Noler
Equipo Técnico
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- 6/3/10
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Nombre: Kath Fryar
Deidad: Yelmo
Raza: Humano
Carisma base: 12
Edad: 18
Alineamiento: Neutral Bueno
Descripción física: Humano joven de mediana estatura, uno setenta y dos aproximadamente. Pequeña melena,barba de unos días y ojos negros. Físicamente no destaca en nada, quizás sus gustos al vestir ya que siempre combina el rojo con el negro. Voz grave y normalmente habla en un tono medio-bajo.
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Kath a la edad de 15 años.
Los primeros rayos de sol se filtraban por la ventana de la pequeña habitación de Kath, despertando al joven de su sueño. Cuando se dio cuenta que ya era de día se levanto rápidamente y se fue al establo corriendo. Aun vestido con el pijama entraba en el establo buscando un caballo en concreto, su objetivo era una yegua negra embaraza que podría dar a luz en cualquier momento. Desde que la yegua esta en estado de gestación, su padre le dijo que tendría que vigilar, proteger y ayudarla para que el pequeño nazca sin ningún problema. Desde ese día Kath ha estado cuidando y vigilando al equino.
Llegó a la cuadra donde la tenían, ésta era un poco más grande para favorecer el parto y se usaba para cualquier yegua embarazada. Ella estaba tranquila comiendo su dieta especial para favorecer el crecimiento del feto(alimentos de alto contenido proteico como avena, maíz, linaza y habichuelas para desarrollar los tejidos y músculos, y algunos alimentos con potasio, calcio y hierro para favorecer la formación del feto). La yegua se percató de su presencia y reconociéndolo volvió a prestar su atención en la comida Cogió una almohaza y,con movimientos circulares, limpió el pelo de la yegua mientras esta comía. Cuando acabó, empezó a cepillarla lenta y suavemente.
Pasó un largo tiempo con la yegua, le peinó la crin, le limpió los cascos, le revisó los dientes y al final solo la observaba moverse de un lado a otro con su gran panza. De pronto una voz de mujer le llamó desde fuera el establo, era su madre:
-Kath! El desayuno está listo.
-Ya voy mama!-contestó.
El muchacho se despidió de la yegua con una caricia en la frente y se marchó para ir a desayunar.
Su casa estaba formada por un edificio de dos pisos pequeños. En la planta baja estaba la cocina y el comedor mientras que arriba habían 3 dormitorios, el de sus padres, el suyo y uno vacío para invitados. Al llegar la mesa ya estaba preparada con un par de huevos, pan y un vaso con zumo de naranja. En el centro de la mesa había una cesta con varias frutas: manzanas, peras, plátanos, naranjas... Mientras comía su madre le dijo:
-Oye Kath, dentro de poco iré al pueblo para ver a un nuevo cliente que quiere mirar nuestros caballos, si todo va bien conseguiremos vender otro caballo.- le dijo con un tono de felicidad.
-Uo! Parece que nuestro establo va haciéndose famoso! La semana pasada ya vendimos dos y dentro de poco tendremos un caballo nuevo!- contestó feliz y sonriente.
-Como va nuestra amiga hijo?- Le preguntó su madre.
-Se le ve muy bien. Come bien y he estado limpiándola,cepillándola, desenredando su pelo, vigilandole los dientes y, lo mas importante, dándole mimos.
Su madre ríe un poco y se sienta para desayunar también.
-Así me gusta hijo, veo que te gusta cuidar de ellos.
De golpe se abre la puerta y un hombre fornido de mediana edad entra por la puerta.
-Hola familia!- saluda el hombre entrando en la casa.
-Hola cariño- contesta la mujer.
-Hola papa!!!- dice Kath.
-Que como esta mi pequeñín?- pregunta acariciándole la cabeza al muchacho.
-Ya no soy tan pequeño! Que tengo 15 años!.
Para mi siempre seras mi pequeñín!-riéndose.
La madre sonreía al ver la escena familiar y siguió comiendo. El padre se unió después de dejar sus cosas en una esquina. Y desayunaron todos juntos.
La madre se marchó al pueblo a encontrarse con el cliente, el padre tenia que cuidar del establo, preparar las comidas de los caballos, limpiar las cuadras... Y kath se fue con la yegua a hacerle compañía, llevaba tanto tiempo cuidándola que le había cogido un gran cariño. De vez en cuando iba a ayudar a su padre cuando este se lo pedía pero la mayor parte del tiempo lo paso con la yegua.
