Katia se encontraba peinando su cabello azabache frente al antiguo espejo de su abuela, un espejo que parecía absorber la luz y devolvía su reflejo. Mientras sus dedos se deslizaban por su pelo, algo en su interior la hacía sentir que no estaba sola en la habitación. La vela en la mesa parpadeaba inquietantemente, como si alguien invisible estuviera jugando con su llama. De pronto, la luz se apagó por sí sola, sumiendo la habitación en la más profunda oscuridad. Katia sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Con cuidado, se dirigió a la habitación contigua. Allí, sus padres, Maeror Naxxremis y su madre, Dricelis Naxxremis, estaban en medio de una ceremonia de oración a la Madre de la Noche. Interrumpirles era considerado una ofensa grave en su familia, por lo que Katia tuvo que contener su impulso y retroceder, dejando la puerta entreabierta mientras observaba la misteriosa escena. La necesidad de escapar de la oscuridad la impulsó a salir de la casa y aventurarse en la noche. Mientras caminaba por los estrechos callejones, el cielo estaba envuelto en la más profunda oscuridad. Cada rincón estaba habitado por sombras que parecían devorar la luz a su paso.
el camino la llevó hasta el cementerio, un lugar donde la oscuridad parecía cobrar vida propia. Katia sintió que algo la observaba desde las sombras de las tumbas, como si los espíritus del más allá estuvieran esperando a que revelara su secreto más oscuro. Pero solo estaba el sepulturero, descansando sobre una lápida igual que de costumbre.
Katia avanzó con cautela entre las lápidas, su corazón latiendo con fuerza en la negrura de la noche. Cuando finalmente se acercó al sepulturero, notó que él también la había sentido llegar. Con un tono grave y sereno, el hombre, cuyo rostro estaba en gran parte oculto por la sombra de su capucha, habló.
-¿La oscuridad te ha traído hasta aquí, joven Katia?.- Sus palabras tenían un aire intrigante y siniestro-
Katia asintió, incapaz de encontrar las palabras adecuadas para expresar sus sentimientos. La soledad y el misterio la habían llevado a este lugar.
El sepulturero se incorporó de su improvisado lecho y, con un gesto amable, le hizo un espacio para que se sentara a su lado. -La oscuridad es un amante traicionero, pero a veces es en su abrazo donde encontramos las respuestas que buscamos. ¿Qué te atormenta, Katia?.-
Ella se sumergió en un mar de pensamientos y temores antes de responder: Siento que mi vida está atrapada en un constante velo de misterio, y mi familia vive en la sombra. No sé quiénes somos realmente ni cuál es nuestro destino.-
El sepulturero asintió con comprensión. -La vida en las sombras puede ser un regalo y una maldición. A menudo, las respuestas que buscamos no están en la luz, sino en la oscuridad que nos rodea. Te enseñaré algo, Katia.-
Extendió la mano hacia ella, y después de recitar unas palabras desconocidas en su palma apareció una vela negra que iluminó la perpetua noche con una luz fría y tenebrosa. -Observa, joven Katia. La oscuridad no es tu enemiga; es tu compañera. En su seno, encontrarás la fuerza para enfrentar lo desconocido, para descubrir tus verdaderos dones.-
Katia se quedó fascinada por la vela negra y la miró fijamente. Parecía que las sombras bailaban a su alrededor, como si ocultaran secretos ancestrales. El sepulturero continuó: Tu futuro es incierto, pero eso no es necesariamente una carga. Aprender a abrazar la oscuridad es un camino hacia la verdad. ¿Estás dispuesta a recorrerlo?-
Ella asintió, decidida a enfrentar lo que le deparaba el destino, incluso si eso significaba sumergirse aún más en las misteriosas profundidades de lo desconocido. La vela negra parpadeó, como si estuviera de acuerdo con su elección, y el sepulturero le sonrió en la penumbra del cementerio. La eterna noche continuaba envuelta en sombras, pero ahora, Katia sentía que algo le reconfortaba.
Katia regresó a su sombrío hogar, donde la penumbra envolvía cada rincón. Sus padres, con semblantes marcados por la larga espera, aguardaron con inquietud que se hundía en el alma. La respuesta que brotó de los labios de Katia fue un eco frío y carente de emociones. Esa noche, la joven fue objeto de un severo castigo. Sin embargo, el sueño la envolvió en un manto de apacible calma.
El tiempo transcurrió en un reloj que solo marcaba las noches. Katia regresó en múltiples ocasiones al cementerio, anhelando encontrar al esquivo sepulturero, pero este enigmático personaje se desvanecía entre los suspiros del viento. No obstante, en ausencia de esa figura, su insaciable sed de magia no hacía más que aumentar. En ese plano donde las sombras y las criaturas no muertas acechaban en cada recodo, la oscuridad se tornaba una compañera inevitable, una realidad asumida por todos los habitantes del lugar, y los nigromantes eran los más competentes para enfrentarla.
