Crónicas Meldamiriel
Tomo IV - La Gran Muralla Inquieta
Capítulo II - La Bestia de Málar
Una fina llovizna primaveral caía sobre las pedregosas calles de la ciudad amurallada, no con la fuerza suficiente para arrastrar consigo las manchas de sangre que las teñían, mudos testigos de la masacre a la que se había visto condenada en los días ulteriores a este.
Sin duda, una nueva cicatriz se añadía al ya maltratado cuerpo de Ímnescar, si bien no la primera ni, como descubriríamos poco después con el aciago tañer de las campanas, probablemente tampoco la última.
Así pues, avancé junto a Emil y Misog, con quienes me encontraba debatiendo sobre nuestras investigaciones anteriores y el nuevo curso a seguir, en la misma dirección en la que se movía el gentío. Por el camino, nuestro camino se cruzó con el de Akasia y Xonox, que se unieron a nosotros.
Llegamos a la Puerta Norte en el momento justo en que el ejército terminaba de congregarse, movilizándose a gran velocidad. A un tiempo, un pobre campesino avanzaba en nuestra dirección presa del pánico, afirmando a viva voz que los monstruos iban a matarle y destrozar sus granjas.
Una breve mirada compartida con mis compañeros fue suficiente para comprender que pensaban exactamente lo mismo que yo: si todas las pruebas reunidas hasta el momento apuntaban al sur, ¿qué sentido tenía ahora un ataque al norte? Qué otro sentido que el de tendernos una trampa, por supuesto.
Después de compartir ideas y opiniones y sabiendo que los granjeros estarían en buenas manos con la ayuda de otro nutrido grupo de aventureros que ya ponía rumbo al norte siguiendo el rastro de tres criaturas de gran tamaño, decidimos encaminar nuestros pasos al sur, siguiendo el Imnescurso y bordeando la muralla hacia la Puerta Sur.
Siguiendo aquella idea, tal vez loca y espontánea, una vez más el destino o el azar puso en nuestro camino a Loreliel la Plateada, el caballero Dherian y su compañera Nira, a quien conocía por primera vez.
Las primeras pesquisas no nos llevaron a ningún resultado concluyente y casi llegamos a pensar que nos habíamos equivocado por completo.
Loreliel confirmaba la presencia de esas tres criaturas que el granjero había mentado a los soldados, afirmando además que portaban pesadas y ruidosas armaduras que poco espacio dejaban al sigilo y la infiltración. Estaba claro que, sea como fuere querían o, como mínimo, no les importaba llamar la atención.
Emil y Misog buscaron rastros mágicos sin demasiado éxito, mientras que Akasia remontaba el vuelo para ofrecer una mejor visión panorámica al grupo, algo excepcionalmente útil dadas las extraordinarias capacidades que le otorgaba su exótica ascendencia.
Yo por mi parte, poco útil en cualquiera de esas empresas, de pronto caí en una idea: unas criaturas así no podrían haber pasado desapercibidas a los granjeros de los terrenos circundantes, por lo que me acerqué con el mayor tacto del que fui capaz y me dispuse a hacer algunas preguntas, para las que obtuve... No las respuestas que esperaba, eso seguro.
Volví junto al grupo entonces, descubriendo para mi disgusto que junto a ellos conversaba Lufram, enemigo autodeclarado del Pueblo y traidor de toda confianza que en el pasado hubiéramos depositado en él.
Comenté mis descubrimientos con ellos, pese al rechazo y la repulsa que su presencia me inspiraba: si bien el grupo original había partido en busca de tres criaturas, información que La Plateada había confirmado, los campesinos afirmaban que un total de cuatro criaturas humanoides de tamaño semi-gigante y gigante habían sido avistadas cuando dieran la voz de alarma y antes de huir despavoridos para encerrarse en sus hogares.
Con creciente incertidumbre sobre cuál podría ser el paradero -pues no habíamos encontrado absolutamente ningún rastro- o las intenciones de esa cuarta criatura, continuamos nuestra búsqueda adentrándonos más al sur.
Tanteaba a Lufram durante el trayecto, intentando averiguar cómo había pasado de amenazarnos de muerte a viajar con dos corazones del Pueblo, pero solo recurría una y otra vez a sus recientes y cada vez más habituales actitudes socarronas e inmaduras, totalmente desvinculado de la realidad.
Una vez perdido el rastro y tras habernos asegurado de que las granjas y sus gentes estarían seguras, al menos en el presente inmediato, hicimos un breve inciso, deteniéndonos para recuperar el aliento.
Fue en ese momento que consideré oportuno compartir el resto de la información que había obtenido de los campesinos con todo el grupo, al que el buen Aramitz se había unido recientemente.
"—Ahora que sabemos que todo está en calma, Lufram, os haré una pregunta... ¿Tendríais a bien explicar a los aquí presentes porque los campesinos afirman que, junto a esas terribles criaturas caminaba un humano y todos portaban una capa con un símbolo idéntico al vuestro? Al emblema de Málar."
Balbució un patético intento de excusa, mintiendo con la misma torpeza que había impulsado cada una de sus acciones hasta el momento.
Mantuve unos segundos de silencio, dejando que tanto mis palabras como las de aquel pobre intento de hombre calaran lentamente en mis compañeros. La tensión crecía con rapidez, tornándose casi palpable. Los interrogatorios y las acusaciones no se hicieron esperar.
Dherian parecía decepcionado, alargando un suspiro contrariado. Xonox, por su parte, le acusaba de relacionarse abiertamente con las criaturas de Murann. Los demás, simplemente, no podíamos creer ni una sola más de sus mentiras, ni estábamos dispuestos a ello, aunque incluso en aquella certeza absoluta de que ningún bien albergaban sus pasos, el corazón de Emil encontró luz suficiente para ofrecer una última mano amiga al Malarita, que la rechazó como hubiera hecho con todas las nuestras tiempo atrás.
"—Os advierto de algo, Lufram: Las autoridades y personalidades pertinentes serán advertidas de vuestros movimientos e intenciones, así como vuestra compañía, con todo lujo de detalles. Os aconsejo que penséis bien vuestros próximos movimientos y obréis con cabeza, pues ni un instante más toleraré vuestras mentiras ni comulgaré con vuestras malas acciones. Libre sois de tomar vuestras propias decisiones, tanto como de afrontar sus consecuencias."
Su respuesta no fue muy diferente a lo que esperaba, aunque sí aún más estulta de lo que imaginaba. Admitiendo prácticamente en la elección de sus palabras que algo se traía entre manos y que no le importaba afrontar las represalias que esto pudiera acarrearle, aseguró que haría lo que fuera necesario con esa desagradable y burlona sonrisa que siempre le acompañaba.
Habiendo perdido ya demasiado tiempo en un individuo como él, abrí camino y puse rumbo a la ciudad amurallada con la firme intención de dar cumplimiento a mi promesa.
—Lindara Meldamiriel, de las artistas Meldamiriel.
Offtopic :
// Muchas gracias a DM Almendra por la ambientación, a mis compañeros y al jugador de Lufram por el difícil papel de antagonista.