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La epica de Titanicus

Lord_Valanar

Orco del Desolado
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El exceso de confianza es un asesino lento e insidioso.

El primero en caer había sido Arieden, no había tiempo para los lamentos, pues era la naturaleza del campo de batalla, La fortuna favorece a los astutos que dicen, pero parece que quizás el pícaro que actuaba como sombra de Titanicus había sido demasiado audaz esta vez y el golpe que recibió de la emboscada le había dejado fuera de combate antes de darse apenas cuenta de lo que había sucedido, El grupo debatió sobre si dejar el cuerpo para la vuelta o cargarlo todo el camino, al final decidieron dejarlo en un lugar seguro para el camino de regreso.

La segunda en caer había sido Lilith, tras encontrar las llaves del portón exterior, esta se había aventurado la primera para cuando un grupo de orcos se abalanzó sobre ella. Aldien estaba tratando de sacarse de encima algunos de los chamanes orco mientras que Ysiros se defendía como podía de dos trasgos que le estaban hostigando violentamente a pesar de su tamaño, Titanicus se vio superado por la situación, y aunque trataba de ayudar a sus compañeros los innumerables enemigos que les rodeaban hacían de esta tarea algo difícil hasta tal punto que no pudo protegerlos a todos y Lilith fue herida de muerte. Llegando a este punto el grupo realmente se planteó el volver atrás y salir de ahí, pero antes de poder reaccionar o curar sus heridas una medusa sibilina se deslizaba entre las sombras de los oscuros pasillos frente a ellos y antes de poder darse cuenta había petrificado al brujo Aldien.

Titanicus e Ysiros sabían que la cosa pintaba mal, cargando el ahora petrificado elfo en un hombro y a Lilith a su espalda, el semiorco sólo disponía ahora de una mano para combatir y la salida de la fortaleza era ahora su única prioridad, el encargo de Nox debería esperar para otro momento.

Los trolls yacían muertos en el suelo y su carne quemada olía agridulce, lamentablemente el cuerpo de Ysirios estaba sin vida tumbado sobre la madera de los salones interiores cercanos a la salida trasera, haciendo acopio de fuerza el semiorco arrastró a duras penas los cuerpos de Ysiros y más tarde el que había dejado apartado de Arieden a través de los interminables senderos que llevaban hacia la trampilla secreta a las afueras de ese escondite infestado de criaturas.

Cuando por fin veía la luz al final del túnel, unos proyectiles mágicos impactaron en la espalda de Titanicus perforando hasta salir por el pecho, con un hilo de sangre saliendo por las comisuras titanicus salió a rastras del lugar.

A pesar de los esfuerzos el último del grupo cayó poco después de salir la oscuridad se hacía presente en su visión y caía tirado en las llanuras cargado por todos lados de los cuerpos de sus compañeros, Sin duda esto sería el final de la historia de el pintoresco grupo conocido como la Alianza Dispar si no fuese por que tan solo habían empezado.

Esa misma noche despertaron en el hospicio rescatados por un grupo de aventureros que habían encontrado los cuerpos y pagado la donación necesaria para reanimarlos, desde luego jamás olvidarán el día donde su soberbia casi les destruye.
 

Lord_Valanar

Orco del Desolado
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La calma antes de la tormenta.

El viento susurraba entre las desoladas calles de los barrios. Estas, más desiertas de lo habitual, devolvieron el eco de unos pasos; los pasos de una figura ataviada en oscuros ropajes. Se detuvo frente a la fuente frente al portón de hierro y se sentó en el borde de éste, observando la puerta.

Desde el interior del manto de oscuridad que cubría su faz a causa de la capucha de infiltración, resaltaban esos ojos de color esmeralda siempre vigilantes que centelleaban a la luz de los faros ahora encendidos.

Los ojos miraban la puerta como tratando de ver a través de ella, como si esperara a alguien aparecer desde el distrito del cementerio. A su mente venían varios nombres: Rata, Carroña, Pulga…

A medida que pasaban sus horas de vigilia y guardia su pesar aumentaba, ¿dónde estaban sus hermanos?, ¿dónde estaban sus amigos? y... ¿dónde estaría ella?

La tempestad se hacía más que evidente en los últimos días, las gentes de los barrios pobres se refugiaban más que nunca y atracaba las puertas buscando el comfort de falsa seguridad que esto les proporcionaba frente a su proximidad con el cementerio.

