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Kennan de Selûne

MotiSJL

Minsorrano sin caminos
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8/4/26
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Hoy es un día importante.


De los que uno recuerda cuando está viejo y le preguntan cuándo empezó todo de verdad.


Hoy soy escudero oficial del Clero de Selûne.


Con ceremonia. Con testigos. Con título. De verdad.




Voy a intentar contar cómo fue sin ponerme demasiado sentimental aunque ya aviso que igual no lo consigo porque hoy es de esos días donde las cosas pesan de la manera buena y a veces eso se nota en lo que uno escribe.


Hubo ceremonia. Hubo palabras. Hubo un momento donde me nombraron oficialmente y yo estaba ahí de pie con el sombrerito torcido como siempre intentando no moverme demasiado que para mí es un esfuerzo considerable.


Y lo conseguí. Estuve quieto. Bueno casi quieto. Bueno me moví un poco pero menos que de costumbre que también cuenta.


Alaric estaba ahí.


No dijo nada. No hacía falta que dijera nada. Pero estaba ahí. Y eso importó más de lo que sabría explicar.




Pensé en el Padre Ossian.


Como siempre. Como en todos los momentos importantes desde que salí de Tresthaven.


Pensé en aquella mañana en el mercado cuando tenía doce años y le vi detener una pelea con un solo movimiento. En cómo me planté delante de él y le dije enséñame a hacer eso. En cómo llegué a las cuatro de la mañana con los zapatos en la mano para no hacer ruido.


En los treinta segundos mirando el amanecer sobre el mar.


En sus sandalias que llevo puestas y que pisaron más caminos de los que puedo imaginar.


Ojalá pudiera verle hoy.


Ojalá pudiera contarle que el chico que no podía estar quieto ni en clase ni en la cena ni en ningún sitio se quedó quieto hoy delante de la Iglesia de Selûne.


Y Selûne dijo que sí.




No fue un camino fácil. No voy a decir que lo fue porque no es verdad.


Asusté a sacerdotisas. Quemé bayas. Derramé cera. Rompí el silencio de los rituales nocturnos más veces de las que debería admitir. Entré donde no debía. Hablé cuando no tocaba. Caí en combate más veces de las que un escudero debería caer.


Pero también estuve donde hacía falta. También callé cuando tocaba callar. También escuché cuando tocaba escuchar. También entré despacio cuando todo en mí quería correr.


Y resultó ser suficiente.




Llegué a Athkatla sin mapa. Sin plan. Sin conocer a nadie y demasiadas ganas de hablar.


Y encontré esto.


Un clero que me abrió las puertas cuando no sabía adónde ir. Una iglesia que me dio una oportunidad cuando no sabía quién era fuera de Tresthaven. Gente que tuvo paciencia conmigo que no es poco mérito. Y hoy un título que me recuerda por qué hago lo que hago.


Para ayudar a alguien.


Eso es lo que da sentido a todo lo demás.




Mañana saldré antes del sol como siempre. Miraré al este como siempre. Esperaré a que salga como siempre.


Pero mañana lo miraré como escudero.


Y eso va a ser diferente.


Que Selûne guíe vuestras noches.


Y que los que estéis pensando en rendiros recordéis que el sol sale igual mañana.


Sale siempre.





 
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