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La Cazadora Negra

Niennor

Pornorroleador en sequía
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El sol iluminaba las aguas del Lago de la Arboleda de los Paramos dándole un aspecto tibio y plateado. Era una calurosa mañana que una figura parecía aprovechar con todos sus recursos. A la orilla de las aguas una bola de pelos de considerable tamaño se afanaba en su quehacer preferido…

Vaguear…

La pantera bostezaba con los ojos cerrados mientras movía la colita de un lado a otro. A veces se alzaba y daba algunas vueltas para buscar un lugar algo fresco o caluroso que la complaciera más. Otras veces simplemente se quedaba panzarriba mientras se frotaba la tripa con una de sus garras, sin llegar a desperezarse del todo, el negro animal pasaba las horas pacientemente sin hacer absolutamente nada

Era su día libre… la pequeña estaba recolectando algunas plantas cercanas al fuerte de piedra de los cazadores de jabalís (Esos legionarios no hacían otra cosa) y no necesitaba su ayuda para lidiar con algunos drows del camino. Además, la aburría soberanamente la minuciosidad de la druida al tomar cada una de las plantas necesarias mientras desesperadamente intentaba darla a ella conversación. Malditas plantas, malditas pociones, malditas sean todas…

No había ni un solo druida molesto y parlanchín… todos estaban en sus quehaceres. La pantera ya imaginaba a los pobres incautos que estaban sufriendo el parloteo de los pequeños… mejor para ella, aprovecharía este día para si misma, que lo tenia bien merecido!

Empezaban a tenerla harta… realmente harta. La pequeña con sus incesantes conversaciones que nunca parecían acabar, su actual macho… y sus extrañas frases que estaba segura que ni él mismo entendía… menuda pareja de elfos, deben ser los únicos capaces de aguantarse mutuamente

Y luego estaban el resto. Los únicos que no la disgustaban eran el druida luminoso y sus ganas de meterse en líos y el druida oscuro… que hablaba lo justo y necesario. Cuanto más calladito estuviera un druida… mejor la caería.

Todos los demás… simples parlanchines. Que si el bosque debe ser protegido… que si el equilibrio debe ser restaurado… que si se debe aprender a respetar el lugar… que si el ciclo, la cicla y bobadas de esas. Ay ratas y ratones!… que hubiera sido de ellos si la pantera no estuviera para hacer las cosas como es debido. Cuantas cosas se habrían arreglado si la hubieran dejado a ella actuar… algunos arañazos… un mordisco en la yugular a determinadas personas… y todos los problemas solucionados.

Ahora con que se tenia que conformar? Drows… insípidos drows que desesperadamente intentaban acertarla con una flecha… a veces la daban pena…

Mentira… nunca se la dieron… tampoco ese arcano que se paso de listo y la acertó accidentalmente con un rayo de escarcha en la punta de la cola… en 2 segundos su cadáver estaba desangrándose en las alcantarillas mientras el resto de aventureros la miraban con los ojos abiertos. ¿Qué miráis? El empezó primero!

A veces… y con el problema de las ninfas quizás con algo de suerte cazara algún orco… la encantaban los orcos… eran grandes y había que darles muchos golpes para derribarlos. Además eran lo suficientemente pequeños como para que no fueran torpes y hubiera que esquivar los ataques.

No como esos gigantes… bha! Cuando corría hacia ellos no tenían tiempo para girarse… saltaba sobre su estomago y se lo abría en canal con sus colmillos… cuanto mas grandes son… mas sangre salpican. Y a la pantera la encantaba la sangre, si era de otros y no la suya claro.

Ella sabía que era la clave del equipo… un equipo formado por 3. La pequeñaja druida que ahora ostentaba un alto cargo en la arboleda… estaba orgullosa de ella, pero seguía siendo una inútil peleando. Sus dones la protegían y podían eliminar a muchos enemigos llegado el momento pero… no había comparación con la gracilidad de sus colmillos y la belleza letal de sus garras. Y el venerable pastor de árboles… ese si que era una rara criatura. Hablaba despacio… se movía despacio… luchaba despacio… TODO LO HACIA DESPACIO! El día menos pensado se plantara en un sitio y no volverá a moverse. Afortunadamente no le duelen los golpes, y los orcos se afanan en intentar en vano tumbarle, mientras ella simplemente… les elimina uno a uno.

