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Jinetes en el horizonte

Dilacerante

Minsorrano sin caminos
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Corta la línea del anaranjado horizonte un grupo de figuras a caballo, sobre la tierra resuenan a golpe seco las herraduras, y el tintineo de las alforjas cargadas de armas y piezas de armadura acompañan las risas de los hombres y mujeres que llevan ya muchos días de viaje.

Sobre uno de estos caballos, uno gris procedente de tierras iluskanas, Royce sostiene un pedazo de pan tostado con la boca, con ambas manos aferradas a las riendas, mientras escucha la última aventura sexual de uno de sus compañeros. Abre la comisura de los labios ligeramente soltando una risilla.
— A ver que yo me aclare, ¿intentó meterte el dedo por ahí?— pregunta Chad que espolea ligeramente el caballo para ponerse a la altura de la conversación.
— Como lo oyes, la muy zorra, que si quiero metérsela por el culo que me tengo que dejar hacer esa mierda ¿sabes? La mandé a paseo, obviamente. — responde Blake.
— Serás parguela, haberle dado igual y luego te largas
— Bueno, pero es que a veces soy un caballero, tú no entenderías de eso, zopenco.
— Caballero de mis cojones, sí —suelta Lander y todos vuelven a reír.

Royce termina de mordisquear el pan y ralentiza un poco su caballo hasta colocarse junto a su hermano, que ha sacado de sus alforjas una bota de hidromiel para ir dando tragos.
— ¿Tú estás de acuerdo con esto, Beor?— pregunta el rubio.
— Lo hemos votado ¿no? No sé, a mí me parece bien —el menor de ambos hermanos se encoge de hombros y toma otro trago corto.
— ¡¿Qué maldito problema tienes con Amn, Royce?! ¡Eres un puto pesado con el tema! — grita Redah desde el frente de la formación.

El lancero escupe a un lado con gesto de desagrado antes de responder.
— Es solo que no entiendo qué mierda se nos ha perdido en esa tierra de depravados.
— Oro ¿te parece poco? —espeta Lander, escueto y lógico como de costumbre.
— Y mujeres— puntualiza Blake.
— ¡Y desafíos!— grita Beorhtric.
— Mujeres, sí, niñatas de vestidos caros y lengua de serpiente que se creen que pueden comprarlo todo con su dinero, menudo sueño..
— A mí que me compren la polla, yo firmo— Chad vuelve a provocar la risa del grupo.

El joven Jay, que apenas participa en la conversación, le lanza un trozo de cecina mordida a Royce.
— Seguro que acabas catando mujer amniana y te doma esas ínfulas, amigo
— Ya veremos quién doma a quién...— Royce abre media sonrisa mirando al horizonte frente a la comitiva, el cual ahora comienza a mostrar el comienzo de un bosque oscuro.

Ambos exploradores se adelantan para ocupar los primeros puestos y otear el camino. Los demás se detienen mientras siguen la cháchara, que deriva en un concurso de chistes sobre elfos y medianos.
— No se ve un carajo desde aquí, voy a adelantarme al bosque, ven conmigo Grimm.
— Oído —el montaraz descuelga su arco y comienza a encordarlo preparado para seguir a Redah.
— Os esperamos, gritad como nenazas si os asaltan —indica Lander que ha comenzado a desmontar, seguido del resto de compañeros que comenzarán el fuego para cocinar una cena improvisada.
— ¡Eso haremos! ¡Hah! —sendos caballos salen al galope dispuestos a adentrarse en la espesura, seguidos por el halcón.

Esa noche el grupo la pasaría acampado en el límite del bosque, durante la cena los exploradores describirían lo que han descubierto del camino y discutirían un plan de defensa en caso de ser atacados donde los caballos apenas tienen movilidad. Luego entre chistes y anécdotas caerían dormidos uno a uno, algunos borrachos, otros sobrios... Y probablemente a Jay le tocaría la guardia más larga.


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Bruulz

Piedra calcinada de la Espiral
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Resuenan los golpes del martillo contra el yunque.

