La tormenta en los picos rugia furiosa entre las rocas, la nieve se arremolinaba levantando un ligero polvo helado que dificultaba la vista. Para los ojos mas preparados para el clima, se verian dos figuras en lo alto de una ladera observando desde la distancia las puertas de la Morada Enana.
Una de las figuras era grande, peluda, como un animal enorme y apestoso... la otra era una osa que olisqueaba el aire con la mandibula apretada. La primera figura caminaba apoyada en un viejo bastón en donde unas hadas estaban agarradas luchando contra la ventisca entre gritos de pánico mientras buscaban refugio en los capullos cerrados que crecían en la madera. Sin duda por ser mas ancho que largo debía ser el viejo enano de los Paramos.
Despues de largas horas de vigilia desafiante desde lo alto de la montaña, el venerable enano comenzo a descender a un campamento al abrigo de las laderas. Parecia un antiguo campamento de cazadores y no estaba precisamente bien equipado pero el pintoresco robusto necesitaba poco para sobrevivir en estos ecosistemas. Entro en el mismo asintiendo hacia algunas ramas donde los centinelas del lugar arreglaban sus plumas sin dejar de cumplir su labor. una vez en el claro, y bajo la seguridad de las vigilantes lechuzas el enano pudo cerrar los ojos unos segundos.
- Quien se atreva a derramar la sangre del pueblo de la montaña sentirá el peso de sus martillos, Quien se atreva a irrumpir en los salones de la piedra y la roca sufrirá el filo de nuestras hachas, Quien se atreva a hacer ambas cosas... padecerá de la ira y la furia del pueblo enano.
El enano recitaba mientras alzaba una mano para hacer arder la apagada hoguera. Su compañera osa se acerco triste hacia el enano, tratando de dar algo de apoyo a su viejo compañero con un toque de su hocico en su barriga. Pero ni este gesto fue suficiente para sacar al enano de su juramento
- Pero quien se atreva a dañar a mis hermanos, entrar en su hogar y manchar de sangre sus salones... quien ose en enfrentar al pueblo de la roca y el metal en sus propias montañas, Quien sea tan loco como para llevar a cabo tal ofensa ante este viejo enano... sufrirá el hacha, sufrirá el martillo, la ira y la furia del pueblo de la montaña y colmillos y garras oscuros de lo mas profundo de los bosques.
El enano se giro a mirar a las laderas que franqueaban el parco campamento mínimamente iluminado.
- Enseñémosles el significado de la verdadera muerte! Que sufran el olvido y la inexistencia! Somos el ciclo! somos el continuar! somos los que todo lo acaban y de lo que todo comienza!
El enano alzo su bastón hacia las laderas.... y su voz no fue respondida por el eco, sino por el sisear de miles, de cientos y cientos de miles de hambrientos insectos que frotaban sus quitinosos cuerpos contra la roca en señal de grito de batalla, permaneciendo aletargados en el frio a la espera de la orden que les hiciera comenzar a devorar enemigos. El enano volvio a mirar a las llamas con sus ojos esmeralda chispeando en rabia.
- Ellos son Ejercito... nosotros seremos muerte, seremos fin, seremos... Enjambre.
y tal y como el ensordecedor ruido comenzó se silencio. Y solo volvió a escucharse el arrítmico crepitar de las llamas de la pequeña hoguera.