El conflicto hacía que sus seres queridos, por una razón u otra, andaran desperdigados por toda Amn; tramando y confabulando unos contra otros. La idea de que uno de ellos pudiera matar a otro le hacía hervir la sangre, casi como en los viejos tiempos de furia e ira.

¿Y si Lilith se encontraba con ella?, ¿qué clase de final les deparaba? ¿Y si los presos en Mínsor no lograban salir de este? La cofradía no es que se encontrase en su momento más álgido precisamente.

La figura oscura sacudió su cabeza tratando de espantar estos pensamientos de pesimismo cuando, de repente, algo empezó a arañar las puertas de Hierro situadas en la plaza. Insistente e incesable, el arañazo seguía, y poco a poco, estas se abrieron dejando paso a un par de alzados.

“Ni siquiera cerrando las puertas, ¿eh?” Dijo una voz metálica que resonaba desde la capucha, tras lo cual empezó a levantarse lentamente ajustando sus pesados guantes metálicos.

Crujió el cuello mientras se encaminaba lentamente hacia los alzados que pretendían penetrar en su hogar.

Habían elegido la noche incorrecta.
 

Lord_Valanar

Orco del Desolado
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La pesadilla se repetía una noche mas.

Un joven Nanhakaz descansa en una de las tiendas tribales refugiándose de la terrible tempestad nevada que acontece en el exterior. Su mirada se mantiene expectante en un rincón de la tienda mientras se prepara con ansias para el dia de mañana donde enfrentará las pruebas para asumir el liderazgo de su tribu, era incapaz de dormir por la emoción y la adrenalina de la espera previa.

De repente un rugido desde lo alto de la montaña sacudió todo el campamento, la tierra tembló y una ventisca sepultó a todos dándoles una fría muerte mientras dormían, los pocos que habían reaccionado lo suficientemente rápido ante el rugido pudieron evitar tal destino.

Los supervivientes lidiaron no solo con la pérdida inmediata de seres queridos si no con la amenaza de un dragón blanco.

Nanhakaz estaba entre los que habían conseguido sobrevivir, repleto de adrenalina y embriagado por la furia salió entre la nieve y vagó junto a muchos otros al combate, un combate que se repite cada noche en sus pesadillas, un combate que le dejó tirado en la ladera de la montaña nevada impulsado solo por la ira sendero abajo .

Un ahora más adulto Nanhakaz también conocido como Titanicus se incorpora con presteza en una cama en Nashkel, su respiración es rápida y su visión está nublada. por unos instantes no parece ser consciente de dónde ha despertado.

Mira a su alrededor y la ventana de la habitación da a una ciudad nevada, una mujer humana descansa a su lado en la cama y su mente empieza a dar vueltas recordando todo y tratando de calmarse del sueño, mientras poco a poco se sumía en extraños pensamientos.

“No puedo seguir como hasta ahora...el precio es demasiado alto llegados a este punto...”

Sus pensamientos ahondaban en un dilema que siempre había estado presente pero que él jamás había considerado necesario preocuparse hasta esta noche.

Muchos creían que Nanhakaz era valiente, otros pensaban que quizás un inconsciente, algún otro abogaba por ser abierto de mente, pero la verdad es que él mismo sabía es que era un suicida.

Un suicida que se expone a peligros constantemente para encontrar quizás una muerte justificada y redentora ante el hecho de que no pudo salvar a los suyos, era esa clase de actos como lanzarse en una arena con un oso gigante durante una pelea con espectadores, la de acompañar a un vampiro hacia el interior de un cementerio o incluso realizar ciertas operaciones para la cofradía que incluyen el espiar a un poderoso no muerto.

Miraba varias veces a la mujer a su vera y se repetía para sí mismo en sus pensamientos.

“Esto es la gota que colma el vaso...”

Hacía referencia a que ya no podía continuar arriesgándose en vano en un estúpido intento de redención, estaba empezando a comprender después de tanto tiempo que la culpa no era suya y que de morir muchos de los que le rodeaban, sobretodo ella, lo pasarían mal.

Morir era un privilegio que no podía darse a la ligera, pero si una obligación para con sus seres queridos, no moriría por los que ya había perdido si no por los que aún estaban con él y solo si era estrictamente necesario.



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