, supongo. -Svart bebió un sorbo de vino, su habla era tranquila y no pareciera que lo que contara fuese algo que le doliera en demasía.
[tab=30]-Supongo que nunca perdono a tu padre.
[tab=30]-Nunca. Ah, olvidaba. Mi apellido es Svart, por ello mismo, por ser un bastardo. Lo de Svart se le ocurrió a mi padre cuando se encontró a un gato negro en uno de los campamentos. Lo que decía... al cabo de unos años, Alice murió, de una gripe bastante fuerte. Padre no habló sobre el tema. Pero quedó destrozado. Había perdido el amor de su vida y ahora la acompañante de hace años.
[tab=30]-Normal, los soldados tienen sus propios motivos por los que luchar. Quizás el motivo de su ida fuese defender a su esposa y granja. Quizás no estuviera enamorado, ni la amara tanto a como tu madre, pero seguro que su esposa era como su mejor amiga.
[tab=30]-Seguro -asintió Jarek-. Cuando murió Alice un mundo nuevo se abrió a mis ojos. Alice tenía una pequeña habitación en la granja llena de libros. Cuando Padre no estaba en casa, me colaba a estudiar, ya que Alice no estaba. Así comencé a estudiar y a leer.
El veterano frunció el ceño, no parecía ser muy de libros. Normal era un veterano versado en la batalla, su mejor habilidad era el combate y seguir órdenes.
[tab=30]-Pasó el tiempo y yo estudiaba. Me interesó los remedios sanitarios, aunque el material tampoco era llamativo ni extenso. Luego empecé a leer sobre algunas historias de aventuras y viejas batallas. Además, siempre me opuse a la idea de mi padre -forzó la voz, intentando una imitación, que al final quedó mediocre-: "no eres merecedor de portar un arma, bastardo asesino". La contradicción a la idea de mi padre creció cuando observaba a los hijos del Caballero Rojo entrenar en el campo de entreno, cerca de la capilla de Kaptonneme. Los observaba entrenar desde la distancia, con hoz en mano y labrando las tierras.
[tab=30]-Grandes estrategas han salido de esa, iglesia. Ah también muy buenos instructores, guerreros...
[tab=30]Cierto es. Se que en Kaptonneme prioriza la fe de Helm, pero me llamó mucho más los Caballeros Rojos. Tanto, que prioricé mis estudios a leer y aprender sobre él. Lo que leí me gustó tanto y me inculcó tanto, que mi interés se convirtió en fe. Mi padre era militar y yo, aunque nuestro apego era mínimo, algo me cautivó de su "vida" e historias. A los pocos años, un Caballero Rojo se presentó en casa y habló con mi padre, ahí empezó mi verdadera senda.
El soldado se inclinó hacia el recluta con interés, sonrió y le indicó que prosiguiera con la historia, bebió de la jarra de cerveza y observó como Jarek movió la reina y causó el Jaque Mate. Bufó y apartó el tablero.
[tab=30]Will Lacariot, así se llamaba el caballero. Un hombre ya veterano, de largas barbas, era muy agradable. Aunque muy recto. Ambos estuvieron hablando en el salón, durante un buen rato. Solo se escuchaba desde fuera, las voces de mi padre. Al rato el caballero salió de la sala y me ordenó coger mis cosas y marchar con él.
"Soy Lacariot, caballero del Caballero Rojo, puedes llamarme Sir Will." -nuevamente la imitación salió mediocre-. Así fue como lo conocí. En verdad ya lo conocía de antes, lo observaba entrenar desde las lejanías junto a sus otros caballeros. Me llevó junto a él y me enseñó algunas cosas, ahí fue, y gracias a él, donde florecieron algunos de mis dones. Pronto él supo, que mi senda sería la de sacerdote. No viví con él más de un año, y hace unos meses, su último mandato fue venir aquí. Murió, no de manera causada, si no de manera natural. El Caballero estaba enfermo, aunque nunca me dijo de qué, algo que se llevó a la tumba. Y esa es mi historia. Cierto es que es muy breve y que me he guardado muchas cosas, cierto es que hay detalles que me he podido saltar. Pero entre el juego y la buena charla de barracón, no he querido indagar.
