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La Bruma Errante

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Elfo que no discute
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SHAED VASHIR | Mercenario de los Rundeen

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Apariencia

Humano de aspecto mestizo en el que destacan los rasgos calishitas. Su piel es morena con un matiz cálido, el cabello castaño oscuro con algunos mechones aclarados por el sol, y los ojos, también marrones, son más claros, aportando un contraste que da a su mirada un aura más joven de lo que es.

Curtido por años de combate, mantiene un físico firme y acostumbrado al esfuerzo. Suele portar una armadura pesada, decorada con líneas doradas que le dan cierto aire distinguido. A su espalda, un escudo a juego, y en su cinto, una espada larga bien mantenida.

Personalidad
Reservado, de pocas palabras, directo cuando decide hablar. De porte serio, sin aspereza gratuita; sólo muestra hostilidad cuando la situación lo fuerza. Desconfiado por naturaleza, aunque no llega a la paranoia. Acostumbrado a trabajos grises, no se escandaliza por encargos sucios mientras haya oro de por medio. Su moral es moldeable, pero nunca traiciona a un empleador si se respeta el acuerdo. Con Adrasteia mantiene una lealtad profesional sólida: sigue sus órdenes sin discutir… una vez que le parecen lógicas.

Trasfondo
Mercenario desde que tuvo fuerzas suficientes para sostener una espada, creció en la Costa de la Espada, vendiendo su acero al mejor postor. Su camino terminó llevándolo a Muranndin, donde los Rundeen contrataban con frecuencia a hombres de su perfil para escoltas, expediciones y misiones de riesgo. Durante la era del Despertar de los Dragones, cuando el temido nigromante Lohezet, conocido como el Asesino del Murkul, se ocultaba en su alta torre, los Rundeen reunieron a sus efectivos. Veterano entre sus filas, acudió… para descubrir que sería puesto bajo el mando de una mujer más joven que él, y aparentemente poco hecha para la primera línea: Adrasteia. La decisión le desagradó profundamente desde un inicio, pero el contrato era el contrato. Sin embargo, cuando las fuerzas del Imperio comenzaron a caer una tras otra, este observó lo inesperado… sangre fría, claridad estratégica y, sobre todo, un esfuerzo por mantener con vida a sus tropas, en lugar de sacrificarlas por gloria personal. Lo que él no sabía era que sus razones iban más allá del liderazgo… pero lo que vio fue suficiente. Para un mercenario pragmático, eso bastó.

Tiempo después y, ya lejos del caos, cuando escuchó que la capitana buscaba nuevos efectivos para sus propias misiones, este acudió a su llamado. Una mezcla de respeto, curiosidad, oportunidad y, mero instinto de supervivencia lo empujaron a acercarse. Ahora, trabaja para ella bajo dos condiciones claras: un pago justo, y no esperar obediencia ciega. Y hasta el momento, Adrasteia ha cumplido.​
 
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