Con el transcurso de las semanas, la joven memorizó las rutinas de los misteriosos comerciantes de objetos mágicos de la ciudad, buscando una manera de comenzar su aprendizaje. Después de meses de estudio y un toque de fortuna, finalmente logró acceder al baúl de uno de ellos, sustrayendo solamente los libros que anhelaba, dejando en su lugar los demás objetos.
La suerte le sonrió en más de una ocasión durante su adolescencia, y gracias a ello, Katia aprendió a depender exclusivamente de sí misma, de su intelecto y de su magia. Consideró la posibilidad de abrazar la senda del sacerdocio, ya que compartía la fe que le inculcaron desde niña y la comprendía a fondo, pero la servidumbre no iba con sus preferencias; le resultaba incómoda por algún y no encajaba con lo que ella anhelaba.
Sus padres, quienes habían padecido la pérdida de familiares en innumerables ocasiones, estaban en el centro de su lucha constante. Su padre, Maeror, era un hombre de constante trabajo, siempre ocupado en sus investigaciones. Katia nunca supo a qué se dedicaba realmente. Su madre siempre le decía que era un secreto. La Madre Noche debía protegerlo. La riqueza aun así les era ajena; la fe lo era todo. Su madre era algo parecido, aunque de pequeña le enseñó a dibujar a Katia pues la mente es esquiva pero un recuerdo guardado en tinta no, pero con el tiempo la relación entre ellos y su hija se volvía cada vez más distante, hasta disolverse por completo como si nunca hubiese existido cuando Katia ya era una adulta.
A los quince años, Katia regresó al siniestro cementerio. Depositó un retrato de su rostro sobre la lápida más antigua y regresó a su hogar. Sin albergar ilusiones, únicamente aceptaba la fría y perpetua compañía de la noche, compartiendo con su familia plegarias que llevaban consigo el peso de la soledad. Su hogar, aunque sereno, era una prisión de susurros etéreos, y Katia, arropada por la noche, encontró en esa quietud su única redención hasta que llegó el momento de partir.
Cuando la ciudadela cambió de plano y katia pudo observar las nuevas nuevas tierras que quedaron accesibles para ella, tomó su grimorio y sus ropajes hacia este nuevo mundo, con una sonrisa y una desconocida ambición latente en su corazón.
-Katia, buscadora de la oscuridad, ¿qué es lo que verdaderamente anhelas? Desde el momento en que dejaste tu pequeño hogar, has atravesado innumerables experiencias, la mayoría de ellas triviales y pasajeras. Ahora, ante ti, se encuentran estos tres tomos: el primero explora la oscuridad que, inevitablemente, nos devorará a todos; el segundo versa sobre la influencia que podemos ejercer sobre la vida y la muerte, manipulándolas a nuestro favor; y el tercero trata del arte de la manipulación misma. A pesar de que los tres conducen a un mismo destino, no hallas en ellos las respuestas que, desde el inicio, tanto has buscado.
Cuando el liche apareció frente a ti, una oportunidad se presentó, pero elegiste rechazarla. Había límites que no estabas dispuesta a traspasar, como ceder tu propia esencia. Y cuando los truhanes de la Sociedad del Kraken envolvieron a la sociedad amniana en una red de intrigas, te sorprendiste al descubrir de lo que eras capaz. Poco a poco, tus esperanzas y ambiciones fueron cobrando fuerza. Incluso cuando participaste en el atentado contra Bulok, sentiste que no había barreras que pudieran detenerte. Sin embargo, sabías que todo aquello eran minucias, meros pasos hacia un fin mayor. Pero ese fin sigue sin llegar.
Y ahora, te encuentras aquí, en este libro, escribiendo estas palabras, mientras una extraña y familiar melancolía vuelve a envolver tu espíritu.-
Katia dejó su diario sobre le mesa, hace ya varios años había abandonado su hogar. No sabía que fue de su familia, al igual que de aquel extraño sepulturero. Ahora, dedicaba su tiempo a asistir a la universidad y tatuar cuerpos, casi tanto como a dibujar en su libreta. La idea de crear, de moldear las cosas a su propia voluntad, la fascinaba. En esos momentos, todo parecía cobrar sentido. Control, quizá, era la palabra correcta, una forma de romper las cadenas que la ataban a su pasado, presente y futuro. PAra ella El ciclo de la vida, la muerte y la renovación...es una ilusión que las personas perpetúan para sentirse seguros, para encontrar algún propósito. Romper las normas —como levantar a los muertos— es una expresión de su visión de que todo es vacío y, por tanto, manipulable.
Ahora comprendía un poco más a sus padres, observando su historia desde otra perspectiva. Tal vez las respuestas a ese vacío que inundaba su alma siempre habían estado vinculadas a la Madre de la Pérdida. Quizá, después de todo, había estado buscando algo que había poseído desde el principio. .
Todos estos pensamientos recorrían su mente, pero la respuesta nunca llegaba. La seguridad que tanto anhelaba seguía esquiva, siempre más allá de su alcance.