[tab=30]Un recluta y un soldado jugaban, bastante concentrados y con dos copas de vino como alidiente a la buena partida. Uno de ellos dos, era ya un hombre bastante curtido por la experencia. Tenía una cicatriz en el labio y unos ojos verdes como los olivos, su cabeza estaba completamente rapada, aunque tenía una gran barba, larga y bien cuidada. El otro, sin embargo, era un muchacho, no muy fuerte de constitución, tenía el pelo ligeramente largo y una barba bien cuidada. Sus ojos oscuros como la noches nubladas, observaban el tablero y mientras se mesaba la barba, de color oscuro como su pelo.
[tab=30]-Y dime -dijo el veterano tras un minuto de silencio-, cuéntame tu historia, recluta Svart -sonreía con media sonrisa y afable-. Espero que sea más intrigante que la mía.
[tab=30]Jarek lo miró y movió la reina, le asintió tras el movimiento con media sonrisa. -Espero que no busques despirtarme mientras te cuento mi historia.
[tab=30]Marthar sonrió y rió con fuerza. -Me has pillado. Venga, va, cuéntamela, diviérteme un poco que tu juego de piezas me aburre, siempre pierdo. -Terminó moviendo una torre.
[tab=30]-Bien -dijo moviéndo ahora un peón-. Soy de Kaptonneme, aunque esto ya lo sabes. Mi padre era un soldado, estaba destinado al sur... -miró a Marthar y éste le asintió-. Estaba casado, pero eso no impidió disfrutar cada día, que perfectamente podría ser el último.
[tab=30]-Vamos que se fue a soplar la gaita. -Reía Marthar.
[tab=30]-Eso parece. En una de esas visitas a los prostíbulos, conoció a una joven. No me se bien la historia, pues Padre, solo me la contó una vez y borracho -reconoció sincero, pero quitándole importancia-. Al parecer se enamoró de la joven, la sacó del prostíbulo y a los dos años, quedó prendada. Padre aún estaba casado, pero no le importó, estaba lejos de casa y aquella señorita le hacía sentir vivo.
[tab=30]-No todos tenemos esa suerte.
[tab=30]-Supongo que no. Al cabo del tiempo, llegó mi hora. Madre estaba de parto mientras que padre luchaba. Mi madre me dió vida y yo le di muerte, pues falleció en el parto.
[tab=30]-Vaya, lo siento, recluta Svart.
[tab=30]Svart asintió y le agradeció. -Cuando mi padre volvió de batalla y le dieron el periodo, se encontró con la situación. Desde entonces, se firmó el desprecio que me tendría. A los cinco años, padre terminó con el servicio y volvió a Kaptonneme. Allí tiene una granja.
[tab=30]Dos soldados entraron al comedor y se sentaron en la mesa de al lado, con dos platos de estofado y dos jarras. Reían y contaban lo duro que era el sargento con ellos. Jarek los miró y saludó con una asentida cortés. Realmente Jarek era una persona muy formal, además de tranquilo. Observó a Marthar y movió otra pieza cuando le volvió a tocar. Sonrió viendo la victoria cerca y siguió hablando.
[tab=30]-Cuando padre -continuó Jarek-, se presentó ante la puerta de casa, Alice, su esposa, me observó fijamente. Según padre Alice era una mujer muy quisquillosa, bastante orgullosa y amante del buen aparentar a ojos de los demás.
[tab=30]-¿Era? ¿Está muerta?
[tab=30]-Sí, pero aún no llegamos a eso. Aquella noche dormí en el pajal. Padre y Alice discutieron. Padre me echó a la calle, me pegó un par de patadas y me llamó mierda seca. Para él siempre he sido el principio de sus problemas. Después de eso, trabajé en la granja. Padre y Alice nunca volvieron a tener la misma relación, supongo. -Svart bebió un sorbo de vino, su habla era tranquila y no pareciera que lo que contara fuese algo que le doliera en demasía.