- Kayla, ve a por unas pocas más, anda. Deberían estar en mi petate.

En una de las paradas del grupo, Blake se dispone a cambiar las herraduras dañadas de los caballos del equipo. Mientras termina de ajustar una de ellas, para Canalla, Kayla se aleja refunfuñando con un par de suspiros.

- Bien, así debería valer... -dice para sí, rascándose la nuca mientras observa la herradura buscando muescas o imperfecciones.

Tras terminar de ajustar varias piezas, el Damarano se dispone a colocárselas a los caballos, con la ayuda de sus camaradas.

- ¡Agarra bien la pezuña, hostia, a ver si me voy a desgraciar la cara! -dice Blake alterado, peleándose con las tenazas y la pezuña de Cabriola.
- ¡Como mucho te la arreglaría, soplagaitas, que es muy fácil decirlo desde ahí! -replica Lander.
- Joder, Lander, ¿no puedes amarrarlo tú sólo? -añade Chadwick, mientras le ayuda a amarrar el jamelgo.
- ¡Dejad de quejaros, capullos! aún quedan por herrar Humilde y Mielkmnm, y a este paso no acabamos hoy.

Y ese día no terminaron, pero sí al siguiente, y pudieron seguir su largo camino hacia Amn.
 

Vrounston

Enano sin acento ruso
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El viejo Jerry recoge sus redes de pesca. Las manos le tiemblan, no parece que la enfermedad vaya a mejor. Cada invierno los temblores aumentan, así como la sordera del oído izquierdo, por suerte el derecho sigue funcionando como cuando era joven y perseguía mozas para el deleite mutuo.

Cuando termina de recoger sus redes da con un par de aleta plateados sacudiéndose en vano, Tymora hoy se ha levantado de buen humor. El viejo pescador se interrumpe al intentar sacar los peces de su enredo, pues comienza a escuchar un run run de voces, acompañado de un ligero temblor en el suelo.

Alzando la cabeza y entrecerrando los ojos atisba unas figuras en el horizonte. A medida que se acercan aumenta la algarabía y las siluetas se convierten en un nutrido grupo de jinetes que avanza sin demasiada formación, gritándose unos a otros con una camaradería solo vista en aquellos tipos que están dispuestos a morir por sus compañeros.

- Que extraño, si a esta aldea de mala muerte nunca viene nadie, al menos el los últimos tiempos- murmura el anciano, acostumbrado a hablar solo.

El grupo de viajeros, vestido cada uno diferente al resto, con un tintineo incesante de armaduras y armas colgando de los caballos no dejan lugar a dudas, son mercenarios. Parecen enfrascados en una discusión sumamente interesante porque las voces no hacen más que ascender mientras uno de los jinetes muestra sus desnudas posaderas a sus compañeros sin soltar las riendas, desatando las risas de toda la compañia.

- Recordad amigos mios, como decía mi tio es época de cosecha. Y el oro está maduro en esta estación del año -comenta uno de los jinetes entre risas- casi tan maduro como usado el culo de Blake.

Los jinetes avanzan hacia el asentamiento a las espaldas del viejo Jerry mientras este niega con la cabeza.

- Además de jóvenes, estúpidos, en esta aldea no hay absolutamente nada, hay que ser idiota para venir aquí buscando oro fácil - murmura el anciano en voz baja para si mismo.

Si tan solo el viejo Jerry supiese lo acertado de sus palabras y lo rematadamente idiotas que son los recién llegados...
 

Plasmi

Campero de tiendas
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La silueta del cazador a penas se podía distinguir entre los arbustos y ramas del bosque, totalmente inmovil observando al ciervo al que lleva siguiendo el rastro dos días, a apenas unos metros de él.
El silencio a penas interrumpido por el repiqueteo de la madera del arco mientras tensa la cuerta, apuntando al pecho del animal, listo para acabar con él y servir una buena cena para la compañia.
Una última bocanada de aire antes de aguantar la respiración y...

-¡¿Vienes de una puta vez o que?! -Grita una voz acercándose entre los arboles.