Por la tarde la madre volvió y no de muy buen humor. Kath no se dio cuenta de que había vuelto hasta la noche que es cuando regresó a casa para cenar. Al llegar estaba ya su padre en la mesa y su madre en la cocina, en ese entonces la madre ya estaba más tranquila.
-Mama, como ha ido con el cliente?- preguntó Kath felizmente.
-No ha habido suerte hijo, al final no llegamos a un acuerdo.-contestó bajando un poco la mirada y sin decir nada más.
-Bueno! Ya habrá más clientes!! Tenemos muchos caballos y algunos buenos, es solo cuestión de tiempo!- dijo el padre interrumpiendo el silencio de la mujer.
-Tengo ganas de ver el parto de la yegua, debería ser pronto!
-Hijo, se te ve muy ilusionado, seguro que nos sale un buen potro con tus cuidados!- contestó el padre acompañando sus palabras con un par de palmadas.
Los dos siguientes días transcurrieron con normalidad y el tercero... casi.
La mañana del tercer día fue normal. Después de la comida Kath fue a la cuadra como siempre y mientras la cepillaba, de repente sintió un profundo sueño y cayó al suelo como un tronco. Cuando despertó, la imagen que vio le hizo vomitar la comida de hace poco a un lado. Era la yegua tumbada al suelo con la panza abierta y sin el potro. Tripas de la yegua y parte del estomago saliendo del corte y el suelo encharcado de sangre. Esa escena le impidió ver que el mismo también estaba en peligro, los establos estaban en llamas. Antes de salir, cogió la cabeza dela yegua, le cerró los ojos y acercando su frente a la del animal, se despidió.
-Descansa en paz, amiga.- consiguió decir con lagrimas en los ojos.
Acto seguido salió corriendo de los establos para avisar a sus padres, pero la sorpresa que tuvo al llegar fue aun mayor. Su casa entera también estaba envuelta en llamas. No entendía que estaba pasando, no sabía porque estaba pasando eso, no podía pensar con claridad. Se paso la tarde viendo arder su casa y los establos. No sabía si sus padres estaban dentro o no, no vio a ninguno de los dos durante el resto del día.
Paso unos días en la posada del pueblo recuperándose de lo sucedido. Al cabo de una semana, decidio irse del pueblo y empezar una nueva vida, una vida donde el fuera lo suficientemente fuerte para proteger a los que el ama, aunque de momento no tenga a nadie a quien proteger.
Deidad: Yelmo
Raza: Humano
Carisma base: 12
Edad: 18
Alineamiento: Neutral Bueno
Descripción física: Humano joven de mediana estatura, uno setenta y dos aproximadamente. Pequeña melena,barba de unos días y ojos negros. Físicamente no destaca en nada, quizás sus gustos al vestir ya que siempre combina el rojo con el negro. Voz grave y normalmente habla en un tono medio-bajo.
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Kath a la edad de 15 años.
Los primeros rayos de sol se filtraban por la ventana de la pequeña habitación de Kath, despertando al joven de su sueño. Cuando se dio cuenta que ya era de día se levanto rápidamente y se fue al establo corriendo. Aun vestido con el pijama entraba en el establo buscando un caballo en concreto, su objetivo era una yegua negra embaraza que podría dar a luz en cualquier momento. Desde que la yegua esta en estado de gestación, su padre le dijo que tendría que vigilar, proteger y ayudarla para que el pequeño nazca sin ningún problema. Desde ese día Kath ha estado cuidando y vigilando al equino.
Llegó a la cuadra donde la tenían, ésta era un poco más grande para favorecer el parto y se usaba para cualquier yegua embarazada. Ella estaba tranquila comiendo su dieta especial para favorecer el crecimiento del feto(alimentos de alto contenido proteico como avena, maíz, linaza y habichuelas para desarrollar los tejidos y músculos, y algunos alimentos con potasio, calcio y hierro para favorecer la formación del feto). La yegua se percató de su presencia y reconociéndolo volvió a prestar su atención en la comida Cogió una almohaza y,con movimientos circulares, limpió el pelo de la yegua mientras esta comía. Cuando acabó, empezó a cepillarla lenta y suavemente.
Pasó un largo tiempo con la yegua, le peinó la crin, le limpió los cascos, le revisó los dientes y al final solo la observaba moverse de un lado a otro con su gran panza. De pronto una voz de mujer le llamó desde fuera el establo, era su madre:
-Kath! El desayuno está listo.
-Ya voy mama!-contestó.
El muchacho se despidió de la yegua con una caricia en la frente y se marchó para ir a desayunar.
