Ladrondelasombras
Copia de fichas de Kronos
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DESCRIPCIÓN FÍSICA
Mediano de un metro de altura,de piel bronceada por el sol,cabello negro y algo desaliñado.El pelo se junta con la barba y el bigote uniéndose mediante las patillas.
Sus ojos negros esconden una mirada primitiva.
En la oreja izquierda lleva una herida ya cicatrizada de una refriega pasada;falta parte de su cartílago.Se pueden apreciar dos pendientes de oro con forma de aro.
Respecto a su cara,hay que destacar la cicatriz que cruza su ojos izquierdo de arriba a abajo.
PARTE I
Mientras la Joya del Desierto Calishita estaba sumida en el sueño de la noche, los alcantarillados cobraban vida una vez más en una noche de luna llena.
El olor pestilente y nauseabundo se palpaba en el ambiente. Una ciudad como Calimport, con un número considerable de habitantes,producía mucha basura y el alcantarillado así lo demostraba.
Aquel silencio solo era perturbado por el resonar de alguna tubería, el goteo de las cañerías o quizá el caminar sofocado del algún pequeño roedor.
La rata correteaba rápidamente por el interior de la cañería provocando que sus diminutas, pero afiladas garras, resonaran en el frío metal.Siguió moviéndose durante largos minutos en la misma dirección, hasta que se vio obligada a girar un par de veces en algunos conductos. Sin duda era un auténtico laberinto, pero el roedor sabía lo que se hacía.
Ascendió de forma vertical clavando sus garras con firmeza y cuando llegó a lo alto, donde la tubería volvía a adoptar una forma horizontal, sé detuvo.
Observó por un pequeño agujero con sus diminutos ojos rojos a la vez que se atusaba los bigotes con las patas delanteras.
La sala era amplia y gracias a la luz de la luna que entraba por una rejilla en el techo de la estancia, se podía apreciar en las paredes el mismo símbolo repetidamente.
Se trataba de una cabeza de rata con unos cuernos de cabra perfectamente detallados, sin duda quizá el símbolo de algún clan.
La amplia mesa ocupaba el centro de la sala y sobre ella, pequeños roedores campaban a sus anchas.Cosa que no parecía importar a los allí presentes.
Las extrañas siluetas iban embutidas en ropajes raídos y oscuros, dejando a la vista sus hocicos de amplios bigotes.
Había un sitio vació presidiendo la mesa, quizá alguien autoritario, un jefe lo más probable pues el ambiente que se respiraba en la estancia resultaba ser más caótico que otra cosa. Quizá por la falta de su presencia.
Los hombres rata se arañaban y discutían por restos de comida que había sobre la mesa. Alguno que otro devoraba con ansía algún pequeño ratoncillo que se aproximaba demasiado a sus parientes de mayor envergadura.
La puerta de la antecámara se abrió y la mediana entró en la sala. La matriarca había llegado acompañada de sus dos guardias personales.
El escándalo cesó y la hembra se acercó al sitio que le correspondía quedando a su espalda los dos machos que, seguramente gozaban de su compañía alguna noche.
Los machos parecían mirarse desafiantes emitiendo sonidos y movimientos con la boca para intimidar al otro en un intento de satisfacerse esa noche con la compañía de la mujer.
Jira "La Gran Rata", como así se hacía llamar, permanecía frente a todos sus hijos. Todos eran fruto de su herencia genética y cada uno de ellos había pasado un minucioso examen para saber si presentaba en su cuerpo la enfermedad. Aunque para ellos más que enfermedad se trataba de un don.
-Volved a vuestra forma inmediatamente.-Dijo la mediana con una voz fría y tajante.
Llevaba una gran túnica negra y su rostro permanecía oculto bajo la capucha.
Al instante todos cambiaron su aspecto y frente a ella todos los medianos la miraron en silencio.
-Mucho mejor. Me gusta veros de vez en cuando las caras. Bien hoy es otro gran día, vais a conocer a otro de vuestros hermanos pues acabó de dar a luz.
Proceded por favor.-Miró un instante por la rejilla del techo y observó sí la luna estaba completamente centrada con la mesa.
Acto seguido desvió su mirada hacia la puerta por la que había entrado.
Las miradas se centraron en la puerta y dos medianas completamente transformadas y embutidas en unas túnicas de color blanco entraron en la estancia portando consigo algo envuelto en unas sabanas mugrientas.
Dejaron al niño en el centro de la mesa convirtiéndose en el foco de atención de los pequeños ratones que por ella correteaban.
Jira con un par de movimientos de la mano lanzó a los ratones al suelo, apartándolos de su décimo hijo.
Algunos medianos empezaron a olisquear sintiéndose atraídos por la carne de su recién nacido hermano.
-Tengo hambre, espero que no sufra el cambio y sea descartado.-Dijo entre susurros uno de los medianos presentes a otro.
La luna acabó por centrarse con la rejilla y todos se inclinaron para observar al pequeño Karak Jazz .Hasta que no estuvo totalmente vertical, el niño no empezó a experimentar los cambios.
Su piel adoptó un color grisáceo, sus manos comenzaron a cambiar así como el rostro. Los ojos cambiaron de tonalidad pero el pelo no se dejó ver todavía.
La madre lo cogió en brazos como antaño hizo con el resto de su progenie y tras mirarlo y sin dedicarle el típico aprecio que supondría para una madre el tener un hijo, lo entregó de nuevo a las comadronas a la vez que dijo.
-Amamantadlo hijas mías.