Para cuando el cazador vuelve a mirar, el ciervo está sabe Hoar en donde.

- ¡Me cago en tu puta madre, Lander! ¡Te juro que te corto las pelotas!

- ¡A las madres no se las toca! ¡Que te rompo los dientes! - Responde Lander apuntando con el dedo a Redah. -Estamos esperándote todos, que nos vamos de esta mierda de pueblo.


Redah se cuelga el arco a la espalda suspirando y sigue a Lander para reunirse con el grupo. Que esta terminando de cargar los caballos con la recompensa del último contratista.
Tras una breve charla y mas breve despedida, los jinetes arrancan, entre insultos y gritos entre ellos hacia Athkatla, buscando fortuna en la ciudad mas rica del pais.
 

Silvanov

Piedra calcinada de la Espiral
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En la lejania de una pequeña aldea se escucha el sonido del cabalgar de una pequeña compañia de jinetes que poco a poco aminoran el paso a medida que se acercan a la aldea.

- Parece que hemos llegado, ya era hora tengo unas ganas de beber hidromiel que no puedo con ellas, ¡Desmontad panda de nenazas! —Rie entre dientes el gran Iluskano pelirrojo—

Todos se bajan de los caballos y Royce le lanza una moneda al mozo de los caballos para que se haga cargo mientras el resto ya van entrando hambrientos y sedientos en la pequeña taberna de "El Goblin Estraviado".

Entran todos como si aquella fuera su casa.
-¡Moza!, queremos comer y beber como si no hubiese un mañana —Comenta Lander, a lo que todos vitorean y gritan como buenos "salvajes".
Ya con todos sentados en la mesa y comiendo Beor procede a hablar con la boca llena.
-Pu...egsss debeegriamos de viajar asi a menudo —Sonrie con un trozo de muslo de pollo entre los dientes— Por una vida llena de emociones y peligros —
Se levantan todos con su jarra de hidromiel y brindan al unísono.

La escena continua mientras siguen comiendo y bebiendo hasta que improvisan una pequeña fiesta entre todos que se anima todavia mas cuando Bethany decide empezar a tocar.

Finalmente tras unas largas horas acaban todos durmiendo o tirados en la mesa cansados y exhaustos pero felices después de la gran comilona.
 

Serj

Cuenta secreta evidente
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El sol trataba de ocultarse tras la copa de los árboles mientras La Compañía, al borde del camino, levantaba el campamento. Jay se acercó al fuego a calentarse las manos tras haber levantado su tienda y poco a poco fueron llegando el resto. Grimm fue el primero.

- ¿Cuánto dijo Royce que nos falta hasta Amn? -preguntó con tono amargo.

- Otras veintitantas jornadas, si el camino es favorable -respondió Redah de mala gana tras aparecer de entre las sombras.

Y tras ellos fueron llegando los demás: Beor, Chad, Blake... el último fue Lander, que llegó cuando La Compañía ya iba a hincarle el diente a la cena. Llevaba una especie de cuenco en una mano.

- Eh, vamos por partes. Primero a ver a quién le cae la primera guardia, que después de comer os apalancáis y nadie quiere. -Dijo al llegar con el grupo. El cuenco estaba tapado y habían algunas piedras, cada una con una inicial, de forma que elegían a suertes al primer desgraciado.

Lander agitó el cuenco y Jay, al ser el más joven (y novato), se acercó para ser la mano inocente. Lander entreabrió el cuenco y Jay, apartando la mirada, introdujo los dedos índice y corazón, atrapando y sacando una de las piedrecitas.

- ''J''... Me cago en todo... -Jay suspiró. La J era para él. El grupo se echó a reír y continuaron con la cena de la forma habitual: contando chistes y metiéndose los unos con los otros, desde el cariño.

Cuando el grupo se hubo acostado, quedó Jay junto al fuego, con el espadón cruzado a la espalda. Tiraba ramitas a las llamas y de vez en cuando alzaba la cabeza y miraba alrededor, pensando que había escuchado algo.