Que podía decir? Era buena… era letal… era hermosa… era fuerte… quien no querría una compañera así en sus aventuras? Vale que a veces se llevaba más golpes de lo normal, pero era el riesgo de hacer un trabajo bien hecho.

La pequeña druida era demasiado buena con la gente… aun recuerda la regañina que la echo cuando ese arcano la acertó con una bola de fuego… si… ese arcano del espadón gigante… BHA! Otro estúpido con un arma grande… le pego algunos mordiscos en los tobillos cuando se daba de vez en cuando la vuelta. Asi aprendería la lección.

Eso la acarreo muchas broncas con su hermanita… que demonios quería que hiciera? “Oh gracias señor arcano por hacerme estallar en llamas… ¿Desearía también cortarme la cabeza con su estúpida arma que apenas es capaz de levantar?” bobadas! Las cosas se hacen bien o no se hacen!

Como por ejemplo… el día que cazaron a la dragona negra. Eso si que fue una cacería! Iba ese apetitoso mediano… siempre había pensado que todos los medianos debían tener buen sabor (Menos esa de pelo verde… seguro que era un arbusto con armadura o algún ser igualmente extraño) muchos mas arcanos entupidos, libros voladores, gigantas aladas, el señor árbol hablolento-andodespacio, el druida luminoso y su compañero oso que vivía en un eterno celo, el tigre blanco y su compañera de pecho inflado.

El elfo tigre no estaba del todo mal… al menos cuando no tenia esa forma bípeda tan horrorosa… Lastima que tuviera hembra ya, esa chica de pechos gordos… bha! Menudo desperdicio… a quien demonios iba a amamantar con esas dos deformidades horrendamente enormes? A dos osos terribles? Bueno era cuestión de esperar… algún mordisco cariñoso, algún arañazo sensual y todo listo. Así se hacían las cosas en el Cenarion, los machos se conseguían por la fuerza. Y ella estaba segura de ser la mas fuerte.

Echaba de menos esas aventuras… ya estaba cansada de esperar en la arboleda a que llegaran esos apestosos ciudadanos en busca de consejo y ayuda. Cuando entraban en el lugar… un aromilla llegaba a sus narices como si hubiera metido la cabeza en el culo de un tejon. ¿Acaso una se tiene que encargar de todo?

A veces las visitas no estaban del todo mal… la niña saltarina y su compañera arcana… eran agradables porque pensaban como ella. A veces las cosas se solucionan a golpes. Además hablaban poco y no molestaban mucho.

Tampoco los hombres del norte la molestaban. Pero los hombres grandes… los osos azules (curioso nombre… ¿Dónde viven osos de color azul?) no esos otros… los Leoncitos del León. Quienes demonios se creían? Solo eran un grupo de muchachos que de leones tenían lo que un trasgo de paladín… Nada. Los Osos rompían cosas, pegaban a los que les molestaban y cazaban orcos. Que mas se les podía pedir? Eran como esos gorditos pequeñitos con barbas… pero sin vivir en una estúpida madriguera.

Tanta gente conocía… y tan pocos la caían realmente bien... la mayoría eran amigos o conocidos de la pequeña así que, les soportaba por no hacerla sufrir. Pero no permitiría que se pasaran de la raya, una puede ser comprensiva pero no tonta.

La pantera comenzó a desperezarse mientras escucho una voz a su espalda

- Descansaste hermanita? – la conocida voz de la senescala resonó de pronto mientras esta se acercaba a acariciarla la cabecita.
- Pues si… la verdad que estoy realmente descansada – ronroneo la pantera en un perfecto común - ¿Vamos a cazar algo?
- Claro hermanita… claro… - sonrió la druida – donde quieres ir?

Bien… afortunadamente se aproximaba una gran caceria… un monton de orcos eliminados, degollados, destrozados, decapitados, descuartizados…

Estas pequeñas cosas… son las que daban alegría a la vida, su chispa, su picante, su sabor…
Aunque… los orcos nunca pensaron lo mismo
 

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