Su casa estaba formada por un edificio de dos pisos pequeños. En la planta baja estaba la cocina y el comedor mientras que arriba habían 3 dormitorios, el de sus padres, el suyo y uno vacío para invitados. Al llegar la mesa ya estaba preparada con un par de huevos, pan y un vaso con zumo de naranja. En el centro de la mesa había una cesta con varias frutas: manzanas, peras, plátanos, naranjas... Mientras comía su madre le dijo:
-Oye Kath, dentro de poco iré al pueblo para ver a un nuevo cliente que quiere mirar nuestros caballos, si todo va bien conseguiremos vender otro caballo.- le dijo con un tono de felicidad.
-Uo! Parece que nuestro establo va haciéndose famoso! La semana pasada ya vendimos dos y dentro de poco tendremos un caballo nuevo!- contestó feliz y sonriente.
-Como va nuestra amiga hijo?- Le preguntó su madre.
-Se le ve muy bien. Come bien y he estado limpiándola,cepillándola, desenredando su pelo, vigilandole los dientes y, lo mas importante, dándole mimos.
Su madre ríe un poco y se sienta para desayunar también.
-Así me gusta hijo, veo que te gusta cuidar de ellos.
De golpe se abre la puerta y un hombre fornido de mediana edad entra por la puerta.
-Hola familia!- saluda el hombre entrando en la casa.
-Hola cariño- contesta la mujer.
-Hola papa!!!- dice Kath.
-Que como esta mi pequeñín?- pregunta acariciándole la cabeza al muchacho.
-Ya no soy tan pequeño! Que tengo 15 años!.
Para mi siempre seras mi pequeñín!-riéndose.
La madre sonreía al ver la escena familiar y siguió comiendo. El padre se unió después de dejar sus cosas en una esquina. Y desayunaron todos juntos.
La madre se marchó al pueblo a encontrarse con el cliente, el padre tenia que cuidar del establo, preparar las comidas de los caballos, limpiar las cuadras... Y kath se fue con la yegua a hacerle compañía, llevaba tanto tiempo cuidándola que le había cogido un gran cariño. De vez en cuando iba a ayudar a su padre cuando este se lo pedía pero la mayor parte del tiempo lo paso con la yegua.
Por la tarde la madre volvió y no de muy buen humor. Kath no se dio cuenta de que había vuelto hasta la noche que es cuando regresó a casa para cenar. Al llegar estaba ya su padre en la mesa y su madre en la cocina, en ese entonces la madre ya estaba más tranquila.
-Mama, como ha ido con el cliente?- preguntó Kath felizmente.
-No ha habido suerte hijo, al final no llegamos a un acuerdo.-contestó bajando un poco la mirada y sin decir nada más.
-Bueno! Ya habrá más clientes!! Tenemos muchos caballos y algunos buenos, es solo cuestión de tiempo!- dijo el padre interrumpiendo el silencio de la mujer.
-Tengo ganas de ver el parto de la yegua, debería ser pronto!
-Hijo, se te ve muy ilusionado, seguro que nos sale un buen potro con tus cuidados!- contestó el padre acompañando sus palabras con un par de palmadas.
Los dos siguientes días transcurrieron con normalidad y el tercero... casi.
La mañana del tercer día fue normal. Después de la comida Kath fue a la cuadra como siempre y mientras la cepillaba, de repente sintió un profundo sueño y cayó al suelo como un tronco. Cuando despertó, la imagen que vio le hizo vomitar la comida de hace poco a un lado. Era la yegua tumbada al suelo con la panza abierta y sin el potro. Tripas de la yegua y parte del estomago saliendo del corte y el suelo encharcado de sangre. Esa escena le impidió ver que el mismo también estaba en peligro, los establos estaban en llamas. Antes de salir, cogió la cabeza dela yegua, le cerró los ojos y acercando su frente a la del animal, se despidió.
-Descansa en paz, amiga.- consiguió decir con lagrimas en los ojos.
Acto seguido salió corriendo de los establos para avisar a sus padres, pero la sorpresa que tuvo al llegar fue aun mayor. Su casa entera también estaba envuelta en llamas. No entendía que estaba pasando, no sabía porque estaba pasando eso, no podía pensar con claridad. Se paso la tarde viendo arder su casa y los establos. No sabía si sus padres estaban dentro o no, no vio a ninguno de los dos durante el resto del día.
Paso unos días en la posada del pueblo recuperándose de lo sucedido. Al cabo de una semana, decidio irse del pueblo y empezar una nueva vida, una vida donde el fuera lo suficientemente fuerte para proteger a los que el ama, aunque de momento no tenga a nadie a quien proteger.