Su mirada se topó con el cuenco que había usado Lander para la tómbola, seguía junto al sitio que había ocupado el mercenario, todavía tapado. A pesar de que no quería apartarse del fuego, pues hacía frío, Jay se levantó de puro aburrimiento y fue a echar un vistazo. Cogió el cuenco entre las manos y lo destapó. Algunas piedras dejaban ver la inscripción que tenían, y en todas parecía haber una ''J''. El joven frunció el ceño y agitó el cuenco, haciendo girar las piedras. Más jotas. Dejó caer el cuenco al suelo y, mientras se dirigía hacia las tiendas de sus compañeros a grandes zancadas, gritó:

- ¡¡PERO SERÉIS HIJOS DE P...!!
 

Serj

Cuenta secreta evidente
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7/1/21
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La Compañía se había pasado bebiendo a la luz de la hoguera. Todavía faltaba para llegar a Amn, pero cada vez menos. Estaban realmente animados ante la perspectiva de la nueva etapa que estaba a punto de comenzar.

Chadkwick, que se había apartado a los matorrales para mear, volvía mientras se tambaleaba, apoyándose donde podía. En una de sus paradas para mantener el equilibrio, se paró junto a un árbol, ya cerca del fuego, y dejó escapar un señor pedo. Pareció sorprenderle hasta a él: uno de esos pedos sonoros que se escapan sin darse uno cuenta pero que son necesarios para hacer hueco en el interior. - Oohj -Gimió al tiempo que aliviaba su carga.

Lander, Royce, Beor, Blake, Grimm y Jay, que estaban junto al fuego, empezaron a reír a carcajadas. Es lo normal, pero reían demasiado para un simple pedo. Chad se extrañó y miró a su aldededor, entonces lo comprendió. Redah se había quedado dormido con la espalda apoyada en un árbol con la borrachera, y ese árbol era en el que Chad se había parado. Se había tirado un pedo con el culo a escasos centímetros de la cara de Redah, el cual seguía durmiendo plácidamente sin inmutarse, ni por el olor ni por los ruidos.

- Joder, pues no se ha dado cuenta... - Dijo Chad mientras se sentaba en la hoguera cuidadosamente, como si ahora le diese miedo despertarlo.

- ¿Cómo es eso? A ver -. Jay se puso en pie y fue hasta donde estaba Redah. El pedo de Jay fue desagradable, tal vez llevara algo sólido, incluso aguado por cómo sonó. Fue uno de esos pedos que indican que hay que cambiar la alimentación, que algo no anda bien por dentro del cuerpo. Redah tampoco se inmutó, y las carcajadas volvieron a resonar en el bosque.

Blake, animado, se incorporó para añadir otro pedo más, pero Lander lo detuvo.

- ¡No! - Exclamó tras secarse la lagrimilla de la risa, entonces su semblante se volvió sombrió y su voz, aunque impetuosa, apenas un susurro -. No habrán más pedos. Este es el tipo de mierda que puede desestabilizar a la Compañía... Redah nunca puede enterarse de esto. Será un secreto. -Paseó la mirada entre sus compañeros, que habían adoptado su seriedad -. Esto está al nivel de cagarse en la madre de uno. A partir de hoy, no tirarse pedos en la cara de alguien pasará a ser otra de las normas no escritas de la Compañía.

- Es verdad... está feo eso, Chad. - Le reprochó Royce.

- ¡¿Cómo?! ¡Si ha sido el cabrón de Jay el que casi se caga, yo lo he hecho sin querer! - Respondió Chadkwick.

- Uhm... - dijo Grimm.

Volvieron a reír, algo más bajo, y continuaron con el bebercio. La noche fue haciéndose poco a poco con uno y otro, sin llegar a dormirlos. Se encontraban en ese puntillo, borrachos y medio dormidos, tumbados de cualquier manera, pues de cualquier manera estarían cómodos, cuando les llegó una voz que se encontraba algo más apartada de la hoguera.

- ¿A qué coño huele, eh? - Por el tono, Redah no se había despertado de buen humor.
 
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