[tab=30]-Supongo que nunca perdono a tu padre.
[tab=30]-Nunca. Ah, olvidaba. Mi apellido es Svart, por ello mismo, por ser un bastardo. Lo de Svart se le ocurrió a mi padre cuando se encontró a un gato negro en uno de los campamentos. Lo que decía... al cabo de unos años, Alice murió, de una gripe bastante fuerte. Padre no habló sobre el tema. Pero quedó destrozado. Había perdido el amor de su vida y ahora la acompañante de hace años.
[tab=30]-Normal, los soldados tienen sus propios motivos por los que luchar. Quizás el motivo de su ida fuese defender a su esposa y granja. Quizás no estuviera enamorado, ni la amara tanto a como tu madre, pero seguro que su esposa era como su mejor amiga.
[tab=30]-Seguro -asintió Jarek-. Cuando murió Alice un mundo nuevo se abrió a mis ojos. Alice tenía una pequeña habitación en la granja llena de libros. Cuando Padre no estaba en casa, me colaba a estudiar, ya que Alice no estaba. Así comencé a estudiar y a leer.
El veterano frunció el ceño, no parecía ser muy de libros. Normal era un veterano versado en la batalla, su mejor habilidad era el combate y seguir órdenes.
[tab=30]-Pasó el tiempo y yo estudiaba. Me interesó los remedios sanitarios, aunque el material tampoco era llamativo ni extenso. Luego empecé a leer sobre algunas historias de aventuras y viejas batallas. Además, siempre me opuse a la idea de mi padre -forzó la voz, intentando una imitación, que al final quedó mediocre-: "no eres merecedor de portar un arma, bastardo asesino". La contradicción a la idea de mi padre creció cuando observaba a los hijos del Caballero Rojo entrenar en el campo de entreno, cerca de la capilla de Kaptonneme. Los observaba entrenar desde la distancia, con hoz en mano y labrando las tierras.
[tab=30]-Grandes estrategas han salido de esa, iglesia. Ah también muy buenos instructores, guerreros...
[tab=30]Cierto es. Se que en Kaptonneme prioriza la fe de Helm, pero me llamó mucho más los Caballeros Rojos. Tanto, que prioricé mis estudios a leer y aprender sobre él. Lo que leí me gustó tanto y me inculcó tanto, que mi interés se convirtió en fe. Mi padre era militar y yo, aunque nuestro apego era mínimo, algo me cautivó de su "vida" e historias. A los pocos años, un Caballero Rojo se presentó en casa y habló con mi padre, ahí empezó mi verdadera senda.
El soldado se inclinó hacia el recluta con interés, sonrió y le indicó que prosiguiera con la historia, bebió de la jarra de cerveza y observó como Jarek movió la reina y causó el Jaque Mate. Bufó y apartó el tablero.
[tab=30]Will Lacariot, así se llamaba el caballero. Un hombre ya veterano, de largas barbas, era muy agradable. Aunque muy recto. Ambos estuvieron hablando en el salón, durante un buen rato. Solo se escuchaba desde fuera, las voces de mi padre. Al rato el caballero salió de la sala y me ordenó coger mis cosas y marchar con él.
"Soy Lacariot, caballero del Caballero Rojo, puedes llamarme Sir Will." -nuevamente la imitación salió mediocre-. Así fue como lo conocí. En verdad ya lo conocía de antes, lo observaba entrenar desde las lejanías junto a sus otros caballeros. Me llevó junto a él y me enseñó algunas cosas, ahí fue, y gracias a él, donde florecieron algunos de mis dones. Pronto él supo, que mi senda sería la de sacerdote. No viví con él más de un año, y hace unos meses, su último mandato fue venir aquí. Murió, no de manera causada, si no de manera natural. El Caballero estaba enfermo, aunque nunca me dijo de qué, algo que se llevó a la tumba. Y esa es mi historia. Cierto es que es muy breve y que me he guardado muchas cosas, cierto es que hay detalles que me he podido saltar. Pero entre el juego y la buena charla de barracón, no he querido indagar.