Kronos
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Las ciudades de Faerûn, desde Luskan hasta Calimport, han amanecido con un inaudito evento cosmológico sobre sus cabezas. El cielo ha sido tomado por un río imposible, un torrente de luz multicolor que cruza las nubes ignorando la frontera entre la noche y el día. Como una aurora desatada que se despliega en movimientos ondulantes. Bañando la tierra con reflejos de esmeralda, zafiro y rubí.
Los sabios cuentan que no es obra de la naturaleza, pues el flujo no sigue las leyes del viento ni de la magia conocida. Algunos aseguran que se trata de un presagio divino, otros que es el heraldo de una gran calamidad. Los magos más poderosos del continente aún no se han pronunciado. Guardando silencio en lo alto de sus torres.
El extraño fenómeno, que ha tomado el nombre del Río Astral, no ha venido solo. Se dice que el velo entre los planos se ha desgarrado. Extrañas criaturas, antes nunca vistas, ahora caminan entre los mortales.
Desde las cumbres heladas de Icewind Dale una ciudad entera se postró arrodillada cuando un ángel de alas doradas descendió en mitad de la plaza. En la tranquila y pequeña ciudad de Daggerford afirman haber visto a una corte de seres feéricos danzando bajo la luz de la luna. Su risa afilada como un cristal se entremezclaba con una música tan antigua como la propia creación.
Pero no todo lo que cuentan son maravillas: en los salones de plata de Gauntlgrym un oscuro portal vomitó seres de sombra que devoraban la luz misma, dejando solo el eco de gritos en los túneles. En Tethyr hablan de diablos ofreciendo pactos; susurros tentadores que han provocado duelos y traiciones entre la nobleza.
El extraño fenómeno, que ha tomado el nombre del Río Astral, no ha venido solo. Se dice que el velo entre los planos se ha desgarrado. Extrañas criaturas, antes nunca vistas, ahora caminan entre los mortales.
Desde las cumbres heladas de Icewind Dale una ciudad entera se postró arrodillada cuando un ángel de alas doradas descendió en mitad de la plaza. En la tranquila y pequeña ciudad de Daggerford afirman haber visto a una corte de seres feéricos danzando bajo la luz de la luna. Su risa afilada como un cristal se entremezclaba con una música tan antigua como la propia creación.
Pero no todo lo que cuentan son maravillas: en los salones de plata de Gauntlgrym un oscuro portal vomitó seres de sombra que devoraban la luz misma, dejando solo el eco de gritos en los túneles. En Tethyr hablan de diablos ofreciendo pactos; susurros tentadores que han provocado duelos y traiciones entre la nobleza.
Y más allá del mundo conocido, en el centro de la creación. Sigil, la Ciudad de las Puertas, vive unos días convulsos. La Señora del Dolor, suma gobernante de la ciudad, ha desaparecido y los Dabus, su séquito personal, ha marchado fuera de la ciudad. Algo que no se recuerda haya sucedido en los últimos mil años.
¿Qué significado tendrán todos estos extraños eventos? ¿Estamos quizás ante el inicio del fin de la Creación? ¿O quizás sólo sea un particular evento temporal? Sea como fuere parece que muchas de estas criaturas han venido para quedarse.